Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

miércoles, 4 de junio de 2014

Reales Alcázares de Sevilla, -VI. El Palacio Alto o Cuarto Real Alto.

Regresando hasta el Patio de la Montería podremos visitar el Palacio Alto, cuya escalera de acceso dejamos atrás en el capítulo anterior. Esta zona del Alcázar es la que ocupa la realeza cuando se encuentra de visita por Sevilla o incluso viviendo en ella durante largas temporadas, como era el caso de Felipe V, Fernando VII e Isabel II.
Escalera de acceso al Palacio Alto.

Artesonado de la escalera.
Farol de la escalera.
La escalera muestra en el zócalo los escudos de León y Castilla, así como la leyenda Plus Ultra.
La escalera es un primer lugar de parada. Construida durante el reinado de Felipe II, posee un espléndido artesonado, estando decorada por zócalo de azulejos en los que se repite constantemente la imagen de los escudos de Castilla y León y la leyenda Plus Ultra.
Ya en la galería superior, una sorpresa. Junto a un chaflán de la pared, en el lado derecho, en el que se encuentra un retablo de San Cristóbal, está un vigilante jurado con un escáner a su lado. Le pregunto sobre la visita y me remite al Patio de la Montería, más concretamente al lado de la escalera de subida, donde hay un señor sentado ante una mesa que me especifica lo siguiente: la gestión de la visita al Palacio Alto, prohibida desde 1.999, se ha encargado a una empresa privada, Sevilla Eventours siglo XXI, s.l., que garantiza la seguridad en visitas de quince personas, que deben pagar 4,50 euros, aparte del importe de la entrada general (recordemos 9,50 euros). Por supuesto, los exentos de pago de la entrada general sí tienen que pagar estos 4,50 € extra.
Retablo de San Cristóbal.
Aquí es donde me rechinan los dientes. ¿El Palacio Alto no es propiedad municipal, como el resto del Alcázar o aquí quien manda es Patrimonio Nacional?¿Por qué tantas medidas de seguridad: escáner de pertenencias a la entrada, no salir de la alfombra gris, no fotos, no vídeo, no objetos punzantes, dos guardias a la cola del grupo para que nadie quede rezagado y "vamos rapidito que detrás viene más gente"? ¿Por qué los guardias de seguridad son tan bordes, sobre todo con las señoras?¿Por qué contratar una empresa privada para un servicio que debería prestar el Ayuntamiento? Ah, que es más barato que contratar personal propio. Estupendo, dando ejemplo, como debe ser.
Don Vicente Carranza, mecenas de la colección.
Pasado el cabreo, como no quiero dejar atrás ninguna parte del Alcázar, apoquino la entrada y espero la formación del grupo. Entretanto le doy un vistazo a la colección de cerámica Carranza, que se expone en varios cuartos de esta galería alta que, por cierto, (hoy estoy quejica) es una pena que tenga todos los vidrios de las cerradas ventanas translúcidos o vitrificados, lo que impide hacer fotografía alguna del Patio de la Montería desde la galería alta.
La persona de don Vicente Carranza, propietario de la colección, bien se merece unas líneas (qué digo unas líneas, la Espasa entera). Nacido en 1.928 en Daimiel (Ciudad Real), con catorce años llegó a la capital de España, donde comenzó su afán coleccionista de diversos objetos, que cristalizó en la tarea de recopilar ejemplares de cerámica de las zonas más reputadas de España: Manises, Cataluña, Talavera, Lisboa y, por supuesto, Sevilla.
Cerámica sevillana expuesta en la colección permanente del Palacio de Santa Cruz, en Toledo.
Dedicado profesionalmente a la cerámica aplicada a la construcción, recorre incesantemente en sus ratos libres los mercados populares del Rastro (Madrid), el Jueves (Sevilla) o Las Pulgas (París), así como anticuarios e incluso casas particulares.
Resultado de toda esta actividad es la Colección Carranza, una de las notables (si no la más) de los conjuntos cerámicos nacionales del siglo XX, con exposiciones permanentes en el Museo Comarcal de Daimiel, el Palacio de Santa Cruz (Toledo) y esta de los Reales Alcázares de Sevilla, que lleva por nombre "Miguel Ángel Carranza García" en homenaje a su hijo, prematuramente fallecido a los 38 años.
Además, aportó piezas al Centro de la Cerámica de Triana, aunque aquí se topó con la Administración Pública (léase Ayuntamiento), que de las 70 obras inicialmente previstas, tan solo expondrá 21, al modificar el proyecto inicial. Este episodio, unido a la denegación por enésima vez de la apertura de una cuarta sala en los Alcázares (que está vacía y sin uso), ha provocado que don Vicente se haya desvinculado de cualquier actividad municipal, hasta el punto de que no acudirá a la inauguración del museo. Habrán notado que hablo en tiempo futuro; no es un error, ya que la apertura, prevista para 2.012, se ha ido aplazando sucesivamente y a fecha de junio de 2.014 todavía no hay día definitivo (no sé por qué, pero me estoy acordando de la iglesia de San Luis de los Franceses).
Entrada a la Colección Miguel Ángel Carranza García.
El Alcázar acoge la exposición permanente de 171 piezas de la colección Carranza desde diciembre de 2.010. Se trata de la colección de cerámica más importante del país (por cantidad y calidad de las piezas, datadas entre los siglos XII y XVIII) y está valorada en más de un millón de euros. Se encuentra repartida por tres salas de esta galería alta, bajo la supervisión de Alfonso Pleguezuelo, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla y experto en cerámicas, y la colaboración del arquitecto Guillermo Vázquez Consuegra.
En la Sala 1, 'Los azulejos de la Sevilla mudéjar', se muestran los mosaicos de Roma, los tejidos murales de Bizancio y la costumbre de los pueblos nómadas de revestir sus jaimas con esteras, tejidos y alfombras, viejas tradiciones heredadas por al-Andalus que están en el origen del hábito de la arquitectura andaluza de cubrir pavimentos, paredes y techos con cerámicas llenas de brillo y color.

