Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

miércoles, 27 de junio de 2012

Iglesia de san Román, -II y final.


Continuamos la visita pasando al presbiterio. Es de planta rectangular y buen tamaño, cubierto con bóveda de pañuelo y con abundante luz, aportada por las dos vidrieras situadas en los muros laterales con las imágenes de san Román y santa Catalina.
Capilla bautismal.
Muro izquierdo del presbiterio.
Muro derecho del presbiterio.
Altar cerámico.
Pequeño Crucificado situado en la zona delantera derecha del presbiterio.
El Retablo Mayor, tallado en madera y dorado, procede la capilla del Hogar Virgen de los Reyes, estando formado por banco, dos cuerpos con tres calles y ático. Para su confección se reutilizaron dos retablos: sotobanco y cuerpos proceden de un retablo anónimo de finales del siglo XVII, en tanto que el banco se añadió en el siglo XX. 
Vista general del presbiterio.
Retablo Mayor.
El ático, por su parte,  proviene de un retablo del antiguo Hospital de san Hermenegildo tallado por Diego López Bueno en 1.603; en él aparecen tres pinturas sobre tabla procedentes de los pinceles de Alonso Vázquez: la Santísima Trinidad, con la Fortaleza y la Templanza a los lados.
Segundo cuerpo y ático del Retablo Mayor.
En el espacio central del segundo cuerpo, donde hoy día se ubica la escultura de san Román, obra moderna de Francisco Berlanga, se situaba antiguamente la pintura de Juan de Uceda y Alonso Vázquez titulada “El Tránsito de san Hermenegildo”, que tuvimos ocasión de contemplar en la entrada correspondiente a la planta baja (Sala V) del Museo de Bellas Artes. A los lados de san Román tenemos pinturas de san Sebastián (izquierda) y san Roque (derecha).

El primer cuerpo está presidido por una Inmaculada, coetánea y de la misma procedencia que el retablo, flanqueada por esculturas de san Rafael y san Fernando.
Primer cuerpo del Retablo Mayor.
En la cabecera de la nave del Evangelio se encuentra la Capilla Sacramental, probablemente de la época fundacional de la iglesia o poco posterior, cubierta con bóveda de crucería. Está presidida por el Sagrario de plata, de nueva factura (Manuel de los Ríos), sobre el que se sitúa un Crucificado de pequeño tamaño.
Capilla Sacramental.
Sagrario y Crucificado, en el altar frontal de la Capilla Sacramental.
Dentro de esta capilla vemos, a la derecha, el barroco retablo de san José con el Niño, junto al que se sitúa, sobre una peana, la imagen de la Virgen Milagrosa. Enfrente se encuentra el retablo de san Antonio de Padua, gemelo del anterior, con una imagen moderna del Sagrado Corazón al lado. Tanto estos dos retablos como el Retablo Mayor son propiedad del Ayuntamiento de Sevilla, cedidos a la parroquia.
Retablo de san Antonio de Padua.
Retablo de san José con el Niño.
Bóveda de crucería de la Capilla Sacramental.
Salimos de la capilla y nos dirigimos hacia los pies de la nave. Encontraremos primero el retablo de la Santísima Trinidad, de estilo neoclásico y autor desconocido.
Retablo de la Santísima Trinidad.
Le siguen dos urnas acristaladas que contienen un Niño Jesús y una Inmaculada del siglo XVIII. Sobre ellas se sitúan cuatro cuadros de buen tamaño y mejor estado, de los que ignoro fecha y autor.
Vista general de cuadros y vitrinas que acabamos de contemplar.
Sagrado Corazón de Jesús.
Virgen del Perpetuo Socorro.
Finalmente llegamos a los pies de la nave, donde podremos admirar el Cristo de la Reconciliación,  de autor anónimo del siglo XVI. Este crucificado era llamado “de la Penitencia”, procede del antiguo convento de la Paz y se llevó a san Román junto a dos retablos con motivo de la restauración en los años cuarenta del pasado siglo.
Cristo de la Reconciliación.
Fue restaurado a principios de los años noventa al presentar una encarnadura muy deteriorada debido al paso del tiempo; también se le cambió el anterior sudario por uno más acorde con un Crucificado de tela encolada. Se desconoce que haya formado parte de alguna hermandad.
Cristo de la Reconciliación. Detalle.

No quiero terminar la visita sin mostrar los retablos cerámicos con figuras de santos presentes en la base de las pilastras de la iglesia. El número total es de quince que detallo a continuación, siguiendo el mismo orden con el que hemos recorrido el templo (comenzando a los pies de la nave de la Epístola y siguiendo el sentido contrario a las agujas del reloj):

NAVE DE LA EPÍSTOLA:
San Bartolomé.
San Felipe
(cortesía de www.retabloceramico.net).
San Andrés.
Santiago.
San Juan.
San Pedro.
San Román. 
San Bernabé.  Presbiterio, lado de la Epístola. 
 (cortesía de www.retabloceramico.net).

NAVE DEL EVANGELIO:
San Pablo.  Presbiterio, lado del Evangelio. 
 (cortesía de www.retabloceramico.net).
San Mateo. (cortesía de www.retabloceramico.net).
Santo Tomás.
Santiago el Menor.
San Simón.
San Judas Tadeo.
San Matías.
Todos los azulejos fueron pintados por Antonio Muñoz y fabricados por Cerámica Moltaván, en los años cuarenta del siglo pasado, al igual que las estaciones del Vía Crucis.

Estación del Vía Crucis de la iglesia de san Román.
(cortesía de www.retabloceramico.net).
Ha llegado el fin de la visita. La iglesia y su contenido se encuentra en magníficas condiciones, aunque me da la impresión de que cuando se restaure santa Catalina (vale, ya sé que la cosa pinta mal) se va a quedar el templo un poco vacío de contenido.

Lo que ya considero imperdonable, sobre todo en esta iglesia que contiene obras de arte tanto propias como de santa Catalina, es que no exista ni un solo rótulo informativo en todo el edificio. Tampoco es de recibo el reducidísimo horario de vista: en días laborables, de 19,00 a 20,30 horas; si contamos que la misa es a las 20,00 horas y que antes se reza el Santo Rosario, ustedes me dirán el tiempo de visita disponible.  No estaría de más, incluso, que, habida cuenta de la enorme restauración realizada en gran parte CON DINERO PÚBLICO, la persona con hábito (que no sotana) que “vigila” la iglesia evitara dirigir miradas atravesadas a los visitantes, como si fueran intrusos a los que hay que soportar a la fuerza.

La visita para las personas con movilidad reducida es dificultosa, debido a los dos escalones que presenta la entrada.