Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

martes, 30 de octubre de 2012

Iglesia de San Andrés, -II y final.


Continuamos el recorrido.

Después de admirar las magníficas imágenes, salimos de la capilla y, tras contemplar una efigie de la Virgen del Carmen, de tamaño académico y atribuida a Cristóbal Ramos, situada en una repisa sobre el muro, llegamos a la cabecera de la Epístola, ocupada por la Capilla Sacramental.
Entre las dos puertas de la capilla de de las imágenes se sitúa la Virgen del Carmen.
Virgen del Carmen, atribuida a Cristóbal Ramos.
Dos bonitos ángeles lampareros y dos lienzos que representan a San Roque y San Sebastián, situados junto a un arco de medio punto, nos dan paso a la capilla, cubierta por una bóveda ortogonal con linterna, todo ello decorado con pinturas al fresco atribuidas a Valdés Leal o a su hijo Lucas Valdés (seguramente las inició el padre y las finalizó el hijo como consta que sucedió con otros encargos). Valdés Leal se encuentra sepultado en la cripta del templo.
Capilla Sacramental.
Presidiendo este espacio se encuentra el retablo de Nuestra Señora del Rosario, de madera tallada y dorada durante la primera época del barroco sevillano y, atribuido, al menos algunas de sus partes, a Bernardo Simón de Pineda. Contiene en el intradós del arco de medio punto quince óvalos pictóricos con los misterios del Santo Rosario, pintados por Valdés Leal, quien asimismo realizó la delicada imagen sedente de Nuestra Señora del Rosario en madera policromada (una de las escasas obras escultóricas de este gran artista), que se alberga en el interior de la bella hornacina central. Cuatro columnas salomónicas enmarcan la hornacina, en tanto que un medallón presente en el ático nos muestra El martirio de San Andrés.
Retablo de Nuestra Señora del Rosario.
Nuestra Señora del Rosario y Sagrario.
A sus pies se encuentra el Sagrario, que es una destacada pieza de plata de ley en su color, con forma de templete, que se asienta sobre plinto de base cuadrangular decorado con guirnaldas, con ocho columnas adosadas, entorchadas, cuyo fuste se decora con rocalla: dos enmarcan cada una de las tres caras visibles, y otras dos, mayores, sirven de sustento a todo el conjunto. Su frontal presenta un relieve de La Sagrada Cena.

