Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

viernes, 6 de junio de 2014

Reales Alcázares de Sevilla, -VII. Los Jardines Viejos.

En su origen, el Real Alcázar era una fortaleza a cuyo alrededor existían huertas para aprovisionamiento de sus moradores. Con el tiempo y la disminución de las amenazas bélicas, las huertas se fueron transformando en jardines-patios a escala más pequeña, siempre en íntima conexión con la arquitectura del lugar y época.
Inicio de la visita a los Jardines Viejos.
En Sevilla, y por extensión, en España, no existe un estilo determinado de jardines, como sí sucede en cambio con Francia, Italia o Inglaterra. Los espacios ajardinados del Alcázar han ido evolucionando a lo largo de sus más de diez siglos de existencia, tomando forma según modas pasajeras o según los deseos del mandamás de turno. Felipe II, en particular, sentía pasión por los jardines de su palacio en Sevilla y comenzó la transformación de las viejas huertas musulmanas en modernos jardines de influencia italiana manierista. Un proceso que continuó hasta la desaparición prácticamente total de las huertas. Es por ello que, en mi opinión, se puede considerar al conjunto de estos espacios ajardinados como una muestra arqueológico-vegetal (si se me permite el "palabro") de la Historia de la Botánica entre los siglos XI y XX.

Los pequeños jardines hispano-musulmanes que rodean perimetralmente los palacios son los más antiguos, y por ello, se les denomina "jardines viejos". Se encuentran siempre conectados entre sí, incluso de manera arquitectónica, como si se tratase de estancias normales del conjunto, solo que sin techo. Están profundamente enraizados en la sensibilidad oriental, otorgando el protagonismo principal al agua, en la que los reflejos arquitectónicos aparecen en movimiento. 
El primero de los Jardines Viejos.
En la actualidad, los jardines del Alcázar ocupan una superficie de 60.000 metros cuadrados y albergan más de 170 especies vegetales diferentes. Se pueden considerar divididos en dos partes, separadas por la Galería de Grutescos: Huerta de la Alcoba (derecha) y Huerta del Retiro (izquierda). La Huerta del Retiro constaría de los Jardines de los Poetas y del Marqués de la Vega Inclán, mientras que la antigua Huerta de la Alcoba se subdivide en jardines viejos y jardines nuevos, que especifico más adelante. 
Antigua Huerta de la Alcoba, vista desde la Galería de Grutescos.
Antigua Huerta del Retiro, desde el mismo lugar.
En esta entrada de hoy vamos a recorrer los jardines viejos, es decir, los más antiguos y, por tanto, más cercanos a los Palacios Mudéjar y Gótico. Son seis en total: del Príncipe, de las Flores, de la Galera, de Troya, de la Danza y de Mercurio. Están separados de los jardines nuevos, que se construyeron sobre la antigua Huerta de la Alcoba por un muro, que dispone de diferentes puertas de comunicación entre los diversos espacios.
Puerta de comunicación entre el Patio del Asistente y el Jardín del Príncipe, desde fuera.
Comenzaremos por el Jardín del Príncipe, al que podemos llegar desde el Patio del Asistente por la puerta que ya hemos visto anteriormente o a través del Cuarto del Príncipe del Palacio Mudéjar, que recorreremos más tarde.
Se trata de un espacio ajardinado dividido en cuatro bloques, delimitados con setos de mirto y con una pequeña fuente de mármol blanco en el centro. En la fachada de la derecha hay dispuestas una hilera de columnas con sus bases y capiteles, cuya única función es ornamental, y en la izquierda podemos admirar la compensada galería diseñada por Lorenzo de Oviedo, de finales del siglo XVI. Al frente, la ya comentada galería de separación con el Jardín de las Flores.
