Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

miércoles, 23 de febrero de 2011

Visitando la Catedral -IV.

Hoy nos toca recorrer el lado Este, en el que se encuentran la Puerta de los Palos y la de las Campanillas.

Si nos ponemos de frente a la Puerta de los Palos por su parte interior, vemos sendos altares a sus lados. El de la izquierda es el

Altar de la Magdalena.
Los patronos de este altar fueron Pedro García de Villadiego y su esposa Catalina Rodríguez, los cuales encargaron un retablo en 1.537, en cuyo banco se encuentran sus retratos, don Pedro junto a san Benito y doña Catalina al lado de san Francisco. 
Portada del Altar de la Magdalena.
Retablo del Altar de la Magdalena.
El retablo tiene como tema principal La Anunciación en el ático y La Magdalena a los pies de Cristo Resucitado en el cuerpo principal. Son pinturas procedentes del taller de Alejo Fernández realizadas en torno a 1.537. En los laterales del arcosolio aparecen santa Catalina y santa Bárbara, san Andrés, Santiago apóstol, san Pedro y san Pablo.

La reja que cierra el altares del primer tercio del siglo XVI.
Códice enmarcado. Altar de la Magdalena.
Altar de la ¿Asunción?.
En el centro del retablo que se encuentra en esta capilla resalta un relieve con la representación de la Asunción de la Virgen, obra de autor desconocido, aunque atribuido por muchos a Andrea della Robbia, que se encuentra enmarcada por pinturas de san Ildefonso y san Diego de Alcalá. 
Frontal del Altar.
Relieve de la Asunción.
San Judas Tadeo. 
Pinturas en la parte superior del arco.
En el banco se encuentran las pinturas de los patrocinadores, el jurado Juan Cristóbal de la Puebla y su esposa, que lo dotaron en 1.593. Estos retratos enmarcan una representación pictórica de los Profetas y Padres de la Iglesia. En el guardapolvo del retablo figuran pinturas del Bautismo de Cristo, santa Catalina, Ángeles Músicos, Alegorías de las Virtudes y El Padre Eterno. 
Los Paganini del Altar.
Todas las pinturas pertenecen al artista de la escuela sevillana, aunque nacido en Ronda, Alonso Vázquez, fechadas a finales del siglo XVI.

Capilla de san Pedro.
El retablo que adorna esta capilla fue costeado por los marqueses de Malagón en 1.625, y su estructura fue realizada por el tallador Diego López Bueno. Las pinturas son de Francisco de Zurbarán, ejecutadas entre 1.625 y 1.630. En el banco del retablo aparecen pinturas de Cristo y San Pedro sobre las aguas, Cristo entregando las llaves a san Pedro y San Pedro curando al paralítico.

En el primer cuerpo figuran La Visión de san Pedro, San Pedro Papa y El Arrepentimiento de san Pedro. En el segundo cuerpo se representa a San Pedro liberado por el Ángel, la Inmaculada Concepción y Quo Vadis. El Padre Eterno del ático es una copia del siglo XVIII de la original de Zurbarán.
Retablo de la Capilla de san Pedro.
La visión de san Pedro.
El arrepentimiento de san Pedro.
San Pedro Papa.
Inmaculada Concepción, de Zurbarán.
San Pedro liberado por el Ángel.
Quo Vadis.
El Padre Eterno. Copia del original de Zurbarán.
Banco del retablo. Cristo entregando las llaves a san Pedro.
En el muro izquierdo de la capilla se encuentra sepulcro del arzobispo Diego de Deza, (recordado por su decidido apoyo a las teorías de Cristóbal Colón), obra realizada hacia 1.430. Representa al eclesiástico en posición sedente, con un león a sus pies. Tanto el  sepulcro como el león tienen su historia aparte. 

