Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

martes, 9 de octubre de 2012

Capilla del Dulce Nombre de Jesús (Vera+Cruz) y Baños de la Reina Mora. -I.


Antes que nada quisiera advertir que vamos a hablar de la capilla del Dulce Nombre de Jesús, entre las calles Jesús de la Vera-Cruz y Baños, donde reside la Hermandad de la Vera-Cruz. No confundir con las capillas del Dulce Nombre de San Lorenzo o de la Magdalena, ni con la iglesia de Santa Cruz (Mateos Gago).

La Muy Antigua, Siempre Ilustre, Venerable, Pontificia, Real, Fervorosa, Humilde y Seráfica Hermandad y Archicofradía de Nazarenos de la Santísima Vera-Cruz, Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y Tristezas de María Santísima tuvo su primera sede en el convento de la Casa Grande de San Francisco. Se fundó en el año 1.448, adquiriendo capilla propia en dicha Casa Grande en 1.538. Durante los siglos XV, XVI y XVII fue una de las hermandades más importantes de la ciudad.

En la actualidad, su sede canónica se encuentra en la Capilla del Dulce Nombre de Jesús, entre las calles Jesús de la Vera Cruz y Baños. La historia del edificio es larga y compleja. En su solar se situaban unos baños árabes, considerados los mayores de Al-Andalus, que en el repartimiento de Fernando III correspondieron a la segunda esposa del monarca, al igual que el resto  de los baños árabes de la ciudad.

En 1.542 se dedica el edificio al recogimiento  “de mujeres de mala vida que de ella quisieran arrepentirse”, recibiendo ya la actual denominación de “Dulce Nombre de Jesús”.

En 1.551 toma posesión del solar una congregación de Madres Agustinas, que permanece en el lugar hasta las desamortizaciones del siglo XIX, fecha en que son exclaustradas, debiendo trasladarse al convento de San Leandro. Anteriormente, en 1.810, habían sufrido el expolio e incendio del convento a manos de la tropas napoleónicas, como era preceptivo.

Una vez  desalojado el convento, el edificio se arrienda a vecinos, quedando la iglesia abierta al culto, hasta que es suprimida por la Junta Revolucionaria en 1.868. Un año después se vende a doña María del Amor Pérez de León, quien la compra para establecer en dicho templo a la Cofradía del Amor. Previamente había comprado en subasta pública la talla del Crucificado del Amor. Hay que reconocer que el año de “La Gloriosa” fue de auténtica locura para los edificios religiosos de la ciudad.

Sin embargo, la estrechez de la portada hacía imposible la salida de los pasos, lo cual obliga a la hermandad a procesionar desde la iglesia de San Gregorio. En 1.905, la junta de la hermandad decide hacer obras que permitiesen la normal salida de la cofradía, pero los herederos de doña María del Amor (sus cuatro sobrinos) se niegan, lo que obliga al traslado de la corporación a la iglesia de santa Catalina, donde habían adquirido capilla propia.
Fachada de la capilla del Dulce Nombre, en la calle Jesús de la Vera-Cruz.
Posteriormente son los dominicos los que ocupan el lugar hasta que, recuperado su convento de la calle San Jacinto, en Triana, regresan a su lugar de origen. Entonces se establece un cuartel de la Comandancia del Cuerpo de Ingenieros, que permanece hasta 1.980.

La hermandad, entretanto, había ido languideciendo, llegando en 1.924, encontrándose ubicada en la iglesia de San Alberto, a entregar sus pertenencias a las autoridades eclesiásticas y desaparecer como corporación. En 1.942, un grupo de jóvenes cofrades logra reactivar la Hermandad de la Vera-Cruz bajo la advocación  de Nuestra Señora de los Dolores, trasladándose a la capilla del Dulce Nombre de Jesús y haciendo estación de penitencia en 1944.

Como curiosidad, comentar que la Hermandad de la Vera-Cruz fue la primera de las hermandades de penitencia que permitió procesionar a mujeres nazarenas, en 1.987.
Atrio de la capilla.
Paralelamente a esta “mala vida” que sufrió el edificio durante casi siete siglos, los Baños de la Reina Mora sobre los que se edificó recibieron aún peor trato. Después detallaré los avatares, pero ahora quiero felicitar y agradecer a los miembros de la Hermandad que cada mañana se ofrecen voluntarios de 11,00 a 13,00 horas para mostrar y explicar tanto el patrimonio e historia de la capilla como de los Baños, a los que se accede desde la misma. Amabilísimos e informadísimos, estos hermanos ejercen su función de forma altruista, sin cobrar nada, simplemente con el fin de aprovechar “el tirón” de los Baños para dar vida a su corporación. Además, se ha editado un tríptico, diseñado por Gestionarte, que se ofrece gratuitamente al visitante, en el que se detalla tanto la historia como el contenido del templo, permitiendo identificar las muestras artísticas que en él se contienen. Por si fuera poco, la capilla abre los 365 días del año. Quien lo estime oportuno puede depositar un óbolo a la salida, sin obligatoriedad alguna. O sea, adaptarse a los tiempos que corren. Esperemos que cunda el ejemplo.

