Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

domingo, 26 de agosto de 2012

Iglesia de san Benito, abad, -II y final.


Ya estamos ante el Retablo Mayor. De estilo neoclásico, consta de banco, dos cuerpos y ático. Se encuentra policromado, imitando el mármol jaspeado. El primer cuerpo presenta un camarín central que aloja una imagen de Virgen con el Niño sentada sobre un águila, la Virgen de Valvanera, del siglo XVII, titular de la Hermandad de Gloria. Se trata de una advocación procedente de la Rioja. A los lados, cuatro pinturas, añadidas en 2.005: santa Justa, san Pablo, santa Rufina y san Hermenegildo.
Retablo Mayor.
Primer cuerpo del Retablo Mayor, presidido por la Virgen de Valvanera.
Una talla de san Benito Abad, de autor anónimo y datada en el siglo XVIII ocupa la hornacina central del segundo cuerpo. Está escoltado por dos nuevas pinturas del 2.005, que representan a san Isidoro y san Leandro. En el ático se sitúa la escultura de san Fernando, obra de José de Medinilla en 1717.
El segundo cuerpo aloja la talla de san Benito y en el ático vemos al rey san Fernando.
El día de nuestra visita (mayo de 2.012) se encontraba en el presbiterio, ante el altar mayor, la talla de san José con el Niño Jesús, obra anónima del siglo XVII, que normalmente está colocada en un altar de la nave de la Epístola.
San José con el Niño, en el presbiterio.
Desde otro ángulo.

Comunicación del antepresbiterio con la capilla del Cristo de la Sangre.
Comunicación del antepresbiterio con la Capilla Sacramental.
Bóveda de media naranja del crucero.
Pasamos a la nave de la Epístola. En la cabecera de esta nave se abre la Capilla Sacramental, que es de planta rectangular, cubierta con bóveda de pañuelo. En ella se halla un retablo neobarroco, tallado en madera de pino de Flandes por Antonio Martín y dorado por Antonio Díaz (1961).
Retablo de la Capilla Sacramental.
Cuerpo del retablo.
Preside el retablo la imagen del Señor en su Sagrada Presentación al Pueblo, flanqueada por las de Nuestra Señora de la Encarnación y san Juan Evangelista, cotitulares de la Hermandad de san Benito.

