Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

martes, 5 de mayo de 2015

Utrera. Iglesia Parroquial de Santa María de la Mesa, -II. Nave de la Epístola y Retablo Mayor.

Comenzamos la vista al interior atravesando de la Puerta de la Epístola (la del Evangelio también está abierta para los fieles) y, vemos que se trata de un templo de grandes dimensiones, construido en ladrillo, cantería y mampostería, con cinco naves, la central de mayor altura, con seis tramos y crucero. Los arcos son apuntados, se apoyan sobre pilares poligonales y sostienen las bóvedas de crucería sexpartitas.

La iglesia vista desde el coro.
El crucero a su vez se cubre con una cúpula de media naranja sobre pechinas, mientras que la Capilla Mayor y los brazos del transepto lo hacen con bóvedas de cañón.
Vista del transepto desde el lado de la Epístola.
Bóvedas y pilares del templo.
Iniciamos el recorrido por los pies de la nave de la Epístola, para ir posteriormente girando en sentido contrario a las agujas del reloj. La Capilla Sacramental es nuestra primera parada. Está dividida en dos salas; en la frontal se sitúa un altar de estilo neoclásico con una talla moderna del Corazón de Jesús, bajo el que vamos una pequeña imagen de la Virgen con el Niño, de advocación desconocida. Aparecen también figuras de la Inmaculada, Santa Gema Galgani y dos ángeles.
Retablo del Sagrado Corazón.
Imágenes del retablo del Sagrado Corazón.
La otra sala luce un retablo barroco tardío, del siglo XVIII, presidido por una Inmaculada tallada por Francisco Sánchez en 1.744. Está acompañada por San Fernando (que ha perdido el orbe y la espada) y San Roque, en tanto que en el remate del retablo vemos esculturas de San José con el Niño y dos santas coronadas, seguramente Santa Isabel de Hungría y Santa Isabel de Portugal. Procede del colegio de la Compañía de Jesús, tras la expulsión de la misma en 1.767.
Retablo de la Inmaculada.
De izquierda a derecha: San Fernando, Inmaculada y San Roque.
San Fernando.
Inmaculada.
San Roque (el perro ha ido por el pan).
Remate del retablo.
Ángel lampadario, de excelente factura.
Se cubre esta capilla con una bóveda gallonada con lunetos, apoyada sobre pechinas, todo ello decorado con pinturas murales.
Cúpula de la Capilla Sacramental.
El primer retablo de la nave de la Epístola nos muestra una imagen de la Virgen con el Niño, de estilo gótico, cuya advocación no he sido capaz de averiguar. Se presenta en un retablo neoclásico, similar al del Sagrado Corazón, con los arcángeles Miguel y Rafael a los lados y San Antonio con el Niño en el ático.
Retablo desconocido.
Arcángel San Miguel.
Arcángel San Rafael.
San Antonio de Padua.
Frente al retablo, colocado ante el muro lateral del coro, vemos un sencillo altar sobre el que podemos observar las tallas de Nuestra Señora de los Ángeles en su Soledad, San Juan Evangelista y Santa María Magdalena que, junto con María Santísima de la Piedad, procesionan en Semana Santa formando parte de la Hermandad de la Quinta Angustia. La imagen de la Virgen de los Ángeles es obra moderna, de 1.996, del imaginero sevillano Juan González Ventura, sustituyendo otra talla del mismo autor.
Nuestra Señora de los Ángeles en su Soledad, Santa María Magdalena y San Juan Evangelista, titulares de la Hermandad de la Quinta Angustia.
Nuestra Señora de los Ángeles en su Soledad.
Pintura sobre la entrada de la Epístola. ¿Quizá el martirio de San Estratón?
Volvemos al muro de la Epístola y, pasando ante la puerta por la que hemos accedido, llegaremos ante, precisamente, el retablo de María Santísima de la Piedad en su Quinta Angustia. Se trata de un retablo del siglo XVII, con ático añadido en el XVIII, siglo en el que fue reformado profundamente por Diego Roldán de Serrallonga (nieto de Pedro Roldán), tras llegar a la iglesia desde el colegio jesuita de San Francisco, donde recibía culto bajo la advocación de Nuestra Señora de la Buena Muerte. El conjunto de la Piedad (la Virgen, San Juan y María Magdalena) es obra anónima de la escuela granadina del siglo XVII.
Retablo de María Santísima de la Piedad en su Quinta Angustia. 
María Santísima de la Piedad.
Consta actualmente de banco, un cuerpo de tres calles separadas por columnas salomónicas y el ático antes mencionado, con un relieve policromado de la Santísima Trinidad.
Banco del retablo.
Relieves del banco del retablo.
San Juan Bautista.
Santa María Magdalena.
Santísima Trinidad, en el ático del retablo.