Diego de Deza, natural de Toro (Zamora) fue un notable teólogo e Inquisidor Real de Castilla y Aragón. Los Reyes Católicos le confían la educación del príncipe Juan, su único varón. Obispo primero de Zamora y después de Salamanca, en esta ciudad fallece el príncipe, en brazos de su preceptor.
Sepulcro de fray Diego de Deza.
Detalle del león a los pies del arzobispo.
Deza no quiere volver a pisar Salamanca, pasando a ser obispo de Jaén y, más tarde, de Palencia. En 1.504 es elegido arzobispo de Sevilla. Desarrolló una labor contradictoria en la archidiócesis, ya que por su atención a los pobres durante la sequía y la peste de 1.507 se le conocía como fray Diego el Bueno (siempre vestía de fraile), pero a la vez era inquisidor, con algún ayudante con mala fama, como el cordobés Diego Rodríguez Lucero, el Tenebroso; siendo inquisidor, y con ese mote, podemos imaginar cómo sería el "prenda".

Sin embargo, para ser Inquisidor Real, Deza mostraba ciertas actitudes cercanas a la superchería. Así, llevaba engarzada en la cruz pectoral una piedra proveniente de América llamada "del Sol", de la cual se afirmaba que tenía virtudes medicinales y protegía del mal de ojo; en realidad se trataba de un feldespato laminar gris traslúcido sin ningún valor. 

Otra costumbre "rarita" del Arzobispo era colocar los pies sobre una piel de león para calmar los ataques de gota que padecía (consecuencia del excesivo consumo de carnes rojas típico de las clases altas). Algún noble eclesiástico, deseoso de hacer méritos ante él (como se puede comprobar el pelota es una figura universal atemporal), no tuvo otra ocurrencia que regalarle un cachorro de león. Deza lo hizo capar y quitarle toda la dentadura y las garras y lo crió con cariño. Cuando creció era tan grande e imponente que, a pesar de saberse que estaba "desarmado" todos le huían. Sin embargo, el arzobispo lo llevaba a todas partes, como animal de compañía, e incluso cuando acudía a Misa a la Capilla Mayor acudían ambos, echándose pacíficamente el animal a sus pies mientras duraba la ceremonia.

Falleció el arzobispo en 1.523 y fue enterrado en el Colegio de santo Tomás, por él fundado, en el bonito sepulcro que hoy vemos en la Catedral. Sin embargo, los franceses (otra vez ellos) profanaron la sepultura en busca de joyas e hicieron desaparecer los restos de Fray Diego. Con la desamortización de Mendizábal, el colegio pasa a ser cuartel y a la esposa de un alto jefe militar no se le ocurre otra cosa que pretender hacerse ¡una bañera! con el sepulcro. Tuvo que intervenir el Ayuntamiento y decretar la entrega del monumento funerario al Cabildo Catedralicio, que acordó instalarlo en la Capilla de san Pedro, fundada por cierto por un sobrino de Deza. Como se ve, otra tumba vacía en la Catedral.

En el muro derecho de la Capilla se dispone un grupo de cuatro pinturas atribuidas de antiguo a Francisco Reina, discípulo de Zurbarán, aunque un fragmento de firma que aparece en una de ellas  podrían relacionarlas con Juan Luis Zambrano. Proceden del Convento de la Merced de Sevilla y representan La aparición de la Virgen de la Merced a san Pedro Nolasco en el coro de los novicios, el Milagro de la Barca, San Fernando entregando la Virgen de la Merced a san Pedro Nolasco y La muerte de san Pedro Nolasco.
Cristo y san Pedro andando sobre las aguas.
Sobre estas pinturas figuran otras tres que representan a San Pedro Arrepentido, copia de un original del pintor flamenco Seghers, San Pedro liberado por el Ángel y El martirio de santa Agueda, obras de escuela italiana del siglo XVII.

El interior de la capilla se ilumina con una vidriera situada sobre el retablo y fechada en 1.775 que representa a san Pedro Papa; otra vidriera situada en el muro de la izquierda lleva la fecha de 1.784 y en ella aparecen los Atributos de san Pedro.

