Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

viernes, 22 de febrero de 2013

Centro del Mudéjar. Palacio de los marqueses de la Algaba, -II y final.


Comenzamos ahora la visita a la exposición propiamente dicha. Al entrar en el torreón nos llama la atención la vitrina en forma de estrella de ocho puntas que ocupa el centro de la sala. Contiene ocho piezas que se van iluminando alternativamente. La pared izquierda está ocupada por una fila de vitrinas que veremos después con más detalle y, de nuevo, el artesonado del techo atrae nuestra atención por su espectacularidad. En este caso, además, está embellecido por una cenefa de yeserías de unos cincuenta centímetros de ancho que lo delimita y que aumenta su lucimiento.
Vista general desde la entrada.
Original vitrina expositiva con forma de estrella de ocho puntas.
Pila Bautismal, siglo XIV. Donación del pintor Virgilio Mattoni.
Cedida por el Museo Arqueológico Provincial. Está confeccionada en barro cocido y vidriado, según la tradición mudéjar, constando de dos piezas, pie y taza, de las que en este caso solo se conserva la primera.
Piezas expuestas junto a la pila bautismal.
La armadura de la sala es magnífica.
Aquí vemos cómo el paño de yeserías cubre la unión paredes-techo.
Veamos a continuación el contenido de la vitrina de ocho puntas:
Se nos muestra a continuación un mural en que se explica la génesis de la conquista de Andalucía por parte del ejército cristiano.
La conquista de Andalucía se inicia tras la batalla de las Navas de Tolosa, 1.212. A partir de  entonces, van cayendo en manos cristianos numerosas poblaciones del valle del Guadalquivir hasta llegar al océano Atlántico y poner cerco al reino de Granada. Tras las conquistas, van quedando diversas ciudades habitadas por antiguos musulmanes que cambian a la religión cristiana. Son los mudéjares, palabra cuyo significado no es otro que “aquellos a los que es permitido quedarse”.
Asedio a Sevilla. Ilustración del Gabinete Pedagógico de Bellas Artes, Sevilla.
Rendición pactada de una población musulmana.
Ilustración del Gabinete Pedagógico de Bellas Artes, Sevilla.
Conjunto de matrices de sellos de bronce, siglos XIV al XVI. Utilizados para certificar documentos e identificar la propiedad de objetos. Aquí aparecen algunos de nobles castellanos, otros de judíos, alguno de los cuales ostentó importantes cargos económicos en la Corte, y varios de órdenes religiosas. Proceden de la Colección Municipal en el Museo Arqueológico.
Matrices y sellos.
Azulejos heráldicos. Escudo de los Fernández de Córdoba, condes de Cabra. Inscripción: SINE IPSO FACTVEST NIHIL. Escudo de los Hurtado de Mendoza. Inscripción: AVE MARIA / GRATIA PLENA. Ambos del siglo XVI, realizados mediante la técnica de cuerda seca hendida.
Durante dos siglos y medio, cristianos, mudéjares y judíos convivieron en la ciudad de Sevilla. En el siguiente mural se nos muestra la distribución de las tres poblaciones en la ciudad de Sevilla:
Sillar-cornisa gótica, realizada en piedra caliza y decorada con puntas de diamante. Procede del Colegio Mayor de Santa María de Jesús y se conservaba en el Museo Arqueológico.
Can tallado del siglo XVI. En esta época, los canes adoptan formas rotundas, semejando la quilla de un barco al mirarlos de frente. En los laterales luce sendas flores de lis talladas y nudos de tradición almohade.Los canes son las puntas de las vigas que soportan las armaduras mudéjares, que se solían adornar con tallas y pinturas.
Pareja de canes tallados y policromados. Siglo XVI.
Conjunto de azulejos mudéjares de diversa procedencia.
Paño de cuatro azulejos de finales del siglo XV, realizados en barro cocido, mediante la técnica de cuerda seca hendida y esmaltados en blanco y azul. Forma una compleja rueda de lazo de a doce.
Capitel de moñas o de castañuelas del siglo XVI, realizado en mármol blanco. Muy frecuente en los palacios, claustros de conventos y casas señoriales sevillanas, constituyen una estilización del capitel compuesto clásico, mezclando la decoración de volutas del orden jónico con las hojas de acanto corintias y coronados por el cimacio.
Comunicación entre ambas salas.
Ya estamos ante la puerta de comunicación con la sala segunda. Desde aquí vemos que fundamentalmente consta de una gran vitrina central, una hilera de vitrinas laterales a nuestra derecha y, a la izquierda, tres lápidas sepulcrales de mármol. Precisamente hacia ellas nos dirigimos en primer lugar. 
Lápidas sepulcrales de mármol. 
De propiedad municipal, las dos primeras proceden del lapidarium del convento de santa Clara.
“Aquí está enterrado el noble barón Diego de Escobar caballero del arzobispo de Sevilla falleció a veinte y uno de septiembre año de 1514”.
“Esta capilla y entierro es de Bernardino Isla padre del muy reverendo señor Bernardino de la Isla y sus sucesores”.
La tercera lápida corresponde a la inscripción fundacional del antiguo colegio de santo Tomás en 1.517:
