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lunes, 2 de junio de 2014

Reales Alcázares de Sevilla, -V. Los patios interiores.

Desde la Sala de los Abanicos en la que terminamos la anterior parte de la visita, una puerta nos conduce al Patio del Cuarto Militar, de estilo renacentista; un espacio porticado en tres de sus lados, de dos plantas de altura, estando protegida la superior con ventanas provistas de vidrios y con una fuente de mármol octogonal en el centro. La otra entrada a este patio no es otra que la puerta que se abre al Patio del León, frente a la Sala de Justicia, ya nombrada en la primera entrada.



Patio del Cuarto Militar.
Entrada a dicho patio desde el Pato del León.
Salimos por ella y regresamos hasta el Patio de la Montería. En la esquina del fondo, a la derecha, pasadas la puerta de entrada al Cuarto del Almirante y la escalera de subida al Cuarto Real o Palacio Alto, veremos un pasillo que nos comunicará con una serie de patios interiores. A este mismo lugar se puede llegar desde la Sala de los Abanicos. 
Corredor de acceso a los patios interiores.
El origen de estos patios fue la necesidad de adecuar una vivienda digna para el entonces Alcaide, Pablo de Olavide, en el siglo XVIII. El citado Olavide organizó aquí una importante tertulia literaria, introduciendo en Andalucía las luces de la Ilustración. Un primer patio, de pequeño tamaño (apenas un pasillo ensanchado) nos conduce al Patio del Asistente.
Escudo municipal en el pequeño patio de entrada.
Placa en recuerdo de Pablo de Olavide, situada en el mismo lugar.
El Patio del Asistente, de tradición castellana (cosa rara por estas tierras), está realizado casi completamente en madera (tan solo son de mármol las columnas de la planta inferior), con columnas alrededor de un patio central, que forman las galerías sobre las que se asientan las dependencias del primer piso. Acoge hoy, junto con dos pequeñas salas aledañas, una colección de azulejos sevillanos de los siglos XV a XX, entre los que destaca una obra renacentista de la escasa producción del italiano Niculoso Pisano. 
Imágenes del Patio del Asistente.
El Patio del Asistente se comunica con el Jardín del Príncipe a través de esta puerta, que unas veces está abierta al público y otras cerrada.
Y cruzando esta otra pasaremos a las dos salas con la exposición de azulejos.
Azulejos de todo tipo se exponen en las salas: de arista para techo 
(con decoración renacentista, mudéjar o isabelina), para zócalos 
(usando técnicas de arista, cuerda seca o plana pintada), etc.
El Patio de los Levíes es el segundo en nuestro camino. Recibe tal nombre por la galería de cuatro arcos de medio punto colocados sobre columnas y pilastras renacentistas, proveniente de la Casa de los Levíes, sita en la judería sevillana, junto a la iglesia de San Bartolomé, y lugar de nacimiento de don Miguel Mañara. En el lateral izquierdo del patio se conserva un panel barroco de azulejos que representa a la Inmaculada. Un estrecho estanque vemos en el centro y una fuente al fondo, pegada al muro almenado, escoltada por columnas de mármol blanco con capiteles de orden jónico.
Patio de los Levíes, visto desde su galería.
Galería del patio.
El arco de la esquina nos comunica con el Patio de Joaquín Romero Murube.
Retablo cerámico de la Inmaculada. Anónimo, siglo XVII.
Cortesía de www.retabloceramico.net.
Otro detalle del Patio de los Levíes.
La arcada vista desde el arco.
El último de los patios interiores es el Patio de Joaquín Romero Murube quien, además de insigne escritor y articulista de la Generación del 27, fue conservador del Alcázar entre los años 1.934 y 1.969. 
"A Joaquín Romero Murube, que dedicó su vida y su poesía a estos Reales Alcázares".
El estilo del conjunto es típico sevillano del XIX, con dos arriates en los laterales y un banco revestido de azulejos al frente, flanqueado con dos columnas de mármol rosado con capiteles compuestos y otro gran capitel del mismo material y estilo a modo de mesa. Una placa de mármol sobre la pared recuerda al titular del patio.

El arco, desde el otro lado.
Llegados a este punto, no hay continuación. Deberemos escoger regresar al Patio del Asistente y comenzar la visita a los jardines a través la puerta vista antes que comunica el patio con el Jardín del Príncipe o volver hasta el Patio de la Montería y elegir entre visitar el Palacio Alto o entrar al Palacio Mudéjar. Pero eso será otro día.




Gran parte del recorrido no presenta obstáculos para personas de movilidad reducida, aunque a veces hay salvar uno o dos escalones entre un patio y otro.