Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

viernes, 18 de mayo de 2012

Basílica Menor del Santísimo Cristo de la Expiración, I.

Según la leyenda, la Pontificia, Real e Ilustre Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Expiración y Nuestra Madre y Señora del Patrocinio en su Dolor y Gloria tiene su origen en el hallazgo de una imagen de la Virgen con el Niño en el interior de un pozo, situado en el mismo lugar donde se levanta la antigua capilla, que recibió el nombre de Nuestra Señora del Patrocinio.
Portada de la capilla nueva.
De un modo más riguroso, los investigadores aluden a una corporación con hospital propio fundada por gentes de color en 1.584 en la cercana calle Portugalete, bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario, anteriormente mencionada en la entrada correspondiente a la Capilla de los Negritos.


Entabló pleito con ellos la comunidad dominica de Sevilla, lo que obligó a la variación de tal título, a la par que, debido diversas vicisitudes, mudaban también de ubicación.

Así, en 1.587 pasó a llamarse de Nuestra Señora de las Cuevas, trasladándose por aquel entonces, tal vez a causa de la reducción de hospitales ordenada en 1.586 por el arzobispo Rodrigo de Castro, al entorno del Monasterio de la Cartuja. En 1.660 se le otorgó una parcela de terreno que pertenecía a las monjas del Dulce Nombre, en cuyo suelo levantaron la capilla. Logró la Hermandad recuperar el nombre de Rosario hasta el año 1.673, en el cual la orden de santo Domingo se instala en la ermita de la Candelaria (actual templo de san Jacinto), viéndose obligada a adoptar finalmente la advocación de Virgen del Patrocinio.

La tradición oral también cita que, durante la visita del monarca Felipe IV a Sevilla en 1.624, una tarde que paseaba en su falúa por el río, acudió a postrarse ante dicha imagen, cuyo título tanto defendería posteriormente en gratitud por los favores dispensados por la Virgen durante su reinado, extendiéndolo entre sus reinos y consiguiendo de Roma, en 1.656, la institución de la Fiesta del Patrocinio de Nuestra Señora. Por este motivo la Hermandad ha organizado desde tiempo inmemorial, cada año, solemnes sufragios por el alma del monarca.
Felipe IV, gran impulsor de esta advocación de la Virgen. 
Diego Velázquez, 1.656.  National Gallery, Londres.
Tiene lugar entonces un lapso de apenas diez años en que la Hermandad, en 1.671, pasa de encargar un nuevo retablo al ensamblador Marcos de Yepes, para el Cristo con la Cruz a Cuestas, (al que igualmente daba culto), a la aparición en la capilla de otra corporación, la del Santísimo Cristo de la Expiración y Nuestra Señora de la Paz. 

En ese momento se produce un hecho crucial en la historia de la Hermandad: la nueva corporación contrata a un entonces joven Francisco Antonio Ruiz Gijón, en 1.682, para la realización de un Crucificado. La imagen que Ruiz Gijón entrega supone algo muy distinto a lo que el barroco andaluz había producido durante su ya larga y fecunda trayectoria, hasta el punto de considerarse el nacimiento del Cachorro, pues a él nos referimos, como el final definitivo del barroco andaluz. De esta talla se han escrito todo tipo de elogios, tanto por la crítica de Arte, como por la literatura piadosa, e incluso por las leyendas del pueblo llano, como narrábamos en la entrada


En su figura se une el último estertor de la agonía de Jesús en la cruz y el Triunfo de la Resurrección que su muerte anuncia. La expresión de su rostro ha confortado durante más tres siglos a miles de devotos, hasta el punto de convertir aquella humilde ermita originaria en foco universal de fe y de religiosidad.

En 1.689, y por orden el cardenal Ambrosio Spínola (no confundir con el cardenal y beato Marcelo Spínola), quedaron fusionadas las dos corporaciones antes mencionadas, pasando a constituirse la Hermandad del Santísimo Cristo de la Expiración y Nuestra Señora del Patrocinio, estableciéndose su salida penitencial para la tarde del Viernes Santo.

También por aquellos años, a finales del XVII, se amplió la capilla, añadiéndosele el primer cuerpo, reedificándola y restaurando todo lo demás. La obra fue costeada por don Sebastián Fernández Barrantes, quien al morir sería enterrado en el presbiterio. Desde entonces ha sido creciente el auge de la corporación resultante, dado el continuo crecimiento de la devoción hacia ambos titulares.
En esta imagen se ven la capilla antigua y la moderna, ambas en restauración en estos momentos. A la derecha, bajo las grúas, va creciendo la Torre Pelli. No quiero imaginar la vista que tendremos cuando esté terminada.
Precisamente debido a la altísima veneración que reciben ambas tallas, durante el siglo XIX, y debido a epidemias y calamidades, son numerosas las ocasiones en que se han organizado rogativas, produciéndose efectos milagrosos tanto en éstas como en sus procesiones de Semana Santa.

