Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

sábado, 4 de agosto de 2012

Basílica Menor de María Auxiliadora (La Trinidad), II y final.


Comenzamos el recorrido detallado de este templo por nuestra derecha, en los pies de la nave de la Epístola. Aún se encuentran allí los pasos de la Estación de Penitencia (hice la visita en mayo), pero queda espacio para apreciar un magnífico Jesús atado a la columna de 1.565, obra del imaginero hispano-flamenco Juan Giralte. Durante más de cuarenta años estuvo abandonada a su suerte en una habitación del inmueble de la Casa-Hermandad, hasta que en 1.993 Mauricio López Madroñero consiguió una restauración (prácticamente una reconstrucción) que parecía imposible. Como curiosidad, señalar que fue el primer titular de la Hermandad de las Cigarreras.

Jesús atado a la columna. Juan Giralte, 1.565.
A continuación podemos ver una representación de La Piedad, de tamaño académico, de la que no he encontrado información.
Piedad.
Le sigue el retablo de María Inmaculada, del siglo XVII y estilo barroco. La imagen de la Inmaculada que lo preside es también del siglo XVII, estando flanqueada por san Joaquín y santa Ana, ambos del XVIII.
Retablo de María Inmaculada.
María Inmaculada, con santa Ana y san Joaquín.
Inmaculada. Siglo XVII.
El retablo de la Virgen de los Remedios, en cambio, ya es neoclásico, del siglo XIX. Representa la advocación trinitaria de la Coronación de la Virgen, tal como se nos muestra en la pintura del ático.
Retablo de la Virgen de los Remedios.
Nuestra Señora de los Remedios.
Pasamos la puerta de la Epístola, a uno cuyos lados vemos una pintura de la beata Eusebia Palomino Yenes, virgen salesiana que ejerció su ministerio en la localidad onubense de Valverde del Camino, donde se la venera grandemente. Para quienes quieran profundizar en el conocimiento de su persona, recomiendo el enlace proporcionado por un amable lector, y que no tiene desperdicio:
http://www.preguntasantoral.es/2011/02/beata-eusebia-palomino-yenes/
Al otro lado de la puerta aparece un azulejo de la María Auxiliadora y, llegados al brazo del crucero, estaremos ante el retablo de san Juan Bosco. De él no he localizado información alguna, aunque la desproporción entre cabeza y cuerpo hace pensar que ambas partes proceden de autores diferentes. Uno de ellos, según me apunta un lector, podría ser el imaginero onubense José Pérez Conde.
Retablo cerámico de María Auxiliadora.
Beata Eusebia Palomino Yenes.
Brazo del crucero del lado de la Epístola.
Altar de san Juan Bosco.
Don Bosco con uno de sus pupilos. 
Es evidente la desproporción entre cabeza y cuerpo.
Ático del retablo, con talla de san Miguel.
La parte alta de los muros del crucero, así como el presbiterio y las pilastras del arco toral, está decorada con abundantes pinturas de motivos vegetales y retratos de santos trinitarios, en regular estado de conservación.

