Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

domingo, 8 de julio de 2012

Iglesia de Nuestra Señora de la Consolación (Los Terceros), -II y final.


Procedemos a finalizar el recorrido de la iglesia de los Terceros.

El edificio tiene planta de cruz latina, con una sola nave de cinco tramos con coro a los pies, capillas laterales, crucero y presbiterio.
Vista general desde la puerta de entrada.
Lado del Evangelio.
Lado de la Epístola.
Entramos y lo primero que nos llama la atención es la bóveda de cañón del sotocoro, cuajada de adornos de volutas, racimos de frutas, guirnaldas y figuras de ángeles, de gran volumen.
Bóveda del sotocoro.
Comenzamos el recorrido por la derecha (lado de la Epístola), encontraremos primero una capilla cerrada, por la que se sube al coro, junto a la que se sitúa la puerta de acceso al compás lateral, que llega hasta la plaza Ponce de León.
Pila para el agua bendita.
Una capilla dedicada a san José le sigue. Extraña la poca profundidad de las capillas de este lado derecho; da la impresión de que ha colocado un tablero como fondo para dejar espacio atrás.
Capilla de san José.
San José con el Niño Jesús.
En la Capilla de la Esclavitud son las santas Justa y Rufina las que ocupan el estrecho espacio. Llegaron en el siglo XIX tras la desamortización del desaparecido convento de Santa Justa y Rufina, de la calle Vírgenes. Son imágenes anónimas del siglo XVI. La escultura de la Giralda que las acompaña, siguiendo la tradición popular, fue costeada por popular artista (por desgracia prematuramente fallecido), Pepe Peregil.
Reja de la Capilla de la Esclavitud.
Santa Rufina y santa Justa.
La Capilla de la Encarnación, última de este lado antes de llegar al crucero, nos muestra simplemente una fotografía de gran tamaño de esta advocación de la Virgen, que ocupa toda la anchura de la capilla.
Reja de la Capilla de la Encarnación.
Capilla de la Encarnación.
Llegados al crucero, y siguiendo por nuestra derecha, nos plantamos ante el retablo del Cristo de la Humildad y Paciencia. El retablo, barroco, es obra de José Fernando de Medinilla, fechado sobre 1.727, y en él destaca la imagen del Cristo en la hornacina central, que está separado por estípites de san Roque, a la derecha, y un santo desconocido (¿San Francisco de Asís?) al otro lado.
Retablo del Cristo de la Humildad y Paciencia.
La imagen de este Cristo es una obra anónima de finales  del XVI o principios del XVII. Está confeccionado en pasta de papel, con una altura de 100 centímetros Se presenta a Cristo desnudo y cubierto por el paño de pureza. La postura es sedente, sobre una peña, con el codo derecho apoyado sobre el muslo derecho y la mano sosteniendo la cabeza, situada en la mejilla.
Cristo de la Humildad y Paciencia.
San Roque.
¿San Francisco de Asís?
Antiguamente, llegó a procesionar acompañado de un conjunto escultórico  formado por una cruz tendida en el centro del paso, a un lado la túnica con los dados para su sorteo entre los sayones y dos de estos personajes preparando el hoyo para la colocación de la cruz.