Por último destacar la reja que cierra la capilla, obra de fray José Cordero de Torres terminada en 1.780; este artista era religioso lego del convento de san Francisco en el Puerto de Santa María.
Capilla de san Pedro.
Capilla de san Pedro. Reja, bóveda y vidriera.
La siguiente parada es una auténtica pena. Y no digo esto porque se encuentre en mal estado, sino porque se trata de la 

Capilla Real, la más rica en obras de arte de todas las capillas de la Catedral y, a ella, sólo se puede acceder para los Santos Oficios, por supuesto sin hacer fotografías. No me ha quedado siquiera el recurso de acudir a internet y tomar "prestadas" imágenes de otros compañeros porque, en toda la red, lo único que aparece son fotos del cuerpo incorrupto de san Fernando y una imagen muy borrosa del sepulcro de Beatriz de Suabia. En fin, de momento es lo que hay. Vayamos con los datos históricos.


(Este año 2.011, con motivo de la exposición anual del cuerpo incorrupto de san Fernando el 30 de mayo, he podido acceder a la Capilla Real y, aunque apresuradamente a causa de la aglomeración de personal, he podido realizar una serie de fotografías del recinto).
Capilla Real. Vista General.
Cúpula de la Capilla Real.
Llama primeramente la atención que en una catedral gótica el ábside, la parte más importante del templo, sea renacentista. Y es que, en Sevilla, dicho ábside era patrimonio de la Casa Real, que debía conceder permiso para su construcción; cuando el permiso llegó, ya en tiempos de Carlos V, el gótico había dejado su sitio al renacimiento.

La Capilla Real se abre mediante un gigantesco arco donde se sitúan doce esculturas que representan a los Reyes del Antiguo Testamento, según diseño de Pedro de Campaña. 
Se cierra la entrada con una magnifica reja diseñada por Sebastián Van der Borh que costeó el rey Carlos III, siendo colocada en 1.771. En el remate de la reja aparece la figura de san Fernando recibiendo a caballo las llaves de Sevilla a manos de Ajataf, su último rey moro, obra de Jerónimo Roldán.
Reja de la Capilla Real, vista desde el exterior.
Reja de la Capilla Real, vista desde el interior.
La amplia capilla es de planta rectangular, cerrada en su cabecera por tres semicírculos, siendo el mayor el central, donde se sitúa el Retablo Mayor. Los laterales están ocupados por arcos con tribunas, en cuyas claves aparecen dos efigies de guerreros que la tradición popular cree representan a los hermanos Diego y Garci Pérez de Vargas, que representaron un importante papel en la toma de ciudad.


Cierra la capilla una cúpula de casetones, rematada con una linterna y con cabezas de reyes esculpidas. En los laterales del ábside se abren hornacinas en las que se albergan esculturas que representan a las santas Justa y Rufina, san Leandro y san Isidoro, san Lucas y san Juan, san Mateo, san Marcos, san Pedro y san Pablo. Son obras realizadas por Diego de Pesquera con la colaboración de Juan Marín, entre 1.571 y 1.574.
Esculturas en los muros laterales.
Los sepulcros que están situados en los nichos de los muros laterales de la capilla guardan restos de Alfonso X el Sabio y de su madre, doña Beatriz de Suabia, ambas modernas, de 1.948.
Sepulcro de Alfonso X.
Sepulcro de Beatriz de Suabia.
La Capilla Real esta presidida por un retablo realizado de 1.643 a 1.649 por el escultor Luis Ortiz de Vargas. En la hornacina principal del retablo y bajo un dosel de plata recibe culto la imagen de la Virgen de los Reyes, que tiene al Niño sobre sus rodillas. Ambas figuras son góticas del siglo XIII, probablemente de taller francés, o quizá de escuela castellana con intensa influencia francesa. Esta escultura tiene en su interior un mecanismo de madera que, en el pasado, permitía poner en movimiento la cabeza y las manos de ambas figuras.
Primeros planos de la Virgen y el Niño.
En su origen se entremezclan la historia y la leyenda, existiendo la creencia de que fue creada por los ángeles del cielo; también se cuenta que fue donada al rey San Fernando por el monarca francés Luis IX, primo hermano suyo. Se dice igualmente que la vio en sus sueños y mandó hacer una talla de su visión, que la acompañó en la reconquista. Los artífices llegaron a labrar hasta cuatro imágenes de la Madre de Dios: la Virgen de los Reyes que hoy se venera en san Clemente; la Virgen de las Aguas, que recibe culto en la iglesia parroquial del Divino Salvador; la Virgen de los Reyes, titular de la Hermandad de los Sastres, establecida en la Iglesia de san Ildefonso, cuya imagen recibe culto en esta Capilla Real de la Catedral. 
Altar de la Virgen de los Reyes.
Otra versión afirma que fue encontrada por el ejército cristiano y el rey no quiso separarse de ella. Su llegada a la Catedral parece ser que fue por mediación de Alfonso X el Sabio, según narraba en la famosa Cantiga 324, para que presidiera un altar principal del templo metropolitano. 
Durante la procesión del Corpus.
Es la Patrona de Sevilla y de su Archidiócesis; cada quince de agosto es paseada en procesión con motivo de la festividad de la Asunción de la Virgen.
En los laterales del retablo figuran las esculturas de san Joaquín y santa Ana, obras de hacia 1.649. Los frontales de plata del altar de la Virgen de los Reyes son obras barrocas de excepcional calidad. El central es obra de Juan Laureano de Pina en 1.719, reformado en 1.739 por José de Villaviciosa. Los laterales presentan los punzones del platero Domínguez y están fechados en 1739.