“Este collegio de religiosos fundó y dotó el reverendísimo señor don Diego Deça, arzobispo de la Santa Iglesia de Sevilla de la orden de los predicadores a servicio de Dios y para defensión de nuestra fe católica y fue instituido para que el principal estudio que en él se ha de tener es en la sagrada escriptura y en la doctrina de los santos doctores y acabose año de 1517”.
Vista de la vitrina central.
La primera vitrina de la derecha nos muestra taujeles, un trozo de la armadura de un artesonado y un capitel:
Capitel. Siglos XV-XVI. Con perfil aún gótico aunque con esquema del orden corintio simple y esquematizado, este pequeño capitel tendría un uso similar al que se encontraba, según numerosos documentos gráficos, en la ventana geminada que remata la portada del palacio o como los de la torre defensiva de la localidad de La Algaba, perteneciente al mismo Señorío.
Trozo de alfarje y taujeles. Siglo XVI. Los alfarjes (techumbres planas formadas por vigas y alfangías o taujeles) de tradición mudéjar se policroman a partir del siglo XVI al estilo renacentista (cadelieri). En ocasiones, en vez de taujeles pintados se usaban azulejos pintados que hacen la función de tabla de los taujeles.
Taujeles instalados en el palacio durante la ampliación de 1.540.
La siguiente vitrina contiene diversas piezas de alfarería.
A la izquierda podemos ver un anafe de forma troncocónica invertida y abertura lateral a modo de boca. Se usaba para contener las brasas que calentarían la olla que se colocara en la parte superior. Este modelo de origen medieval se mantuvo en uso hasta bien entrada la Edad Moderna.
Piezas de los siglos XV-XVI procedentes de la Colección Municipal del Museo Arqueológico.
A continuación podemos ver una pareja de piñas de mocárabes de finales del siglo XV, procedentes del desaparecido palacio de los condes de Gelves, posteriormente Hotel Madrid, que fue derribado para edificar Galerías Preciados, actualmente El Corte Inglés.
Piñas de mocárabes.
La utilización del yeso como elemento aglomerante en la construcción tiene su origen en la antigüedad, pero es el Islam el que lo introduce en la península para extensos paramentos que ocultan ladrillos o tapiales. Al principio se realizaban con talla directa, aunque posteriormente se utilizan moldes y técnicas de vaciado. También hay ejemplos de fabricación mixta, con una primera fase de moldes y posterior tallado a mano para dar profundidad y volumen a las piezas.
Adornos de yeserías.
Vista general vitrinas laterales.
Sobre el muro de la sala cuelgan tres fragmentos de un paño de arrocabe fechado en los siglos XIV-XV. La tradición almohade de enriquecer las armaduras y alfarjes con decoración de tipo vegetal, geométrica y epigráfica tallada tuvo su continuidad en el período mudéjar, potenciada con las influencias que llegaban desde el reino nazarí de Granada. Este friso de armadura estaba destinado a decorar y enmascarar los ensambles en la unión de entre la armadura y el muro. Con restos de policromía, de modulan con un patrón principal de arco polilobulado que integra un refinado juego de atauriques con roleos y, en el centro, una venera con flor de lis. Es un ejemplo de cómo la tipología decorativa islámica ha pasado prácticamente sin cambios al lenguaje mudéjar.
Fragmentos de un paño de arrocabe.
Arrocabe. Detalle.
Desde aquí podemos apreciar la cubierta mudéjar a tres aguas situada sobre nuestras cabezas. Está realizada con la técnica de par y nudillo que tantas veces hemos visto en iglesias y edificios de la ciudad.
Cubierta mudéjar a tres aguas.
Vista de la vitrina central.
Tinaja estampillada e incisa mudéjar, siglos XIII-XIV. Realizada en barro cocido y vidriada en color verde. La banda inferior está decorada con grandes arcos polilobulados, con la parte superior estampillada y la inferior incisa. Sobre ella se sitúa otra banda con decoración de lacería, en tanto que las bandas superiores lucen dispuestas paralelamente.
Cántaro, siglo XIV. Redoma, siglo XIV. Cantimplora, siglo XIV. Orza, siglo XV.
Tinaja estampillada, siglo XV. Barro blanco. Estampillas dispuestas al azar, con la inicial “Y” dotada de corona real. Por la inicial podría corresponder a la época de Juan I de Navarra o de Isabel la Católica.
Tinaja estampillada e incisa mudéjar. Siglos XIII-XIV. Tiene forma globular, con base troncocónica y alto cuello. Presenta una banda de arcos polilobulados en la que se yuxtaponen franjas más estrechas con motivos geométricos. Conserva parte de las asas en forma de aleta que la vincula con la tradición islámica.
Brocal de pozo o aljibe mudéjar siglo XIV. Los brocales mudéjares más primitivos son muy semejantes a los almohades, como sucede en esta pieza, de forma cilíndrica con decoración estampillada e incisa en el borde superior resaltado y en las tres franjas inmediatas.
Brocal de pozo. Detalle.
Aquí termina nuestra visita al recién inaugurado Centro Mudéjar. Muy interesante es el edificio, con larga y documentada tradición histórica, felizmente recuperado de la ruina y el abandono en 2.002. Su uso como espacio expositivo de arte mudéjar es perfectamente adecuado a las características del edificio, aunque esperamos que la cantidad de piezas vayan aumentando progresivamente.

No hay dificultad alguna para personas con movilidad reducida.