Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

martes, 26 de abril de 2016

Palacio de las Dueñas, -IV. Antecapìlla, Capilla, Sala de los Carteles, Biblioteca, Tablao.

Saliendo del Salón Cuadrado al Patio Principal, veremos a nuestra derecha el arco de entrada a la Antecapilla. Constructivamente, esta sala es igual al Salón de la Gitana en cuanto a dimensiones, forma, cubrimiento o portada. Sin embargo, la decoración es mucho más austera. Un zócalo trianero de un metro de altura recorre el perímetro, siendo los muebles de estilo inglés del siglo XIX (sobre todo Reina Ana y Chippendale) o fraileros, como diversos sillones y mesas con cajones. Más braseros, arcones blasonados, tapices sustituidos por grandes pinturas de temática religiosa y numerosos cuadros de santos y santas.
Galería del lado de la Antecapilla. La puerta de la izquierda conduce a esta y la que se ve al fondo es la que comunica con el Salón Cuadrado.
El Patio Principal visto desde la puerta de la Antecapilla.
Acceso a la Antecapilla.
La puerta desde dentro.
Lámpara central.
Lado izquierdo de la Antecapilla.
Lado derecho.
Doña Cayetana es presencia constante en el palacio.
Hay dos braseros a juego, uno a cada lado de la habitación.
Descendimiento. Anibal Caracci, siglo XVI.
Cardenal Íñigo López de Mendoza y Zúñiga. Anónimo, siglo XVI. 

San Antonio de Padua y Santa Teresa de Jesús. Luca Giordiano, siglo XVI.
En el extremo derecho de la sala (según entramos) hay una puerta que nos conduce a la Sala de los Carteles, estancia de la hay que disfrutar desde la entrada. Rectangular, de mediano tamaño, muestra en sus paredes numerosos carteles de las Fiestas de Primavera (Semana Santa y Feria). En el centro, una mesa de comedor para ocho comensales y, a los lados, un poco de todo: un traje de luces, mesas, un aparador, una chimenea al fondo, dos tresillos en un rincón y gran número de figuras, fotografías, bustos y cerámicas.
Puerta de entrada a la Sala de los Carteles.
Vistas de la Sala de los Carteles.
Volviendo a la Antecapilla, nos detenemos ante la Capilla. Es pequeña y cuadrada, con alto zócalo de azulejos. Se corona mediante una doble bóveda de terceletes, característica del gótico manierista. El retablo y la pintura que alberga (óleo sobre lienzo), en cambio, son renacentistas. Representa a Santa Catalina de Siena entre santos, obra del florentino Neri de Bicci.
Decoración del acceso a la Capilla.
Retablo renacentista.
Santa Catalina de Siena entre santos. Neri de Bicci, siglo XV.
En las paredes laterales cuelgan otros cuadros: Martirio de San Juan en la Tina y El Bautismo de Cristo, ambos de Juan de Villoldo (siglo XVI), discípulo de Berruguete. En la pared izquierda vemos una ventana típicamente mudéjar, trilobulada, con arquivoltas profusamente decoradas.
Pasemos ahora a recorrer el lado opuesto de la sala, de cuyas paredes cuelgan varios lienzos de santos y santas, y algún personaje de la nobleza.

San Huberto. Anónimo italiano del siglo XVII.
Retrato de doña Antonia de Haro y Guzmán. Anónimo italiano, siglo XVII.
La Anunciación. Baroccio de Urbino, siglo XVI.
Santa Genoveva. A. J. de Lislie, 1.888.

Cubierta de la Antecapilla.
En el extremo izquierdo de la Antecapilla se encuentra la Biblioteca, estancia decorada de forma similar a las visitadas anteriormente. Se ve que a doña Cayetana y familia esta cosa moderna del minimalismo no le atraía demasiado.
Imágenes de la Biblioteca.
Junto a la puerta de la Biblioteca está el acceso al Tablao, seguramente el espacio más personal (si es posible) de la duquesa. Era el lugar en el que se reunía con sus amigos, el sitio donde Enrique, el Cojo, la enseñó a bailar, o la sala en la que se retiraba a pintar. Aquí hay de todo: pinturas de la misma duquesa, de amigos, un traje de gitana y otro corto, una bandera de la Federación de Peñas del Betis (nadie es perfecto) y muchísimas fotografías.
Imágenes del tablao.
Finaliza aquí esta entrada.



viernes, 22 de abril de 2016

Palacio de las Dueñas, -III. Patio Principal y Salón de la Gitana.

En la anterior entrada nos quedamos ante la entrada al Patio Principal, viniendo desde el Patio de los Limoneros. Retomamos ahora el recorrido.
Entrada al Patio Principal desde el Patio de los Limoneros.

lunes, 18 de abril de 2016

Palacio de las Dueñas, II. Patios.