Ante el altar de la Virgen de las Reyes se dispone una urna de plata y cristal que alberga el cuerpo incorrupto de san Fernando, cincelada en 1.690  por Juan Laureano de Pina. El frontal, también de plata, que recubre el altar sobre el que se encuentra la urna, son de los plateros Resiente y Villaviciosa. A ambos lados de este altar se disponen escaleras que comunican con la cripta, que hace función de Panteón Real, y donde reposan los restos de distintos miembros de la familia real española, como los de Pedro I de Castilla y de su esposa María de Padilla.
Urna de plata con el cuerpo incorrupto de Fernando III el Santo. Juan Laureano de Pina, 1.690.
En la capilla que se abre en el lateral izquierdo figura un pequeño retablo realizado por Juan de Torres en 1.648 que alberga una escultura del Ecce Homo firmada por Francisco Terrili. De esta capilla se accede a la Sala de Juntas, donde se disponen varias vitrinas que guardan valiosos objetos relacionados con San Fernando. Diferentes piezas de orfebrería completan este tesoro. En las paredes figuran una representación de san Fernando, copia del original de Murillo que conserva esta misma Catedral, una Dolorosa copia también de Murillo, la Virgen de los Reyes y san José rodeado por una guirnalda de flores, obras estas últimas de finales del siglo XVII. En la tribuna que figura sobre esta capilla se encuentra un órgano neoclásico realizado por Antonio Otín Calvete en 1.807.
Capilla lateral del lado izquierdo.
Órgano neoclásico situado sobre la capilla lateral.
En el muro derecho se abre otra pequeña capilla donde figura un  retablo realizado en 1.638 por Luis de Figueroa, que alberga una escultura de san Antonio. La sillería y el facistol son obras de la segunda mitad del siglo XVIII y fueron donados por Carlos IV; la pintura que representa a San Sebastián atendido por Santa Irene es copia del siglo XVII, de un original de Francisco Barbieri. En la sacristía figura un buen conjunto de pinturas que representan a San Fernando entrando en Sevilla de finales del siglo XVII, La Anunciación y La Huida a Egipto, ambas del primer cuarto de siglo XVIII.
Pila situada a la salida de la capilla (no había otro sitio donde colocar el extintor).
En su origen,  la Capilla Real fue mandada construir por Alfonso X para albergar los restos de su padre, que había sido enterrado en la Catedral en 1.253. En este sentido abundan las informaciones recogidas por las catas que se realizan actualmente (febrero de 2.012) en dicho recinto. Tres siglos después, se trasladó el cuerpo de Fernando III al Patio de los Naranjos en tanto se construía la actual Capilla Real, que ocupaba parte del antiguo Corral de los Olmos, en la que fueron depositados los restos del rey en 1.579.


