Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

viernes, 20 de enero de 2012

El Monasterio de Santa María de las Cuevas (la Cartuja de Sevilla), -II.

Nos quedamos en la anterior entrada a la puerta de la iglesia del monasterio. La cruzamos y aparecerá ante nosotros una reja que separa los pies de la iglesia de la nave principal. Sobre el muro de la izquierda se conservan fragmentos de los frescos que adornaban la iglesia originalmente, en tanto que a nuestra derecha se abre la Capilla de santa Ana.
Reja de separación entre la portada y la nave de la iglesia.
Pinturas murales del lado izquierdo del vestíbulo.
Bóveda del vestíbulo.
Capilla de santa Ana.
La Capilla de santa Ana se construyó en el siglo XVI. Al inicio se hallaba adosada en el muro exterior, pero posteriormente se adelantó la fachada de la iglesia para albergarla. En su cripta reposaron los restos de Cristóbal Colón entre 1.509 y 1.536, por lo que también es conocida como Capilla de Colón. Un siglo más tarde la presidió el Cristo de la Clemencia, obra maestra de Martínez Montañés, actualmente en la Catedral de Sevilla, como pudimos observar en la entrada:

Bóveda de la Capilla de santa Ana.
Bóveda de la Capilla de santa Ana (zona del presbiterio).
Vista de la capilla desde el presbiterio.
Detalle decorativo de las zapatas de los arcos.
Nos adentramos ya en la nave principal de la iglesia y obtenemos estas vistas:
Nave de la iglesia desde el vestíbulo.
Bóveda de crucería con las características nervaduras.
La iglesia data del siglo XV, y es de estilo gótico, tal como nos señalan sus bóvedas de crucería. La bóveda absidal es la más bella del conjunto. Durante la etapa fabril (siglos XIX y XX) se utilizó como almacén de loza. En la actualidad tiene un doble uso, siendo al tiempo sala de arte contemporáneo y espacio polivalente para la celebración de todo tipo de actos culturales. En un lateral del presbiterio se conserva el magnífico reloj realizado por fray Manuel Navarro, instalado en 1.817.
Bóveda del presbiterio.
Vista de la iglesia desde la zona del altar.
Reloj obra de fray Manuel Navarro, instalado en 1.817.
Mirando el presbiterio de frente, a nuestra izquierda, se abre la puerta que conduce a la Sacristía a través de la Capilla De Profundis, lugar donde los cartujos velaban a los fallecidos Aún se conservan las yeserías barrocas que servían de marco a una de las mejores series pintadas por Francisco de Zurbarán, hoy en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, según vimos en
Durante la ocupación francesa este espacio tan singular fue la carnicería del cuartel.
Pila de agua bendita en el pasillo de entrada a la Capilla De Profundis.
Western 03, 04 y 09. Pinturas de Sergio Belinchón. 
Vistas de la Capilla De Profundis.
Sacristía.
Marcos de yesería barroca que albergaban cuadros de Zurbarán.
Bóveda octogonal de la Sacristía.
Volvemos a la iglesia y frente a la puerta de la Sala De Profundis se abre otra puerta que nos comunica con el Claustrillo. Se trata de un patio interior al que se abren diversas dependencias. Construido en la segunda mitad del siglo XV, es uno de los mejores ejemplos de la arquitectura mudéjar de la ciudad. En él predominan los materiales típicos de su época: la teja, la azulejería de las galerías, el ladrillo rojo y las columnas de mármol blanco y capitel campaniforme de influencia nazarí. Veamos algunos de los muchos detalles que alberga este patio:
Claustrillo del monasterio.
Estatuas orantes del sepulcro de Juana de Zúñiga, viuda de Hernán Cortés, y su hija Catalina, cuyos restos reposan en el convento de Madre de Dios de la Piedad.
Entrada a la cripta del monasterio.
Retrato de Perafán de Ribera realizado en cordobán (cuero repujado).
Como se puede comprobar por las fotografías, el patio, aunque pequeño, contiene un gran número de detalles en los que detenerse. Pero además, al estilo de los patios árabes y andaluces, a él se abren una serie de estancias. La puerta que tenemos a la izquierda de la entrada nos conduce a la Sala Capitular, sin duda el espacio más interesante de todo el conjunto del monasterio. 
Puerta de entrada a la Sala Capitular.
Vista de la Sala Capitular desde la puerta de entrada.
Virgen con el Niño.
Virgen con el Niño (detalle).
La construcción de esta sala, concebida para las reuniones de importancia de los monjes, se realizó al mismo tiempo que el Claustrillo. El primero de sus tramos destaca por la decoración figurativa de su bóveda. Se trata de un testimonio relevante de la primera arquitectura gótica en Sevilla. 
Bóvedas de la Sala Capitular.
La sala fue cedida como lugar de enterramiento de los Ribera, protectores del Monasterio. Los sepulcros parietales (disposición vertical) de Pedro Enríquez y Catalina de Ribera son extraordinarios por su riqueza ornamental e iconográfica. El de don Pedro Enríquez sigue los esquemas del estilo plateresco. Presenta un gran arcosolio con variada decoración. El yacente está ataviado con traje de milicia y rostro muy natural. La urna donde reposa muestra sirenas aladas que portan las almas de los escogidos en el Paraíso. También hay que destacar a los ángeles que portan antorchas invertidas tras acabarse la existencia y simbolizan a Thanatos e Hipnos, dioses gemelos. Por último reseñar el relieve del Calvario, la Resurrección o el Noli me Tangere. El sepulcro es obra de Antonio María Aprile da Carona, data de 1.525 y constituye una de las piezas más relevantes dentro del arte funerario del Renacimiento. 
Imágenes del sepulcro de don Pedro Enríquez.
El sepulcro de doña Catalina de Ribera se debe a Pacce Gazzini y data de 1.521. Muy semejante al sepulcro de su marido, se observa a la difunta vestida con traje de viuda, llevando en sus manos un libro. La urna funeraria también contiene sirenas aladas, guirnaldas de frutas y otras alegorías que simbolizan la inmortalidad.
Imágenes del sepulcro de doña Catalina de Ribera.
Durante la etapa fabril los sepulcros fueron trasladados al Panteón de Sevillanos Ilustres (Cripta de la iglesia de la Anunciación) y la sala fue convertida en carpintería. Las sepulturas fueron reubicadas en este lugar tras las obras de rehabilitación previas a la Exposición Universal de 1.992. 
Vista de la Sala Capitular desde la zona del presbiterio.
Esta Sala Capitular contiene otros sepulcros, menos espectaculares, pero igualmente de gran mérito:
Sepulcro de Perafán de Ribera, El Joven, y sus dos esposas, doña Teresa de Córdoba y doña María de Mendoza.
Sepulcro de don Perafán de Ribera "el viejo", el mencionado fundador, junto con sus dos esposas, doña María Rodríguez Mariño y doña Aldonza de Ayala.
Sepulcro de los padres de Perafán de Ribera: Ruy López de Ribera e Inés de Sotomayor.
Sepulcro de don Diego Gómez de Ribera y Beatriz de Portocarrero (me ahorro el chiste fácil de por qué es el único que está de espaldas a su mujer).
No sé si sería por el frío o por estar rodeado por tantos difuntos, pero el caso es que durante el rato que empleé tomando las fotografías se me cortó el cuerpo y acogí con alegría el sol que me esperaba en el Claustrillo.

