Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

viernes, 28 de septiembre de 2012

Iglesia del convento de san Buenaventura, -I.


Juan de Fidanza (1.218-1.274), san Buenaventura, nació en la Toscana italiana. De sus primeros años se sabe poco, salvo que estudió en la universidad de París, la misma en la que más tarde enseñaría Teología y Sagrada Escritura.

Hombre de gran humildad y juicio equilibrado, fue elegido ministro principal de la Orden de los Franciscanos en un momento en que la Orden estaba dividida en varias facciones. Por un lado, los espirituales, más rigoristas, sostenían que la Orden debía subsistir en la más absoluta pobreza, en tanto que otra rama sostenía que los franciscanos debían poseer propiedades; entre ambos bandos, a su vez, se situaban otros grupos. Los desvelos de san Buenaventura no lograron salvar la unidad, siendo los espirituales declarados herejes, y separándose el resto en diferentes órdenes, de las que tres han llegado hasta nuestros días: los franciscanos menores (OFM) del propio Buenaventura, que defendía la estricta observancia de las reglas de san Francisco, pero sin caer en los excesos de los espirituales, los conventuales (OFMConv), que descienden de la rama más moderada, y los capuchinos (OFMCap), que surgen en 1.525 y se constituyen en orden independiente.
San Buenaventura. Simone Sacchettini, 1.611.
Convento de las Descalzas Reales, Valladolid.
El convento de san Buenaventura nace en el año 1.600, con el principal cometido de albergar un Colegio dedicado exclusivamente a la enseñanza de los componentes de la Orden. Se instaló inicialmente en unas casas de la calle del Mar (hoy García de Vinuesa), trasladándose cinco años más tarde a su emplazamiento definitivo, sobre un terreno de huertas cedido por el convento de san Francisco, aunque con total independencia de éste. El edificio, que iba de calle Catalanes (actual Albareda) a la de Vizcaínos (ahora Fernández y González), constaba de tres patios e iglesia, que comunicaba con el colegio mayor a través de la huerta.
Entrada a la iglesia del convento en la esquina de las calles Bilbao y Carlos Cañal.
La institución se encargaba de la preparación teológica de sus alumnos, haciendo hincapié en la defensa y difusión del Cristianismo, pues los franciscanos eran los responsables de la evangelización, no solo de España, sino de América, Filipinas y Tierra Santa.
El siglo XIX supuso un auténtico desastre para el convento. Durante la ocupación francesa,  fue utilizado como cuadra, quemando de camino el retablo mayor y los altares. Expulsado el invasor, los religiosos fueron exclaustrados durante los períodos 1.810-1.814 (revolución liberal), 1.820-1.823 (trienio liberal) y en 1.833, primero por la Desamortización de Mendizábal y más tarde por las guerras carlistas, no siéndoles devueltos sus bienes hasta 1.892.
Fachada de la iglesia de la calle Bilbao.
Durante estos períodos, el convento fue vendido y casi derribado por completo; incluso la iglesia perdió la nave del Evangelio para hacer sitio al trazado de la calle Bilbao.

