Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

viernes, 13 de junio de 2014

Reales Alcázares de Sevilla, -IX. Los jardines de la Huerta del Retiro.

Le toca el turno hoy a los jardines que se diseñaron en terrenos de la Huerta del Retiro. Son los más modernos del conjunto y los de mayor tamaño.
Comenzamos el recorrido retrocediendo desde el Cenador del León hasta la fuente situada junto a la muralla en la que giramos antes para visitar los cenadores. Seguiremos el camino paralelo al muro de separación entre los jardines del Alcázar y los de Murillo. En él se pueden observar los eucaliptos más grandes que he conocido jamás, con varios ejemplares que sobrepasan holgadamente el metro de diámetro, mientras que a la izquierda desembocan diversos caminos que proceden del Jardín de los Poetas. Los recorreremos más tarde.


La muralla me exige girar de nuevo unos noventa grados. Estoy recorriendo, por su interior, la calle de unión entre el Paseo Catalina de Ribera y el Callejón del Agua, recientemente bautizada con el nombre de Antonio el bailarín. A la derecha hay gran número de columnas con sus correspondientes capiteles adornando el paseo, todas diferentes y, a la izquierda, nuevas y rectilíneas calles se dirigen al interior de los jardines.
Al otro lado de este tramo de muralla se encuentra la calle Antonio el Bailarín.
Algunos de los capiteles de las numerosas columnas que adornan este tramo.
Cuando alcanzo el interior de la esquina del muro con el Callejón del Agua, se pueden apreciar claramente los diferentes estratos de la misma, correspondientes, supongo, a épocas en que el suelo estaba más bajo que en la actualidad. Continúo camino, observando detalles como el torreón o las antiguas conducciones de agua empotradas en la misma muralla. Incluso los aseos instalados en este lugar se encuentran perfectamente integrados en el conjunto.
Al otro lado de este tramo se encuentra el Callejón del Agua.
Antiguas tuberías romanas y árabes.
Edificio de la cafetería, que siempre he encontrado cerrada. No será rentable, seguramente.
Entrada a los servicios.
Este camino de regreso por el interior del muro del Callejón del Agua, nos lleva ante la espectacular Puerta del Palacio de los duques de Arcos, más conocida como Puerta de Marchena. Fue construida por Juan Guas en 1.492 formando parte del Palacio de los Duques de Arcos, en Marchena (Sevilla) pasando a ser propiedad, a partir del siglo XVII, del duque de Osuna.
Puerta de Marchena, recién restaurada.
Se trata de una magnífica portada de estilo gótico final, con elementos renacentistas abundando los motivos heráldicos,  con las armas de los Ponce de León a la izquierda y de los Figueroa y Fernández de Córdoba en el lado derecho.  La portada, que originalmente no daba acceso a ninguna estancia de la casa sino a un patio apeadero (como era costumbre en la época), sufrió una modificación en la década de 1.540-1.550, en la que añadió la reja de la parte superior y las figuras de salvajes que portan escudos con armas heráldicas señalando el nuevo linaje propietario del señorío.
Aquí la vemos en solitario.
 ¿Y cómo fue a parar una portada de un palacio marchenero al Alcázar de Sevilla? La respuesta es sencilla: por dinero. En 1.882, cuando fallece don Mariano Téllez Girón, duque de Osuna, con unas deudas que sumaban los 43 millones de pesetas de la época, los acreedores se lanzan como aves de rapiña sobre uno de los mayores patrimonios nobiliarios que aún quedaban en España. La portada fue adquirida por el rey Alfonso XIII quien, en subasta pública, ejerció su derecho de retracto, por mediación del marqués de  marqués de la Vega Inclán, frente al magnate de la prensa estadounidense William Randolph Hearst. La portada fue desmontanda pieza a pieza y vuelta a armar en su destino definitivo: el Alcázar de Sevilla. El importe de toda la operación fue de 8.850 pesetas, incluidos los gastos de desmontaje y embalaje.
A este mismo palacio de los duques de Arcos pertenecía igualmente el artesonado y los frisos de la escalera del Palacio de la condesa de Lebrija, según vimos en la anterior visita que realizamos a este último.
Los salvajes que escoltan la puerta portan los escudos de armas de los Ponce de León, los Figueroa y los Fernández de Córdoba.
Ante la puerta de Marchena vamos a iniciar la visita de los dos jardines que conforman la antigua Huerta del Retiro: el Jardín del marqués de la Vega Inclán (el más cercano a la Galería de Grutescos) y el Jardin de los Poetas, al fondo. 