A la salida de la Capilla Real y en el muro posterior de la Capilla Mayor, sobre la cripta Yanduri, figuran varias pinturas, algunas de gran interés, como La Apoteosis de la Inmaculada, de Francisco de Herrera, el Joven y propiedad de la Hermandad Sacramental del Sagrario. A su izquierda está Los Soldados de Gedeón, anónimo de la segunda mitad del siglo XVII, y arriba dos pinturas de Sebastián de Llanos Valdés que representan a San Juan ante el Sanedrín, y La vocación de San Mateo, ambas están firmadas y fechadas en 1.668.

A la derecha de la Capilla Real podemos ver otra gran capilla de esta Catedral:

Capilla  de san Pablo o de la Concepción Grande.
Esta capilla sirvió primitivamente como lugar de enterramiento a los caballeros que acompañaron a san Fernando en la conquista de Sevilla. A partir de 1.654, su patronato perteneció a Gonzalo Núñez de Sepúlveda, caballero veinticuatro de Sevilla, a quien le fue concedido el derecho a ser enterrado en este lugar tras una importante donación que realizó con motivo de la Octava de la Inmaculada Concepción. Actualmente sus restos se encuentran en el muro de la izquierda tras una losa sepulcral con el escudo de armas de los Sepúlveda, según diseño del pintor Juan de Valdés Leal. En la reja de la capilla, terminada en 1.668, también se puede contemplar el mismo escudo.
Capilla de san Pablo o de la Concepción grande.
Losa sepulcral de los Sepúlveda. Diseño de Valdés Leal.
En el interior llama la atención un soberbio retablo barroco con gran profusión de adornos y bellas columnas salomónicas que se articula en dos cuerpos, realizado por Francisco Dionisio de Ribas en 1.656. Las imágenes son obra de Alonso Martínez. En el primer cuerpo la imagen central es una Inmaculada Concepción de gran tamaño (de ahí el sobrenombre de la capilla) y las laterales corresponden a san José y san Pablo. 
Primer cuerpo del Retablo de la Concepción.
Inmaculada Concepción. Alonso Martínez, siglo XVII.
San Pablo. Alonso Martínez, siglo XVII.
San José. Alonso Martínez, siglo XVII.
El segundo cuerpo está presidido por el Cristo de san Pablo, talla del siglo XVI y que perteneció posiblemente a la decoración del antiguo retablo, siendo recuperado para colocarlo en su situación actual. Esta imagen gozó antiguamente de gran devoción en la ciudad. A su lado se encuentran las tallas de san Gonzalo y san Antonio de Padua.
Cristo de san Pablo. Siglo XVI.
En el muro derecho se encuentra un sepulcro de mármol en estilo neogótico realizado en 1.881, en él está enterrado el que fuera arzobispo de Sevilla, cardenal Francisco Javier Cienfuegos  y Jovellanos, nacido en Oviedo en 1.766, que estuvo al cargo de la diócesis de Sevilla desde 1.824 hasta su destierro en Alicante por motivos políticos el 18 de febrero de 1.836. Era sobrino de Gaspar de Jovellanos y también de Alonso Marcos de Llanes, arzobispo de Sevilla. Dirigió sus pasos a la carrera eclesiástica, ascendiendo con rapidez, en parte gracias a su familia y en parte por su dedicación. Dio muestras de gran valentía al atender personalmente a los enfermos de las epidemias de fiebre amarilla y de cólera que se desataron respectivamente en Cádiz y Sevilla, aunque era considerado por sus superiores como "hombre de probidad suma, pero carente de talentos superiores" (Monseñor Tiberi, Nuncio Papal).

Políticamente conservador en una época socialmente convulsa, sus encendidas pastorales provocaron que durante el trienio liberal (1.820-1.823) tuviese que salir de Sevilla en mayo de 1.821. El regreso de Fernando VII le trajo a Cienfuegos en 1.924 el título de arzobispo de Sevilla y, dos años más tarde, el capelo cardenalicio.

La situación bélica que vivía el país durante la regencia de la reina María Cristina provocó, en 1.836, el destierro del cardenal Cienfuegos a Alicante, de donde ya nunca regresaría vivo a Sevilla. Murió en 1.847, siendo enviados sus restos a Sevilla en 1.867 e inhumado primero en la bóveda del Sagrario y, más tarde y definitivamente, en 1.881, en la Capilla de San Pablo.
Sepulcro del cardenal Cienfuegos.
Hasta 1.810 estuvo expuesto en esta capilla una de las mejores obras de Murillo, El Nacimiento de la Virgen. Este cuadro fue robado por el mariscal francés Soult durante la ocupación francesa, y actualmente se encuentra en el Museo del Louvre.

