Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

domingo, 4 de mayo de 2014

Carmona. Las Casas-Palacio de la ciudad, -I.

En las siguientes entradas vamos a pasar revista a las diferentes casas-palacio que salpican la ciudad de Carmona como signo de su rico pasado. Algunos de estos nobles edificios han sido mostrados ya en estas páginas a lo largo de nuestro deambular por la localidad, así que cuando lleguemos a ellos nos limitaremos a recordarlos, deteniéndonos, en lo posible, en aquellos que no hayamos observado hasta ahora. Hago esta apostilla porque algunos son de propiedad privada (unos habitados y otros no) y no se pueden visitar.
Casa-Palacio de los Domínguez,
actual Biblioteca Pública y Archivo Municipal de la ciudad.
La arquitectura señorial ocupa, junto con la de carácter religioso, un importante papel en los edificios carmonenses. Se tiene constancia, aunque no descripción, de una serie de casas señoriales con fachadas monumentales en el siglo XVI que, desgraciadamente, no han llegado hasta nuestros días: las de Ruy Gutiérrez de Hinestrosa, la de Gonzalo de Andino (donada al convento Madre de Dios), o las de Diego Farfán, Antonio Barba de la Vega, María Gómez de Castroverde y el marqués de Saltillo (esta última reconvertida en pisos y apartamentos).
Ninguna de las portadas se conserva (queda un resto en la de los Saltillo), aunque la distribución interior, con zaguán o apeadero a la entrada y patio central alrededor del que se organizan las estancias de la casa sigue existiendo, con los añadidos que con el paso del tiempo se han ido produciendo.
Actual uso del Palacio de los Domínguez.
La estética de los palacios de Carmona cambia radicalmente con la llegada a la ciudad, en 1.687, de Leonardo de Figueroa. El famoso arquitecto valenciano realizó una reforma total de la Casa de los Rueda, interviniendo profundamente en fachada, escaleras, ornamentación y bóvedas vaídas. Es indiscutible el parentesco del lugar con el Hospital de los Venerables, obra del mismo autor. Parece que se inspiró en una serie de diseños arquitectónicos realizados entre 1.662 y 1.663, firmados por D. Z., atribuidos según diferentes y eruditas opiniones a Diego de Zúñiga, Diego Ortiz de Zúñiga, un descendiente de Miguel de Zumárraga, a los hermanos Ribas o a su maestro, el mismísimo Alonso Cano.
A partir de entonces, el resto de casas solariegas siguen similar esquema, con ricas fachadas de esquema clásico, de amplio balcón sobre la portada y numerosos elementos barrocos de adorno, que advertían de la posición social de los habitantes del inmueble.
La mayoría de los edificios se encuentran en la zona “noble” de la ciudad, alrededor de la Prioral de Santa María. De todas formas, si dejamos el coche en el aparcamiento de la Puerta de Sevilla, podremos comenzar por el más apartado, ya visto en estas páginas, que es la Casa-Palacio de los Domínguez.
Para dirigirnos a ella cruzaremos la Puerta de Sevilla y, al llegar a la esquina de San Bartolomé (apenas unos metros) la rodearemos por la derecha, tomando la calle Domínguez de la Haza. A una cincuentena de metros ya distinguiremos la característica fachada del palacio.
Portada del Palacio de los Domínguez.
Es de estilo barroco y se construyó en el siglo XVIII, sobre el solar resultante del derribo de una serie de casas preexistentes. Actualmente es la sede de la Biblioteca y del Archivo Municipal de Carmona. Se sitúa en esquina, con dos frentes muy distintos: uno de ellos muy alargado en el que se abren la portada y diez grandes ventanales, y el otro, mucho menor, completamente ciego. Sin duda lo más destacable es la decoración geométrica de la fachada. 
La portada de acceso es de ladrillo tallado, dividida en dos cuerpos con una altura total igual a la del resto del edificio. Cada uno de los dos cuerpos de esta portada centra un hueco de fachada, en ambos casos adintelado y enmarcado entre pilastras. El hueco de la planta superior se corona con un vuelo curvo a modo de frontón, en cuyo tímpano campea el escudo familiar de los Domínguez.
