Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Plaza de España - Versión Extendida, -III.

El recorrido entre el edificio central y el edificio norte comienza con una nueva estampa de Sevilla. En el centro se representa el camino del Rocío, de enorme tradición en la ciudad, mientras que a los lados se nos muestra el Arco de Mañara (en la avenida de la Constitución, junto a la calle Santo Tomás) y la iglesia de santa Catalina, una de las más antiguas de la ciudad. Delante se ha restaurado una magnífica fuente de cerámica.

Detalle de la fuente de cerámica.

San Juan de la Cruz (1.542-1.591).
Juan de Yepes Álvarez, que tal era su nombre de nacimiento, fue un religioso y poeta místico abulense , cofundador de  la Orden de los Carmelitas Descalzos, junto a santa Teresa de Jesús. De origen humilde, cuando tenía cuatro años murió su padre, lo que dejó a la familia en precaria situación económica, llegando a fallecer de hambre y necesidad uno de sus hermanos. Debido a su condición de pobre, pudo estudiar primero en el Colegio de los Niños de la Doctrina y más tarde en el recién creado colegio de los jesuitas, adquiriendo una importante formación en Humanidades.
A Juan no le convence el modo de vivir contemplativo, por lo que, tras conocer a santa Teresa, se une a la nueva Orden de los Carmelitas Descalzos. El enfrentamiento, tanto político como espiritual, entre Descalzos y Calzados está servido, siendo san Juan encarcelado en varias ocasiones. En su última reclusión, en Toledo, logra fugarse con la ayuda de un carcelero y, con el auxilio de sus hermanos Descalzos, se traslada primero a Jaén, luego a Granada y finalmente a Segovia. Tras un nuevo encontronazo con sus "hermanos" Calzados, es desposeído de todos sus cargos y, en la vuelta desde Segovia, cae enfermo, falleciendo tras llegar a Úbeda. Conscientes de la grandeza del fallecido, Úbeda y Segovia se disputan los restos de san Juan; dos años después de su muerte, fueron robados y trasladados a Segovia, donde reposan actualmente.
Solo con estas vivencias ya habría obtenido san Juan un puesto en la Historia de España, pero es que además se trataba de un poeta místico excepcional, que introdujo importantes innovaciones y dominaba la técnica con inusual soltura. En su obra se reflejan tres claras fuentes de inspiración, que logra unir en un estilo muy personal: el bíblico "Cantar de los Cantares", la poesía italiana renacentista y el cancionero popular español. 
Jaén.
El motivo central representa la Batalla de Bailén, en la que, el 19 de julio de 1.808, las tropas francesas al mando del general Dupont fueron derrotadas por el ejército español capitaneado por el general Castaños. Se trató de la primera derrota del ejército napoleónico y el inicio de la expulsión de los franceses. Sin embargo, existe una mancha en esta histórica derrota. Tras la batalla, Castaños se comprometió a repatriar a los 9.000 franceses que se rindieron. Sin embargo, solamente lo hizo con Dupont y sus oficiales; envió al resto al Puerto de Santa María, desde donde el Gobernador de Cádiz, sin respetar el acuerdo, los desterró a la isla de Cabrera, un lugar deshabitado e inhóspito, sin comida ni agua. Más de cinco años después, tras firmarse la paz, tan solo quedaban vivos 3.600 de los deportados, habiéndose registrado casos de canibalismo entre los supervivientes. En la isla quedaron esparcidos los huesos de los muertos y las inscripciones de los prisioneros en las rocas, testigos mudos de los horrores que aquellos prisioneros sufrieron durante esos años.
Tiempo después, se levantó un obelisco de unos siete metros de altura, en cuyo interior una cripta contiene a modo de muestra, despojos y huesos. Un monumento a la memoria de todos aquellos que murieron en una tierra que solo debería pisarse para el disfrute de su belleza.
Volviendo al azulejo, a la izquierda se muestra la catedral de Jaén y a la derecha el Arco de Villalar y la Puerta de Jaén, en Baeza.
Santa Teresa de Jesús (1.515-1.582).
Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada fue una lectora precoz tanto de libros  de caballerías como de los que trataban de vidas de santos; además, contaba con una imaginación desbordante. Por ello, no es de extrañar que con pocos años se escapara de casa con su hermano Rodrigo hacia tierras de infieles en las que sufrir martirio. Afortunadamente, su tío los encontró y pudo llevarlos de vuelta al hogar.
En contra de la opinión de su padre, tomó los votos en el monasterio de la Encarnación. De frágil salud, llegó a estar dos años postrada en la cama, paralítica de ambas piernas. Curó milagrosamente, según afirmaba, por intercesión de san José. También aseguraba haber visto a Jesucristo, que le recriminaba por sus pecados. Animada por amigos y confesores, como san Francisco de Borja, san pedro de Alcántara o san Luis Beltrán, se animó a fundar la Orden de los Carmelitas Descalzos, que contemplaba la ortodoxia de las reglas del Carmelo.
Gracias a unos dineros que le envió desde Perú uno de sus hermanos, y tras recibir una bula de Pío IV, pudo fundar el convento de san José, en Ávila, primer asentamiento de la nueva orden. A partir de ahí, viajó por toda España fundando conventos y monasterios y defendiéndose de los continuos ataques de los Carmelitas Calzados (Inquisición de por medio). Falleció finalmente en Alba de Tormes, siendo enterrada en el convento de la Anunciación de esta localidad. Más tarde sería trasladado su cuerpo incorrupto a Ávila, pero una orden papal ordenó su devolución a Alba de Tormes, donde se colocó dentro de una urna de plata, en la llamada Capilla Nueva.
La santa recibió numerosos favores espirituales durante su vida: su desposorio místico con Jesucristo, un éxtasis que tuvo conversando con san Juan de la Cruz y numerosas apariciones, incluyendo la que anunciaba su muerte. Escribió varias obras por orden de sus confesores (dos autobiografías, el Libro de las Fundaciones) y muchas otras motu propio, con estilo ardiente y apasionado, como nacido del amor ideal en que se abrasaba Teresa, amor que era en ella fuente inagotable de mística poesía. También cultivó con profusión el género epistolar, habiéndose conservado más de cuatrocientas cartas escritas por ella.
Huesca.
Fundación del monasterio de san Juan de la Peña, hecho vinculado con los orígenes del Reino de Aragón. Unos caballeros cristianos, conocidos como "los Cien de Teruel", después de ser derrotados por los musulmanes, fundaron el monasterio, en el que permanecieron como eremitas. También cuenta la leyenda que en este lugar se guardó, durante más de 300 años, el Santo Grial, hasta que el rey Sancho I se lo llevó a Zaragoza en 1.399.
En el lado izquierdo del azulejo se presenta la iglesia de san Miguel y en el derecho un tramo de la muralla de la ciudad.
San Francisco Javier (1.506-1.552).
Religioso y misionero navarro de la Compañía de Jesús que desarrolló su labor evangelizadora en India y Japón. Hijo de familia noble venida a menos por mor de la guerra, Francisco se fue a París a estudiar. Allí conoció a Ignacio de Loyola, con el que formaría, junto a cinco compañeros, el germen de la Compañía de Jesús. Finalizados sus estudios se reúne en Roma con Ignacio de Loyola, con la intención de viajar a Tierra Santa, pero la guerra entre Venecia y Turquía impide la salida del barco. Entonces se ofrecen al papa como misioneros para cualquier otro lugar,  siendo Francisco Javier enviado a las Indias Orientales, vía Lisboa, Mozambique, Goa, Ceylán, las Molucas y finalmente Japón. Tras predicar varios años en territorio japonés con escaso éxito, vuelve a la India, donde se entera que en su ausencia el país ha sido declarado provincia independiente de Portugal y que él es su provincial. El año siguiente prepara un viaje clandestino a China, pero cuando espera para embarcar muere a los 46 años de edad. Fue enterrado en la isla de Goa, donde su cuerpo permanece incorrupto.
Huelva.
Salida de Colón del puerto de Palos el tres de agosto de 1.492, después de recibir la bendición de fray Juan Pérez. El motivo de la izquierda representa el monasterio de la Rábida y el de la derecha la iglesia de Palos de la Frontera.
Fernando de Rojas (1.470-1.541).