Azulejos para techos.
Por su parte, en la Sala 2, 'Dorados de Triana', la tradición musulmana se percibe en la técnica decorativa el carácter geométrico de sus motivos y el uso de la loza dorada. La raíz gótica es evidente en los temas figurativos de origen textil y la influencia renacentista se identifica en numerosos patrones estéticos traídos a Sevilla desde Italia por Niculoso Francisco Pisano hacia 1.500.
Finalmente, en la Sala 3, 'Un mundo de devotos y galantes', se aprecian los importantes cambios introducidos en el período barroco. Los tejidos, como fuente de inspiración, son sustituidos pinturas religiosas y profanas.
Vía Crucis del siglo XVI.
Artesonado con tirantes de una de las salas.
Desgraciadamente, en el momento de visitar la Colección Carranza no estaba en mi mejor momento y no he recogido su contenido como debiera. Prometo volver y actualizarlo.
Ya en el interior del recorrido "de pago", como no se pueden realizar fotografías en esta zona y en la red no existe prácticamente ninguna, me limito ya a exponer lo visto y a ilustrarlo con fotos procedentes de la página web del Patronato, sin saber exactamente a qué sala pertenecen concretamente muchas de las imágenes.
Incluyo a continuación un plano de la planta alta elaborado por mí con tan escasas referencias, lo que, unido al tiempo que hace que visité estas salas, hace que aconseje que no se siga al pie de la letra, sino como una guía aproximada.
Las habitaciones conocidas como el Palacio Alto o el Cuarto Real Alto, ocupa la planta superior del flanco derecho del Patio de la Montería, además de la planta alta del Palacio del rey don Pedro. En el recorrido me voy a fijar sobre todo en las cubiertas de las distintas salas, que son, con mucho, lo más interesante del conjunto (mención aparte del oratorio de Niculoso Pisano).
Tras su presentación y las instrucciones pertinentes, el guía nos enseña la primera estancia, situada justo al coronar la escalera, en el lado derecho. Es el Vestíbulo o Saleta de la reina Isabel la Católica (1), cubierta con una rica armadura apeinazada (los elementos que la forman van ensamblados, sin usar clavos), con tirantes del siglo XV, decorada con escudos de Castilla y León y la leyenda "Tanto monta, monta tanto".
¿Vestíbulo?
Armadura del Vestíbulo.
El Anteoratorio de Isabel la Católica (2) se encuentra a la derecha del Vestíbulo y tiene la peculiaridad de poseer la única cubierta ochavada del Palacio Alto, en tanto que la de la habitación colindante, el Antecomedor de Gala (5) es de forma cuadrada, con los ángulos reforzados mediante cuadrales.
Cubierta del Anteoratorio, la única de forma ochavada del Palacio Alta.
Estas tres habitaciones constituyeron originalmente las habitaciones de la Reina.
A continuación viene el Oratorio de los Reyes Católicos (3), con un altar realizado en azulejo por Niculoso Francisco Pisano en 1.504. En él se representa La visita de la Virgen a su prima Santa Isabel.

