Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

miércoles, 6 de junio de 2012

Iglesia de Nuestra Señora de la O, -I.

Los orígenes de la Hermandad de la O se sitúan en la calle Castilla, en Triana, sobre el siglo XV, en la que existía un hospital dedicado a las santas Brígida, Justa y Rufina. En 1.560 se establece otra congregación que rinde culto a la Virgen en su advocación de la O, es decir, la Expectación del parto. Seis años después se aprueban las reglas como Hermandad de Sangre, lo que le permite hacer estación de penitencia a la Parroquia de santa Ana, el Jueves Santo por la tarde con las imágenes de un Crucificado y la Virgen, y el Domingo de Resurrección con un Resucitado. En 1.569 se fusionan las dos hermandades, con el título definitivo de Hermandad de la O.
Iglesia de Nuestra Señora de la O.


En 1.686, se sustituye el Crucificado por el Nazareno que recibe culto actualmente.
Antiguo Resucitado de la Hermandad, que recibe culto actualmente en la localidad de La Algaba. Su autor era de la escuela de Martínez Montañés y está fechado en el siglo XVII.
Durante unos años (entre 1.615 y 1.628) ejerció funciones parroquiales de ayuda a la iglesia de santa Ana, hasta que en 1.643 se le concede el carácter de Hermandad Sacramental. La creciente devoción por la hermandad en el barrio obliga a la construcción de un nuevo templo, terminado en 1.702, sobre la iglesia del antiguo hospital, que fue costeada íntegramente con las modestas aportaciones de los vecinos, sin que ningún noble o rico comerciante aportara cantidades significativas de dinero.

El autor del proyecto de la nueva iglesia fue Pedro Romero, Maestro Mayor del Arzobispado, encargándose su hijo Pedro de las obras y su otro hijo, Félix, de la ornamentación arquitectónica; el oficial albañil era Diego Antonio Díaz,, yerno de Pedro Romero, al que sustituiría como Maestro Mayor. Como se puede comprobar, lo de colocar a los parientes en puestos privilegiados no es un invento moderno.

El acceso al templo se realiza por la calle Castilla, a través de la puerta del Evangelio. Realizada por Antonio Gil Gataón (al igual que las columnas del interior del edificio), está formada por un arco de medio punto enmarcado por dos pilastras y rematado con un frontón partido, en cuyo centro se sitúa un gran escudo donde se halla una gran letra “O”, sostenida por dos ángeles.
Portada del Evangelio (calle Castilla).
Como curiosidad, resaltar que se trata de la única parroquia de la ciudad de Sevilla que es de propiedad particular (la propia hermandad) y no de la Diócesis.
Torre-campanario.
A la derecha de la portada, en la zona de los pies del templo, se sitúa la torre-campanario, que presenta un solo cuerpo más el de campanas, enmarcado por columnas salomónicas; se remata por medio de un chapitel de cerámica, ornamentado con jarrones a los lados. En el cuerpo inferior de la torre, hay una serie de retablos cerámicos: en la parte inferior vemos un azulejo trianero del siglo XVII, que representa la  Apoteosis de la Eucaristía. Sobre él aparece otra cerámica que nos muestra a san Andrés, en cuya base, una inscripción nos indica que se acabó la torre en 1.699 y se renovó, para paliar los desperfectos del terremoto de Lisboa y añadir el cuerpo de campanas en 1.756.
Apoteosis de la Eucaristía. En la inscripción se lee:
"Por aquí se llamará a administrar los Santos Sacramentos a deshora".
San Andrés. "Se acaba en 1.699. Se renueva en 1.756" (refiriéndose a la torre).
Más arriba aún tenemos el retablo de Jesús Nazareno, de 1.760, uno de los más antiguos de la ciudad y, rematando la colección, un azulejo con la escena de la imposición de la casulla a san Ildefonso, en regular estado.
Azulejo de Jesús Nazareno.
Imposición de la casulla a san Ildefonso.
El conjunto está rematado por una corona y cruz de hierro forjado.