Con solamente una obra conocida y nunca nombrado por sus contemporáneos, Fernando de Rojas ocupa lugar de honor en las letras españolas por ser el autor de la "Tragicomedia de Calixto y Melibea", más conocida como "La Celestina", la obra literaria más importante de la transición entre la Edad Media y el Renacimiento.
Nació en la Puebla de Moltalbán (Toledo) en el seno de una familia de judíos conversos, lo que le causó problemas con la Inquisición. Bachiller en Leyes por la universidad de Salamanca, se establece en Talavera de la Reina, municipio del que se cree que pudo llegar a ser alcalde y donde fallecería a edad avanzada después de haber publicado al menos 32 ediciones de su única obra.
Guipúzcoa.
La jura de los Fueros de Guipúzcoa por el rey Alfonso VIII de Castilla.
En el año 1.200, el señorío de Guipúzcoa se incorpora voluntariamente a la Corona de Castilla, a petición de los propios guizpuzcoanos. Sin embargo, se puso como condición indispensable que el rey Alfonso se comprometiera a respetar los fueros del señorío, es decir, sus usos y costumbres, momento que recoge la cerámica.
A ambos lados, y enmarcados por arcos góticos, se muestran paisajes de la provincia: la Torre del Buen Pastor de la catedral de san Sebastián y una vista de la bahía de Txinguri.
Diego Hurtado de Mendoza.
Es difícil adivinar a quien se refiere este relieve, ya que en la Historia de España hay al menos una docena  de personas con este nombre, desde almirantes y obispos hasta diplomáticos, condes, duques, marinos o juristas. Haciendo un ejercicio de adivinación, y guiándome por las ropas de la efigie, podríamos colegir que se trata del Diego Hurtado de Mendoza nacido en Granada en 1.503, poeta y embajador en Inglaterra, Venecia y Roma. Fue hijo del Capitán General del Reino de Granada, recibiendo una selecta educación, que le permitió prosperar en la carrera diplomática. De vuelta a España, es nombrado proveedor de la armada de Laredo y recibe el hábito de la Orden de Alcántara. Desterrado por Felipe II a raíz de una seria disputa con un caballero, es llamado por su sobrino, el marqués de Mondéjar, que lo pone al frente de las tropas destinadas a sofocar la rebelión morisca de las Alpujarras.
Amigo personal de santa Teresa de Jesús, fue un erudito que conocía el latín, griego, hebreo y árabe, y notable poeta, elogiado por el propio Lope de Vega. De hecho, desde el siglo XVII se mantienen hipótesis de que es el autor del Lazarillo de Tormes. Falleció en Madrid a avanzada edad.
Guadalajara.
Boda de Felipe II con su tercera esposa, Isabel de Valois.
Isabel, hija de Enrique II de Francia y Catalina de Médici, llegó a España con dos cometidos: casarse con Felipe II para sellar la paz entre Francia y España y darle al rey un hijo varón. El primer compromiso fue cumplido rápidamente pero, tras tener dos hijas, Isabel falleció durante el parto de un feto que no sobrevivió.
Los dos Luises.
Francamente, no tengo ni idea de quienes son estos dos Luises del medallón.  La única posibilidad que se me ocurre es que sean Fray Luis de León y Fray Luis de Granada, unidos por Azorín en su obra "Los dos Luises y otros ensayos". Madrid, 1.921.
Granada.
La rendición de Granada.
El rey Boabdil entrega las llaves de la ciudad a los Reyes Católicos el dos de enero de 1.492. De esta manera se puso fin a la llamada Guerra de Granada, un período de diez años de ataques , contraataques, intrigas y traiciones, que marcó el final de la Reconquista española.
Fray Bartolomé de las Casas (1.484-1.566).