Vista del palacio desde el otro lado de la calle.
En su interior llama la atención el jardín central, rodeado por tres plantas de arcos (y no dos, que es lo habitual), sostenidos por columnas de mármol.
A continuación, seguiremos por la calle Domínguez de la Haza, dejando la iglesia del Salvador a nuestra izquierda, todo recto hasta llegar, una vez pasada la Plaza de Cristo Rey, a la calle Ramón y Cajal (antigua del Palomar), en la que se encuentran dos casas-palacio, la una enfrente de la otra.
La Casa de los Briones es la actual sede en Carmona de la Universidad Pablo de Olavide. Se trata, pues, de un edificio privado, pero pidiendo permiso sobre la marcha no ponen inconveniente alguno en que pases a los patios y el pequeño jardín. Estamos, pues, en un edificio heredado a lo largo de los siglos y con una amplia historia entre sus muros. 
Sencilla fachada de la Casa de los Briones.
La casa se abre a la calle a través de un patio sin zaguán y con un muro de tapial almenado en el que se percibe la primitiva y austera entrada a la edificación. Llama la atención la ausencia de una portada, ya fuese barroca, con frontones partidos, pilastras o un amplio balcón como la casa del Marqués de las Torres (Museo de la Ciudad). En cualquier caso, la portada es la forma más evidente de mostrar la condición social y económica de sus moradores.
El edificio, visto desde el jardín delantero.
Espacialmente no responde al prototipo de la casa palacio carmonense. Ya la entrada, sin portada monumental, ni balcón en su fachada, es atípica en su sobriedad. A través de ella accedemos a un jardín-apeadero con suelo de albero y brocal de pozo; al fondo, la edificación construida. La entrada al edificio se resuelve con un arco conopial, típico de la época de los Reyes Católicos.
La entrada al edificio se realiza a través de un arco conopial.
El arco, visto desde dentro.
Heredera de una tradición constructiva con siglos de experiencia a sus espaldas, el edificio está perfectamente acondicionado para afrontar el calor del verano. Dispone de anchos muros de tapial que retienen la temperatura interior, tejados a dos aguas con cámaras aislantes y pocos huecos al exterior para no perder la temperatura. 
El ancho pasillo nos conduce hacia el patio principal.
Hacia la mitad del pasillo, a nuestra derecha, veremos un patio de luz.
Las cubiertas son de vigas de madera con tablazón de barro, con algunas bóvedas de piedra en espacios nobles, heredadas del siglo XVIII.
Cubierta del pasillo.
El patio de planta cuadrada cuenta con tres lados abiertos a galerías delimitadas mediante arcos de medio punto sobre columnas de mármol blanco en las dos plantas. Los capiteles, llamados “de castañetas”, nos permiten fechar la construcción de este patio en los alrededores del siglo XVI. La planta actual del edificio, consecuencia de la adición de fincas colindantes al  primitivo edificio da lugar a pequeños patios y espacios variados. 
Imágenes del patio principal.
Dos de las galerías de dicho patio.
La escalera arranca de la galería del patio principal y vuelve a llamar la atención la falta de protagonismo de dicho elemento que, junto con el patio y la fachada, son los símbolos que marcan el estatus social de sus moradores. Construida al más austero estilo mudéjar con solería de ladrillo y baranda de madera, su forma está bien alejada de la majestuosidad de otras escaleras barrocas de las casas palacios de Carmona. Como en otros casos, el descansillo se corona con una pintura mariana, en este caso la Virgen de Guadalupe, enmarcada por yeserías, única concesión al adorno dentro de la austeridad del conjunto.
Imágenes de la escalera del recinto, presidida por la Virgen de Guadalupe. La ausencia de mármoles en su construcción refuerza la imagen de austeridad del conjunto.
La mayoría de las solerías de la casa están realizadas, como era costumbre en la ciudad, con ladrillos de barro, en este caso dispuestos a la palma. En el patio se combinan con alisares del siglo XVIII y azulejos más modernos, dando más vistosidad y colorido al espacio. En el apeadero, en cambio, se han colocado de canto, en espiga, con el fin de resistir mejor el paso de carruajes y caballerías.