En 1.814 se compra e instala el Retablo Mayor de la capilla, procedente de la iglesia de san Alberto. En 1.846 cruza el río por vez primera en su estación de penitencia para acudir a la catedral, pues hasta entonces la realizaba a la Real Parroquia de Nuestra Señora Santa Ana. Desde 1.878, realiza regularmente la estación a la catedral cada año. En 1.921 se sustituye la imagen dolorosa de la Virgen del Patrocinio de Cristóbal Ramos por otra de autor desconocido, de rostro más letífico y acorde con la advocación.
Imagen de la Virgen del Patrocinio que se quemó en 1.973.
Fotografía de "La Señorita de Triana" tomada la noche antes del incendio.
No es sin embargo hasta 1.946 cuando, al fin, se logra aprobar el proyecto realizado por el hermano y arquitecto Aurelio Gómez Millán, para edificar un nuevo templo acorde con las necesidades espirituales y materiales de la Hermandad, colocándose la primera piedra el Domingo de Resurrección de 1.947. Catorce años después es bendecido el nuevo templo del Santísimo Cristo de la Expiración, que ha respetado la antigua Capilla del Patrocinio conectándola como Capilla del Sagrario. El Crucificado, que antes se veneraba en un pequeño altar lateral de mármol, pasa a ser ahora el centro de veneración ocupando el Altar Mayor.
Aspecto de ambas capillas hace unos años.
Muestra del espíritu de devoción y superación de esta Hermandad es la reacción tras el incendio fortuito que tuvo lugar en 1.973, a resultas del cual la Virgen, la Señorita de Triana, quedó completamente destruida por las llamas, en tanto que el Cristo fue salvado de manera valiente y milagrosa por un peatón, Rafael Blanco Guillén, que alertado por el humo, trepó por las rejas de una puerta y una ventana hasta llegar al balcón, rompiendo un cristal de una patada y entrando en la iglesia, que no conocía. Medio a ciegas pudo bajar al templo, encontrando la Virgen convertida en un montón de cenizas y el Cachorro con las piernas ardiendo. Con el agua de un jarrón con flores apagó las llamas y abrió la puerta principal del templo, permitiendo el acceso al mismo de los bomberos. El héroe salió con una herida en la pierna y ennegrecido por el humo.

Pero como decimos, antes de traducirse en una aflicción, el trágico significó un nuevo revulsivo, sustituyendo de inmediato la efigie de la Virgen por otra de similar o mejores calidades, obra de Luis Álvarez Duarte, de parecido estilo. Se restauró la efigie del Cristo y comenzó una nueva etapa de fuerte esplendor, tanto en número de hermanos como en patrimonio y sobre todo vida religiosa.

Este grave incidente dio pie a otra leyenda “capillita” a la que tan aficionados somos en esta ciudad y que narrábamos en la entrada antes citada sobre el Cristo del Cachorro.
Portada de la capilla nueva con sus característicos azulejos.
Azulejos de las jambas de la portada.
Tímpano de la portada.
Su fachada se comenzó a levantar en el año 1.964. Tiene vano adintelado con pilastras laterales, jamba, óculo y espadaña. Se decora con veintiún paños de azulejos de estilo portugués, en tono azul cobalto; en las jambas se representan los misterios del Santo Rosario, y en el arco, escenas de la vida de la Virgen. Fueron pintados a témpera por Antonio Rodríguez Herrera en 1.922, pasándose a cerámica por José Escolar Mateos en la trianera fábrica de Montalván. El orden de los paneles cerámicos es el siguiente, comenzando por el interior izquierdo y siguiendo en el sentido de las agujas del reloj:

(Por cortesía de http://www.retabloceramico.net)

Resurrección de Cristo.
Ascensión a los Cielos.
Pentecostés.
Asunción de la Virgen.
Coronación de la Virgen.
San Joaquín y santa Ana enseñando a leer a la Virgen.
Los Desposorios de la Virgen.
Anunciación.
Visitación.
La huida a Egipto.
La Sagrada Familia.
Jesús entre los doctores.
Presentación de Jesús en el templo.
Adoración de los Magos.
Inmaculada Concepción.
Oración en el huerto.
La Flagelación.
La Coronación de Espinas.
Jesús caído.
Calvario.
En el tímpano sobre la puerta está ubicado un grupo escultórico de La Piedad. Fue donado por doña Carmen Córdoba de León Sotelo, viuda de don Fernando Guimerá, y sus hijos Fernando, María del Carmen e hijo político Agustín Artillo Pabón, por entonces accionistas mayoritarios de la prestigiosa firma de cerámica Mensaque, Rodríguez y Cía. La ejecución, en azul cobalto sobre blanco en consonancia con los anteriores citados, correspondió al ceramista Antonio Hermosilla Caro, según boceto a témpera del pintor Juan Antonio Rodríguez, el mismo que  veinticinco años antes hiciera los bocetos de los paños de la portada.
La Piedad. Tímpano de la portada.
La portada luce en la parte superior una espadaña de tres tramos, el central de medio punto y los laterales adintelados, rematado todo por un frontón con el escudo de la hermandad y cruz.

A la izquierda de la fachada se nos presenta un soberbio retablo cerámico del Santísimo Cristo de la Expiración. Es obra del  ceramista Manuel Arellano y Campos sobre 1.900, que fue donado a la Hermandad en 1.923 y colocado en la fachada de la antigua Capilla. Cuando se edificó el templo actual fue colocado en su situación actual.
Retablo del Cristo de la Expiración. Manuel Arellano, sobre 1.900.
En el lado derecho, sobre la fachada de la capilla antigua, vemos otro retablo cerámico, algo más pequeño, de Nuestra Señora del Patrocinio. Fue pintado por Emilio Sánchez Palacios en 1.999, para conmemorar el XXV aniversario de la Hermandad en su actual formato.

Nuestra Señora del Patrocinio. Emilio Sánchez Palacios, 1.999.
Finalizamos aquí la primera parte de la visita, en la que nos hemos limitado a la zona exterior.


Accesible a personas con movilidad reducida.