Sevillano dominico, fue cronista, teólogo, obispo de Chiapas (México), jurista, filósofo y "Protector de los indios", según el título otorgado por el cardenal Cisneros. Siendo aún seglar y siguiendo los pasos de su padre (que participó en el segundo viaje de Colón), viaja a las Indias como conquistador, obteniendo varias encomiendas. De regreso, toma las órdenes menores en Roma y vuelve inmediatamente a La Española donde, merced a sus actuaciones le son otorgadas nuevas encomiendas.  Sin embargo, el trato que dispensan los españoles a los nativos hacen que renuncie a todas sus prebendas y viaja a España para interceder por ellos ante el cardenal Cisneros. Las resoluciones tomadas por el cardenal no funcionan y fray Bartolomé tiene que volver a la patria en dos ocasiones para entrevistarse con Carlos I. Finalmente, logra que el 20 de noviembre de 1.542 se promulguen las Leyes Nuevas, en las que se prohibía la esclavitud de los indios, que quedaban bajo la protección directa de la Corona. Antes de volver al Nuevo Mundo escribió su obra más conocida "Brevísima relación de la destrucción de las Indias", dirigida al príncipe Felipe (más tarde Felipe II), encargado en esos momentos de los asuntos de las Indias.
Rechazó el obispado de Cuzco, de gran importancia en aquella época, pero aceptó el de Chiapas, con el fin de probar sus teorías sobre la convivencia pacífica entre amabas culturas. Dos años después regresó definitivamente a España, donde siguió defendiendo los derechos indígenas hasta su muerte, en Madrid, en 1.566.
Gerona.
El tercer sitio de Gerona duró siete meses, al cabo de los cuales los defensores, debilitados por la enfermedad y el hambre, se rindieron al mariscal Augereau del ejército francés. La resistencia de la ciudad, tan solo comparable a la de Zaragoza, elevó la moral de los españoles, convirtiéndose en símbolo de la resistencia al invasor.
Fernando de Magallanes (1.480-1.521).
De Magallanes ya hablamos largo y tendido en la entrada http://leyendasdesevilla.blogspot.com/2011/09/la-travesia-mas-larga-del-mundo.html, a la cual remito a los lectores para mayor información.
Cuenca.
Reconquista de Cuenca por Alfonso VIII en 1.177, después de siete meses de cerco. Tras la rendición de la ciudad, la población se separó por barrios, teniendo los suyos propios los judíos y los musulmanes y estableciendo nuevas parroquias cristianas en el resto de la localidad, que fue repoblada al amparo del Fuero de Cuenca, a imagen del cual se elaboraron posteriores fueros de Castilla, León, Aragón y Portugal.
Francisco Pizarro (1.478-1.541).
Nacido en Trujillo, era hijo natural de un hidalgo y una campesina. Se alistó con veinte años en los tercios españoles a las órdenes del Gran Capitán, interviniendo en campañas al sur de la península, Calabria y Sicilia. Regresa a Sevilla, desde donde parte rumbo a América, en la que sirvió en diversas luchas bajo el mando de Alonso de Ojeda. En 1.524 se asocia con Diego de Almagro y Hernando de Luque para conquistar el Perú, tierra mítica en aquella época bajo el imperio de los incas. Tras dos años de penalidades sin conseguir nada, los soldados se amotinan y entonces Pizarro desenvaina su espada y traza una raya en el suelo, diciendo: Por este lado se va a Panamá, a ser pobres, por este otro al Perú, a ser ricos; escoja el que fuere buen castellano lo que más bien le estuviere. Tan solo la cruzan trece hombres (Los Trece de la Fama). Los demás regresan con el encargo de enviar refuerzos desde Panamá. Cuando el contingente llega, cinco meses después, los catorce hombres están exhaustos y acosados por los indios.
Finalmente llega a Perú, en 1.531, encontrándose un imperio inca sumido en una guerra de sucesión. Jugando hábilmente sus cartas y usando la política, la traición, las armas e incluso el matrimonio, Francisco de Pizarro logra hacerse con el poder. Sin embargo, no conoce la tranquilidad, ya que se ve envuelto en continuas refriegas con rebeldes incas y con el propio Diego de Almagro que, tras varios acuerdos y sus correspondientes traiciones, después de la batalla de Salinas es capturado y ejecutado por Hernando Pizarro, hermano de Francisco. La cosa no termina bien porque los partidarios de Almagro se sitúan al lado del hijo de este y una noche entran en la residencia de Pizarro y le dan muerte.
Coruña.
Aquí se nos muestra el embarque de Carlos I de España (que no Carlos V de España) en Coruña para viajar a Alemania y ser proclamado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico a la muerte de su abuelo Maximiliano I de Austria. Más tarde abundaremos en la vida y obra del emperador, que fue bastante movidita.