La rejería entra dentro de la tónica general carmonense; en su mayoría se trata de rejas ‘de cuadradillo’, en algunos casos con decoración de remaches que nos indicarían una antigüedad entre los siglos XVI y XVII.
Arco de entrada al jardín lateral, desde ambos lados.
Jardín lateral.
A la derecha vemos otro de los patios del edificio.
Macetero.
Se supone que se trata de un edificio mudéjar, levantado a fines del XV- principios del XVI, con posteriores aunque leves reformas, quizás en el siglo XVIII, que es cuando se realizan las bóvedas de los salones. Podríamos decir que el interés de esta casa es que carece de importantes reformas barrocas. De esta forma, la construcción nos muestra su desnudez y la austeridad de sus materiales mudéjares: barro, tierra, madera, piedra y cal, a la vez que no posee los elementos de adorno del resto de las casas palacios.
No hay que ir muy lejos para nuestra próxima visita, ya que, justo enfrente de la Casa de los Briones, en la misma calle Ramón y Cajal, se sitúa la Casa-Palacio del marqués de San Martín.
El palacio del marqués de San Martín, visto desde el jardín de la Casa de los Briones. 
Con este edificio me asalta una duda persistente. Según unas fuentes, el palacio ha pertenecido a la familia del marqués de Caltojar desde la conquista de la villa por Fernando III de Castilla. En cambio, otros escritos me indican que fue la familia de los Ramírez de Baquedano, procedente de Navarra, la que ostentaba el título del marquesado de San Martín al asentarse en la Carmona en el siglo XVII, consiguiendo Diego cambiar el título de marqués de San Martín por el de marqués de Andía en 1.687. En cualquier caso, indico las dos posibilidades con el fin que alguien versado en la materia me pueda despejar la incógnita.
En respuesta a esta petición, una amable lectora, Rosa de Briones y Botella, me envía un comentario que reproduzco íntegramente, y que aclara la historia del palacio y sus habitantes:

La Casa-Palacio del Marqués de San Martín fue, desde 1553 hasta 1849, la Casa Solar de la dinastía Briones, de Carmona.
En efecto, don Lázaro de Briones y Mallén, natural de Marchena, compró este palacio, de estilo mudéjar y más pequeño que el edificio actual, en 1553, al instalarse en Carmona, donde celebró matrimonio con doña Leonor de Quintanilla y Marmolejo.
El matrimonio constituyó Mayorazgo, uniendo indisolublemente este palacio a todas las otras propiedades (fincas de cultivo, molinos, talleres, etc.), estableciendo que esta vivienda fuera la Casa Solar de la familia y la obligación para el primogénito, que heredaba el Mayorazgo, de habitar en ella.
Posteriormente se fue ampliando con nuevas estancias, construidas alrededor de un patio central, hasta contar con siete patios, razón por la cual esta Casa-Palacio es también conocida popularmente como la "Casa de los Siete Patios".
El escudo de armas que figura en la parte superior del dintel de la puerta principal es el que el rey Felipe II concedió a don Lázaro de Briones y Mallén, por las gestas heroicas cumplidas en la conquista de Perú.
Portada principal de la casa del marqués de San Martín.
De todas maneras, esta edificación es una de las más interesantes de la ciudad, arquitectónicamente hablando,  ya que ha mantenido a lo largo de los años casi intacta su fisonomía original, únicamente reformada en la decoración de la entrada. La Casa Palacio, de origen indudablemente musulmán, cuenta con dos espacios bien diferenciados: por un lado la casa de campo, con cuadras, cobertizos y típico patio mudéjar y, por otro, la casa de los señores, con varios salones tales como los llamados Salón Azul y el Salón Rojo, ambos decorados al estilo isabelino con paneles y moquetas importados de Francia. En la estructura arquitectónica se conservan vestigios árabes, romanos y mudéjares.
Fachada de la casa-palacio.
