Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

sábado, 12 de febrero de 2011

Visitando la Catedral -V.


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Y ahora preparamos la brújula, que nos va a hacer falta (es una broma). Nos separamos de la nave central y entramos en un pequeño laberinto de salas, pasillos, patios y capillas que forman el lugar desde el que se dirigía el destino de la Catedral. Empezamos por la

Capilla del Mariscal.
El patronazgo de esta Capilla se debe su nombre a don Diego Caballero, rico mercader y armador de buques, Mariscal de la Isla de la Española, el cual entregó al Cabildo de la Catedral de Sevilla en 1.553, la nada despreciable suma de 26.000 maravedíes para fundar una capellanía y construir el retablo pictórico que persiste en la actualidad, sin duda una joya del arte renacentista.
Entrada a la Capilla del Mariscal.
El retablo es obra del pintor flamenco Pedro de Campaña, en colaboración con Antonio de Alfián, y consta en total de diez tablas. En el banco o parte inferior, a la izquierda un retrato de Diego Caballero, su hijo y su hermano Alonso, en el centro Jesús entre los doctores, a la derecha otro retrato de doña Leonor de Cabrera (esposa de don Diego) y su hermana doña Mencía (esposa de Alonso), con sus hijas. 
Don Diego Caballero, su hijo y su hermano Alonso.
Doña Leonor de Cabrera, doña Mencía y sus hijas.
En el cuerpo principal, la tabla central representa La Purificación de la Virgen, también conocida como La Presentación de Jesús en el Templo; en ella, Pedro de Campaña recrea grabados de Durero y Rafael, realizando una de las mejores composiciones de la pintura renacentista española. El conjunto de figuras femeninas que intervienen en esta escena tiene una significación alegórica, ya que cada una de ellas simboliza las virtudes que habían de adornar a la Virgen en su vida futura ; así se pueden identificar a la Caridad, Templanza, Justicia, Fortaleza, Prudencia, Fe y Esperanza.
Retablo de la Capilla del Mariscal. Diego de Campaña, siglo XVI.
Calle izquierda del retablo. Santo Domingo (arriba) y  
Santiago en la batalla de Clavijo (abajo).
Calle derecha del retablo. La imposición de la casulla a san Ildefonso (abajo) y 
La estigmatización de san Francisco (arriba).
Ático del retablo: Resurrección y Calvario.
Banco del retablo. Jesús entre los doctores.
Tema central del retablo: La Purificación de la Virgen o 
Presentación de Jesús en el Templo. 
Vista del retablo desde los pies del mismo.
A la izquierda de la tabla principal encontramos a Santo Domingo (arriba) y al políticamente incorrecto en la actualidad Santiago en la batalla de Clavijo (abajo); a la derecha, La imposición de la casulla a san Ildefonso (abajo) y La estigmatización de san Francisco (arriba). En el ático vemos La Resurrección y, más arriba, en el remate, El Calvario.
Lápida de la tumba de la familia Caballero.
La magnífica reja que cierra esta capilla fue realizada en 1.555 por Pedro Delgado, siguiendo un diseño de Martín de Gaínza; en su remate figura una soberbia representación del Santo Entierro.

Ahora tenemos que elegir entre pasar la puerta que hay frente a la entrada de la capilla o la que existe a la izquierda. El orden da igual, pero vamos a escoger la frontal a la entrada que nos conduce al

Antecabildo.