Hernán Cortés (1.485-1.547).
Hijo de un hidalgo extremeño y primo segundo de Francisco Pizarro, su afán de aventuras le impulsó a embarcarse hacia el Nuevo Mundo. Participó en la conquista de Cuba, recibiendo tierras y esclavos por su servicio, llegando a ser nombrado alcalde Santiago de Cuba. Más tarde partió hacia tierras aztecas con una fuerza de 600 hombres y 200 auxiliares, encontrándose que la península del Yucatán se había fragmentado en dieciséis pequeños reinos que combatían entre sí. A unos por las buenas y a otros por las malas (Potonchan), Cortés acabó por conquistar toda la costa atlántica del Yucatán, aunque poco beneficio logró, ya que apenas encontró oro ni plata. Se enteró que tierra adentro existía un vasto imperio indígena que llamaban México y hacia allá se dirigió, sembrando la muerte a su paso, aunque en este caso, involuntariamente, ya que contagió de viruela a los indígenas con los que trataba. Se calcula que al cabo de algunas décadas la viruela acabó con el 97 % de la población india.
Se estableció Cortés en lo que posteriormente sería la ciudad de Veracruz, donde recibió una embajada del emperador Moctezuma, al que solicitó entrevista, recibiendo varias negativas. Conocedor de que los totonacas eran enemigos ancestrales de los incas, formó un ejército de 13.000 nativos y 400 españoles. Para evitar deserciones, mandó hundir las naves de la flota. Llegó al territorio de Tlaxcala, enemigo de los aztecas, a los que sometió tras tres batallas seguidas y sumó los supervivientes a su propio ejército, llegando a las puertas de Cholula, segunda ciudad en importancia del imperio azteca. Los gobernantes abrieron a Cortés las puertas con la intención de traicionarles pero, apercibiéndose del engaño, los españoles atacaron primero. Murieron cinco mil hombres en cinco horas y, al marcharse, la ciudad fue quemada en su totalidad.
Llegados a la capital mexicana son recibidos por Moctezuma, al que hacen creer que son enviados del dios Quetzalcóatl, lo que provoca que fueran atendidos con toda cortesía.La llegada a la costa de tropas españolas enviadas por Diego Velázquez, gobernador de Cuba, del que se había declarado independiente, obliga a Hernán Cortes a marchar sobre ellas, sorprendiéndolas en la noche y apresándolas con pocas bajas. Al enseñar las piezas de oro que habían descubierto escondidas, la mayoría de los hombres de Velázquez se pasan al bando de Cortés que, de este modo, ve triplicadas sus fuerzas en una sola noche. Pero todo no son buenas noticias: Pedro de Alvarado, a quien había dejado al mando de la capital, asustado ante la cantidad de indios congregados durante una festividad, perpetró una matanza entre ellos. Cuando Cortés llegó a Tenochtitlan, fue inmediatamente sometido a asedio por los rebeldes. Ante esta situación, los españoles huyen por la noche, pero tras ser descubiertos, reciben el ataque de miles de indios, en lo que fue conocida como La noche triste. Mueren la mayoría de los españoles, en tanto que los restantes, tras una semana de persecución, hacen frente a sus atacantes cerca de Otumba, logrando derrotarles. Hernán Cortés regresa a la capital y la reconquista, pereciendo la mayoría de los aztecas en su defensa; los que sobrevivieron fueron reducidos a la esclavitud.
Puesto orden en la que consideraba su casa, Cortés se adentra en Centroamérica, cruzando Honduras y llegando hasta Guatemala, tras superar ríos, montes, selva y traiciones (Cristóbal de Olid).
Hombre inquieto, como hemos podido comprobar, dirigió hasta cuatro expediciones hacia la Baja California, cuyo golfo navegó hacia el norte hasta llegar a la desembocadura del río Colorado.
Falleció en Castilleja de la Cuesta (Sevilla) cuando intentaba regresar a México, siendo enterrado inicialmente en el monasterio de san Isidoro del Campo (Santiponce, Sevilla) y después de varios traslados reposan en el templo del Hospital de Jesús de México creado por el mismo Cortés y, por tanto, el más antiguo del país.
Córdoba.