Vista general del Jardín del Príncipe.
Fuente central del jardín, con perímetro hexagonal que se repite a menudo en los jardines.
Su nombre procede del nacimiento, en el vecino Cuarto de la Reina, del príncipe Juan, primer hijo varón de los Reyes Católicos, tristemente fallecido a los diecinueve años. El trazado es de crucero y tiene una plantación heterogénea donde coexisten palmera, ciprés, magnolio, granado, naranjo y diversos arbustos, todo distribuido irregularmente dentro de cada cuadrante.
Galería del Palacio Mudéjar que delimita el Jardín del Príncipe. Al fondo a la izquierda está la puerta de comunicación con el Cuarto del Príncipe.
Reformado posteriormente por Carlos I, recibe un mayor impulso en tiempos de Felipe II (fachada, corredor, galerías alta y baja) y Felipe III (solería, fuente, ornamentación). En la época de los últimos Austrias, Felipe IV y Carlos II, se realizan los últimos cambios significativos en la morfología del jardín.
Hilera de columnas en el lado derecho del Jardín del Príncipe.
La configuración actual tiene que ver con la intervención realizada en la década de 1.970 por  el arquitecto Rafael Manzano. Entre sus obras destaca la galería de separación entre el Jardín del Príncipe y el Jardín de las Flores.
Dos vistas de la galería que separa el Jardín del Príncipe del Jardín de las Flores, que le sigue, llevada a cabo bajo la dirección de Rafael Manzano.
El antiguo Jardín de los Puercos era un corral arrendado a particulares que cultivaban la Huerta de la Alcoba. Se convirtió en jardín en 1.576, durante el reinado de Felipe II, adquiriendo el nombre de Jardín de las Flores.
Jardín de las Flores, visto desde la galería de separación. 
Cuando, procedentes del Jardín del Príncipe, pasamos bajo la galería, podremos ver a nuestra derecha una hornacina, en la que se expone un busto que se cree representa a Carlos I; esta estructura ocupa el lugar en el que se encontraba la Gruta Vieja, usualmente atribuida a Vermondo Resta.
Muro derecho del Jardín de las Flores, con el busto de Carlos I.
Zona frontal del jardín.
En el centro no puede faltar la fuente de mármol blanco, manierista del siglo XVII, y a nuestra izquierda, una antigua alberca, transformada en estanque, con restaurados azulejos renacentistas y adornos de grutescos. Presenta un nicho de medio punto cubierto en su interior con piedra de risco. 
Estanque del antiguo Jardín de los Puercos.
A la izquierda de la fuente central, un arco (en realidad es medio arco), nos comunica con el siguiente espacio ajardinado, rodeando la esquina del edificio.
Comunicación entre el Jardín de las Flores y el de la Galera.
El nombre de Jardín de la Galera tiene su origen en los setos de mirto que adornaban este lugar, recortados en forma de galeras, que se cañoneaban unas a otras mediante chorros de agua; el artificio ya no existe hoy en día. Una pérgola con pedestales decorados con relieves renacentistas comunica este espacio con el Salón de Embajadores del Palacio Mudéjar.
Esta galería exterior del Palacio Mudéjar conecta los jardines de la Galera, Troya y la Danza.
Seguimos esta galería y, descendiendo una escalinata se llega a la parte baja del jardín, donde es protagonista una columna de mármol blanco, colocada a modo de homenaje en 1.991, con la siguiente inscripción: 
La Ciudad de Sevilla a su Rey poeta
Almutamid Ibn Abbad
en el IX centenario de su triste destierro.
7 septiembre de 1091
Rachab 384
Sevilla 1991.

