Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

miércoles, 2 de mayo de 2012

Iglesia de san Martín, -II y final.


Continuamos la visita situándonos ante el presbiterio. Es de gran tamaño y sección cuadrada, de doble bóveda con nervaduras góticas. Tomadas las fotografías en tiempo de Cuaresma, podemos observar la imagen del Santísimo Cristo de la Sagrada Lanzada en el presbiterio, en vez de en la Capilla del Sagrario, que es su lugar habitual. Tallada por Antonio Illanes Rodríguez, en el año 1.929, se trata de la primera gran obra de este imaginero para la Semana Santa sevillana, puesto que aún en aquellas fechas se encontraba cursando estudios en la Escuela de Bellas Artes. Es un Crucificado, de 1,67 metros de altura, claramente inspirado el Cristo de la Clemencia, de Martínez Montañés.
Presbiterio de la iglesia de san Martín.

Bóvedas góticas del presbiterio.
Al fondo se sitúa el Retablo Mayor, de estilo renacentista, proyectado por Vermondo Resta en 1.606, pero ejecutado por Diego López Bueno en los dos años siguientes. La policromía corre a cargo de Gaspar Ragis, las pinturas son de Gerolamo Lucenti de Corregio y las tallas, de Francisco de Ocampo. El retablo consta de banco, dos cuerpos y ático, compartimentados mediante columnas corintias de fustes estriados.

En el banco, a los lados del tabernáculo, podemos admirar relieves de san Juan Bautista y san Marcos.
En el primer cuerpo, y de izquierda a derecha, podemos ver un lienzo, La Caridad de san Martín, una escultura de san Pedro, el camarín donde se sitúa una figura de la Virgen con el Niño, obra del siglo XVII,  una talla de san Pablo y un lienzo con El Sueño de san Martín.
Primer cuerpo del Retablo Mayor.
En el segundo cuerpo, y en el mismo orden, aparecen una pintura con La Resurrección de un neófito, una escultura de la Virgen María, anónima, una hornacina que aloja la talla del titular de la iglesia, otra talla de san Juan Evangelista y la pintura que muestra La curación de un enfermo. En el ático vemos un Crucificado atribuido a Ocampo, flanqueado por ángeles y virtudes.
Segundo cuerpo y ático del Retablo Mayor.
Dentro del área del presbiterio se sitúan cuatro retablos, dos sobre el muro del Evangelio (san José y Entierro de Cristo) y otros dos (Familia de la Virgen y san Antonio de Padua) en el de la Epístola.
Cristo de la Sagrada Lanzada.
El retablo de san José, del siglo XVIII, muestra una talla del padre de Cristo, del año 1.800, rodeada por doce medallones en relieve que representan escenas de su vida.

A su lado, aparece el retablo del Entierro de Cristo, de finales del siglo XVI. Se trata de un relieve con dos partes bien diferenciadas: la superior, con un Calvario, y la inferior, con la escena del Santo Entierro. Remata en conjunto el relieve de Dios Padre. En los laterales aparecen pinturas con los retratos de los donantes y de san Pedro y san Pablo.
Presbiterio: muro del Evangelio.
En el muro de enfrente se sitúa el retablo de la Familia de la Virgen, barroco, del XVIII, presidido por las figuras de santa Ana, san José y la Virgen Niña, rodeados de un conjunto de pinturas sobre tabla del siglo XVI con escenas de los apóstoles y la Piedad.

El retablo de san Antonio de Padua, de estilo neoclásico, muestra una talla del santo italiano desde hace poco tiempo.
Presbiterio: muro de la Epístola.