De la Capilla del Mariscal pasamos al Antecabildo a través de un pequeño distribuidor con dos puertas, obra de Hernán Ruiz Jiménez. No son de él, en cambio, los cuatro relieves que decoran el estrecho espacio: a la izquierda Salomón y El Salvador, y a la derecha, El Rey David y La Virgen.
El rey Salomón.
El rey David.
Distribuidor entre Capilla del Mariscal y Antecabildo.
Del Antecabildo se sabe que fue iniciado en su traza arquitectónica por Hernán Ruiz hacia 1.560 y que fue concluido por Asensio de Maeda hacia 1.582, configurándose finalmente un recinto rectangular cubierto con bóveda de casetones. El programa iconográfico de este recinto esta destinado a exaltar las virtudes que habrían de tener los eclesiásticos que se ocupaban de la economía del templo.
Antecabildo. Al fondo, las dos puertas de entrada desde el distribuidor.
Bóveda de casetones del Antecabildo.
En el lado derecho hay representaciones de La Justicia, Prudencia, Fortaleza, Providencia, entre las cuales aparecen relieves de Moisés conduciendo al pueblo de Israel, El castigo de Amón, Moisés obrando prodigios ante el Faraón, La ramera apocalíptica sobre la hiedra y La torre de Babel.
Muro derecho del Antecabildo.
El muro izquierdo nos muestra La Piedad, La Templanza, La Esperanza, La Caridad y relieves con La Venida del Espíritu Santo, La sabiduría con las ciencias y las artes, Jesús entre los doctores, Los Vicios con la Ira y La Justicia expulsando a los vicios
Muro izquierdo del Antecabildo.
Una de las inscripciones de los muros.
En los muros frontales aparecen representaciones de Los Cuatro Evangelistas, La entrada de los animales en el Arca de Noé y El sacrificio de Noé después del diluvio.

La decoración escultórica de esta sala se atribuye con fundamento a Diego de Pesquera entre 1.575 y 1.580. Seguimos derecho y entramos en el

Patio del Cabildo.
Pequeño patio interior que comunica el Antecabildo con la Sacristía Mayor y, a través de la Sala de las Columnas, con la Sala Capitular. En el centro presenta una fuente de alabastro con pequeños grifos tallados en bronce. Fue diseñado y construido por Hernán Ruiz II en 1.562.

Patio del Cabildo. Al fondo, la puerta de entrada a la Sacristía Mayor.
Fuente de alabastro. Detalle.
Patio del Cabildo. Entrada a la Sala de las Columnas.
Lápida en la pared sur del Patio del Cabildo.
A la izquierda vemos una puerta. Es la entrada a la

Sala de las Columnas.
Sala proyectada por Hernán Ruiz II como dependencia auxiliar del Patio del Cabildo. La puerta lateral (actualmente no accesible al público) comunica con la Sala Capitular. Las obras expuestas están relacionadas con varios miembros de la familia Mendoza vinculados a la Catedral de Sevilla, cuyo linaje tuvo gran importancia histórica y cultural en la época de los Reyes Católicos.
Entrada a la Sala de las Columnas.
Piezas expuestas en la Sala de las Columnas.
Columnas que dan nombre a la sala.
Damos media vuelta y pasamos por la pequeña puerta neoclásica que tenemos enfrente de nosotros. Después de ver la pequeña Sala de las Columnas y atravesar el pequeño Patio de Cabildo por la pequeña puerta neoclásica (todo pequeño, como se puede ver), se abre ante nosotros la espectacular y enorme

Sacristía Mayor.
Con forma de cruz griega de brazos muy cortos, en realidad no forma parte de la Catedral primitiva, sino que fue adosada (como todo el lateral que da al Archivo de Indias) con posterioridad.
Entrada a la Sacristía Mayor desde el Patio del Cabildo.
Está rematada con una gran cúpula sostenida por columnas y pilastras, algunas de ellas labradas con talla plateresca, al igual que la cenefa que une los capiteles de las columnas a través de todo el perímetro de la sala. Los espacios entre las columnas están decorados con bóvedas en forma de abanico. La cúpula se adorna con relieves dispuestos en tres anillos, que representan el Juicio Final, con las figuras de Cristo entre la Virgen y san Juan Bautista, y una escenificación de la Corte Celestial con Profetas, Patriarcas, Santos y Ángeles; en el anillo inferior, los condenados. En las bóvedas aparecen representaciones de apóstoles y obispos.

