Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

lunes, 7 de enero de 2013

Iglesia de san Vicente, mártir, -II.

Comenzamos el recorrido pormenorizado del templo por los pies de la nave de la Epístola donde, sobre un sencillo altar, se encuentra la imagen de la Virgen de los Desamparados, patrona de Valencia, obra del escultor valenciano Gilabert, de finales del siglo XIX. Preside una Asociación Cultural de valencianos radicados en Sevilla, que obtuvieron permiso para la fundación de la Cofradía del entonces arzobispo de Sevilla, el también valenciano don Benito Sanz y Flores (o Forés, que de ambas maneras he encontrado escrito el apellido). Ocupa un retablo neoclásico, procedente del Convento Casa Grande del Carmen, restaurado el año 2.007.
Nave de la Epístola, vista desde los pies.
Pies de la nave de la Epístola, inicio del recorrido.
Altar de la Virgen de los Desamparados.
Virgen de los Desamparados (detalle).
Facistol y relieve de Crucificado, junto al altar.
Junto al retablo encontramos, en el interior de una hornacina, la imagen de san José itinerante con el Niño en brazos, anónima y fechada en el siglo XVIII, aunque muy retocada por sucesivas restauraciones.
Altar de san José.
San José. Imagen anónima del siglo XVIII.
En un hueco idéntico al de san José podemos admirar la talla del arcángel san Miguel, de 1.658, una de las mejores representaciones realizada por el insigne imaginero Pedro Roldán. Se nos presenta vestido de militar romano, con espada en la mano derecha y balanza en la izquierda, pisando al Demonio derrotado. Es propiedad de la hermandad de las Siete Palabras.
Altar del arcángel san Miguel.
San Miguel. Pedro Roldán, 1.658.
Entre ambos huecos está colocado un tenebrario, el primero que veo expuesto a la vista en la ciudad, aparte del de la catedral. Está incompleto (faltan tres soportes de velas), pero no está exento de calidad. Elaborado en madera tallada y policromada, el clásico triángulo se sitúa sobre una columna corintia de fuste estriado. Mi opinión personal es que aunque el Oficio de Tinieblas esté prohibido desde el Concilio Vaticano II, no por ello se deben eliminar estos elementos artísticos (a poca calidad que tengan) de la zona pública de los templos. Estoy seguro que en sacristías y almacenes deben estar cubriéndose de polvo auténticas joyas de madera y forja.
Tenebrario.
Vista del conjunto.
Tras pasar la puerta por la que hemos entrado se abren en el muro sendos arcosolios gemelos de los anteriores. El primero de ellos cobija el retablo del Descendimiento, un relieve de Andrés de Ocampo de principios del siglo XVII. Se trata de una auténtica joya compuesta por nada menos que nueve figuras perfectamente detalladas.
Retablo del Descendimiento. Andrés de Ocampo, principios del siglo XVII.
De perfil rectangular rematado en semicírculo, el patibulum vertebra la composición, configurando las dos escaleras un espacio piramidal interno. El eje central lo determinan las efigies de la Virgen, Cristo y la Magdalena; en el flanco izquierdo dos de las Santas Mujeres con san Juan, mientras el contrario lo ocupan la tercera María, José de Arimatea y Nicodemo. La propia disposición de las figuras otorga el papel protagonista a las centrales pero, además, es en ellas donde se concentra toda la fuerza expresiva en tres estados muy diferenciados: la súplica de la Madre, el recogimiento del Hijo y la sumisión de la pecadora arrepentida.

En la hornacina vecina vemos un grupo escultórico compuesto por la Virgen del Carmen y san Simón Stock, de rodillas ante Ella, en actitud de veneración, recibiendo el Escapulario. Se trata de la escena en la que, según la tradición piadosa, la Virgen se aparece al santo inglés en Cambridge el año 1.251, entregándole el Escapulario como “muestra de la salvación, salvaguardia de peligros y compromiso de paz y de concordia”. Esta obra anónima del siglo XVIII procede también del Convento Casa Grande del Carmen.
Virgen del Carmen y san Simón Stock. Anónimo, siglo XVIII.
Nos encontramos ya ante la capilla de la Hermandad de las Penas, en la cabecera de la nave de la Epístola.
Nave de la Epístola. Zona de la cabecera.
Capilla de la Hermandad de las Penas.
A la izquierda de la portada, sobre el muro, podemos ver el antiguo ático del retablo del Descendimiento antes comentado. Este relieve representa La adoración de la serpiente de bronce en el desierto, escena relatada en el Libro de Números 21.4-9, "Después partieron del monte de Hor, camino del Mar Rojo, para rodear la tierra de Edom; y se desanimó el pueblo por el camino. Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano. Y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel. Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: Hemos pecado por haber hablado contra Jehová, y contra ti; ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo. Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre un asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella vivirá. Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre una asta; y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce y vivía".

