Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

sábado, 28 de enero de 2012

El Monasterio de Santa María de las Cuevas (la Cartuja de Sevilla), V y final. Las huertas.

Ya tan solo nos queda por visitar las antiguas huertas del monasterio.

Para llegar a ellas, retrocedemos hasta el Patio del Ave María y de este, cruzando el pasillo cubierto que veremos a nuestra izquierda, llegaremos al Patio del Padre Nuestro. Frente a nosotros se abre la puerta que conduce a las huertas, previo giro a nuestra derecha:
La Huerta Grande del monasterio, poblada por cipreses, naranjos y limoneros.
Dentro del muy desconocido conjunto de la Cartuja (o quizás cabría decir alrededor de él) está el rincón aún más desconocido, si es posible, de la Huerta Grande de la Cartuja. De buen tamaño, la huerta es, sin duda, uno de los rincones de mayor belleza y serenidad de los que posee la ciudad de Sevilla, fiel reflejo de las huertas y patios tradicionales de nuestra tierra, donde cobran protagonismo los naranjos, los cipreses y las palmeras, así como el sistema de albercas y canales que regulan su riego, de claro origen árabe. Pasear por sus caminos te hace sentir en contacto con la naturaleza, a lo que ayuda el escaso número de visitantes con los que te cruzas. El paisaje que se divisa desde la Huerta Grande es realmente fascinante; las vistas del monasterio y del legado fabril se acompañan de visiones futuristas gracias al cercano Parque Tecnológico, a la estructura del Auditorio o al elegante Pabellón del Futuro.
Si seguimos adelante en línea recta hasta llegar al muro exterior de la Cartuja, encontraremos dos estructuras a modo de fortines, que en realidad son norias de agua que acarreaban la cercana agua del ría para su uso en las huertas.
Una de las norias de la Huerta Grande.
Afortunadamente la desamortización del monasterio no conlleva la destrucción de los huertos, sino que, al contrario, los cuida y embellece, haciendo de ellos más bien jardines palaciegos que terrenos agrarios propiamente dichos. Cuando en 1.822 Charles Pickman construye la fábrica, ésta queda rodeada por una huerta con más de tres mil naranjos, limoneros y frutales que habían sido plantados por los monjes cartujos, añadiendo a sus calles y paseos un templete gótico, la capilla de Santa Ana,  proyectado por Juan Lizasoain.

Situada también en la Huerta Grande, la antigua capilla de las Santas Justa y Rufina igualmente fue restaurada por Pickman, en estilo orientalista, siguiendo la moda de los pabellones de recreo en los jardines británicos del siglo XIX. Veamos unas imágenes de ambas:
Capilla de las santas Justa y Rufina.

Capiteles de la portada de la capilla.
Bóveda.
Vista lateral de la capilla de las santas Justa y Rufina.

Vista trasera de la capilla.
Capilla de santa Ana.
Vistas de la capilla de santa Ana.
Bóveda de dicha capilla.
Vista desde la capilla hacia las huertas.
Vista contraria desde la capilla hacia las huertas, con los terrenos de la Expo'92 al fondo.
Un último vistazo a las huertas de la Cartuja de Sevilla.
Terminamos así el recorrido de la Cartuja de Santa María de las Cuevas. He de confesar que, a pesar de haber reunido un buen número de documentos antes de la visita, el paseo por este sevillano espacio tan hermoso como desconocido ha cundido mucho más de lo que esperaba. No hay mal que por bien no venga (peor hubiera sido lo contrario).