La Sacristía Mayor fue comenzada por Diego de Riaño. A la muerte de éste, en 1.534, continuó la obra Martín de Gainza hasta 1.543, año en que se entregó. De la cantidad y riqueza de los objetos que se exhiben en esta estancia dejamos que hablen las fotografías, con sus correspondientes pies explicativos.
Portada de la Sacristía Mayor, desde el interior.
Bóveda de la Sacristía Mayor.
Otra vista de la portada de la Sacristía Mayor.
San Leandro. Murillo, 1.655.
La Visión de san Francisco. Juan Sánchez Cotán, 1.620.
Virgen de la Merced. Juan de Roelas, siglo XVII.
Custodia-Relicario de la Santa Espina o "Custodia Chica", donada por el cardenal don Rodrigo de Castro. En el cuerpo inferior muestra una astilla de la Cruz de Cristo y, en el superior, una rosa de plata. Procesiona en el Corpus. Francisco de Alfaro, 1.590.
Relicario "del Coco". Siglo XIV.
2. Relicario de san Cristóbal. Siglo XV.
3. Doce relicarios de templete. Francisco de Alfaro, 1.600.
Altar de santa Teresa.
Santa Teresa. Zurbarán.
El descendimiento de Cristo. Pedro de Campaña.
Inmaculada. Anónimo sevillano, 1.620.
San Isidoro. Murillo, 1.655.
Visión de san Ignacio de Loyola. Alonso Vázquez, 1.595.
La Piedad. Francisco Bayeu, 1.788.
Vista de la Sacristía Mayor desde la entrada de la nave de la Epístola.
Altar principal de la Sacristía Mayor.
Otra vista del altar principal.
Niño Jesús, en el altar de la Sacristía Mayor.
Basamentos de los antiguos altares de la Capilla, desmontados en el siglo XIX.
1. Tablas Alfonsíes.
2. Llaves de la ciudad de Sevilla. Siglos XIII y XIV.
3. Virgen de las Batallas o del Arzón. Marfil. Reims, hacia 1.230.
Las Tablas Alfonsíes, obra de madera revestida en chapa de plata dorada y piedras preciosas, contienen nada menos que 320 reliquias de santos cristianos. Se considera la pieza de orfebrería gótica más importante del mundo. En los casetones del anverso figuran reliquias cubiertas por cristal de roca ; en el centro y en las hojas laterales aparecen magníficos camafeos. En el reverso se disponen medallones heráldicos de Castilla y León y relieves de La Anunciación y La Adoración de los Reyes

Estas tablas se atribuyen tradicionalmente al platero Juan de Toledo, artífice del siglo XIII, y fueron donadas a la Catedral por Alfonso X en 1.284, con la condición de que su cuerpo descansara en la Catedral, cosa que es casi del todo cierta, ya que si bien su cuerpo recibió sepultura en la Capilla Real (igual que el de su madre, Beatriz de Suabia), su corazón y sus entrañas tienen enterramiento propio en la Catedral de Murcia.

Considero lamentable, por otra parte, que dos de las joyas más emblemáticas de la Catedral, las Tablas Alfonsíes y la Virgen del Arzón,  compartan tan minúscula vitrina que, además, es la más baja de todo el conjunto que adorna la Sacristía Mayor.
Arcas relicario de san Florencio, san Servando y san Germán.
Arcas relicario de san Félix y san Celestino.
1. Lignum Crucis con el pectoral de Clemente XIV.
4. Cruz de amatistas y anillo del Cardenal Guisasola.
Custodia de Juan de Arfe. Mide casi cuatro metros de altura y es de estructura curva con cuatro templetes o cuerpos que van en orden decreciente. Su peso de unos 465 kilos de plata y se tardó casi seis años en su finalización. Procesiona en el Corpus.
Busto relicario de san Pío. Juan Laureano de Pina, 1.676.
Busto relicario de san Laureano. Juan Laureano de Pina, 1.676.
Las cajonerías son obra de Diego Guillén Ferrant en 1.551 y Diego de Velasco en 1.584.
San Fernando. Procesiona en el Corpus. Pedro Roldán.
Inmaculada. Procesiona en el Corpus. Alonso Martínez.
"Los Gigantes", cuatro enormes candeleros utilizados en Semana Santa.
Armando Ballesteros, 1.581.
Columna de estilo plateresco.
Puertas de comunicación entre la sacristía Mayor y la Catedral.
Como curiosidad, señalar la existencia, con acceso desde esta sala, del Patio de la Sala de Cuentas. Se comunica a través de una pequeña puerta a la izquierda de la puerta de salida a la nave central; desgraciadamente, está permanentemente cerrada.