Oratorio de los Reyes Católicos, una de las pocas obras de Niculoso Francisco Pisano que se conservan en la península.
El Comedor del Gala (6) nos recibe con el frescor del aire acondicionado (es la única sala del Palacio Alto con este artilugio). Construido en 1.594, es muy luminoso gracias a las tres entradas de luz que hay en el techo, tiene las paredes cubiertas con enormes tapices del siglo XVII, que muestran escenas de El Quijote, realizados en Bruselas por los Van der Goten. Iluminan la estancia tres lámparas de cristal de Murano. El comedor fue utilizado como tal por última vez en el año 2.000. Se trata de la única sala del Palacio Alto que está cubierta por un techo plano, realizado en 1.876, sin que haya quedado dibujo alguno de cómo era anteriormente. En el comedor se sitúa uno de los cuatro balcones que se abren al Salón de Embajadores de la planta baja del Palacio Mudéjar.
Comedor de Gala. Es la única sala del Palacio Alto sin armadura mudéjar.
En el interior del Comedor se abren dos puertas en el muro izquierdo,  que dan paso a los Salones de Fumar (5) y de Billar (6), situados a izquierda y derecha respectivamente del mencionado balcón, los cuales, a su vez, disponen de sendos balcones al Salón de Embajadores.
Las dos piezas están cubiertas por dos magníficas armaduras cuya construcción se atribuye a Martín de Infante en la última década del siglo XVI, por lo tanto durante el reinado de Felipe II. A este maestro se deben todas las techumbres que se encuentran en la zona de poniente del palacio.
La armadura que cubre la Sala de Fumar (5) tiene forma curvada, con casetones octogonales que al unirse forman rombos y pequeños cuadrados y que se decoran mediante motivos florales. Todo el conjunto descansa sobre un ancho friso, también de madera y con el mismo tipo de decoración.
La Sala de Billar (6) queda cubierta por otro alfarje de artesones dispuestos en retícula, que alternan casetones cuadrados con decoración geométrica y otros de menor tamaño en los que se incluyen temas florales. Nuevamente todo el conjunto descansa sobre un friso de profusa decoración.
El artesonado de la Sala de Billar, recientemente restaurado.
El artesonado ha sido restaurado muy recientemente (abril de 2.012) por Inmaculada Rodríguez López, consiguiendo un magnífico resultado. Durante los trabajos se encontraron en el camaranchón de la sala primitivas pinturas ornamentales de la época de Pedro I. En ellas podemos apreciar los colores almagras, sienas y negros propios de la época, que representan leones rampantes, escudos de la banda, castillos y banda epigráfica, de una calidad digna del espacio que cubrían. Su estudio arqueológico pasó a manos de Miguel Ángel Tabales.
Restos de primitivas pinturas mudéjares.
A la derecha, y en paralelo al Antecomedor y el Comedor de Gala se sitúa el Corredor del Príncipe, una galería cubierta, con vistas a los Jardines del Príncipe, que se terminó en 1.592 con el fin de unir los aposentos del rey y la reina, situados en extremos opuestos del edificio. Se trata de un artesonado en el que los casetones se distribuyen mediante retícula cuadrada y que poseen una sencilla decoración geométrica.
Corredor del Príncipe.
Tanto este corredor como el Comedor de Gala desembocan en una habitación cuadrada, situada en la esquina del Jardín de la Galera, que se conoce con el nombre de Retrete del Rey (9), por motivos obvios. También posee un artesonado notable. Posteriormente, a finales del XVIII se destinó a ser usado como habitaciones para la alta servidumbre.
Artesonado del Retrete del Rey.