La portada es barroca, construida enteramente con ladrillo rojo, adintelada entre pilastras. Al no haber frontón (sencillamente no cabe), el escudo de armas se sitúa directamente sobre el dintel. Sobre el vano aparece una cornisa sostenida por canecillos y, encima un balcón, flanqueado por dos pilastras y techado con un tejaroz. Asimismo existe un tercer cuerpo con una columna geminada con una columna de mármol blanco como parteluz que demuestra el pasado musulmán del conjunto.
Segundo cuerpo de la fachada y mirador.
Escudo nobiliario de los Briones que, en algún momento, debieron ser propietarios del edificio.
Si nos colocamos de frente a la fachada y giramos noventa grados a la izquierda, seguiremos por la calle Ramón y Cajal frente a cuyo final, en la calle General Freire, número 3, se encuentra la Casa-Palacio de don Alonso Bernal Escamilla, conocida popularmente por “La Casa de las Cadenas”. Antes, habremos visto en el recodo a noventa grados que hace la calle, lo que queda de la fachada de otra casa noble.
Resto de portada noble en la calle Ramón y Cajal.
Fachada de la llamada Casa de las Cadenas de Carmona.
La presencia de cadenas en la fachada de una casa o un templo puede tener varios significados: uno de ellos, muy común en Castilla, es indicar que en ese lugar se ha pagado rescate para la liberación de cristianos prisioneros de piratas berberiscos, mostrando tantas cadenas como rescates se hayan pagado; es el caso del monasterio de San Juan de los Reyes, de Toledo, que mostramos seguidamente. La otra es haber servido de acomodo a un monarca durante un viaje; así ocurre en esta casa-palacio que nos ocupa (en ella durmió Felipe IV y su hermano el infante don Carlos en 1.624), y de otras muchas, como la Casa Vizarrón, del Puerto de Santa María (Felipe V y su esposa, Isabel de Farnesio) o la Casa de los Chaves-Orellana, en Trujillo (Felipe II). Finalmente, la presencia de cadenas en la fachada podía significar que el rey de turno había concedido derecho de asilo a los habitantes del inmueble (la justicia local carecía de potestad en su interior, pasando a depender directamente de la justicia del rey), como es el caso de la Casa de los Zárate, en Toledo (actual Museo de Arte Contemporáneo) o la Casa-Palacio del marqués de Vargas, en Aguilar de la Frontera. Todos estos privilegios fueron derogados en 1.812 con la entrada en vigor de la Constitución de Cádiz.
Casa de los Chaves Orellana (Casa de las Cadenas) en Trujillo, Cáceres.
Monasterio de San Juan de los Reyes, en Toledo. Cada tramo de cadena simboliza, en este caso, el pago del rescate para la liberación de otros tantos cristianos prisioneros de las tropas berberiscas.
Casa de las Cadenas (de los Zárate) también en Toledo, actual sede del Museo de Arte Contemporáneo.
La Casa de las Cadenas de Carmona, de buen tamaño, consta de dos plantas, organizadas en su interior alrededor de un gran patio central cuadrado. Su origen es medieval, aunque fue reformado profundamente en el siglo XVIII, siguiendo el estilo barroco imperante de la época. La mayor expresión de este estilo la encontramos en la portada, realizada en piedra, con columnas toscanas de fustes estriados que escoltan el vano adintelado y un segundo cuerpo, también con vano rectangular, en el que se sitúa el típico balcón corrido con baranda de forja. Corona el conjunto un frontón compuesto adornado con pináculos en el que campea el escudo de armas de la familia.
Vista lateral de la fachada.
Y aquí desde el lado contrario.
Portada barroca.
Cuerpo superior de la portada.
Según leo en la página de la Oficina de Turismo, el inmueble consta de tres zonas:
- La casa de verano, situada como era costumbre en la planta baja, con seis salones, otras tantas habitaciones, baño, cocina y alacenas.
- La casa de invierno, imagino que con idéntica distribución, en la planta alta.
- La casa de labor, de grandes proporciones, con cobertizos, almacenes, cuadras y alberca, que se situaba en la parte más alejada de la puerta principal.
Se trata de una propiedad privada y, por tanto, no se puede visitar. Hasta aquí hemos llegado con la primera parte de este recorrido. Próximamente lo completaremos.


No hay dificultad para personas de movilidad reducida.