Pasemos ya al recorrido del templo. Desde el exterior apreciamos que tras la cancela exterior accedemos a un patio, a modo de atrio, en el que se encuentra la entrada a la capilla. En el muro izquierdo podemos admirar dos retablos cerámicos de los titulares de la Hermandad, María Santísima de las Tristezas y el Santísimo Cristo de la Vera Cruz, ambos de José Contreras Carrasco, Cerámica Montalván, 2.007.
Nuestra Señora de las Tristezas. Cortesía de http://www.retabloceramico.net.
Santísimo Cristo de la Veracruz. Cortesía de http://www.retabloceramico.net.
Cruzamos la sencilla portada, sobre la que se sitúa la espadaña de una sola campana y, una vez dentro, apreciamos que estamos en un templo de tres naves, separadas por arcos de medio punto sobre columnas de mármol, siendo las naves laterales más bajas por estar sobre ellas las antiguas tribunas desde donde asoman balcones con celosías, recordando su carácter conventual. El intradós de cada arco está decorado por pinturas murales en perfecto estado. A los pies del templo se conserva la celosía de madera del coro alto, en tanto que en el coro bajo se abre la sacristía, añadida al edificio en los años ochenta, una vez construido en terrenos del convento un edificio de viviendas.
Vista interior de la capilla desde los pies de la nave central.
La nave del Evangelio, vista desde los pies de la nave central.
Parte alta de la nave central, con las tribunas dotadas de celosías típicas de los conventos.
La nave central muestra bóveda de cañón, profusamente decorada con pinturas, en tanto que las laterales tienen el techo raso.
Bóveda de cañón de la nave central.
La bóveda, vista desde los pies de la nave del Evangelio.
Comenzamos el recorrido por los pies de la nave de la Epístola, es decir, que al entrar habremos girado a nuestra izquierda. Allí vemos un sencillo altar dorado que nos muestra la imagen de un Niño Jesús moderno, obra de Antonio Eslava, de 1.963, que sigue las pautas del tallado por Martínez Montañés en 1.606 para la Hermandad Sacramental del Sagrario.
Retablo del Niño Jesús.
A su lado, ya en el muro, cuelga un lienzo que representa El Bautismo de Cristo.
El Bautismo de Cristo.
Pasando la puerta de la Epístola, por la que hemos entrado, llegamos al retablo de San Francisco de Asís, del siglo XVIII y estilo neoclásico, presidido por una talla de tamaño natural del santo, con pinturas a sus lados de San Sebastián (izquierda, mirando de frente) y San Roque (derecha).
Retablo de San Francisco de Asís. Siglo XVIII.
Imagen de San Francisco.
Más adelante, ya en la esquina que forman la cabecera de la nave y el muro, hay dos nuevos lienzos: San Pedro, de José Contreras, en 1.865, y San Francisco de Asís.
Cabecera de la Epístola. San Pedro y san Francisco de Asís.
San Francisco de Asís.
Plantados ya ante el presbiterio, prestemos atención al Retablo Mayor, típicamente barroco y fechado a finales del siglo XVII. Se compone de mesa, banco, un solo cuerpo de tres calles separadas por columnas salomónicas y ático.
Retablo Mayor.
En el camarín central se nos presenta el Santísimo Cristo de la Vera-Cruz, un crucificado sevillano anónimo de la primera mitad del siglo XVI. Se le considera como la imagen más antigua que procesiona en la ciudad, a falta de datación, junto con el Santísimo Cristo de Burgos, residente en San Pedro. La figura mide 135 centímetros, estando fijada con tres clavos al madero. Es de estilo gótico más que renacentista, posiblemente relacionado con la escuela de Roque Balduque. Escoltan al crucificado dos ángeles portando faroles, tallados por Emilio Pizarro y modificados por Castillo Lastrucci.
Santísimo Cristo de la Vera+Cruz, escoltado por dos ángeles.
Todavía en el primer cuerpo, vemos en la calle del Evangelio (la izquierda, mirando de frente), una talla de bulto redondo de San Agustín y, a la derecha, otra de Santa Rosa de Lima. Sobre ellos tenemos dos relieves: San José (izquierda) y un Sanjuanito (derecha).
Talla de San Agustín y relieve de San José con el Niño.
Talla de Santa Rosa y relieve de Sanjuanito.
El ático es presidido por una pintura que representa El descubrimiento de la Santa Cruz por Santa Elena, madre del emperador Constantino, a la que se considera descubridora del Santo Madero. Esta tabla, realizada por Luis Rizzo en 1.988, oculta una hornacina en la que se daba culto a una imagen de San José. A los lados aparecen tallas de Santa Mónica y ¿San Agustín?, y dos medallones con figuras de santos pintadas.
El descubrimiento de la Santa Cruz por Santa Elena se representa en el ático del retablo.
Los muros del presbiterio se decoran con una serie de pinturas murales, que representan escenas relacionadas con la Orden Agustina y que pueden fecharse en el siglo XVIII.
Pinturas al fresco en los muros del presbiterio.
No hay obstáculos para las personas con movilidad reducida en la visita a la capilla. En cambio, la visita a los Baños es imposible, de momento, por la presencia de la escalera de bajada a los mismos.