Como podemos leer, se trata de un Jehová típico del Antiguo Testamento, pleno de ira y venganza contra los que no seguían sus designios o simplemente dudaban.
Relieve de la adoración de la serpiente en el desierto.
Como decía, estamos ante la capilla de la Hermandad de las Penas, desgraciada (aunque comprensiblemente) cerrada con una reja del siglo XVII. Fue construida en 1.584 y consta de dos tramos, cubiertos por bóvedas de  media naranja sobre pechinas. En realidad se trata de dos antiguas capillas unidas, pudiéndose observar aún el arco toral que las separaba.
Vista general de la capilla.
La capilla le fue concedida a la Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de las Penas y María Santísima de los Dolores  en 1.946, siendo restaurada  bajo la supervisión del arquitecto José Granados. El zócalo de azulejos, con los escudos de los Ponce de León, patronos de la capilla,  es antiguo, de 1.602, salido del taller de Hernando de Valladares.
Bóvedas de la capilla.
El retablo de la capilla es de estilo barroco, datado en el siglo XVIII. Se desconoce su procedencia, aunque se puede observar (no muy claramente, pues aparece tapado por la imagen de Nuestro Padre Jesús de las Penas), que ha sido cortado y adaptado a las dimensiones del lugar que ocupa. Consta de dos cuerpos, divididos en tres calles. En el ático aparece un medallón con un Crucificado, mientras que en las calles laterales aparecían diferentes lienzos con temas marianos: Los Desposorios de la Virgen con san José, El Nacimiento de Jesús, La Anunciación y La Presentación en el Templo. Todos ellos son de la escuela sevillana y de la misma época del retablo. Desgraciadamente, en el año 1.996, durante la restauración de la parroquia, fueron sustraídas dos de ellas (El Nacimiento y La Anunciación) que han sido sustituidas por dos lienzos representando a san Isidoro y san Juan Bautista, obras del pintor contemporáneo R. Navas.

La calle central, más adelantada que las laterales, está presidida por un camarín en el que se veneró hasta el cierre de la parroquia en 1.994, la imagen de María Santísima de los Dolores, pues la de Nuestro Padre Jesús de la Penas no cabía en el mismo. Encima, a considerable altura, pues el segundo cuerpo de la calle es superior al de las laterales, se enmarca un lienzo pictórico representando a Cristo Crucificado. Remata el cuerpo, encima de la cornisa, el anagrama de María y dos grandes jarras de flores sobre molduras que arrancan del segundo cuerpo.

Tras la restauración de 2.001, se ha cerrado el camarín y se ha situado delante del retablo, en un pedestal de mármol, la imagen de Nuestro Padre Jesús de las Penas, pasando la Virgen de los Dolores al muro de la Epístola de la capilla. Frente a Ella se coloca la nueva talla de san Juan Evangelista, en similar disposición, ambos enmarcados por unos arcos dorados y forrados de terciopelo granate.
Nuestro Padre Jesús de las Penas. Anónimo, hacia 1.700.
La imagen de Nuestro Padre Jesús de las Penas está tallada en madera policromada. Se trata de una obra anónima, del círculo de Pedro Roldán (hacia 1.700). Se concibió para ocupar una hornacina en el claustro principal de lo que fue convento Casa Grande del Carmen, lo que explica su carácter marcadamente frontal y decorativo.

Es una imagen de talla completa que en el siglo XVIII fue mutilada para poderla vestir. Hicieron con el pobre Jesús una auténtica escabechina, haciendo desaparecer los pliegues tallados del cuello, tórax y mangas de la vestidura y seccionándole el brazo derecho.

Seguramente sea la escultura que mejor representa la caída de Cristo en tierra de la Semana Santa sevillana; según los estudiosos se trataría de la Primera Caída, ya que su rostro, aunque doliente, aún expresa la fortaleza para continuar el Calvario.
Nuestro Padre Jesús de las Penas. Detalle (cortesía de Joaquín Galán).
La imagen de la María Santísima de los Dolores procede de una Esclavitud de Siervos de María que ya existía en el siglo XVIII en la iglesia de san Vicente, situada en un retablo del lado derecho de la Capilla Sacramental. Se trata una imagen de candelero, para vestir, tallada únicamente de rostro y manos. Fue concebida ateniéndose al ideal de belleza femenina del momento.
María Santísima de los Dolores. 
Detalle. Imagen anónima de fines del XVIII.
La efigie de san Juan Evangelista, situada frente a la Virgen en la capilla y a la derecha del Señor, es obra reciente de José Antonio Navarro Arteaga, realizada en 1.992.
San Juan Evangelista. Navarro Arteaga, 1.992.
Nave de la Epístola, vista desde la cabecera.


Hay un escalón de unos cinco centímetros a la entrada del templo.