El templo se comenzó a construir en 1.622, según diseño de Diego López Bueno. El exterior es muy sencillo, debido a que la portada no llegó nunca a terminarse, mostrando un vano de buen tamaño, adintelado, con dovelas bien marcadas a su alrededor. Sobre el vano hay un pequeño ventanal que ilumina la zona del coro, rematado todo con una espadaña que apenas se ve debido a la estrechez de la calle. 
Fachada de la calle Carlos Cañal.
El detalle más artístico de la fachada es, con diferencia, el retablo cerámico de la Virgen de la Soledad, enmarcado con yeserías que representan motivos vegetales, así como dos querubines que figuran bajo la Virgen. Es obra de Enrique Orce, siendo instalado en 1.951, con motivo de la conmemoración del primer Centenario de la incorporación de la Virgen de la Soledad a la Hermandad de la Santa Cruz.
Retablo de la Santísima Virgen de la Soledad. Enrique Orce, 1.951.
Cuando entramos en la iglesia, podemos comprobar que es de forma rectangular, con solo dos naves, como hemos comentado, principal y Epístola, separadas por robustas pilastras toscanas que sostienen arcos de medio punto. La bóveda de la nave central es de cañón, sostenida por arcos fajones, en tanto que la del crucero es de media naranja sobre pechinas, presentando ambas abundante iconografía que veremos con detalle un poco más adelante.
Vista general desde la puerta de entrada.
Vista general desde la puerta de entrada.
Muro del Evangelio (no hay nave), visto desde el sotocoro.
Nave de la Epístola, vista desde los pies de la misma.
En el muro de la Epístola veremos el altar (apenas un marco entelado de rojo protegido por una verja semicircular) del Santísimo Cristo de la Salvación, cotitular de la Real, Ilustre y Franciscana Hermandad y Cofradía de Nazarenos de la Santa Cruz en el Monte Calvario, Santísimo Cristo de la Salvación y Nuestra Señora de la Soledad, que tiene su sede en esta iglesia.
Altar del Cristo de la Salvación.
La imagen, neobarroca, fue tallada por Manuel Cerquera en 1.936. Ha recibido diversas intervenciones posteriores, siendo la última llevada a cabo por el profesor Miñarro. No realiza Estación de Penitencia con la cofradía en la tarde del Viernes Santo, sino que el primer sábado de Cuaresma preside el Vía Crucis que celebra anualmente esta corporación. Sin embargo, desde el año pasado, la Cofradía se está planteando la inclusión de un segundo paso que permita realizar la Estación de Penitencia a este Cristo, aunque la cosa se está dilatando debido a la negativa de los frailes franciscanos. En fin, cosas de la política religiosa.
Santísimo Cristo de la Salvación. Manuel Cerquera, 1.936.
En una de las pilastras de esta nave de la Epístola podemos contemplar un relieve policromado que nos muestra la escena de La Estigmatización de san Francisco, procedente de la Casa Grande, datado en 1.599 y atribuido por unos a Martínez Montañés y por otros a López Bueno.
Relieve de La Estigmatización de san Francisco.
Estación del Vía Crucis.
Ya no hay más retablos en esta nave hasta la esquina que forman la cabecera y la zona del muro más próxima a ella, que forman la Capilla Sacramental. Allí se observan dos arcosolios profusamente decorados con pinturas al fresco, tanto en el intradós como en las pilastras y la bóveda de media naranja con pechinas que éstas sostienen. 
Capilla Sacramental, en la cabecera de la nave de la Epístola.
Pilastras de la Capilla Sacramental, con zócalo de azulejos trianeros y 
frescos de santos franciscanos.
Bóveda de la Capilla Sacramental.
El retablo de nuestra derecha, en el muro, es neobarroco y acoge a la Virgen del Patrocinio, tallada en 1.726, procedente de la Casa Grande de san Francisco. En el ático vemos una pintura que nos muestra a la Virgen del Perpetuo Socorro, idéntico al que tanto quebradero de cabeza me dio para su identificación con motivo de la visita a san Roque. Bajo este retablo (antigua capilla de san Antonio) descansan los restos de la marquesa de Lebrija, a quien hemos nombrado a menudo en estas páginas.
Retablo de la Virgen del Patrocinio.
El retablo de Nuestra Señora de Guadalupe ocupa la zona de la cabecera de la nave. La imagen de la Virgen se debe a Juan Abascal Fuentes, discípulo de Sebastián Santos Rojas, tallada en 1.960. Es una réplica exacta de la Patrona de Extremadura y Reina de la Hispanidad. Se trata, por tanto, de una Virgen negra, característica que comentaremos más adelante con mayor profundidad.
Retablo de Virgen de Guadalupe.
Cuerpo del retablo.
Retablo de la Virgen de Guadalupe.
San José.
Virgen de Guadalupe.
Sagrada Custodia.
San Francisco de Asís.
De pequeño tamaño (102 centímetros sin contar la corona del taller de Borrero), está esculpida en su totalidad, aunque se la presenta siempre vestida con variedad de sayas, mantos y accesorios.

Su culto fue promovido, como suele ser habitual en estos casos, por un grupo de extremeños residentes en Sevilla, siendo aprobadas sus reglas en 1.959. La Hermandad de Gloria resultante procesiona por las calles de la feligresía a comienzos de septiembre (este año el pasado día 9 de septiembre).
Azulejos de la Capilla Sacramental, con la imagen de santa Clara, el monograma IHS y la cruz templaria.
Nos incorporamos a la nave central y nos tomamos un momento para contemplar el templo desde aquí:
La nave central vista desde el presbiterio.
Coro y órgano.
Termina aquí la primera parte del recorrido.


Hay un pequeño escalón de siete u ocho centímetros en la entrada.