Se sitúa sobre un altar de plata de ley, obra de 1.930 de Cayetano González, con el motivo central del Cordero sobre el Libro de los Siete Sellos, escoltado por los símbolos de los cuatro Evangelistas: niño, león, toro y águila.
Altar y Sagrario, ambos de plata de ley.
Bóveda octogonal con linterna de la Capilla Sacramental.
Nave de la Epístola, vista desde la cabecera.
Hemos llegado ante el presbiterio. El retablo mayor, de estilo barroco, es de finales del siglo XVIII. Formado por banco y dos cuerpos de tres calles, compartimentadas por columnas. El primer cuerpo está presidido por una talla de la Inmaculada Concepción, de Jerónimo Hernández, en 1.570. A sus lados aparecen San Pedro y San Pablo; sobre ella, San Andrés y, ya en el ático, Santa Bárbara, con San Roque a su izquierda y un santo que no he podido identificar a la derecha ¿San Esteban?¿San Lorenzo?.
Retablo Mayor.
Cuerpo del retablo, con la la Inmaculada Concepción, San Pedro y San Pablo.
Calle central: Inmaculada y San Andrés.
Ático del retablo. Santa Bárbara en el centro, San Roque a su derecha y un santo no identificado al otro lado.
Bóveda de crucería del presbiterio.
Numerosas pinturas, algunas de Juan de Roelas y Valdés Leal, decoran los muros del presbiterio, sobre los cuales luce una espléndida bóveda de crucería.
Presbiterio: muro del Evangelio.
Presbiterio: muro de la Epístola.
Vista general desde el presbiterio. Al fondo, sobre la puerta principal, el coro con el órgano neoclásico.
Pasamos ya a la nave del Evangelio, cuya cabecera está ocupada por un retablo barroco en cuyo centro se sitúa una hornacina dotada de vidrio protector, que aloja en su interior una imagen de Dolorosa. En los laterales aparecen representados San Francisco de Borja y San Francisco de Paula y, en el ático, Santo Domingo de Guzmán, obras todas contemporáneas del retablo.
Vista de la nave del Evangelio desde la cabecera.
Retablo de la Dolorosa.
En el muro del Evangelio se abre la capilla del Sagrado Corazón de Jesús, imagen que ocupa el centro del retablo neogótico, estando acompañado en los laterales por ángeles heráldicos que portan textos bíblicos, pintados sobre tabla por Virgilio Mattoni a principios del siglo XX. También de Mattoni, y de la misma fecha son las pinturas a fresco de los muros laterales de la capilla, que representan a Cristo Rey, acompañado del vallisoletano padre Hoyos y de Santa María Alacoque (cuya visión en 1.675 dio lugar al nacimiento de esta popular advocación de Jesús), así como múltiples escudos heráldicos.
Capilla del Sagrado Corazón de Jesús. Pinturas de Virgilio Mattoni.
La figura de Jesús aparece firmada en la peana de la escultura, permitiendo saber que es obra de Adolfo López Rodríguez, de 1.894, quien, por otra parte, colaboró en otras ocasiones con Virgilio Mattoni en diferentes trabajos. Ha sido restaurado recientemente.
Sagrado Corazón de Jesús. Adolfo López Rodríguez, 1.894.
Sitiales de coro, en la capilla del Sagrado Corazón.
Sigue al anterior el retablo de San José, de finales del siglo XVIII, todavía barroco con rocalla. La hornacina central está ocupada por san José con el Niño Jesús, acompañados en las calles laterales por el arcángel San Rafael y San Francisco de Asís. En el ático aparece la talla de un fraile dominico.
Retablo de San José.
Ático del retablo de San José.
El cordobés Andrés de Castillejos (o Castillejo, que de ambas formas se le conoce) es el autor del retablo de la Purísima, que ensambló durante los diez años que permaneció en Sevilla, entre 1.580 y 1.590. La imagen de la Virgen es de Gaspar Núñez Delgado y las pinturas de Alonso Vázquez. El Bautismo de Cristo y San Cristóbal se muestran a su lado, Dios Padre sobre ella y La Coronación de la Virgen en el ático.
Retablo de la Purísima. Andrés de Castillejos, 1.580-1.590.
Imagen de la Purísima. Gaspar Núñez Delgado, finales del XVI.
San CristóbalAlonso Vázquez, finales del XVI.
El Bautismo de CristoAlonso Vázquez, finales del XVI.
Ático del retablo de la Purísima.
El órgano de la iglesia, visto desde el retablo de la Purísima.
El final del muro del Evangelio está cubierto de placas de mármol recordatorias de antiguos hermanos y algunos lienzos, en tanto que a los pies de la nave encontramos un retablo neoclásico con el Cristo de la Buena Muerte. Es una imagen anónima del siglo XVII, que estuvo cedida algunos años a la hermandad de San Juan de Ávila, del Porvenir y que, al regresar a San Andrés se colocó provisionalmente en la capilla de San José. Flanquean al Crucificado dos imágenes de San Juan Nepomuceno y el beato Juan de Ávila.
Final del muro del Evangelio.
Retablo del Cristo de la Buena Muerte.
Cristo de la Buena Muerte. Anónimo, siglo XVII.
Detalle.
San Juan Nepomuceno.
Beato Juan de Ávila.
En el coro, situado en una tribuna sobre la entrada principal, podemos contemplar el órgano neoclásico de comienzos del XIX, construido por Francisco Rodríguez.

Concluida la visita, podemos afirmar que los diez años de obras (retrasos burocráticos aparte) han valido la pena, ya que la iglesia se encuentra impecable, con un edificio y un contenido perfectamente conservados y expuestos con gran criterio. Tan solo se echa de menos información sobre retablos, imágenes y cuadros, y algo más de luz en algunas zonas (cabecera de la nave del Evangelio, capilla Bautismal, capilla del Corazón de Jesús).





La entrada habitual, por la puerta de la Epístola presenta un pequeño escalón de unos siete centímetros.