Entramos ya y comprobamos que el templo es de medianas dimensiones, con tres naves, presbiterio y coro a los pies, con un hermoso órgano sobre él. Las naves se separan mediante arcos de medio punto adornados con yeserías, sostenidos por columnas de mármol rojo de estilo corintio, con bases de mármol negro.
Vista de la iglesia desde los pies.
Nave del Evangelio.
Nave de la Epístola.
Las tres naves tienen poca diferencia de altura. La nave central se cubre con bóvedas de cañón con lunetos, separadas por arcos fajones; con bóvedas de arista las laterales, y con bóvedas vaídas las capillas de las cabeceras y las dependencias de los pies del templo.
Bóveda de la iglesia.
Comenzamos el recorrido girando a la derecha. Como va siendo habitual, lo realizaremos en el sentido contrario a las agujas del reloj.

Lo primero que vemos, ya en los pies de la nave del Evangelio, es un altar con tres figuras que se sitúan ante un arco que alberga un cuadro que parece representa la Anunciación a la Virgen. Las imágenes nos muestran un Sagrado Corazón de Jesús en el centro, san Francisco Javier a su izquierda y san Antonio de Padua a la derecha.
Altar en los pies de la nave del Evangelio.
San Francisco Javier.
Sagrado Corazón de Jesús.
San Antonio de Padua.
A los pies de la nave central se sitúa el coro y, sobre él, un órgano de impresionante aspecto.
Órgano, situado en el coro alto, a los pies de la nave central.
En los pies de la nave de la Epístola encontramos la Capilla Bautismal. Con alto zócalo y altar recubierto de a azulejos antiguos, está presidida por un Crucificado anónimo del siglo  XVII. Bajo él, sobre el altar, un busto de san Felipe Neri y una imagen de san Juan Bautista. Del muro derecho cuelga una pintura anónima del XVIII, que representa La Adoración de los Pastores y, en el muro frontero, un retablo cerámico del Bautismo de Cristo. La bóveda de la capilla es muy simple, de medio cañón.
Capilla Bautismal.
San Felipe Neri.
San Juan Evangelista.
La Adoración de los pastores.
El Bautismo de Cristo.
Iniciamos el recorrido por la nave de la Epístola. Tras pasar el acceso a las dependencias de la parroquia, se puede admirar, colocada en una hornacina, la cruz de carey que porta el Nazareno de esta institución en su salida penitencial. Sobre el origen de este carey, obtenido de la concha de tortugas tropicales, circulan varias leyendas. La más plausible es la que nos cuenta que se trata de una ofrenda en cumplimiento de una promesa realizada por marineros que, tras haber hecho fortuna en las Indias, se dirigían de vuelta a Sevilla, siendo atrapados por una gran tormenta, durante la que prometieron realizar ese presente a la hermandad si salían ilesos del trance.
Entrada a las dependencias de la parroquia, junto a la Capilla Bautismal.
También relacionada con la cruz existe otra leyenda que afirma que fue salvada del saqueo durante el año 1.936 porque unos vecinos la sumergieron en el río Guadalquivir, amarrada con cuerdas, lo que libró a la hermandad de su pérdida.

En cualquier caso, Domingo Balvuena, que era maestro platero, fue el autor del diseño de la Cruz y de las cantoneras y extremos de plata que forman la cruz, piezas que fueron repujadas por Manuel José Domínguez. Dicha plata  se consiguió de piezas que donaron los cofrades, con un peso aproximado de once onzas.

La cruz mide 3,35 metros de largo por  2,22 metros de ancho, de sección hexagonal, construida en madera de cedro revestida por una capa de un milímetro de carey y con cantoneras y puntas de plata de ley.

La legendaria cruz de carey.
Finaliza aquí la primera parte de la visita a esta iglesia de la O.