A su lado, encontramos dos objetos de interés: la lápida de la sepultura de Diego Ortiz de Zúñiga, insigne historiador, enterrado por deso expreso bajo el altar de la Divina enfermera y una copia a escala de la Síndone de Turín, donada por el escultor e imaginero Juan Manuel Miñarro.
Lápida funeraria del historiador Ortiz de Zúñiga.
Reproducción de la Sábana Santa. Juan Manuel Miñarro.
 Llega el momento de dirigirnos al lado del Evangelio de la iglesia. En la cabecera está colocado el retablo de la Inmaculada Concepción, obra anónima del año 1.603, encargado por la Sacramental de san Martín, que pagó por él 5.000 escudos. En 1.810, con motivo de la fusión con la Hermandad de la Concepción de Regina, se reformó para que albergara la imagen del Cristo del Amor (de ahí su fondo cruciforme). La talla actual de la Inmaculada Concepción fue llevada a cabo por Cristóbal Ramos en el año 1.794. Se trata de una efigie de estilo barroco, realizada en barro cocido, policromada y con cabellera de pelo natural. Este retablo albergó, hasta hace pocos años, la imagen de María Santísima del Buen Fin.
Inmaculada Concepción. Cristóbal Ramos, 1.794.
 Justo después podemos contemplar el retablo de Nuestra Señora de la Europa, imagen con gran devoción en Sevilla desde el siglo XVII, época en que tenía capilla propia en la plaza que está al final de la calle Amor de Dios y comienzo de Doctor Letamendi (actual calle Correduría). La Hermandad de la Europa, patrona de Gibraltar, fue fundada en Sevilla por los habitantes del peñón tras ser expulsados por los ingleses. Su capilla fue derribada por motivos urbanísticos a mediados del XIX, momento en que se trasladó definitivamente a san Martín.
Retablo de Nuestra Señora de la Europa. Juan Calero, siglo XVIII.
 Iconográficamente se asemeja a una talla medieval, pues la Virgen aparece sedente y coronada a modo de reina antigua, es decir, sin las diademas de perlas, globo y cruz de las coronas reales modernas. Sin embargo, la imagen es del siglo XVII, obra de Felipe Martínez, de talla completa y que tiene el Niño al brazo izquierdo, mientras que en la otra mano sujeta una flor.
Nuestra Señora de la Europa. Felipe Martínez, siglo XVII.
El retablo data de finales del siglo XVIII, realizado por Juan Calero. Está presidido por la mencionada Virgen de la Europa, con tallas de santa Rosalía y santa Isabel de Hungría a los lados.

A continuación se abre la Capilla del Sagrario, primitiva capilla de san Juan, perteneciente a la familia Jácome (anteriormente mencionados en la visita a la catedral 
quienes la cedieron a la Sacramental de san Martín en 1.792.
Capilla Sacramental. 
En el altar se sitúa la imagen del Santísimo Cristo de la Lanzada, obra contemporánea de Antonio Illanes. Al lado del Crucificado se encuentran las imágenes de la Virgen de Guía, obra también de Illanes, de 1.931, y un San Juan que es obra anónima del siglo XVII, atribuida a Pedro Roldán, y considerada como una de las mejores representaciones del Apóstol.

La Virgen de Guía está tallada en madera de ciprés y, aunque es de Illanes, no era del agrado de los hermanos, que encargaron una remodelación a Rivero-Carrera, tan profunda que puede considerarse la escultura actual como obra suya. También destacan en esta capilla del Sagrario los frescos que la decoran y que se atribuyen a Mohedano, datándose en la primera mitad del siglo XVII. El sagrario fue cincelado por Dionisio Gutiérrez en el 1798, corriendo la orfebrería a cargo de José Guzmán y la vidriera de Baldomero Álvarez. La bóveda que cubre la capilla es del siglo XV.

Virgen de Guía y san Juan Evangelista. Falta el Cristo de la Lanzada, situado en el presbiterio durante la Cuaresma.
La capilla de María Santísima del Buen Fin es la siguiente parada de nuestro recorrido. Fue construida en 1.898 sobre el cuarto de campanas, cedido a tal fin por la parroquia a la Sacramental de san Martín. El retablo, anónimo, es de 1.811, instalándose inicialmente en el lateral de la Capilla Sacramental y trasladándose a su emplazamiento actual en 1.898. 
Capilla de María Santísima del Buen Fin. 
En su tabernáculo se veneraba la reliquia de la Santa Espina, hallada en el interior de una caja descubierta con motivo de la cimentación del templo en 1.421. Los ángeles lampareros, tallados en 1.798 por Dionisio Gutiérrez, proceden del retablo de la Hermandad de la Concepción de Regina. De sus muros cuelgan una Virgen de Guadalupe, de José Cruz (1.788) y un Nazareno, anónimo, del siglo XVII.
 Retablo  de María Santísima del Buen Fin. Anónimo de 1.811.
 La Virgen del Buen Fin, cotitular de la Hermandad, fue la primera Dolorosa que talló Juan de Astorga, en 1.810. La cabeza es de papelón, en tanto que el busto está realizado en madera de cedro. Se encargó de la policromía, que aún luce, Joaquín de la Peña. La actual imagen sustituye a la primitiva, de 1.670, que fue destruida por los franceses (¡Sacre Coeur!) tras el asalto al convento de san Basilio, donde radicaba entonces la Corporación.
María Santísima del Buen Fin, vestida de hebrea, como es costumbre en tiempo de Cuaresma. Juan de Astorga, 1.810.
 Conserva entre sus enseres la que se considera la saya más antigua de la Semana Santa sevillana, ejecutada por Concepción León en el año 1.852. En el año 2.006 le fue impuesta una nueva corona de plata sobredorada, realizada por el taller de Ramón León, y que luce en su salida procesional, sustituyendo a la anterior, de metal sobredorado ejecutada en el año 1.955 por Rangel.