Rendición de la ciudad de Córdona a Fernando III, el Santo.
Tras la toma de Úbeda por los castellanos en 1.233 la frontera oriental del reino musulmán cordobés presentaba un flanco casi completamente desguarnecido con una fácil vía de acceso hacia la capital a través del Guadalquivir. Ello permite que habitantes de Andújar y Úbeda escalen las murallas y tomen parte de la ciudad. Piden ayuda a Fernando III que acude con un ejército que sitia la ciudad, en tanto que los refuerzos musulmanes, engañados por Lorenzo Suárez, se retiran al reino de Granada. Los habitantes de Córdoba, perdida toda esperanza al tener noticias del abandono del rey moro, acordaron rendirse en buenas condiciones, pero Fernando III estrechó aún más el cerco hasta rendir a los defensores privándoles de alimentos. El rey castellano, tras la rendición respetó la vida y la libertad de los cordobeses.
En los motivos laterales de la cerámica nos aparecen la Torre de la Malmuerta y el Patio de los Naranjos y Torre de la Mezquita-Catedral.
Carlos V de Alemania (1.500-1.558).
El amigo Carlos tenía todas las papeletas para ser baranda: era hijo de Juana I de Castilla y Felipe el Hermoso y nieto por vía paterna de Maximiliano I de Austria y de María de Borgoña. Por línea materna sus abuelas fueron los Reyes Católicos.
Tras la muerte de Fernando el Católico, y a la vista de la locura de su madre, Juana, oposita al reinado de España. Es aceptado a regañadientes, ya que, por una parte, su educación es básicamente flamenca (no domina el castellano siquiera) y por otra, se teme que no respete los fueros implantados en el reino; además se le pide que no nombre  extranjeros para puestos de responsabilidad. Durante este período surgen dos rebeliones: los comuneros en Castilla y las germanías en Aragón. En ambos casos se denunciaba el trato de favor que recibía Alemania frente a España.
Entretanto, muere su abuelo Maximiliano y es nombrado Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. A su regreso a España, y ya reconocido como rey por Castilla, Aragón y Navarra, acaba primero con los comuneros y más tarde con los rebeldes aragoneses.
Tuvo un reinado bastante movido. En el Nuevo Mundo, Cortés, Pizarro y Jiménez de Quesada conquistaban México, Perú y Colombia; Orellana descubría el Amazonas, Pedro de Mendoza fundaba Buenos Aires, Juan de Salazar, Asunción y Pedro de Valdivia, Santiago de Chile.
En otro frente, su nombramiento como emperador, y por tanto, cabeza de los cristianos, molestó enormemente tanto al papa Clemente VII como a Francisco I, rey de Francia. Intentaron responder con la creación de la liga clementina (el papado, Francia, Florencia y Venecia), que fue derrotada por el emperador Carlos en todas las ocasiones en que se enfrentaron.
En el Mediterráneo también entabló combate con los turcos de Solimán I, cambiando Argel y Túnez varias veces de manos.
Además le toca entrar en guerra con los protestantes, a los que se enfrenta a orillas de Rhin en la batalla de Mühlberg, donde obtiene una aplastante victoria. Sin embargo, diversas traiciones posteriores le obligaron a firmar la Paz de Augsburgo, en la que se reconocía el derecho de los alemanes a adherirse a la fe católica o a la protestante.
Después de tantos conflictos, Carlos cede el gobierno imperial a su hermano Fernando y el reino de España y las Indias a su hijo Felipe, retirándose a la extremeña comarca de la Vera para descansar, falleciendo un par de años después a consecuencia del paludismo.
Ciudad Real.
El motivo principal presenta las figuras de don Quijote y Sancho Panza con un paisaje de la Mancha, acompañado de un texto en el que Sancho explica a su señor que lo que ve no son gigantes, sino molinos de viento.
A los lados están representadas la Puerta del Carmen y la de Toledo.
Cardenal Cisneros (1.436-1.517).
Francisco Jiménez de Cisneros nació en Torrelaguna, hijo de hidalgos pobres. Se ordenó sacerdote en Roma y, a la vuelta a España, llega a ser capellán Mayor de la catedral de Sigüenza. Sufre una crisis espiritual que le lleva ingresar en los franciscanos, viviendo en el convento de la Salceda durante siete años.