El Cristo es obra de Antonio Castillo Lastrucci del año 1.928, quién firmó en el sudario de la imagen. Realizado en madera de cedro, representa el pasaje evangélico narrado por el evangelista san Juan, en el que el Redentor, de pie, maniatado y vestido con túnica abierta hasta la cintura, es presentado al pueblo por Pilato tras haber sido azotado y coronado de espinas. Se trata de una imagen de talla completa con sudario y viste túnica de terciopelo granate bordada en oro por Carrasquilla en 1.965. Luce potencias de oro, platino y pedrería repujadas por Manuel de los Ríos en 1.992.
Señor en su Sagrada Presentación al Pueblo.
La Virgen de la Encarnación es de autor anónimo del siglo XVII, y ha sido restaurada en el presente siglo por Sebastián Santos Rojas. Según la tradición, una hermandad penitencial de Triana, tenía una Virgen de la Encarnación a la que el pueblo llamaba Virgen de la Paloma porque llevaba una paloma de plata en la mano, según unos, o porque en el palio del paso mostraba una paloma bordada que simbolizaba al Espíritu Santo, según otros. Esta imagen de la Virgen de la Encarnación pasó a la parroquia de san Benito. En el año 1.908 un grupo de devotos intentó reorganizar la hermandad penitencial que había tenido por titular dicha Virgen y a tal efecto solicitó autorización al arzobispo para constituir una cofradía con el Cristo de los Desamparados y Nuestra Señora de la Paloma, en dicho templo de san Benito. La iniciativa no llegó a prosperar y se abandonó el proyecto. Unos años más tarde, en 1.921, se restauró la Hermandad del Cristo de la Sangre, y tomó aquella Virgen de la Encarnación, olvidando por completo la antigua denominación de Virgen de la Paloma.
Nuestra Señora de la Encarnación.
La imagen de san Juan Evangelista  fue adquirida por la hermandad al imaginero Antonio Castillo Lastrucci en el año 1.959. Es una talla de candelero para vestir, que sigue el mismo modelo que en la elaboración del Evangelista para la Hermandad del Dulce Nombre en 1.924, y que, a su vez, se inspira en las formas de Juan de Mesa en 1.620 para la Hermandad del Gran Poder, con el típico bigote y perilla, siguiendo la moda imperante en tiempos de Felipe IV.
San Juan Evangelista.
En el ático del retablo se encuentra una pintura al óleo sobre tabla en la que se representa al Cristo de la Sangre, debida a Juan Antonio Blanco (2.005). A los pies del Señor se sitúa el Sagrario, labrado en plata de ley por Fernando Marmolejo (1.957).
Ático del retablo.
Sagrario en plata de ley.
Rodea la capilla un zócalo de azulejos trianeros de la fábrica de Ramos Rejano, pintados por Juan Oliver (1.954-1.961), entre los que destacan las escenas del Triunfo de la Eucaristía y la Anunciación, así como óvalos con bustos de Santos. Cierra este espacio una artística verja decorada con motivos pertenecientes al escudo de la hermandad.
Azulejos de Juan Oliver, fabricados por Ramos Rejano.
Bóveda de pañuelo de la Capilla Sacramental.
Veamos lo que nos queda por visitar:
Nave de la Epístola, vista desde la cabecera.
Continuamos el recorrido.
Santo Domingo de Silos. Juan del Castillo, 1.625.
Tras dejar atrás un lienzo que representa a Santo Domingo de Silos, de Juan del Castillo (siglo XVII), y pasando la puerta de la Epístola (avenida Luis Montoto), veremos el altar de Nuestra Señora del Buen Alumbramiento, de estilo neoclásico e imagen atribuida a Roque Balduque, del siglo XVI. Se representa a la Virgen de pie, sosteniendo al Niño con el brazo izquierdo y sosteniendo una rosa con la mano derecha .En el ático aparece una pintura sobre el tema de Salomé, del XVIII.
Altar de Nuestra Señora del Buen Alumbramiento.
Nuestra Señora del Buen Alumbramiento,  atribuida a Roque Balduque.
El altar de san José, sin las imágenes como hemos comentado, viene a continuación. Es neoclásico, como casi todos los demás, con una pintura en el ático que representa a Cristo con los apóstoles.
Altar de san José.
La talla de Nuestra Señora del Carmen es la última del muro de la Epístola. Se trata de una talla de tamaño académico, fechada en el siglo XVIII, de autor desconocido. Sobre este pequeño altar (poco más que una repisa con marco) podemos ver restos de pinturas al fresco que representan a san Cristóbal.
Altar de  Nuestra Señora del Carmen. Sobre ella, pinturas con el tema de san Cristóbal.
Nuestra Señora del Carmen. Siglo XVIII.
A los pies de la nave, en un pequeño espacio, se expone un Crucificado del que no he podido averiguar advocación, autor, ni datación.
Crucificado.
Crucificado. Detalle.
 Estamos de nuevo en la entrada, sobre la que se sitúa el coro con un bien conservado órgano del siglo XIX.
Coro y órgano del siglo XIX.
Como curiosidad señalar lo sucedido en 1.882, cuando la Virgen de Valvanera salía en procesión. Un chico de dieciocho años, de la parroquia de san Marcos tocaba las campanas cuando cayó de la torre de la iglesia. Quiso la suerte que cayera sobre el bombo de la banda de música; el instrumento quedó destrozado, aunque ni el joven ni el músico sufrieron daño alguno, por lo que la procesión continuó. Una coplilla  de la época recordaba el hecho:

De la torre más alta de san Benito
tocando la campana cayó un mocito
no tener pena
que lo salvó la Virgen de Valvanera.

San Benito es un templo bien conservado, con algunas obras interesantes (por aquí no pasaron los cafres del 36), luz suficiente y en continua renovación, como lo atestigua el nuevo retablo del Cristo de la Sangre. La falta de información de lo expuesto se compensa en gran medida en la página web de la hermandad, bastante completa en textos e imágenes.


No hay impedimento para personas con movilidad reducida.