Continuemos camino. Siguiendo la galería del patio en el sentido de las agujas del reloj encontraremos la entrada a la Capilla de la Magdalena. Se trata del núcleo originario del monasterio. Las bóvedas de espejo que lo cubren, así como la naturaleza desigual de sus tramos, la convierten en una obra especial dentro del mudéjar sevillano. Cuando se construyó el Refectorio vio reducida sus dimensiones y se le anexionó una capilla cuadrada que acabaría albergando los restos mortales del fundador del Monasterio, el arzobispo Gonzalo de Mena. En sus muros se conserva una representación de la triple Santa Ana (Santa Ana sostiene en su regazo a la Virgen María y ésta, a su vez, a su Hijo, Jesús).
Capilla de la Magdalena, la zona más antigua del monasterio.
Dos tomas de una obra de arte contemporánea expuesta en esta capilla (yo no digo nada).
La última sala que comunica con el Claustrillo es el Refectorio, lugar en el que, como es habitual, los monjes cartujos realizaban las principales comidas. En 1.588 se amplió y redecoró, aunque conservó tanto la portada del Claustrillo como la decoración aledaña al púlpito. Éste estaba destinado a la lectura de las Sagradas Escrituras durante las comidas. Destaca la calidad de la techumbre (tallada en madera de decoración geométrica), y los paneles de azulejería de finales del siglo XVI y del siglo XVII. La estancia estaba presidida por La Santa Cena, de Alonso Vázquez, actualmente en la Sala V del Museo de Bellas Artes de Sevilla.
Detalle de la entrada al Refectorio.
El techo del Refectorio es prácticamente idéntico al de la Sala X del Museo de Bellas Artes, en la zona dedicada a Zurbarán y el Monasterio de la Cartuja.
Otra obra de arte expuesta en el Refectorio (sigo sin decir nada).
En esta sala se han conservado bastantes paneles de azulejería de finales de los siglos XVI y XVII.
Terminamos esta parte de la visita, que ha correspondido al núcleo central de lo que fue el Monasterio, y dejamos el resto para otra entrada.