Isabel la Católica lo convence para que sea su confesor, siendo nombrado tres años después arzobispo de Toledo y Primado de España. Fue consejero de la reina hasta la muerta de esta y más tarde regente durante la minoría de edad de Carlos I. Murió cuando se dirigía a recibir al nuevo soberano y sus restos están sepultados en la capilla de san Ildefonso.
Durante su vida participó, en mayor o menor medida, en todo lo que se hizo durante el reinado de los Reyes Católicos y contribuyó de forma decisiva a la configuración del nuevo estado. Reformó la vida religiosa que había caído en una gran relajación moral y confusión intelectual. Supo ver que toda renovación empezaba por la educación y, sin ser un erudito, fundó en Alcalá de Henares una de las instituciones que más ha influido en la cultura española: la Universidad Cisneriana, primera universidad renacentista, humanista y universal.
Castellón.
Encuentro entre el papa Benedicto XIII con Fernando I de Aragón, que iba acompañado por fray Vicente Ferrer. Dicho encuentro tenía como objeto convencer al papa para que renunciase al pontificado y de esta manera poner fin al cisma que dividía el cristianismo. Tras fracasar la negociación por la negativa de Benedicto XIII, el rey Fernando y Vicente Ferrer retiraron su obediencia al Vaticano. Ello conllevaría la excomunión del papa de Avignon y su declaración como hereje en el Concilio de Constanza, en 1.413.
Luis Vives (1.492-1.540).
El valenciano Juan Luis Vives fue un humanista, filógogo y filósofo español. Judío practicante en esta difícil época, su familia sufrió constantes persecuciones, lo que aconsejó enviar al joven Luis a París, donde consigue su doctorado. Se traslada a Brujas, donde recibe la noticia de la muerte de sus padres a manos de la Inquisición. En el verano de 1.523, fue elegido lector del Colegio de Corpus Christi por el cardenal Wolsey, cargo que comportaba también ser nombrado canciller del rey Enrique VIII de Inglaterra. Vives veía cumplido así su anhelo de establecerse en una corte, único lugar en el que un humanista podía desarrollar dignamente su trabajo de investigador de la cultura y enseñar los descubrimientos de sus estudios. Ahí trabó amistad con Tomás Moro y la reina Catalina de Aragón.
Para intentar ayudar a la reina frente a los intentos de divorcio de Enrique VIII, Vives escribió al emperador Carlos, enemigo del rey, y al papa Clemente VII, pero sus notas fueron interceptadas por el cardenal Wolsey. Viendo que sus esfuerzos eran inútiles y que el rey jamás renunciaría al divorcio, intentó convencer a la reina para que lo aceptara. Esta estrategia desagradó tanto a Enrique como a Catalina; le fue retirada la pensión real y tuvo que abandonar Inglaterra.
Vives realizó en Brujas su obra "Tratado del socorro de los pobres", en la que analizaba y sistematizaba la organización de ayuda a los pobres y cómo debía hacerse. Por ello se considera a Vives la primera persona en Europa en llevar a la práctica un "servicio organizado de asistencia social".
Los últimos años de su vida los dedicó a perfeccionar la cultura humanística de los duques de Mencia. Se convirtió en un reformador de la educación europea y en un filósofo moralista de talla universal, proponiendo el estudio de las obras de Aristóteles en su lengua original y adaptando sus libros destinados al estudio del latín a los estudiantes; sustituyó los textos medievales por otros nuevos, con un vocabulario adaptado a su época y al modo de hablar del momento. Su libro destinado a la enseñanza del latín se editó en 65 ocasiones entre 1.538 y 1.649.
En 1.529 su salud era ya muy delicada: padecía de dolores de cabeza y una úlcera estomacal. La artritis degeneró en fuertes dolores y el 6 de mayo de 1.540 moría en su casa de Brujas a causa de un cálculo biliar. Fue enterrado en la iglesia de San Donaciano.
La imagen de Sevilla que finaliza este tramo nos muestra la Semana Santa sevillana, con una vista del Cristo de la Expiración, conocido popularmente como El Cachorro. En los pequeños medallones laterales aparecen los Caños de Carmona y las murallas de la Macarena.