Tomamos la puerta ricamente labrada que aparece en estas últimas fotografías, atravesaremos un ancho y oscuro pasillo, con dos enormes armarios en los laterales también exquisitamente decorados. Fueron tallados en 1.743 por Pedro Duque Cornejo. En el que figura a la derecha aparecen relieves de La recogida del Maná y Moisés haciendo brotar el agua de la peña. En el de la izquierda muestran a Adán y Eva en el Paraíso y Veinte Santas mártires.
Aparecemos en la nave central de la Catedral, junto a la Capilla del Mariscal, en la que volvemos a entrar, pero ahora, en vez de tomar la puerta de enfrente como antes, entramos por la que está a nuestra izquierda, es la

Sala de Ornamentos o Contaduría Mayor. Tesoro de la Catedral.
En ella se expone el Tesoro Catedralicio. Si bien las obras artísticas (pinturas, esculturas, retablos, sepulcros, orfebrería en plata, oro y marfil, etc) se encuentran repartidas por todo el templo metropolitano, en esta Sala se han reunido una serie de elementos de orfebrería, principalmente de oro, plata y piedras preciosas que, por su tamaño, permiten la exposición en vitrinas pequeñas. Así, encontramos bandejas, cálices, vasos, platos, vinajeras, relicarios y otros objetos realizados por los más prestigiosos  artistas y donados a la institución a lo largo de varios siglos por papas, obispos, cardenales y seglares.
Entrada a la Sala de Ornamentos desde la Capilla del Mariscal.
Techo de la Sala de Ornamentos.

1. Anónimo florentino siglo XIV. Virgen con el Niño. 
2. Copa parisina de cristal de roca, llamada de San Fernando. 
3. Cruz de ágatas siglo XIV. 
4. Portapaz de Felipe V de Francia y Juana de Borgoña.

1. Cáliz, vinajeras, campanilla y salvilla donados por el Virrey de Nueva España. 
2. Ostensóreo donado por doña Isabel Pérez Caro, Siglo XVIII. 
3. Patena de la Santa Cena. 
4. Cáliz y copón de oro adornados con piedras preciosas.

Corona realizada para la Coronación de la Virgen de los Reyes. 
Manuel de la Torre 1.904.
Bandeja. Anónimo sevillano siglo XVII.

1. Cruz relicario de la Santa Espina. Anónimo francés siglo XV. 
2. Lignum crucis llamado de Constantino. Siglo XVI. 
3. Cruz relicario con esmaltes y camafeos con grupo de La piedad. Siglo XIV.
Bandeja. Amberes, siglo XVI.

1. Relicario San Clemente donado por el obispo de Scalas. Anónimo s. XVI. 
2. Portapaz de santa Ana. Martín de Oñate. Siglo XVI. 
3. Portapaz de la Asunción de la Virgen. Hernando de Ballesteros, 1.556. 
4. Copón de la Pasión. Anónimo mejicano, siglo XVI. 
5. Cruz donada por Pío V al Gran Duque de Parma. Giorgios Laskaris s. XVI.
Bandeja con escudo del cardenal Delgado Venegas. Anónimo siglo XVIII.

1. San Fernando y san Luis de Francia, donados por los duques de Montpensier. 
Real Fábrica de Platería Martínez siglo XIX. 
2. Virgen con el Niño. Anónimo filipino siglo XVII.
Bandeja. Madrid, siglo XX.
Una de las mejores piezas de la exposición. Lamentablemente, no está rotulada.

1. Crucificado y María Magdalena al pie de la Cruz. Taller Sajonia s. XVIII. 
2. Cruz relicario. Madrid siglo XVIII. 
3. Figura de la Iglesia. Anónimo siglo XVII. 
4. Rosario de turquesas y filigrana. Siglo XVIII. 
5. Rosario de venturinas y filigrana. Siglo XX.
Bandeja. Madrid siglo XX.

1. Relicario de san Juan de Ribera. Sevilla siglo XIX. 
2. Relicario de san Lorenzo. Anónimo siglo XVI. 
3. Relicario de san Pedro. Siglo XVI. 
4. Relicario de san Sebastián. Hernando de Ballesteros, el Viejo 1.558.
Bandeja con el escudo del Cabildo de Sevilla. Vicente Gargallo siglo XVIII.

1. Jarras para pontificiales. Hernando de Ballesteros, el Joven siglo XVI. 
2. Jarra donada por el cardenal Delgado. Damián de Castro siglo XVIII.
Bandeja donada por el cardenal Delgado. Damián de Castro siglo XVIII.

