Hay en Sevilla una serie de templos que no acogen ninguna
hermandad (ya sean sacramentales, de penitencia, de gloria o agrupaciones de
fieles) o que, aún alojando alguna, no procesiona en ninguna época del año. Y
es que, en esta ciudad, en la que se concibe la fe solamente (o en la mayoría
de los casos al menos) como “religiosidad popular”, quien no pone un paso en la
calle es como si no existiera. Sirvan estas palabras no como una queja
(servidor no sería el más adecuado para ejercerla), sino como simple
constatación de un hecho que todos saben, pero nadie reconoce. En esta Sevilla
nuestra somos los más religiosos del mundo, pero solo desde el Viernes de
Dolores hasta el Domingo de Resurrección. Por favor, que no se me ofenda nadie, no es más que una opinión personal.
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| Iglesia de San Alberto de Sicilia. Oratorio de San Felipe Neri. |