La sala contigua es el actual Antecomedor de familia (10), antiguo Cuarto del Rey, que junto con el resto de las salas que lo flanquean, y en particular la sala siguiente, llamada Comedor de Familia (11), constituían el llamado Cuarto Nuevo, reformado en el siglo XVI con el fin de hacer más confortables los inviernos sevillanos.
Techo del Antecomedor de Familia.
Techo del Comedor de Familia.
¿Comedor de Familia?
Si seguimos nuestro recorrido por la planta alta del palacio llegamos al Mirador de los Reyes Católicos (12), situado a una cota superior a la del resto de estancias, ya que carece de espacio practicable (camaranchón) entre la cubierta final del edificio y la armadura que lo cubre. Con visible influencia granadina, y realizado en los años posteriores a 1.492, ofrece una de las mejores vistas de todo el Alcázar; domina el Patio de las Doncellas por un lado y los jardines del recinto por otro. En época de Carlos V sufrió una importante renovación, en la que se tapiaron los vanos que constituían los miradores y se instalaba un techo de madera más bajo. Finalmente, se recuperó el aspecto original en la intervención dirigida por Rafael Manzano en 1.977.
¿Mirador de los Reyes Católicos?
Armadura del Mirador de los Reyes Católicos. Siglo XV.
Por último, en el ángulo suroeste del palacio se encuentra una de las dos estancias más antiguas de la planta alta del palacio, construidas junto con el resto por orden de Pedro I en el siglo XIV llamada Dormitorio del Rey Don Pedro (13), antiguo Cuarto de los Lagartos y que en origen tenía dos alcobas, una de ellas eliminada para construir el anterior Mirador. El motivo de su edificación fue que la planta baja era demasiado fría y húmeda, por lo que don Pedro, al casarse con doña María de Padilla, quiso tener unas habitaciones en planta alta, más abrigadas del frío invernal que perjudicaba a su esposa. Sus paredes lucen yeserías de estuco policromado, con zócalos de azulejos entrelazados en la parte baja. Una de las inscripciones, nos traduce el guía: "Alá guarde a Pedro sultán de Castilla, Alá le conceda la victoria".
Todas estas salas que forman parte del ala sur del palacio que da a los jardines están cubiertas por armaduras apeinazadas con una rica decoración de lazo que han sufrido importantes transformaciones a lo largo del tiempo.
Cruzamos el corredor del patio de las Doncellas y llegamos al despacho oficial de don Juan Carlos I (¿o ahora es de Felipe VI?), que podemos mirar desde la puerta.
La Cámara de Audiencias es la sala más atrayente y suntuosa del Cuarto Alto; junto con el Dormitorio del Rey Don Pedro, es el único resto que queda del Palacio Mudéjar original. Las columnas son de mármol rosa, blanco, negro, todas rematadas con capiteles califales. Los adornos están realizados en yeso y los zócalos están alicatados y el techo formando un lazo. 
Cámara de Audiencias.
A la derecha de la Cámara de Audiencias se encuentra la Alcoba de Isabel II, desde cuya puerta (no se puede pasar) podemos ver que se trata de una sala cuadrada, con un artesonado en su techo del siglo XV y todos sus muros tapizados. Llaman la atención las dos esculturas talladas en madera del Niño Jesús. 
Ya hemos regresado al punto de partida (en realidad hemos trazado un círculo, o mejor dicho, un cuadrado) y recuperamos nuestras pertenencias de las taquillas. Me despido del “amable” guarda y bajo hacia el patio, en busca de aire puro y libertad. Qué largos se me han hecho estos veinte minutos de olor a polvo y sabor a rancio.

Mi consejo: ahorrarse los 4,50 euros y el tiempo empleado en visitar el Palacio Alto y pasar a visitar otras zonas de este magnífico monumento que es el Alcázar.