Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

lunes, 22 de abril de 2013

Iglesia del Buen Suceso


La Iglesia conventual del Buen Suceso de la Orden Tercera de los Padres Carmelitas, es el único vestigio que ha llegado a nuestros días del Hospital del Buen Suceso o de Convalecientes. Los orígenes del templo nos remontan a una ermita situada en el barrio de la Morería, en la llamada plazuela de la Castaña. En 1.635 llegan a Sevilla los Hermanos Mínimos, conocidos como los Obregones, (por haber sido fundada la Orden en Madrid por Bernardino de Obregón en 1.567), con la intención de construir un hospital a imagen del madrileño.
Vista general de la iglesia del Buen Suceso.
Cortesía de http://apasomuda.blogspot.com.es/
Entre 1.635 y 1.637 se solicita y consigue el permiso, tanto de la autoridad eclesiástica como de la civil, para edificar el hospital, aunque con la prohibición expresa de pedir limosna para la construcción. Se adquieren unas casas en el barrio de la Morería y se improvisa una capilla en la que venerar a la Virgen del Buen Suceso.
En 1.690 se termina el hospital y se comienza la capilla. En la construcción y exorno del nuevo edificio intervienen nombres ilustres de la ciudad: los Figueroa como arquitectos (Leonardo y Matías José, su hijo), los Roldán (Pedro y su hijo, Marcelino José), que labraron las 24 grandes columnas de mármol rojo de Morón,  José Fernando de Medinilla, autor de los retablos laterales de la iglesia y Domingo Martínez, que pintó los lienzos del retablo mayor y de algunos de los laterales. La iglesia fue bendecida en 1.730, quedando terminada tres años más tarde con la instalación de los altares laterales.
Parte superior de la fachada de la iglesia, con las imágenes del profeta Elías, la Virgen del Carmen y san José, talladas por Darío Hernández (2.006 y 2.007).
Durante la ocupación francesa es ocupado por el ejército invasor y dedicado a hospital militar. Expulsados los franceses, su propiedad vuelve a los Mínimos. Durante el Trienio Liberal (1.820-1.823) es expropiado, aunque durante poco tiempo, apenas un año. En 1.836, en el marco de las desamortizaciones, la Orden pierde definitivamente la propiedad, que es subastada años más tarde y adquirida por un particular, que la fracciona en pequeños solares, desapareciendo todo el conjunto edificado, con excepción de la iglesia.
La imagen de la Virgen del Carmen preside la portada.
Tras un breve paso de los Caballeros Hospitalarios y de las monjas de clausura mercedarias, el templo fue cedido a los carmelitas en 1.890 por el arzobispo Sanz y Forés, firmándose la cesión por el cardenal Spínola en 1.896. La Orden Carmelita había perdido varios templos durante las desamortizaciones, (sobre todo el principal de la calle Baños, que pasó a ser cuartel militar y, actualmente, conservatorio de música), habiéndose quedado sin sede en la ciudad. A su llegada a su nuevo hogar, los carmelitas se traen consigo algunas de las obras de arte que poseían en esos otros templos, lo que explica la presencia de grandes maestros, sobre todo de la escultura, en una iglesia tan pequeña. Más adelante detallaremos las obras.

La portada es característica de los Figueroa,  netamente barroca, de ladrillos desnudos, tal vez inspirada en la iglesia matriz madrileña del Buen Suceso, situada primitivamente en la Puerta del Sol. La fachada está presidida por una hornacina superior con una imagen moldeada en barro cocido, de 1,50 metros de altura, de la Virgen del Carmen. A sus lados está acompañada por san José con el Niño y el profeta Elías, ambas también de barro cocido, aunque algo más pequeñas (1,15 metros). Las tres figuras son modernas (2.006 y 2.007), del escultor e imaginero sevillano  Darío Fernández, aventajado discípulo de Dubé de Luque.
Portada del templo.
Cuando entramos en esta iglesia del Buen Suceso sentimos una sensación parecida a la vivida en la capillita de san José.  El estilo barroco campea sus anchas por los aproximadamente 250 metros cuadrados que componen el templo. Paredes, techos y bóvedas están cubiertos por pinturas en aquellos sitios en los que no hay retablos o lienzos y, sobre todo, llama la atención los seis grupos de cuatro columnas de mármol rojo que sostienen (más que sobradamente) las cubiertas del templo.
Vista general desde los pies de la nave.
Vista general del muro del Evangelio.
Vista general del muro de la Epístola.
Las bóvedas de esta pequeña iglesia son impresionantes.
Colosales las veinticuatro columnas del templo.
Iniciamos el recorrido por el muro de la Epístola, donde encontraremos el retablo de Santa Ana con la Virgen Niña, en el momento de la presentación en el templo (de la Virgen solo se conserva la cabeza original). El grupo escultórico es de Martínez Montañés, de 1.620, y procede del enajenado colegio de san Alberto de Sicilia.
Santa Ana con la Virgen Niña en el momento de la presentación en el templo. Martínez Montañés, 1.620.
Detalle.
A los lados aparecen san José y san Juan de la Cruz.

