Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

martes, 2 de abril de 2013

Vía Crucis de la Cruz del Campo, -I.


Tal como narraba en la entrada correspondiente al palacio de los duques de Medinaceli (Casa de Pilatos), don Fadrique Enríquez de Ribera, Adelantado Mayor de Castilla, tras regresar de un peregrinaje a Tierra Santa, en el que conoció además diversas ciudades de la península Itálica en pleno apogeo del Renacimiento, amplía y reconstruye el palacio familiar. Además de dotar a éste de las típicas características renacentistas que había contemplado, instauró en 1.521 la celebración de un Santo Vía Crucis que comenzaba en la capilla de las Flagelaciones del propio palacio y terminaba en un pilar situado en la entonces conocida como Huerta de los Ángeles. Constaba de doce Estaciones.
Inicio actual del Vía Crucis a la Cruz del Campo, en la fachada de la Casa de Pilatos.
Don Fadrique, al parecer, había comprobado personalmente que el número de pasos que separaban el pretorio de Pilatos y el monte Calvario era de 1.321, que equivalían a 997 metros actuales, aunque según Google Maps la distancia es de unos dos kilómetros.
Imagen antigua del templete de la Cruz del Campo.
Posteriormente, en el año 1.630, se trasladan tanto el inicio, que pasa a estar en la cruz de mármol situada en la fachada de la Casa de Pilatos, como la finalización de la ceremonia, que pasa a situarse en el cercano  humilladero de la Cruz del Campo. Este lugar había sido construido modestamente, presidido por una cruz de madera, en 1.380 por un grupo de fieles negros pertenecientes a la Hermandad de Nuestra Señora de los Ángeles (Los Negritos), fundada en el siglo XIV por el arzobispo Gonzalo de Mena.  

Fue reconstruido por el asistente Diego de Merlo en 1.482, labrando nueva cruz en piedra, que se cubrió con un hermoso templete mudéjar. La actual cruz de mármol se atribuye a Juan Bautista Vázquez, el Viejo, tallada con las imágenes de Cristo y María en el año 1.571.

Más tarde, en 1.720, se amplía el número de Estaciones de doce a catorce.
Retablo de mármol con cruz del mismo material.
El Vía Crucis a la Cruz del Campo se celebró ininterrumpidamente hasta 1.873, restableciéndose su celebración en 1.957, por los descendientes del marqués de Tarifa, que  forman una Pía Unión junto con catorce cofradías sevillanas. Desde 1.986, tras unos años de decadencia, el Vía Crucis se celebra cada primer viernes del mes de marzo por La Pía Unión en el interior del Palacio, dada la imposibilidad actual de realizar el recorrido original debido al tráfico de la zona.

Hasta el año 1.957, las Estaciones del Vía Crucis estaban señaladas por cruces de madera, siendo sustituidas ese año por retablos cerámicos, algunos de los cuales (cuatro) se conservan, en tanto que otros (la mayoría), han debido ser sustituidos por deterioro.

Estación I. El azulejo representa el misterio de la Sentencia, de la Hermandad de la Macarena.  En un principio, se colocó en 1.959 bajo el balcón principal del palacio, hasta su pérdida en los años ochenta. Tan sólo quedó el texto, partido en varios trozos, que se fijó en su lugar actual, junto al retablo de mármol de la fachada principal.
Estación I. Sentencia de muerte de Jesucristo.
En 1.995 fue repuesto sobre el panel conmemorativo de la restauración de 1.957, en la plaza de Pilatos número 2, residencia de los señores de Pablo Romero, siendo realizado por el ceramista Juan Aragón Cuesta, con taller en calle Águilas.
Azulejo con la historia del Vía Crucis.
En esta esquina aparecen los retablos de las dos primeras Estaciones del Vía Crucis.
Estación II. Situado también en la fachada de la casa de los Pablo Romero, junto a la puerta de la cochera y formando ángulo de noventa grados con el anterior, este retablo cerámico nos presenta a Jesús con la Cruz al hombro, representado por el Cristo del Silencio. Fue pintado por Alfonso Chaves y fabricado por Ramos Rejano, en 1.958.
Estación II. Jesús es cargado con la cruz.