La última de esta nave de la Epístola es la Capilla de las Ánimas. De planta cuadrada y bóveda semiesférica sobre pechinas, está presidida por un retablo de 1.896, realizado por Francisco Escamilla Rodríguez aprovechando restos de uno más antiguo, del que formaba parte el relieve de la Santísima Trinidad rescatando las Ánimas del Purgatorio.
Capilla de las Ánimas.
La Santísima Trinidad rescatando las ánimas del Purgatorio.
Imágenes presentes en la Capilla de las Ánimas.
Tenebrario para el Oficio de Tinieblas.
En las cuatro últimas fotografías vemos, con dificultad, las pinturas que adornan muros y bóveda de la Capilla de las Ánimas.
La cabecera de la nave colateral de este lado de la Epístola está ocupada por el retablo de Cristo atado a la columna. Es de estilo rococó, realizado en madera en su color, sin dorar. La imagen principal, atribuida hasta hace poco a  Francisco Antonio Ruiz Gijón, es muy probablemente del hispalense Benito Hita del Castillo, del año 1.760, así como el resto de figuras y relieves que componen el retablo: Santa María Magdalena, San Juan Evangelista, cuatro ángeles pasionarios, Santa María Egipcíaca (en el manifestador), la Verónica (en el ático) y relieves de San Jerónimo y Santa Bárbara.
Retablo de Cristo atado a la columna. 
Cristo atado a la columna. Benito Hita del Castillo, 1.760.
La Verónica ocupa el ético del retablo.
San Juan Bautista y, sobre él, relieve de San Jerónimo.
Santa María Magdalena. Sobre ella se encuentra (no se ve en la toma), el relieve de Santa Bárbara.
Santa María Egipcíaca ocupa el manifestador del retablo.
En la cabecera de la nave colateral de este lado de la Epístola se dispone el retablo de la Virgen del Rosario. En el banco aparecen escenas talladas de la Entrada en Jerusalén, el Traslado al sepulcro y el Prendimiento. En las calles laterales, San Sebastián, San Roque, San Benito, la Imposición casulla a San Ildefonso, San Diego de Alcalá y la Anunciación.
Retablo de la Virgen del Rosario.
La Virgen del Rosario, flanqueada por San Sebastián y San Roque.
Remate del retablo.
Pintura en el muro lateral.
Hemos llegado ante el Retablo Mayor. Iniciado en 1.609 por Pedro de Carranza, José Tazón y Francisco de Ocampo, es continuado desde 1.634 por Luis de Figueroa y finalizado por Martín Moreno en 1.662, siendo dorado años después por Francisco Ballesteros.
Retablo Mayor, visto desde la Capilla de la Virgen del Dulce Nombre.

La calle central del Altar Mayor, dedicado a la Asunción de la Virgen, representa tres escenas la subida a los cielos de Santa María, desde lo terrenal hasta su coronación por la Trinidad, en el ático del retablo. Además vemos la representación del martirio de los santos locales Estratón (despedazado) y Artemidoro (quemado vivo), acompañados por San Pedro y San Pablo.
Banco y primer cuerpo del retablo.
Segundo cuerpo y ático.
La Inmaculada preside el retablo.
Preciosa la cúpula y los arcos torales del presbiterio. Lástima.
Desgraciadamente, lo de ver es un decir, ya que siempre que he visitado el templo ha estado sumido en una oscuridad casi total, aunque sobre este y otros temas delicados hablaré al final de las entradas correspondientes a esta iglesia.

Imposible el acceso a este templo para personas con movilidad reducida.