Bóveda de media naranja del crucero.
Ya ante el retablo mayor, comprobamos que es moderno, de estilo neobarroco, datado en el segundo tercio del siglo XX y llevado a cabo por  José Alarcón. Posee dos cuerpos, divididos en tres calles y ático. Preside el retablo la imagen titular de la Basílica, María Auxiliadora, obra del escultor catalán (¿?) Perellada, realizada alrededor de 1894-5. Fue policromada  por Casanovas, bendecida en Sevilla por el cardenal Sanz y Forés  en mayo de 1.985 y coronada canónicamente en la Puerta de Jerez por el cardenal Segura en 1.954. Completan el primer cuerpo del retablo mayor, la figura de santo Domingo Savio (alumno de Don Bosco, fallecido con tan solo quince años de edad) y santa María Mazzarello (co-fundadora con Don Bosco de las Hijas de María).
Retablo Mayor.
Altar del presbiterio.
María Auxiliadora Coronada preside el retablo, acompañada por santo Domingo Savio y santa María Mazzarello.
María Auxiliadora.
En el segundo cuerpo figuran imágenes de san Félix de Valois y san Juan de Mata, ambas del siglo XVIII. Son santos trinitarios que soñaron separadamente la fundación de la Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos. El centro lo ocupa un grupo escultórico, que representa a Santa Justa y Rufina, escoltando a la Giralda.
Segundo cuerpo, ático y bóveda del presbiterio.
El ático tiene forma de arco de medio punto,  adornado con lienzos de Antonio Cabral Bejarano, pintados en 1.814; el central representa a la Santísima Trinidad sobre un trono de nubes y debajo varios ángeles y santos; en los laterales, dos escenas trinitarias.
Muro derecho del presbiterio.
Muro izquierdo del presbiterio.
El presbiterio, visto desde la nave del Evangelio.
María Auxiliadora vista desde el mismo lugar.
En la cabecera de la nave del Evangelio encontramos la capilla del Sagrario, una sencilla estancia que alberga un tabernáculo labrado en plata y oro.
Cabecera de la nave del Evangelio, con la entrada a la capilla del Sagrario.
Capilla del Sagrario.
El brazo del crucero en este lado está ocupado por el retablo del Sagrado Corazón de Jesús, de fecha moderna y corte neoclásico. El ático se nos muestra la crucifixión de san Cristobalito de la Guardia, secuestrado y martirizado, siguiendo el modelo de Jesucristo, hasta su muerte en la cruz por “tres malvados judíos” a finales del siglo XV.
Retablo del Sagrado Corazón de Jesús.
Le sigue el retablo de san Francisco de Sales, titular y patrono de la Familia Salesiana. Se trata de un retablo barroco, en el que la figura de san Francisco es del siglo XX y las de los arcángeles Rafael y Gabriel, que lo acompañan (aunque el día de la visita no estaban presentes), del XVIII.
Retablo de san Francisco de Sales.
San Francisco de Sales, titular y patrono de la Familia Salesiana.
Ático del retablo.
Del retablo de san José, siguiente en nuestro trayecto no he encontrado nada, aunque el diseño es barroco y la talla parece ser de finales del siglo XVIII o principios del XIX. Las hornacinas laterales se encuentran igualmente vacías.
Retablo de san José.
El retablo de la Santísima Trinidad sí está completo. Es igualmente barroco, con un grupo escultórico central del siglo XIX y las figuras laterales de santo Domingo de Guzmán y san Francisco de Asís, ambas del XVIII.
Retablo de la Santísima Trinidad.
Primer cuerpo del retablo.
Grupo escultórico de la Santísima Trinidad.
A los pies de la nave del Evangelio se ubica la capilla de la Pontificia, Real y Muy Ilustre Hermandad Sacramental y Archicofradía de Nazarenos del Sagrado Decreto de la Santísima Trinidad, Santísimo Cristo de las Cinco Llagas, María Santísima de la Concepción, Nuestra Señora de la Esperanza y San Juan Bosco, que por su tamaño y disposición más parece una iglesia dentro de otra iglesia. Desgraciadamente, está cerrada con una verja y tuve que realizar las fotografías desde bastante lejos.
Capilla de la Hermandad del Sagrado Decreto.
Otra toma de la capilla.
Techo de casetones de la capilla.
Se trata de una capilla rectangular, de buen tamaño, con techo de madera distribuido en casetones con adorno central. A la izquierda, según miramos desde la reja, vemos el altar del Cristo de las Cinco Llagas realizado madera de cedro con cruz de caoba por Luis Álvarez Duarte en 2.003. Sobre los avatares de esta advocación de Cristo hablamos en comentario aparte. 
Cristo de las Cinco Llagas, María Santísima de la Concepción y san Juan Bautista.
A sus pies encontramos a san Juan Evangelista y a María Santísima de la Concepción. Del primero no puedo aportar datos, pero la talla de la Virgen fue elaborada en 1.956 por Antonio Bidón Villar. Se trata de una imagen de candelero para vestir de tamaño natural (1,71 metros). De sus ojos, elevados para contemplar a su Hijo pendiente de la cruz, se derraman cuatro lágrimas, dos por cada mejilla. Sus cabellos están tallados y peinados con raya al centro, al tiempo que su boca entreabierta permite la visión de los dientes y la lengua.