Le sigue el retablo de santa Teresa de Jesús, realizado en madera tallada, pero sin dorar. Presidido por una efigie de la santa, vestida como Doctora de la Iglesia, tallada por el granadino Alonso Cano en 1.629, fue sufragado por don Francisco de Ortega y doña Sebastiana de Alderete para el Colegio de san Alberto, de donde pasó a su actual emplazamiento, en uno de los retablos construido por Medinilla, entre 1.730 y 1.733.
Retablo de santa Teresa de Jesús, ensamblado por
José Fernando de Medinilla entre 1.730 y 1.733.
La imagen de Santa Teresa, vestida como Doctora de la Iglesia, es de Alonso Cano, de 1.629. 
En el ático se muestra la pintura de La Coronación de la Virgen, de Domingo Martínez.

Desde este punto, que constituye el falso crucero (en realidad la iglesia es rectangular), podemos admirar la bóveda de media naranja, ochavada, sin linterna, que nos presenta una Apoteosis del Carmelo. Podemos ver, en las cuatro pechinas, a san Telesforo, san Cirilo de Alejandría, san Andrés Corsini y san Pedro Tomás, en tanto que en los gajos de la bóveda aparecen santa María Magdalena de Pazzi, san Avertano, beata Juana de Tolosa, san Simón Stock, santa Teresa Margarita Redi, san Juan de la Cruz, santa Teresa de Jesús y san Alberto de Jerusalén.
Bóveda del media naranja del falso crucero, con figuras de santos y beatos carmelitas.
Si prestamos atención al Retablo Mayor, vemos que posee una forma única en nuestra ciudad; dispone de una sola calle, con dos cuerpos y ático, rodeado todo el conjunto por un arco de madera labrada y dorada, en cuya superficie lucen 33 pinturas de Domingo Martínez, que representan  la genealogía de Cristo más tres escenas relacionadas con la historia de la Virgen del Buen Suceso: Los hermanos Obregones peregrinan a Roma, Bendición de la Virgen por el papa Paulo V y Entronización de la Virgen del Bien Suceso en el Hospital de Madrid.
Retablo Mayor.
La distribución está basada (aunque no de forma exacta) en la genealogía de Jesús mostrada en el Evangelio de san Mateo, 1:2-16:

1. Abraham. 2. Isaac. 3. Jacob. 4. Judá. 5. Phares. 6. Esrom y Aram. 7. Aminadab y Naasón. 8. Salomón.       9. Booz. 10. Obed. 11. Isaí. 12. Salomón. 13. Asa. 14. Abías y Roboam. 15. Josafat y Joram. 16. Josías. 17. Jonatham. 18. Ajaz. 19. Ezequías. 20. Manasés. 21. Amón. 22. Salatiel y Zorobabel. 23. Eliaquim y Azor. 24. Arán. 25. Jeconías. 26. Abiud. 27. Sadoc. 28. Aquim. 29 y 29bis. David. 30. Eleazar. 31. Mattám. 32. Jacob. 33. San José.

La Virgen del Carmen preside desde su camarín este retablo. Es obra moderna de Rafael Barbero, que sustituyó a la quemada en los disturbios de 1.931, tallada por Duque Cornejo. También desapareció por el mismo motivo un Crucificado atribuido a Ruiz Gijón.
Virgen del Carmen. Rafael Barbero, 1.945.
En el segundo cuerpo aparece, dentro de una hornacina, la imagen del profeta Elías y, sobre él, en el ático, una pintura representando a san José, que forma parte de la genealogía ejecutada por Domingo Martínez.
Segundo cuerpo y ático del retablo con la bóveda del presbiterio.
De las pinturas murales originales tan solo se conserva la que decora la bóveda de entrada al templo. El resto, incluidas las bóvedas del presbiterio y del falso crucero son de Antonio Rodríguez Gutiérrez, realizadas entre 1.920 y 1.935.
Pinturas de muros y bóvedas.
En lado del Evangelio más cercano al presbiterio se sitúa el retablo de san Alberto de Trapani o de Sicilia, gemelo del frontero dedicado a santa Teresa, pero con terminación dorada, ensamblado igualmente por José Fernando de Medinilla. La talla de san Alberto, de 1,57 metros de altura, está atribuida, según unos a Alonso Cano, en tanto que otros estudiosos piensan que procede del poco conocido Alonso Álvarez de Albarrán, el Mozo; este último sí está confirmado como autor de la imagen en piedra de san Alberto que aún aparece en la portada principal de la iglesia del Colegio, en la calle Luchana. En cualquier caso, está fechada en 1.628 y nos presenta al santo titular del Colegio (de donde procede) con sus atributos habituales: la cruz en una mano y un ramo de azucenas en la otra.
Retablo realizado también por Medinilla, con san Alberto de Sicilia presidiéndolo.
San Alberto de Sicilia, 1.628.. Atribuido a Alonso Cano o
a Alonso Álvarez de Albarrán, 
el Mozo.
En el ático aparece una nueva pintura de Domingo Martínez: La Presentación de la Virgen.