Tras pasar bajo el arco y a través del torno de entrada, nos recibe un amplísimo patio, muy ajardinado, que apenas deja ver la fachada principal del edificio. En los laterales hay diversas dependencias, unas con uso al público, como la Sala de Venta de recuerdos, y otras cerradas.
Patio de entrada. Al fondo se sitúa el apeadero.
Por este lado derecho del patio comienza la visita guiada.
La visita comienza tomando el lado derecho de este patio. Des de allí tenemos una bonita perspectiva de la fachada de palacio, con gran número de ventanas, que corresponden a las habitaciones de invitados. En el centro se encuentra la entrada al apeadero, que visitaremos a la salida.
Fachada principal del palacio.
Vista lateral del patio de entrada.
La puerta de entrada vista desde el mismo lugar.
Abrevadero transformado en fuente.
Capitel.
Giramos a la derecha y, pasando un antiguo abrevadero, ahora transformado en fuente, llegamos a la primera parada, las caballerizas. No es un lugar grande ni lujoso, como lo eran las de la Casa de Pilatos, pero da la impresión de que los animales se encontrarían allí más a gusto. Sobre cada uno de los boxes aparece el nombre de su inquilino o inquilina (la mayoría son de yeguas) y, en el pasillo central, la lujosa silla de montar de la emperatriz Eugenia de Montijo.
Entrada a las caballerizas.
Entrada a un patio auxiliar (no visitable). Antiguamente separaba la zona de casa de vecinos del resto de palacio.
Azulejo sobre la cancela.
Interior de las caballerizas.
              


Desde aquí tenemos paso directo al Patio de los Limoneros, inmortalizado por Antonio Machado en sus famosos versos del poema “Retrato”:
Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero.




Diversas imágenes del Patio de los Limoneros.
Y es que Antonio Machado nació en este lugar, que durante los años posteriores a la revolución de 1.868 había sido incautado y transformado, en parte, en casa de vecinos. Devuelto más tarde a sus propietarios, el padre del poeta quedó como administrador del lugar, en el que doña Ana dio a luz al poeta, segundo de sus nueve hijos en 1.875. Aquí vivió hasta los ocho años, momento en que la familia se trasladó a Madrid.
Más vistas del patio.
El lugar que el poeta describe en sus versos en un patio amplio, de superficie rectangular, sembrado con variados arbustos, altos cipreses y, sobre todo, numerosos limoneros, algunos de buen porte. A la derecha de la puerta por la que hemos entrado vemos unos escalones que nos llevan a un patio interior, al que se abrían otras viviendas en alquiler (entre ellas, la del abuelo de don Antonio, por entonces Rector de la Universidad de Sevilla.
Pequeño patio interior situado en la zona de la antigua casa de vecinos.
La decoración del jardín consiste en diversos restos arqueológicos, jarrones de cerámica, pequeñas fuentes de mármol y una fuente central de ladrillos cubiertos con azulejos trianeros, con cuatro bancos a su alrededor realizados con los mismos materiales.
Frontero a la entrada por la que hemos accedido al patio hay un cenador, cubierto por una maraña de enredaderas y presidido por una gran mesa de piedra caliza, en el que aseguran que solía desayunar cada mañana la condesa de Montijo. En cambio, doña Cayetana prefería usar las estancias del piso superior para estos menesteres.
Cenador.
A través del cenador accedemos a un pequeño espacio que hace de distribuidor. Posee una pequeña fuente circular con azulejos y, tras ella, un gran escudo de armas, labrado en piedra, procedente de las murallas de la ciudad flamenca de Namur, con un azulejo explicativo bajo él.

"Procede este escudo de la Casa de Monterey, de los bastiones de las murallas de Namur. Adquirido por la Duquesa de Fernán Núlez cuando fueron destruidas, hizo de él donación a su nieto el señor duque de Berwick y de Alba, don Santiago Stuart y Falcó, el cual dispuso que fuese colocado en su palacio de Sevilla. MCMXI".
La escalinata que tenemos a nuestra derecha nos lleva a otro patio, de mayor altura, que nos permite una bonita vista del Patio de los Limoneros y del edificio principal. Aquí hay otro escudo de armas, procedente en este caso de los graneros del castillo del Carpio. En el lado opuesto se sitúa la alberca, de buen tamaño, que ha estado en uso como piscina hasta hace pocos años.
Escalinata de acceso al patio superior.
Patio superior.

Vista de la zona de la alberca desde el patio superior.
Alberca.
Volvemos atrás y, a la altura del cenador, giramos a nuestra derecha. Es la zona del Patio de los Limoneros que linda con el Patio Principal. Barcos de forja pintados de blanco, fuentes de mármol, restos arqueológicos, otro escudo de armas, procedente esta vez del Palacio de Liria, forman parte de esta zona, en un rincón de la cual podemos ver un pequeño retablo cerámico de la Virgen de los Reyes.
Antesala del Patio Principal desde el Patio de los Limoneros. Zona izquierda.
Retablo cerámico de la Virgen de los Reyes.
Antesala del Patio Principal desde el Patio de los Limoneros. Zona derecha.
Muro derecho.
Más escudos.

Espectacularmente mudéjares son la entrada al Patio Principal y la dos ventanas geminadas que la escoltan, polilobulabas, con parteluz formado por una columna de mármol y alfiz decorado con yeserías.
El arco central, de medio punto, está cuajado igualmente de yeserías en intradós, arco y alfiz, cerrado con una bonita cancela de hierro forjado.
Comunicación del Patio de los Limoneros con el Patio Principal.
Cruzamos este arco y entraremos en el Patio Principal, antiguamente llamado de las Palmeras; es cuadrado, de gran tamaño, y en él se conjugan los elementos mudéjares y renacentistas que caracterizan las edificaciones civiles de su época.
Patio Principal del Palacio de las Dueñas.
Termina aquí esta entrada. En las siguientes recorreremos el resto de patios y, sobre todo, las salas de esta planta baja, en las que el contenido es tan interesante como el continente.