Al fondo, preside la capilla Nuestra Señora de la Esperanza, imagen de candelero para vestir (1,58 metros), atribuida durante muchos años a Duque Cornejo, hasta que recientemente se constató de manera documental que el escultor Juan de Astorga contrató su realización en el año 1.819 por la cantidad de 900 reales de vellón, firmando su finalización un año después.
Nuestra Señora de la Esperanza. Juan de Astorga, 1.819.
La imagen de Nuestra Señora de la Esperanza ha sido objeto de varias restauraciones, ninguna de las cuales ha provocado la alteración de su fisonomía original: Ángel Rodríguez Magaña en 1.907, Sebastián Santos Rojas en 1.947, Antonio Joaquín Dubé de Luque (que le colocó las cinco lágrimas de cristal en 1.996). Por su parte, Luis Álvarez Duarte le incorporó un nuevo candelero en el año 2.000.

En el lado derecho de la capilla vemos el grupo escultórico del Sagrado Decreto, que representa la Santísima Trinidad, con Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo en forma de paloma. La aparición de este misterio en el seno de la Cofradía de las Cinco Llagas se remonta al siglo XVII, según de deduce de los rasgos de la talla de Dios Padre, en el que se reconocen rasgos de la escuela de Juan de Mesa. La imagen de Dios Hijo es originaria del siglo XVIII, aunque en 1.912 hubo que hacerle una restauración (casi una reconstrucción) debido a su mal estado de conservación, por parte de Luis Pizarro. José Antonio Bravo fue el autor de la talla de Dios Espíritu Santo.
Grupo escultórico del Sagrado Decreto.
En el mismo muro de la capilla, más cercano a la verja hay un pequeño retablo que representa a san Juan Bosco velando por dos pequeños monaguillos.
Retablillo de san Juan Bosco.
Pila de agua 
Santísimo Cristo de las Cinco Llagas.
La devoción a las Cinco Llagas de Nuestro Redentor Jesucristo, materializada en la imagen escultórica de un Crucificado, se encuentra presente en esta Cofradía desde sus orígenes. De hecho, en el capítulo 47 de la Regla de 1555, la única efigie que figura en el cortejo, cerrándolo, es la de un “crucifijo grande, que lo lleve un cofrade de los más altos”.

En el salón de actos de la Casa Hermandad de la Trinidad se encuentra el más antiguo de los Crucificados conservados de esta corporación penitencial. Se trata de una escultura policromada de la primera mitad del XVII  en tamaño natural (mide 1,75 metros), elaborado con madera, pasta de papel y telas encoladas. 

Tras numerosas intervenciones a lo largo de los siglos, la endeble calidad artística de esta imagen y su preocupante estado de conservación justificaron que la Hermandad se planteara reemplazarla.

La nueva efigie, de Manuel Hernández León, realizada en madera de cedro policromada, fue bendecida por el cardenal José María Bueno Monreal el 4 de marzo de 1.981. Sin embargo, sus grandes proporciones (1,80 metros) no armonizaban con el resto de figuras del misterio, por lo que al año siguiente el mismo autor lo sustituyó por otro Crucificado, de factura prácticamente idéntica, pero realizado a una escala inferior (1,65 metros), que se bendijo el 26 de febrero de 1.982. Presentaba unas singularidades iconográficas dignas de recordarse, como el hecho de presentar taladradas las muñecas, montar el pie izquierdo sobre el derecho, o la manera de reclinar la cabeza hacia la izquierda.

Pasadas dos décadas, y no terminándose de consolidar la devoción hacia la imagen de Hernández León, la Hermandad, en cabildo general extraordinario celebrado el 2 de diciembre de 2.001, decidió encomendar la realización de un nuevo Crucificado al renombrado escultor Luis Álvarez Duarte, quien lo concluyó el 17 de febrero de 2.002. Empleando la técnica de la talla directa, está íntegramente ejecutado en madera de cedro real (mide 1,77 metros), utilizando la caoba de Brasil para la cruz arbórea, cuyo titulus está redactado en griego, arameo y latín.

Finalizada la visita, hay que comentar que esta iglesia (perdón, basílica) es muy interesante, con una abundante representación artística, tanto de pinturas murales como de imaginería, sobre todo para estar situada extramuros de la antigua ciudad. En lo mejorable, nombrar el regular estado de estas mismas pinturas en algunas zonas y, sobre todo, la necesaria restauración de algunos de los retablos, en los que los xilófagos se han dado un auténtico festín. Deseable igualmente un poco más de iluminación, unos rótulos más explícitos y, sobre todo, que se pudiera acceder a la capilla de la Hermandad de la Trinidad. Muy amable el señor que se encontraba al cuidado del templo.

No hay impedimento para personas con movilidad reducida.