Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

lunes, 3 de septiembre de 2012

San Nicolás de Bari, -II.


Comenzamos la segunda parte de la visita a la iglesia de san Nicolás con las naves que ocupan las cabeceras del lado del Evangelio.

En la cabecera exterior encontramos la capilla de Nuestra Señora de los Dolores o del Camino. Tanto la imagen de la titular como el retablo barroco que preside son de 1.758. La Dolorosa, de autor anónimo, es de candelero, con cabeza y manos moldeadas en terracota policromada. Aunque no está plenamente documentado, la tradición oral mantiene que se trataba de la titular de la Hermandad del Santo Ecce Homo y Nuestra Señora del Camino, que hacía estación de penitencia desde 1.542, cada Jueves Santo, entre la capilla del Hospital de los Santos Mártires, en el barrio trianero de san Sebastián, y la iglesia de Santa Ana.
Retablo de Nuestra Señora de los Dolores o del Camino
Nuestra Señora de los Dolores o del Camino. 1.758.
Detalle.
En años posteriores fue decayendo la actividad de la hermandad y, a raíz de la destrucción de su templo, fue trasladada junto al otro  titular, el Ecce Homo, a la iglesia del exconvento de los Remedios para, posteriormente, mudarse de nuevo, esta vez a santa Ana, desapareciendo finalmente la hermandad a principios del siglo XVIII.

Una vez extinguida, el Ecce Homo pasó a san Ildefonso, y de allí al templo de san Esteban y ser, probablemente, el hoy titular Cristo de la Salud y Buen Viaje. La Dolorosa entonces, en 1.868, se ubicó en el lugar actual, en la cabecera de la nave exterior del Evangelio de la iglesia de san Nicolás de Bari.
Bóveda decorada con pinturas de la capilla de Nuestra Señora de los Dolores.
Junto al retablo anterior, en la cabecera de la nave interior del Evangelio, veremos el retablo de Nuestra Señora del Patrocinio. Es de estilo barroco tardío, prácticamente rococó, datado en el siglo XVIII. Lo preside la imagen de la Virgen del Patrocinio, de la misma época, de tamaño académico y talla completa, que acuna al Niño Jesús con las dos manos. No luce corona, sino un sencillo aro con doce estrellas y una media luna de plata a sus pies, con una ráfaga dorada tras de sí, también con estrellas. A los lados se sitúan imágenes de santo Domingo de Guzmán (izquierda mirando de frente) y san Francisco de Asís (derecha).
Retablo de Nuestra Señora del Patrocinio
Virgen del Patrocinio, escoltada por santo Domingo de Guzmán y san Francisco de Asís.
Bajo la Virgen vemos una hornacina en la que hay un santo desconocido de pequeño tamaño y, en el altar, a su lado, una talla moderna de tamaño académico de san Expedito.
Altar y banco del retablo de la Virgen del Patrocinio.
En la bóveda y muros laterales de la capilla aparecen pinturas de la misma época que el retablo, que representan la Intercesión de la Virgen del Patrocinio.
Pinturas de la capilla de la Virgen del Patrocinio.
Vista de las naves del Evangelio desde sus cabeceras.
Vista de las naves de la Epístola desde el mismo punto.
Llegamos ante el presbiterio, cuyo muro frontal está ocupado íntegramente por el Retablo Mayor. Realizado hacia 1.758 por Felipe Fernández del Castillo, es de estilo barroco tardío, prácticamente “barrococó”, abundantísimamente adornado con figuras geométricas y vegetales, escudos de armas, medallones, metopas, guirnaldas, cornisas y rocalla. 