1. Vinajeras donadas por Luis Felipe de Francia. Taller Montaguy s. XIX. 
2. Naveta, Anónimo siglo XVIII. 
3. Ostensóreo de san Juan Nepomuceno. Anónimo italiano siglo XVIII. 
4. Juego de cáliz, campanilla, vinajeras y salvilla. Damián Castro s. XVIII. 
5. Incensario de oro donado por don Manuel Paulín de la Barrera. 
Antonio Méndez siglo XVIII.

1. Urna y peana para el Jueves Santo. Siglo XVIII. 
2. Llaves de la urna del Jueves Santo. 
3. Copas y platos de oro donados por el arzobispo Vizarrón. Siglo XVIII.
Bandeja dorada. Mallorca, siglo XVIII.
Aguamanil de la sierpe y jarra para óleos. Siglo XVI.
Bandeja. Anónimo sevillano siglo XVII.
Cruz de oro y carey.
Es difícil destacar alguna pieza entre tanta magnificencia, pero personalmente me quedo con la cruz de oro y carey que nos encontramos tras las dos pequeñas puertas del fondo.

Después de admirar las obras del Tesoro, tomamos cualquiera de las dos puertecitas que hay al final del aposento y, tras recorrer un pequeño pasivo curvo, entramos en la

Sala Capitular.
Como el Antecabildo, su construcción fue iniciada por Hernán Ruiz II y finalizada por Asensio de Maeda en 1.592. Tiene forma elíptica, con el suelo diseñado de igual forma que el realizado por  Miguel Ángel para la plaza del Capitolio de Roma (el Campodoglio). 
Suelo de la Sala Capitular.
La forma de la Sala provoca una acústica que permite a los miembros del Cabildo, que se sentaban en un banco corrido que bordea toda la Sala, verse y oírse con total comodidad. Presidiendo la estancia encontramos un espléndido sillón de caoba tallada y una mesa para el Secretario, obras ambas de Diego de Velasco.
Muro de la Sala Capitular.
Bóveda de la Sala Capitular.
Sillón y mesa de caoba tallada. Diego de Velasco.
Decoran esta Sala pinturas de Pablo de Céspedes (1.592) que representan las cinco virtudes: Justicia, Fe, Esperanza, Caridad y Misericordia, virtudes que debían tener los miembros del Capítulo, que se reunían en esta sala.
Los grandes relieves verticales que figuran entre las columnas fueron realizados por Juan Bautista Vázquez, el Viejo y Diego de Velasco en torno a 1.582-1.84. Representan La Asunción de la Virgen, Dos milagros de san Juan Evangelista, La expulsión de los mercaderes del templo, El Padre Eterno con los vendimiadores, Los siete ángeles llamando a los réprobos, El extásis de san Juan Evangelista y La alegoría del Cordero Místico.
Vista desde la puerta de entrada.
Inmaculada, de Murillo.
Los relieves de formato rectangular fueron realizados en torno a 1.590 por Marcos Cabrera y representan El ultimo sermón de Cristo, Daniel en el pozo de los leones, El Bautismo de Cristo, La tormenta en el mar Tiberiades, la parábola del sembrador, La oración del huerto, San Pedro contemplando los animales inmundos y Cristo lavando los pies a los Apóstoles.
San Hermenegildo. Murillo, 1.667.
San Isidoro. Murillo, 1.667.
San Pio. Murillo, 1.667.
Santa Justa. Murillo, 1.667.
Santa Rufina. Murillo, 1.667.
San Laureano. Murillo, 1.667.
San Leandro. Murillo, 1.667.
San Fernando. Murillo, 1.667.
La decoración de la bóveda corrió a cargo de Bartolomé Esteban Murillo en 1.667 con la colocación en todo su entorno de una serie de pinturas al óleo de forma circular con la representación de ocho santos sevillanos (san Hermenegildo, san Fernando, san Leandro, san Isidoro, san Laureano, santa Justa, santa Rufina y san Pío) y una gran pintura rectangular de La Inmaculada (una de las mejores que realizó en su carrera el pintor) en el centro. 
Puerta de la Sala Capitular, desde el interior.
Puerta de la Sala Capitular. Detalle del dintel.
Volvemos sobre nuestros pasos y salimos de nuevo a la nave central. Es hora de comenzar la visita del lado sur.