El retablo del Nazareno se sitúa en este mismo lado del crucero, formando ángulo de noventa grados con el retablo anterior. A sus lados hay dos frailes crucificados (mártires supongo), de tamaño académico. No he logrado información alguna de la confección de ninguna de las figuras, ni del retablo, que pide a gritos una restauración.
Retablo del Nazareno.
Hemos llegado ante la Capilla Mayor. Delante de las pilastras que soportan el arco toral vemos dos esculturas de tamaño natural, que correspondes a los arcángeles san Rafael (lado del Evangelio) y san Miguel (lado de la Epístola), ambas atribuidas a Fernando de Medinilla, sobre 1.727.
San Miguel. Miguel de Medinilla, sobre 1.727.
San Rafael. Miguel de Medinilla, sobre 1.727.
El Retablo Mayor, uno de los mejores del siglo XVII, ocupa todo el ancho del presbiterio. Realizado inicialmente por Dionisio de Ribas hacia finales del XVII, fue sometido a varias transformaciones. Sobre 1.700, Francisco de Barahona lo reestructuraría, añadiéndole el camarín rococó de la Virgen de Consolación, conocida popularmente como "la Chiquitita". Se trata de una imagen medieval, del siglo XIV, que se veneraba en una ermita que poseían los frailes Terceros en las cercanías de Almonte y que se trajeron a Sevilla en su traslado del año 1.602. Según afirmaba el catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla José Hernández Díaz (algo que sigue siendo muy discutido), se trata, ni más, ni menos, que la primitiva imagen de la Virgen del Rocío. Más modernamente, a finales del siglo XX, el retablo sufriría una última transformación al añadirle una plataforma en la que ubicar el grupo escultórico de la Sagrada Cena.
Retablo Mayor. Vista general.
La imagen del Señor de la Sagrada Cena, una imagen de cuerpo completo y 177 centímetros de altura, tallada en madera policromada, fue realizada en 1.955 por Sebastián  Santos Rojas. Nos muestra a Jesucristo de pie y con los brazos abiertos en actitud de bendecir. Las imágenes de los apóstoles son del escultor Luis Ortega Bru (1.975-1.982), aunque Manuel Hernández León realizó cuerpos nuevos para varios de los apóstoles en 1.985.
En el centro, el grupo escultórico de la Sagrada Cena, de Sebastián Santos Rojas (el Cristo) y Luis Ortega Bru (los Apóstoles). Sobre ellos, la Virgen de Consolación, obra anónima medieval del siglo XIV. A la izquierda y de  abajo  hacia   arriba, san Elesario y san Ivo. A la derecha,  san Luis de Francia y san Conrado.
El retablo ha quedado conformado actualmente por banco, dos cuerpos y tres calles, separadas por columnas salomónicas de seis espiras y ático. En éste aparece un relieve que nos muestra a san Francisco aprobando la constitución de la Orden Tercera.
Ático del retablo. El relieve central muestra a san Francisco aprobando las Reglas de la orden Tercera. A la izquierda aparece santa Isabel de Portugal y, a la derecha, santa Isabel de Hungría.
En la calle del Evangelio (izquierda, mirando de frente), dentro de hornacinas con abundantes adornos tallados, vemos, de abajo a arriba, las tallas de san Elesario (no me pregunten quién es porque no figura en el santoral), san Ivo de Bretaña y santa Isabel de Portugal (ya mencionados anteriormente).

En la calle de la Epístola, aparecen san Luis de Francia (Luis IX, primo del también santo Fernando III), san Conrado (santo alemán que fue portero durante cuarenta y tres años de un santuario mariano muy venerado) y santa Isabel de Hungría.

El centro del crucero de cubre mediante una bóveda de media naranja, en tanto que los brazos lo hacen con otras de cañón, todas ellas decoradas con pinturas al fresco. la bóveda de la nave principal también era de cañón, aunque en la actualidad se muestra con estructura plana. Del estado de las mismas hablaremos más adelante. 
Bóveda de la nave principal.
Bóveda de naranja del crucero.
Brazo izquierdo del crucero, con el retablo de Nuestra Señora del Subterráneo al fondo.
En el brazo del Evangelio aparecen dos retablos. El más cercano al presbiterio es el  retablo de Nuestra Señora de la Encarnación, titular de la Hermandad de Gloria de la Sagrada Cena. Se trata de un retablo barroco, que nos muestra la imagen titular, de finales del siglo XVII. 
Retablo de Nuestra Señora de la Encarnación.
Ático del retablo de Nuestra Señora de la Encarnación.
Disponía de capilla propia en la iglesia pero, al fusionarse la Hermandad de la Cena con la extinguida Hermandad  de la Esclavitud de Nuestra Señora de la Encarnación, y debido al estado de ruina de su capilla, se decide ubicar a la Virgen de la Encarnación en dicho retablo, entronizándose así de una forma decorosa y vistosa la nueva imagen titular de la Hermandad de la Sagrada Cena.
Nuestra Señora de la Encarnación, siglo XVII. Atribuida a Juan de Mesa.
Se trata de una escultura anónima, atribuida a Juan de Mesa. Por tanto, la imagen sería pues del siglo XVII, aunque en el XIX se le realizaron diversas modificaciones que alteraron su fisionomía, como la inclusión de ojos de cristal, o la encarnadura que Juan Manuel Miñarro eliminara en su reciente intervención, con el objetivo de recuperar su cromatismo original.

Su morfología es muy peculiar, ya que desde su busto hacia abajo está tallada, algo que no se aprecia ya que habitualmente se encuentra vestida. Posee brazos articulados, sosteniendo sus manos un libro.