Consta de un único cuerpo, con tres calles separadas por dos columnas profusamente decoradas.
Retablo Mayor.
Calle central del Retablo Mayor.
Lo preside, en su hornacina central, una escultura de san Nicolás de Bari, con san Pedro y san Pablo a sus lados, todos de la misma época que el retablo.
San Nicolás de Bari. Mediados del siglo XVIII.
Sobre san Nicolás vemos una estatuilla de la Inmaculada y, bajo él, en el manifestador, la Virgen del Subterráneo. La datación de esta última está sujeta a la leyenda; se afirma que era de la época en que san Leandro era obispo de la ciudad (siglo VI), y que, durante la invasión musulmana, fue escondida en una gruta conocida con el sobrenombre de cueva de Hércules. Descubierta milagrosamente tras la conquista de la ciudad por Fernando III, se le rindió culto en la boca de la misma cueva en que fue encontrada, pasando luego al altar mayor de la iglesia. Su nombre, Subterráneo, Soterráneo o Soterraña, deriva del hecho de haber sido encontrada enterrada. En realidad, documentos parroquiales atestiguan que la talla fue encontrada durante los trabajos de cimentación de la torre, en 1.492, bajo los restos del edificio renacentista.
Nuestra Señora del Subterráneo.
(Cortesía de www.devocionesolvidadas.blogspot.com).
La zona de la bóveda de cañón que queda sobre el retablo mayor, y parte de los muros, están decorados por pinturas al fresco que representan santos, angelotes y, arriba del todo, Dios Eterno.
Pinturas al fresco sobre el Retablo Mayor y muros laterales.
En los muros laterales del presbiterio vemos dos pinturas murales del siglo XVIII, con marcos de rocalla, que representan el nacimiento y la muerte de san Nicolás. También son del XVIII los ángeles lampadarios situados junto a las pilastras del arco toral.

Iniciamos ya el recorrido de la zona de la Epístola. En la cabecera de la nave interior tenemos la capilla de san José, con retablo barroco del siglo XVIII, siendo la talla del titular de Francisco Antonio Ruiz Gijón de 1.678. A sus lados se sitúan imágenes de santa Rosa de Lima (también de Ruiz Gijón) y santa Catalina de Siena (anónima). Las pinturas laterales representan La Muerte de San JoséEl Sueño de San José y El Taller de Nazaret, atribuidas a Pedro Tortolero del siglo XVIII.
Retablo de san José.
Primer cuerpo del  retablo de san José.
San José con el Niño. Fracisco Antonio Ruiz Gijón, 1.678.
Santa Rosa de Lima.
Santa Catalina de Siena.
Ático y bóveda de la capilla de san José.
A su lado, en la zona hastial de la nave de la Epístola exterior, vemos la capilla de san Carlos BorromeoContiene un retablo del periodo barroco-rococó, presidido por el titular, acompañado por san Antonio de Padua (a la izquierda, mirando de frente) y san Nicolás de Tolentino (a la derecha). Bajo él, ¿quizá san Jerónimo? Las paredes laterales se adornan con pinturas de Vicente Alanís, que nos muestran escenas de la vida del santo.
Retablo de san Carlos Borromeo.
Talla del san Carlos Borromeo.
Ático del retablo.
Carlos Borromeo (1.538-1.584) nació en el seno de la familia de los Médici, sobrino del papa Pío IV. Con tan solo veintiún años ya era cardenal y secretario de estado, siendo amante de placeres mundanos, como la caza, la música o las veladas literarias, así como la pompa y el lujo, cosas tampoco excesivas, pues en aquella época no era preciso ser sacerdote para desempeñar los cargos que ostentaba. Demostró una gran habilidad en el manejo de los asuntos de estado, influyendo cada vez más en su tío. La muerte por enfermedad de su hermano mayor supuso un giro total en su vida: se ordenó sacerdote y se acercó a los jesuitas, comportándose a partir de entonces con una austeridad rayana en el ascetismo.
Retrato de san Carlos Borromeo.
Bajo la dirección de su tío (algunos sostienen que con importante intervención en la sombra de Carlos) finalizó el controvertido Concilio de Trento, cuya bula final abrazó con entusiasmo nuestro protagonista. En 1.565 fallece su Pío IV y Carlos se traslada a Milán, largamente abandonada por sus pastores. Organizó la diócesis basándose siempre en la integridad y el ascetismo y haciendo hincapié en la formación del clero (aún quedaban sacerdotes en pequeñas aldeas que no sabían leer ni escribir).

Sin embargo, el acontecimiento más célebre en su biografía fue su heroico comportamiento durante la epidemia de peste que diezmó Milán entre 1.576 y 1.578. Atendió los enfermos sin temor al contagio, ordenó pedir limosna e incluso vendió su patrimonio para poder atender a los enfermos. Por este motivo se conoció aquel suceso como “La peste de san Carlos”.

Falleció de unas fiebres en 1.584 y su cuerpo se conserva incorrupto en la cripta de la catedral de Milán, guardado en una soberbia caja de plata, regalo de Felipe IV de España.
Cripta de san Carlos Borromeo en la catedral de Milán.
Dejamos el resto del recorrido para la tercera y última parte de la visita.


No hay impedimento para personas con movilidad reducida.