Las tres naves situadas a los pies de la iglesia (dos en el lado de la Epístola y una en el del Evangelio) están dedicadas, no sé si permanentemente o de forma  transitoria, a almacén de objetos diversos.
Pies de la iglesia.
Capillas a los pies de la Epístola.
Capilla a los pies del Evangelio.
Cajón de la puerta de entrada a los pies de la iglesia.
Nuestra Señora de la Concepción de Regina. Pintura barroca situada a los pies del templo y, a menudo, confundida con la Esperanza Divina Enfermera.
 Aquí terminamos la visita a esta iglesia, de mediano tamaño y bien cuidada, con bastantes paneles informativos que se agradecen enormemente. En una próxima visita, ya bien pasada la Semana Santa, volveremos a visitarla para fotografiar todas las imágenes que procesionan en su lugar habitual.

Juan de Mesa y la iglesia de san Martín.

Tradicionalmente se viene afirmando que en esta iglesia de San Martín está enterrado Juan de Mesa. En la cripta de la parroquia se custodian unos huesos, guardados en una caja que lleva su nombre, aunque su autenticidad es algo que está todavía por confirmar. En la fachada de la iglesia podemos ver una lápida que confirma el enterramiento del genial escultor en la iglesia.

En la actual calle Divina Enfermera, antigua calle de Lerena, (lugar de sórdidos burdeles hasta hace muy poco) y, más antiguamente, Costanilla de san Martín, tenía su taller Juan de Mesa, el misterioso imaginero cordobés que, en menos de diez años, revolucionó la cultura barroca sevillana con un modelo que ha llegado hasta nuestros días.

He aplicado al artista el calificativo de misterioso y muchos se preguntarán el por qué, siendo como es un personaje tan conocido, con una calle dedicada a él en Santa Catalina, una efigie de bronce en la plaza de San Lorenzo y una placa de mármol en la fachada de la iglesia de san Martín. Pues es misterioso porque se sabe muy poco de él. Consta que entró como aprendiz en el taller de Martínez con 23 años, elevada edad para esa categoría, pero no conocemos nada de su vida hasta entonces. Tampoco tenemos idea de su aspecto físico.
Placa de mármol que recuerda en enterramiento del imaginero Juan de Mesa en esta iglesia.
 Por otra parte, se sabe que murió con 44 años, pero tampoco la causa del fallecimiento (se atribuye, sin evidencias, a la tuberculosis), ni el lugar concreto donde está enterrado. Finalmente, no se tiene ni idea de por qué se borró literalmente su memoria durante los siguientes trescientos años; no se sabe por mano de quien ni el motivo. Nadie, absolutamente nadie de la culta Sevilla de aquellos días, se tomó la molestia ni de enaltecerlo, ni de denigrarlo. Siguió en esta condición de ignorado hasta finales de los años veinte del siglo pasado, en que un grupo de estudiosos lo rescató del olvido, llegando a demostrar, ¡herejía!, que la talla de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder no salió de la gubia de Martínez Montañés, sino de la de su olvidado discípulo. A raíz de la escandalosa (por la que se armó) noticia, brotaron a la luz las obras de Juan de Mesa, atribuidas hasta entonces a otros artistas, anónimos o no. Los Cristos del Amor, de la Buena Muerte, de la Conversión del Buen Ladrón, de la Clemencia o el Nazareno de la Rambla son auténticas obras maestras que acompañan al Gran Poder como hijos del imaginero cordobés.
Monumento a Juan de Mesa, en la plaza de san Lorenzo.
No hay obstáculos importantes.