Columna homenaje a Almutamid, el rey poeta.

Continuando nuestro recorrido en línea recta (es decir, paralelo al Palacio Mudéjar, que queda a nuestra izquierda), ya sea por la galería del Palacio Mudéjar o por el camino que interconecta los jardines, llegamos al Jardín de Troya.
El Jardín de Troya, visto desde la galería.
Tiene una fuente en el centro cuya taza es de origen musulmán, del siglo X, con caños en forma de cabeza de león. La galera rústica adornada con grutescos que cierra este jardín fue realizada en estilo manierista por el arquitecto milanés Vermondo Resta en 1.606, siguiendo la moda renacentista de la época. Resta es considerado como uno de los principales introductores del Renacentismo manierista en España. Fue maestro de obras, tanto del arzobispado como del Alcázar, llegando a trabajar para Felipe II, Felipe III y Felipe IV.
Fuente musulmana del Jardín de Troya.
Si bajamos desde la galería, podemos ver el camino que une estos jardines y la parte alta de Palacio Mudéjar:
Jardín de Troya. Al fondo, el Jardín de la Galera.
Galería del Palacio Mudéjar.
Parte alta del edificio.
Continuamos en línea recta y accedemos al Jardín de la Danza.
Con dos niveles, el inferior muestra en su centro una pequeña fuente de taza hexagonal con adorno central de bronce. Altos setos recortados en forma de arcos se arriman al muro de separación de los jardines nuevos en tanto que, bajo el Palacio Gótico, un arco escarzano nos conducirá al frescor de los Baños de María de Padilla.
Vista general del Jardín de la Danza. Al fondo, el Estanque de Mercurio y la Galería de Grutescos.
Arcos vegetales lucen en el Jardín de la Danza. Al fondo de esta última fotografía, podemos ver el balcón de la Sala de las Bóvedas  del Palacio Gótico.
Fuente del Jardín de la Danza.
Entrada a los Baños de María de Padilla.
Se trata, en realidad, de una sala subterránea, situada bajo el Salón del Techo de Carlos I y el Patio del Crucero del Palacio Gótico. Está dotada de un alargado estanque central, con bóvedas de crucería y abundantes pinturas murales renacentistas cuya restauración está a punto de terminarse. Cuando uno lo visita en día de calor, se explica el por qué de su existencia, que no es otro que la diferencia de 10-12 grados centígrados de temperatura con el exterior. El pasaje de acceso tiene habitaciones a ambos lados que, en su época, servirían seguramente de bodega o fresquera. 
Uno de los túneles laterales de los baños.
Estas salas son el resultado de la intervención del arquitecto militar Sebastián van der Borcht tras los graves daños sufridos en el antiguo patio almohade a consecuencia del terremoto de Lisboa de 1.755. Como podemos colegir, estamos hablando de cuatro siglos de diferencia, lo que nos lleva a la conclusión que relacionar este lugar con la Padilla no es más que una leyenda, seguramente surgida en época romántica, muy dada a este tipo sucesos.
Baños de María de Padilla.
Quiero partir una lanza desde estas líneas en favor de doña María de Padilla, mujer injustamente tratada tanto en su época como posteriormente por la Historia en general. 
Según crónicas de la época, era María de Padilla mujer “muy fermosa, e de buen entendimiento e pequeña de cuerpo”. Pedro I la conoció en el verano de 1.352 cuando iba de expedición a Asturias para luchar contra su hermanastro Enrique de Trastámara y desde entonces convivió con ella, con los paréntesis que a continuación veremos. 
En 1.353 el rey se casó en Valladolid con Blanca de Borbón, enlace que ya estaba pactado por Juan Alfonso de Alburquerque, favorito del rey, en connivencia con María de Portugal, la reina madre, pero sin el beneplácito de Pedro, quien mantiene su relación con María de Padilla. A los tres días de la boda, abandona a su esposa, al conocer que ésta ha mantenido amoríos durante el viaje desde Francia a Valladolid con su hermanastro Fadrique y, sobre todo, que la dote pactada no puede ser pagada. Tras lo cual se reúne nuevamente con su amante, María de Padilla, la cual ya le ha dado una hija, Beatriz. 
El rey aleja a Blanca de Borbón y la instala y retiene en Medina del Campo, junto a la reina madre. 
Bóveda de crucería de los baños.
Deseoso de un hijo varón, obliga a que declaren nulo su matrimonio, pero en vez de casarse con María de Padilla, lo hace con Juana de Castro, mujer de grandes ambiciones, que se vieron truncadas en gran parte, debido al aviso, en la misma noche de bodas del levantamiento de Enrique de Trastámara y don Fadrique en Badajoz. El rey nunca volvió con doña Juana que, sin embargo, le dio un hijo (notable puntería la de don Pedro) que, a la postre, sería nombrado sucesor del trono. La paternidad del rey, sin embargo, ofrece numerosas dudas, debido a que en los documentos históricos que así lo afirman aparecen numerosos tachados y raspados. 
Recreación de doña María de Padilla. Siglo XIX.
