Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

jueves, 10 de febrero de 2011

Torre de don Fadrique y Convento de Santa Clara.

Tras la conquista de Sevilla por Fernando III, el Santo, se hizo el reparto de la ciudad de Sevilla, distribuyendo sus terrenos entre los caballeros que participaron en la campaña.
Al infante don Fadrique, hijo de Fernando III y hermano de Alfonso X el Sabio, le corresponde un solar al oeste de Sevilla, cerca del río Guadalquivir. Allí manda levantar una torre defensiva, que debía formar parte de un palacio. El palacio nunca se levantó, debido a la muerte del propio don Fadrique.
Torre de don Fadrique.
La leyenda nos cuenta que el rey Fernando III enviudó de su esposa doña Beatriz de Suabia, y a pesar de su avanzada edad, formó matrimonio con la hermosa y joven doña Juana de Pointhieu, descendiente de la familia real francesa, la cual enviudó pronto, como era de esperar. 
La reina viuda residía en el Alcázar de Sevilla, adonde llegó el infante don Fadrique, hijo del difunto Fernando III y, por lo tanto, hijastro de Doña Juana. La edad de ambos difería en dos años, 25 y 27, y la atracción entre ambos se produjo inmediatamente. Los encuentros entre ambos eran continuos, y en la época se pensaba que la torre que construyó don Fadrique para reforzar la seguridad, realmente era para alojar los encuentros de la reina y el infante. Ni la nobleza ni el pueblo aceptaba esta relación, lo que se tradujo en el traslado de la reina a Francia.
El entonces rey Alfonso X, hijo de Fernando III y hermano del infante don Fadrique, autorizó procesos contra éste, obligado por la nobleza y el clero. Acusado de ofensa real al tener amores ilícitos con la viuda del rey y madrastra propia, fue condenado a muerte, siendo ejecutado en Toledo.
El escenario de esta relación fue sin duda la llamada Torre de don Fadrique, que está situada en el casco histórico de Sevilla, justamente en los jardines del convento de Santa Clara. Su construcción data del año 1252, aunque en la inscripción que figura en la puerta no lo detalla: 
  "Esta magnífica torre fue obra de Federico. Podría llamarse la mayor alabanza del arte y del artífice. Fue grato a sus padres este hijo de Beatriz y del rey de España Fernando, amigo de la ley. Si deseas saber o recordar la era y los años, en 1.290 ya existía la torre bella y esbelta de riquezas".
Constituye una interesante muestra de arquitectura de transición del románico al gótico, ejemplo de la que viene a Sevilla de la mano de los conquistadores y que, antes de la profunda y grandiosa síntesis de lo mudéjar, impera momentáneamente en las construcciones cívico-militares que se levantan en la recién conquistada ciudad y de la que constituye otro buen ejemplo el llamado palacio gótico del Alcázar o la Iglesia de Santa Ana de Triana. 
Es de planta cuadrada de 5,40 metros de lado, con tres pisos, siendo en su mayor parte de ladrillo, salvo algunos elementos (sillares del piso bajo, esquineras del último puerta, huecos y bóvedas), que están labrados en piedra. Estrechas saeteras en el primer piso, ventanas de traza románica en el segundo, que se transforman en góticas en el tercero, para culminar con una azotea almenada sobre  bóveda gótica de ocho paños, dan un severo y majestuoso aire a una construcción que destacaría (y lo sigue haciendo) tanto por su altura como por el sello genuinamente occidental de su arquitectura en un caserío impregnado todavía de vetustas fórmulas islámicas. Algunas características, como los finos nervios y la traza de sus arcos, la ponen en relación con ciertas partes de la catedral de Burgos y el Monasterio de las Huelgas en la misma ciudad, lo que vendría a confirmar la actividad de un cantero burgalés, ayudado por alarifes sevillanos.
A pesar de su carácter defensivo, la Torre de don Fadrique es esbelta y elegante. Tiene la particularidad de ser una de las pocas obras medievales sevillanas que no tiene reminiscencias de estilo árabe y está entre las mejores muestras del arte gótico civil de Sevilla.