Seguimos camino, que ya nos queda poco por hoy. Estamos ante la Puerta de las Campanillas. A los lados, sendos altares: el de la izquierda es el de santa Bárbara y el de la derecha, el de las santas Rufina y Justa (tanto monta, monta tanto).

Altar de santa Bárbara.
Fue dotado por el canónigo don Rodrigo de Solís, bajo la advocación de La Sagrada Familia y La Venida del Espíritu Santo. El retablo es de Antón Ruiz, de 1.544, siendo el autor de las pinturas Antonio Rodríguez. El estilo de las mismas es ingenuo y sencillo, siendo testimonio de los limitados recursos de su autor. Preside el retablo una representación de La Sagrada Familia flanqueada por San Jerónimo, Santa Bárbara, San Lucas y San Marcos. En el centro del segundo cuerpo figura La venida del Espíritu Santo y, en los laterales, san Pedro, san Pablo, san Juan y san Mateo.
Altar de santa Bárbara. A la derecha, la Puerta de las Campanillas.
Retablo del Altar de santa Bárbara. Antonio Rodríguez, 1.545.
En el lateral izquierdo de la capilla se encuentra una imagen de san Antonio, carente de valor artístico, pero que goza de gran devoción popular.
San Antonio, el Chico.
Altar de las santas Rufina y Justa.
Su patronazgo se debe a los hermanos Bécquer, en 1.622. La destacada escultura de las santas es de Pedro Duque Cornejo. Estas imágenes proceden de la iglesia del Salvador (Sevilla) y procesionan anualmente en la festividad del Corpus.
Altar santas Justa y Rufina.
Las santas Justa y Rufina son especialmente veneradas en Sevilla. La tradición las señala como protectoras de la Giralda y la Catedral, considerando que por su intercesión no cayeron tras los terremotos de 1.504, 1.655 y el terremoto de Lisboa de 1.755. De esta manera, suelen estar representadas junto la Giralda, portando palmas como símbolo del martirio y con diferentes objetos de barro en alusión a su profesión de alfareras.


Las hermanas Justa y Rufina  nacieron en Sevilla, en 268 y en 270, respectivamente, en el seno de familia muy modesta con firmes convicciones cristianas, que se dedicaba al oficio de la alfarería. Era época todavía de dioses paganos, y durante una celebración en honor a Venus, los postulantes acudieron a casa de las hermanas para pedir limosna, según era la costumbre. Las alfareras no sólo se negaron sino que arremetieron contra la procesión, haciendo añicos la imagen de la diosa.
Santas Justa y Rufina, Pedro Duque Cornejo, 1.728.
Fueron encarceladas, poniéndose como condición para conseguir su libertad renunciar a la fe cristiana. Como ambas se negaron, sufrieron tormento y, ante la persistencia de su negativa, las arrojaron a las mazmorras para que sufrieran el hambre y la sed. Tampoco esta pena quebrantó sus espíritus, ordenando Diogeniano, Prefecto de Sevilla, que fuesen andando descalzas desde Sevilla hasta Sierra Morena. Su fe les dio fuerzas y consiguieron llegar al destino señalado. Viendo así la cosa, el Prefecto mandó encarcelarlas hasta morir.

Justa falleció primero, de inanición, siendo su cadáver arrojado a un pozo, del que fue recuperado más tarde por el obispo Sabino. Rufina seguía resistiendo, por lo que fue llevada al anfiteatro y tirada ante un león. La bestia se acercó y lo más que hizo fue mover la cola y lamer sus vestiduras como haría un animal de compañía. El Prefecto no aguantó más, la mandó degollar y quemar su cuerpo. Nuevamente, el obispo Sabino recogió los restos y la enterró junto a su hermana. Era el año 287.

Fueron canonizadas y su festividad se celebra en Sevilla el día 17 de julio.

Hemos terminado por hoy. El lado este está completo.