En 1.361 el rey traslada a Blanca de Borbón hasta Medina Sidonia, lugar en el que muere a los 22 años. Una versión dice que por enfermedad (nada más llegar había pedido a los monjes de San Francisco, de Jerez de la Frontera, un lugar para ser enterrada); otros dicen que fue asesinada por orden del rey Pedro para eliminar una conspiradora y coronar reina a María, lo que es poco verosímil, pues esta (que ya le ha dado cuatro hijos) había muerto poco antes en su residencia de Astudillo, posiblemente víctima de la peste. 
Pedro I la lloró mucho (a buena hora, mangas verdes) porque, en definitiva, fue su único y permanente amor. Tanto es así que un año después, en Cortes celebradas en Sevilla declaró ante los nobles que su primera y única esposa (“matrimonio por palabras”) había sido María de Padilla, y que los posteriores enlaces no podían tener validez. El arzobispo de Toledo así lo ratificó declarando nulos los dos matrimonios, declarándola reina y legitimando su descendencia, con lo que se trasladó su cuerpo a la cripta de la Capilla Real de la Catedral de Sevilla, donde también está enterrado el rey, y declarando heredero a Alonso (que fallecería siendo niño) en lugar de al infante Juan, hijo de Juana de Castro. 
Durante todo su reinado, Pedro I estuvo en continuo conflicto con sus hermanastros Enrique de Trastámara, Fadrique y Tello, que eran apoyados por su propia madre, María de Portugal, y por la alta nobleza. Y estos fueron, además de la propia doña Blanca, los principales enemigos de María de Padilla, que encontraron en ella un blanco al que dirigir sus ataques contra el rey. Se la acusó de brujería, de recurrir a las artes nigrománticas para mantener al rey a su lado, de influir sobre él para que se cebara con sus enemigos y, finalmente, del asesinato de Blanca de Borbón (cuando como hemos dicho doña María falleció antes que Blanca, aunque en el mismo año). 
Capilla Real de la Catedral de Sevilla, en cuya cripta están enterrados 
tanto Pedro I como María de Padilla.
En realidad, la pobre María de Padilla era una mujer profundamente enamorada del rey don Pedro, un “pichabrava” y pendenciero, al que aguantó lo que ninguna otra mujer hubiera soportado. Cuando el rey volvía de los encuentros con sus otras mujeres, ya fueran alguna de sus esposas o cualquiera de sus muchas amantes (fijas como Aldonza Coronel u ocasionales), siempre le recibía con agrado, sin reproches y dispuesta a lo que el monarca deseara. Influyó en él todo lo que pudo para que perdonara o redujera el castigo de sus enemigos apresados y, salvo en estos casos, nunca se mezcló en política o asuntos de Estado. Cuando don Pedro se casó en segundas nupcias con Juana de Castro, en vez de unirse a los rebeldes y sublevar ciudades, pide al Papa permiso (que obtiene, tan mala no sería) para fundar el monasterio de Santa Clara, en Astudillo; sin embargo, cuando el rey abandona a doña Juana y la reclama, lo deja todo para volver junto a él. 
Dio a don Pedro cuatro hijos, un niño y tres niñas, y dedicó los mejores años de su vida, desde que lo conoció en 1.352 hasta su muerte en 1.361, a estar junto a él, incluso cuando el rey faltaba.
Terminado este inciso, continuamos el paseo.
Nos queda el tramo más elevado de este Jardín de la Danza. Situado junto al Estanque de Mercurio, está presidido por dos columnas sobre las que se colocaron sendas esculturas mitológicas que representaban una ninfa y un sátiro. Estas figuras, que ya no existen, junto con las que estuvieron recortadas por los jardineros en los setos de arrayanes, parecían danzar, dieron nombre al jardín.
Columnas del Jardín de la Danza.
Continuamos camino y subimos la escalera doble que nos conduce a la última parte de esta entrada, que no es otra que la visita al Estanque de Mercurio.
El Estanque de Mercurio, visto de día y de noche.
La espectacularidad le viene del permanente caño de agua que, desde una altura de más de diez metros, cae en el amplio estanque. El centro del mismo está presidido por la figura del dios Mercurio, realizada por Diego de Pesquera y fundida por Bartolomé Morel en 1.576, autores también de las barandas rematadas en sus ángulos de leones con escudos y de las dieciocho bolas con remates piramidales que rodean el estanque. Delimita el estanque por el lado izquierdo la Galería del Grutesco para cuya construcción se aprovechó un antiguo lienzo de muralla almohade y de la que hablaré más adelante.
Estanque de Mercurio, en cuyas aguas, teñidas de azul, se rodaron varias escenas de la quinta temporada de la serie Juego de Tronos (Game of Thrones).
Imagen del dios Mercurio, realizada por Diego de Pesquera y fundida por Bartolomé Morel en 1.576.
El agua procedía antiguamente de los Caños de Carmona.
Adorno de la barandilla del estanque.
Con el Estanque de Mercurio hemos terminado por hoy. El próximo día seguiremos con otros jardines. 


El recorrido es difícil para personas con movilidad reducida, debido al desnivel que existe entre diferentes zonas, lo que obliga a bajar o subir tramos de 5 - 6 escalones.