En 1.289, Sancho IV entrega aquellos terrenos a las monjas clarisas, que en torno a la torre levantan el convento de Santa Clara. Como anécdota, en el convento profesaría como monja doña María Coronel, que más tarde fundaría el convento de Santa Inés, y que según la leyenda se desfiguró el rostro con aceite hirviendo para huir del rey Pedro I, que la cortejaba.
Convento de Santa Clara, actualmente en obras de rehabilitación.
En 1.920 el ayuntamiento de la ciudad adquiere lo que quedaba de la huerta, la torre y algunas dependencias que ya no eran utilizadas por la comunidad de clarisas, estableciéndose una servidumbre de paso a través del compás. Se realizaron entonces algunas obras de reparación en la torre, excavándose para dejar al descubierto el nivel original donde se situaba el basamento de la torre.
En 1.925 se crea allí el Museo Arqueológico Municipal depositándose numerosas piezas propiedad del Ayuntamiento, para lo que se construye un pequeño edificio anexo. Es entonces cuando se decide exornar los alrededores de la torre transformando lo que de huerta quedaba en un pequeño jardín. Éste, diseñado por el arquitecto Juan Talavera (que también haría la escalera interior de la torre), estaba presidido por un alberca rectangular que situada a los pies de la torre pretendía darle realce y perspectiva. El jardín obedecía al diseño imperante en la época y rodeaba el estanque de pequeños arriates donde se situaban algunas de las piezas de la colección, incorporando cipreses y pérgolas sobre columnas con trepadoras. 
Entre los años 1.997 y 1.998 se pretendió hacer de la torre y su jardín, así como del cerrado convento, parte del museo de la ciudad. Para ello, y a la luz de un plan especial, se pretendía acondicionar 4.000 m2 rehabilitando y ampliando los jardines existentes. En el año 1.999 se intentó también convertir la torre -arrendándola- en mirador público, con una instalación similar a la que se había hecho en la conocida torre Tavira de Cádiz.  
En la actualidad la alberca, rodeada de setos de arrayanes, preside un recoleto jardín donde naranjos, un olivo y acantos, en la compañía de un grandioso ejemplar de laurel probablemente el más antiguo de Sevilla, junto con vetustas piezas de estatuaria y arqueología, guardan la vieja torre que al cabo de los siglos sigue impasible oteando el acontecer diario de la ciudad.


Curiosa es la existencia en el jardín de una gran estatua de bronce de Fernando VII, y digo curiosa porque el personaje no es precisamente de los más queridos en Sevilla ... ni en el resto de España. Al parecer, fue traída de París junto con otras piezas por encargo de los duques de Montpensier para su Palacio sevillano (actual Palacio de San Telmo, sede de la Junta de Andalucía). La estatua, de tamaño colosal (2,80 metros) muestra a Fernando VII como un emperador romano, según costumbre de la época napoleónica y, después de distintos avatares históricos, acabó arrinconada, sin mano derecha, en los jardines del Convento de Santa Clara.
Estatua de Fernando VII, en los jardines de Santa Clara.
La Torre de don Fadrique está protegida según declaración del Decreto del 22/04/1949, y la Ley 16/1985 en referencia al Patrimonio Histórico Español. La Junta de Andalucía la incluyó en el reconocimiento especial a los castillos de la Comunidad Autónoma de Andalucía.
Hace pocos años, las cuatro últimas monjas clarisas, después de más de siete siglos de estancia, debieron abandonar el Convento de Santa Clara por su extrema antigüedad, que lo hacía inhabitable, y hoy está siendo restaurado para adecuarlo a usos museísticos y culturales. Finalizada la primera fase de rehabilitación,  el pasado uno de marzo de 2.011 fue inaugurado con la exposición Diálogos con Machado. 
Puerta de entrada al claustro.
Claustro del convento de Santa Clara.
Espadaña de la iglesia, desde el claustro.
Entrada al refectorio.
Refrectorio de las monjas clarisas.
Púlpito del refrectorio.

Son más de 3.000 metros cuadrados de superficie expositiva en los que se alternarán la música, el teatro y la poesía. Además, se ha recuperado el claustro del convento y la planta baja, quedando pendientes para una segunda fase el resto del edificio y los jardines en los que se encuentra enclavada la Torre de don Fadrique. Desgraciadamente, en estos momentos no es posible acceder a la misma, por lo que me veo obligado a "tomar prestadas" imágenes de otros compañeros de la red.
Detalle del claustro.
Puerta de entrada y salida, vista desde el claustro.
Escalera de subida a la planta alta.
Descansillo de la escalera.
Habitación restaurada en la entreplanta.
Artesonado mudéjar de la escalera.
Planta alta. Zona pendiente de restaurar.
Habitación restaurada de la planta alta.
Pinturas murales recuperadas.
Mientras las clarisas habitaron el convento, existió la tradición entre las mozas que iban a contraer matrimonio, de llevarles huevos frescos, con el fin de que las monjitas rezaran para que no lloviera el día de su boda. Desgraciadamente, esa tradición ha desaparecido junto con las monjas.