Estación III. En la fachada de la Puerta de la Epístola de la iglesia de san Esteban encontramos el azulejo encontramos la imagen con la Primera Caída de Jesús, mostrada por la figura de Nuestro Padre Jesús de las Penas, de san Vicente. Realizado por Pedro Navia en 1.959, quedó destruido durante la restauración de la iglesia en 1.990, siendo sustituido cinco años más tarde por otro, de Juan Aragón Cuesta.
Azulejo de la Estación III. Vista general.
Estación III. Primera caída de Cristo.
Estación IV. Situado en el arranque de la calle Muro de los Navarros, esquina calle San Esteban, lugar en el que se situaba antiguamente una de las esquinas del desaparecido convento de san Agustín. Fue colocado en 1.959, aunque desapareció posteriormente hasta ser repuesto en 1.995, representando a Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, realizado por  Juan Aragón Cuesta, con taller en la calle Águilas, 25, según se puede leer en el mismo azulejo.
Azulejo de la Estación IV. Vista general.
Estación IV. Encuentro de Jesús con la Virgen.
Estación V. También de Juan Aragón es la cerámica de esta Estación, situada en la calle Luis Montoto, a la altura del número 23. El azulejo original se perdió con la demolición del puente de la Puerta Carmona y edificios colindantes. Se repuso en 1.995 en el mismo lugar aproximado, aunque con la particularidad de que el actual es apaisado en vez de vertical, como el primitivo. Representa la imagen de Nuestro Padre Jesús de Pasión, ayudado por el Cirineo.
Azulejo de la Estación V. Vista general. Es el único que cuenta con antena parabólica (hay que tener poca sensibilidad).
Estación V. El Señor es ayudado por el Cirineo.
Estación VI. Representa a Nuestro Padre Jesús con la Cruz al Hombro, de la Hermandad del Valle, ante la mujer Verónica. Localizado en la fachada de la Epístola de la iglesia de san Benito, es de los pocos azulejos originales que quedan de Pedro Navia, de 1.959.
Azulejo de la Estación VI. Vista general.
Estación VI. Encuentro de Jesús con la Verónica.
Estación VII. El primitivo azulejo de esta Estación estaba situado en la calle Luis Montoto, número 61, portal 2, y representaba a Jesús de las Tres Caídas de la Hermandad de san Isidoro. En los años 70 del siglo pasado desaparece al ser derribado el inmueble, no siendo repuesto hasta el año 95. El nuevo retablo, de Juan Aragón, nos muestra a Nuestro Padre Jesús de la Salud, titular de la Hermandad de la Candelaria.
Azulejo de la Estación VII. Vista general.
Estación VII. Segunda caída del Nazareno.
Estación VIII. El azulejo corresponde a Nuestro Padre Jesús de la Salud, titular de la Hermandad de los Gitanos. El primitivo azulejo fue bendecido en 1.959 en la fachada del antiguo número 91, esquina a calle Céfiro, años más tarde retirado al construirse un bloque de pisos. En 1.986 la Hermandad lo repone sobre la fachada del antiguo Instituto de Puericultura, encargando las cuatro partes de la estación (texto, imagen, escudo y cruz) a Juan Aragón en el taller de calle Águilas. Justo un año después hubo de ser retirado de nuevo por remodelación del edificio, que se convierte en la sede de la Dirección Provincial del SAS, siendo repuesto en 1.988 en perfecto estado de conservación en el mismo lugar, actual número 87 de calle Luis Montoto. Es el único que tiene una cruz pequeña en cerámica sobre el escudo de la Hermandad.
Azulejo de la Estación VIII. Vista general.
Estación VIII. Encuentro de Jesús con las Santas Mujeres.
El azulejo original de 1.959, que se creía perdido, apareció en 1.994 en la Casa de Pilatos, siendo entregado a la Hermandad, que lo restaura, dotándolo de un marco y situándolo en el interior de su Casa de Hermandad, en la calle Socorro, número 10.
Antiguo azulejo de la Estación VIII.
Finalizamos aquí la primera parte del recorrido.

Quiero agradecer muy especialmente las facilidades proporcionadas por los administradores de la página www.retabloceramico.net/ a la que pertenecen todas las fotografías de primeros planos y textos de los azulejos de las catorce estaciones. 

Como no hay que entrar en ningún edificio, las únicas limitaciones están marcadas por las existentes en la vía pública. En general, no he observado ninguna dificultad.