El Retablo de la Virgen del Subterráneo o de Soterraño ocupa la cabecera de este lado del crucero. Perteneció a la Hermandad del Amor y en él se exponía al culto su Sagrado Titular, el Santísimo Cristo del Amor. En la decoración del retablo nos encontramos un altorrelieve, representando la Sagrada Entrada en Jerusalén.
Ático del Retablo con relieve de la Sagrada Entrada en Jerusalén.
Virgen del Subterráneo.
La Virgen es una imagen anónima, descubierta bajo la iglesia de san Bartolomé según la tradición, difícil de atribuir por sus características morfológicas. Tradicionalmente su autoría se ha enmarcado en torno al             imaginero Juan de Astorga, (s. XIX), aunque otros expertos piensan que se trata de una imagen de mayor antigüedad, aunque profundamente restaurada por Astorga.

La Capilla Sacramental (en realidad se trata de dos capillas unidas) es la primera que se abre en el lado del Evangelio de la nave central según nos dirigimos hacia los pies de la iglesia. Dispone de dos arcos de medio punto como entradas, en los que el intradós está repleto de pinturas al fresco, al igual que las paredes y la bóveda de cañón que la cubre: óvalos con santos de la Orden Tercera, rodeados de decoración que imita labores de yeserías en los arcos de ingreso y yeserías fingidas, complicadas grecas, frisos y festones, los Padres de la Iglesia y el escudo de la Orden en la bóveda. Todas ellas son de finales del XVII y principios del XVIII.
Muro frontal de la Capilla Sacramental.
Bóveda de la Capilla Sacramental.
Vistas de la Capilla Sacramental.
En el retablo central, de mármol jaspeado y estilo neoclásico, fechado en el siglo XIX, se expone el sagrario de plata, sobre el que se sitúa una hornacina con una Inmaculada del siglo XVII. A los lados de la Virgen vemos dos figuras (hombre y mujer) de identidad desconocida y, sobre el ático, un Crucificado.
Retablo central de la Capilla Sacramental.
Sagrario de la Capilla Sacramental.
El retablo de la derecha según entramos, también es neoclásico, pero confeccionado en madera tallada; debería albergar la efigie de Nuestra Señora de la Paz, que no se encontraba en su lugar, imagino que por estar restaurándose.
Retablo de Nuestra Señora de la Paz.
El retablo de la izquierda, gemelo del anterior, nos muestra una Virgen con el Niño, aunque no he podido averiguar su advocación. Junto a él, en el rincón, vemos una escultura de tamaño natural de san Francisco de Asís, tallada por Felipe de Ribas.
Retablo izquierdo de la Capilla Sacramental. 
San Francisco de Asís, representado con las cinco llagas. Llegó a procesionar por las calles de la feligresía.
Lado de la Epístola, visto desde la Capilla Sacramental.
Coro y sotocoro, observados desde el mismo lugar.
La última capilla contiene un óleo de gran tamaño y lastimoso estado de conservación, en el que se representa una Virgen sentada con el Niño sobre sus rodillas (¿quizá la Virgen de Consolación?).
Última capilla del lado del Evangelio.
Finalmente, del muro a los pies de la nave, en el lado del Evangelio, cuelga un Crucificado de tamaño natural con la advocación del Cristo de la Buena Muerte. Se trata de una talla de principios del siglo XVIII encargada por una cofradía de esa época llamada Vía Sacra. Aunque algunos lo atribuyen a Juan de Mesa, la verdad es que presenta varias características que no concuerdan con su estilo.
Cristo de la Buena Muerte.
Cristo de la Buena Muerte. Detalle.
Vista de la iglesia desde los pies del lado del Evangelio.
Con la vista del Cristo hemos terminado la visita a esta iglesia. La imagino en sus buenos momentos, bien mantenida, con sus retablos y capillas completos, los frescos en buen estado y, sobre todo, limpia. Porque a este templo no solo le faltan las manos de las imágenes de su fachada, sino que necesita una buena mano de pintura exterior e interior, la restauración integral de las pinturas de paredes, techos y bóveda, así como la de algunas efigies como el Nazareno, la presentación de las imágenes como debe ser y, especialmente, mostrar las imágenes que faltan, como el Ecce-Homo atribuido a Gaspar de la Cueva o a Fernando de Ocampo (tan parecido al Nazareno del Silencio), el retablo del arcángel san Gabriel, de Fernando de Medinilla. Algún rótulo también ayudaría a saber qué se está contemplando y un poco más de luz ya sería el colmo.

En fin, una pena que un monumento como este se descuide tanto “por quien corresponda” y llegue a presentar un estado tan lamentable.

No hay impedimento para personas con movilidad reducida, siempre que se abra la puerta exterior para salvar el resalte del vano de entrada.