El retablo del Crucificado del Buen Suceso, también de Medinilla, es el último. Actualmente acoge un Crucificado de tamaño menor que el natural (1,55 metros), obra realizada en 1.945 por Rafael Barbero Medina, que sustituye al destruido durante los hechos  antes nombrados de 1.931, que era de Francisco Antonio Ruiz Gijón.
Crucificado del Buen Suceso.
Cristo del Buen Suceso. Rafael Barbero Medina, 1.945.
Detalle.
En este cuerpo central de la nave podemos contemplar abundante iconografía carmelita. Así, en la parte superior de los muros laterales observamos cuatro escenas de la vida del profeta Elías, inspirador y “fundador espiritual” de la Orden Carmelita: Elías y los profetas de Baal, Elías en la gruta del monte Horeb, Elías y la nube del monte Carmelo y Elías alimentado por un ángel. La gran escena en el medallón central de la bóveda baída representan a Elías arrebatado al cielo en un carro de fuego.

En las pechinas de la bóveda aparece la genealogía de san Juan Bautista, considerado como un Elías redivivo: san Joaquín, santa Ana, santa Isabel y san Juan Bautista.
Bóveda del tramo central de la nave, cuya escena central representa al profeta Elías arrebatado al cielo en un carro de fuego.
Finalmente, en la parte inferior de los muros, a los lados de los retablos de santa Ana y del Crucificado del Buen Suceso, vemos dos beatos y dos santas del Carmelo actual: beato Juan Soret, santa Teresa de Lisieux, beato Nuño Álvarez de Pereira y santa Teresa Margarita Redi.

Como comentaba antes, todas estas pinturas son de Antonio Rodríguez Gutiérrez, realizadas entre 1.920 y 1.935.

La Fundación Sevillana Endesa procedió el miércoles 17 de marzo de 2.010 a la iluminación artística de la iglesia del Buen Suceso. El acto lo inició Francisco González Cerezo, más conocido como padre Ambrosio, que agradeció a la Fundación el que escuchara su llamada cuando, siendo él prior, solicitó la ayuda para la iluminación.

Tras sus palabras el templo quedó a oscuras y, con la música de la Coral que participaba en el acto, se fue iluminando por fases. Primero el Sagrario, después el camarín de la Virgen del Carmen, siguiendo el altar mayor y los retablos laterales hasta, poco a poco, completar la iluminación de todo el templo.

Posteriormente fue Francisco Arteaga, Director General de Endesa en Andalucía y Extremadura quien tomó la palabra, para concluir con las del actual prior del Convento, Elías Sánchez Rodríguez. El descubrimiento de una placa marmórea con la fecha de la iluminación artística cerró el acto.

Tras esta, otras intervenciones se llevaran a cabo, incluyéndose la restauración de las imágenes y de las pinturas del Altar Mayor que, junto a las obras de Barbero, Martínez Montañés, Roldán o Alonso Cano, convierten este templo en museo artístico del barroco sevillano. 

Se trata, pues, esta iglesia del Buen Suceso, de una joya del barroco sevillano, con representación de los mejores autores de la época, tanto en arquitectura, como pintura o escultura. Pero, sin lugar a dudas, lo mejor de esta visita ha sido conocido a don Francisco González Cerezo, más conocido por Padre Ambrosio, antiguo prior del convento, que se encontraba terminando de oficiar la Santa Misa en el momento en que llegué. Fue entonces cuando me dispuse a realizar las fotografías que ilustran esta entrada; en ello estaba cuando se apagaron las luces: era el padre Ambrosio que procedía a cerrar la iglesia, creyendo que a se encontraba solo. Al percatarse de mi presencia cámara en ristre, no solo me volvió a iluminar el templo, sino que cerró las puertas de la iglesia y me acompañó durante la toma de imágenes, en tanto que me explicaba quién era el autor de cada obra o la historia de los Carmelitas en Sevilla, desde sus orígenes sevillanos en el convento Casa Grande del Carmen (actual Conservatorio de Música, en la calle Baños) en tiempos de Pedro I, hasta el día de hoy. Después me acompañó hasta la salida por una puerta lateral.
Imágenes del Conservatorio de Música, antiguo convento Casa Grande del Carmen.
Muchas veces he criticado desde la pequeña ventana que es este blog la actitud, tanto de las instituciones eclesiásticas como de personas que se encuentran a cargo de iglesias y conventos, de obstaculizar cualquier uso que no se relacione con las actividades litúrgicas. Incluso de un templo me echaron a la calle, como si fuera un delincuente, a pesar de mostrar en todo momento el respeto debido y necesario en la Casa de Dios. Por eso me alegra tanto que personas como el Padre Ambrosio no solo lo permitan, sino que lo fomenten, conscientes de que, en pleno siglo XXI, la Iglesia no puede seguir encerrada en sí misma, sino abrirse al exterior.


El acceso a la iglesia es muy difícil para personas con movilidad reducida, debido a los dos altos escalones que se encuentran en la entrada.