El Jardín del marqués de la Vega Inclán se trazó siendo conservador del Alcázar el marqués de la Vega Inclán por parte del arquitecto José Gómez Millán, a principios del siglo XX. Es de clara influencia hispano-árabe y francesa, diseñado en forma de tablero de ajedrez, con parterres casi cuadrados separados por calles ortogonales. Fuentes, pedestales con jarrones, bancos con azulejos de Triana decoran los diferentes rincones.
La Puerta de Marchena desde el Jardín del marqués de la Vega Inclán.
Si nos colocamos de espaldas a la Puerta de Marchena (sin atravesarla), se puede ver un rinconcito que frecuentemente pasa desapercibido. Una corta pérgola y, pegados a una de las torres, un banco y un pequeño retablo cerámico, forman este íntimo y fresco espacio. El azulejo representa a San Fiacre, Patrón de los jardineros, tal y como nos indica el mismo azulejo. 
Rincón de San Fiacre.
Como no he oído hablar en mi vida de dicho santo, rebusco un poco, a ver qué encuentro. Resulta que Fiacre vivió en el siglo VI; hijo del rey de Escocia, recibió una esmerada educación, aunque desde pequeño le atraía profundamente el mundo espiritual. Marchó, pues, a Francia, donde le fue cedido un terreno por el obispo de Meaux. Funda un convento dedicado a la Virgen María y pronto adquiere fama de santidad, recibiendo peregrinos de todo el entorno, hasta el punto de que el obispo le cede nuevos terrenos. Al parecer realizó numerosos milagros, tanto en vida como después de fallecido. Muy dotado para la jardinería y los cultivos es, como hemos comentado, Patrón de los jardineros.
Retablo cerámico del santo jardinero.
Así se ve la Puerta de Marchena desde este rincón.
Visitado San Fiacre podemos observar justo enfrente y pegado a la Galería de Grutescos, un estanque con un surtidor que sale de la boca de lo que parece un león que sostiene un escudo heráldico; desgraciadamente, el desgaste es tan acusado que no se pueden precisar detalles.
Estanque junto a la Puerta de Marchena.
La desgastada figura de un león alimenta esta antigua alberca musulmana.
Seguimos por este camino paralelo a la galería y llegamos ante un merendero circular, cubierto por una pérgola sostenida por numerosas columnas de granito con basas y capiteles. Cuatro bancos metálicos completan el mobiliario de este lugar en el que se ubicaba una antigua noria musulmana. Desde aquí podemos ver el camino central que atraviesa el jardín.
Camino de la pérgola circular.
En este lugar existía antes una noria de los tiempos moros.
Bajamos del merendero y tomamos el camino situado bajo él, por cuyo centro discurre uno de los típicos canalillos con que los musulmanes adornaban sus jardines. 
Imágenes del Jardín del marqués de la Vega Inclán.
En la siguiente fotografía, tomada desde la Galería de Grutescos podemos observar los dos estanques con la fuente entre ellos (procedente de un convento de Sanlúcar de Barrameda) y una glorieta al fondo, cuya línea constituye la separación entre los Jardines del marqués de la Vega Inclán (a la izquierda) y el de los Poetas (a la derecha, en la zona más próxima a la muralla de separación con los Jardines de Murillo).
La línea formada por los dos estanques, la fuente entre ellos y la glorieta que se ve al fondo (más la que hay debajo de nosotros, que no se ve en esta foto) constituye la separación entre el Jardín del marqués de la Vega Inclán (los que están a la izquierda) y el Jardín de los Poetas (a la derecha).

El Jardín de los Poetas es el más moderno de todo el conjunto. Diseñado por Joaquín Romero Murube, fue creado entre 1.956 y 1.958. Una parte del jardín, la más cercana al muro, sigue los cánones estéticos de los jardines románticos, en tanto que la zona central es de estilo francés, con setos recortados que acotan espacios rectangulares y caminos con trazados geométricos. 
Jardín de los Poetas.
Uno de los estanques.
Esta fuente pertenecía a un convento de Sanlúcar de Barrameda.
Las dos glorietas situadas en los extremos del eje central de la antigua Huerta del Retiro.
Un rincón más del Jardín de los Poetas.
Terminamos aquí el recorrido de los jardines exteriores de los Alcázares, aunque aún nos quedan un par de ellos en el interior. 

El recorrido presenta algunos escalones, por lo que la circulación de personas con movilidad reducida puede verse dificultada en ciertos lugares concretos.