Santa Paula nació en el seno de una noble familia romana en el año 347 y llevaba el ritmo de vida típico de esa posición social. Sin embargo, enviudó con tan solo treinta y tres años, quedando desconsolada hasta que fue confortada por Santa Marcela, una viuda romana famosa por sus penitencias. Siguiendo su ejemplo, Paula se despojó de todas sus pertenencias materiales, viviendo pobremente y durmiendo sobre un saco en el suelo.
Conoció a San Jerónimo durante una de las visitas de éste a Roma y, tras varios años de austera vida, se reunió con él en Antioquía. Peregrinaron, acompañados por Santa Eustoquio, hija de Paula, a los Santos Lugares y visitaron a los eremitas de Egipto, terminando por asentarse en Belén, donde el santo fundó un monasterio para hombres y tres para mujeres, siendo estos últimos dirigidos por Paula.
Conoció a San Jerónimo durante una de las visitas de éste a Roma y, tras varios años de austera vida, se reunió con él en Antioquía. Peregrinaron, acompañados por Santa Eustoquio, hija de Paula, a los Santos Lugares y visitaron a los eremitas de Egipto, terminando por asentarse en Belén, donde el santo fundó un monasterio para hombres y tres para mujeres, siendo estos últimos dirigidos por Paula.
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| Azulejo en la entrada al museo. Enrique Orce. (cortesía de www.retaloceramico.com). |























