Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

domingo, 20 de marzo de 2011

Iglesia Colegial del Divino Salvador -IV y final. Nave de la Epístola.

En este capítulo recorreremos la Nave de la Epístola en sentido inverso, esto es, desde la puerta de salida hacia el interior. Lo primero que vemos es el Altar de las Santas Justa y Rufina, con dos salas a los lados. En la capilla de la derecha podemos admirar al siempre gigantesco San Cristóbal (2,20 metros de altura), primera obra documentada (1.597) de Martínez Montañés, encargada por el gremio de los guanteros. La figura es muy semejante a la obra del italiano Pérez de Alesio de la Catedral de Sevilla, origen de la famosa anécdota de la gamba. 
Vista del altar de las Santas Justa y Rufina, con la Capilla de san Cristóbal a la derecha y la de san Miguel a la izquierda.
San Cristóbal. Martínez Montañés, 1.597.
San Cristóbal. Detalle.
De san Cristóbal poco se sabe históricamente; apenas que era un mártir cristiano de Asia Menor al que ya se le rendía culto en el siglo V. La leyenda es mucho más pintoresca: Cristóbal (en griego “el que lleva a Cristo”) era un guerrero (hoy diríamos mercenario) de estatura colosal, con gran fuerza física, y tan orgulloso que no se conformaba con servir a amos que no fueran dignos de él. Fue sirviendo a un rey tras otro, pasándose siempre al bando vencedor, hasta que un día, estando a las órdenes del aparente señor de la tierra, Cristóbal lo vio temblando cuando le mencionaron al demonio. Cristóbal entonces decidió ponerse al servicio del diablo, verdadero príncipe de este mundo, y buscó a un brujo que se lo presentara. Pero en el camino el brujo pasó junto a una Cruz y, temblando, la evitó. Cristóbal le preguntó si temía a las cruces, contestándole el brujo que no, que le temía a quién había muerto en la Cruz, Jesucristo. Cristóbal le preguntó entonces si el demonio temía también a Cristo, y el brujo le respondió que el diablo tiembla a la sola mención de una Cruz donde murió el tal Jesucristo. 

¿Quién podrá ser ese raro personaje tan poderoso aún después de morir? Se lanza a los caminos en su busca y termina por apostarse junto al vado de un río por donde pasan incontables viajeros a los que él lleva hasta la otra orilla a cambio de unas monedas. Nadie le da razón del hombre muerto en la cruz que aterroriza al Diablo. 

Hasta que un día cruza la corriente cargado con un insignificante niño a quien no se molesta en preguntar; ¿qué va a saber aquella frágil criatura? A mitad del río, su peso se hace insoportable y sólo a costa de enormes esfuerzos consigue llegar a la orilla: Cristóbal llevaba a hombros más que el universo entero, al mismo Dios que lo creó y redimió. Por fin había encontrado a Aquél a quien buscaba. 

-¿Quién eres, niño, que me pesabas tanto que parecía que transportaba el mundo entero? 

-Tienes razón-, le dijo el Niño.- Peso más que el mundo entero, pues soy el creador del mundo. Yo soy Cristo. Me buscabas y me has encontrado. Desde ahora te llamarás Cristóforo, Cristóbal, el portador de Cristo. A cualquiera que ayudes a pasar el río, me ayudas a mí. 

Cristóbal fue bautizado en Antioquía. Se dirigió sin demora a predicar a Licia y a Samos. Allí fue encarcelado por el rey Dagón, que estaba a las órdenes del emperador Decio. Resistió a los halagos de Dagón para que se retractara. Dagón le envió dos cortesanas, Niceta y Aquilina, para seducirlo. Pero fueron ganadas por Cristóbal y murieron mártires. Después de varios intentos de tortura, ordenó degollarlo. Según Gualterio de Espira, la nación siria y el mismo Dagón se convirtieron a Cristo. 

La capilla de la izquierda es la de San Miguel está presidida por un retablo de piedra que perteneció al Trascoro de la Colegiata, cuando éste se encontraba situado entre las cuatro columnas centrales. Dos columnas dóricas, de mármoles rojos y negros, soportan un entablamento con triglifos sobre el que se enrosca un frontón curvo partido. En el centro de la portada se encuentra el símbolo de la Colegiata: una bola del mundo con la cruz de la Fe.
Retablo de San Miguel.
La hornacina central está ocupada por una imagen del Árcangel San Miguel de gran calidad artística, tallada en el siglo XVIII y de autor desconocido. El Arcángel Miguel es considerado como el Jefe de los Ejércitos de Dios en las religiones judía, islámica y cristiana (Iglesias Católica, Ortodoxa, Copta y Anglicana). La Iglesia Católica lo considera como patrono y protector de la Iglesia Universal y el primero de los siete arcángeles, junto con Gabriel y Rafael. Supuestamente tocará la trompeta el día del arrebatamiento y es el encargado de frustrar a Lucifer o Satanás, enemigo principal de Miguel por ser el arcángel de los ángeles caídos o del mal. Por eso, en el arte se le representa como un ángel con armadura de general romano, amenazando con una lanza o espada a un demonio o dragón. También suele ser representado pesando las almas en la balanza, pues según la tradición, él tomaría parte en el Juicio final.
San Miguel venciendo al dragón.
En esta pequeña capilla encontramos una serie de obras de diferentes procedencias:
San Pedro. Talla policromada. Anónimo sevillano, siglo XVII.
Palanquín del Niño de las Aguas. Anónimo siglo XVIII. Donado por don Bernardo Sánchez de Villavicencio.
Retrato del arzobispo don Manuel Arias. Anónimo siglo XVIII.
San Agustín. Cayetano de Acosta, 1.771-1.779.
San Agustín. Cayetano de Acosta, 1.771-1.779.
Retrato del arzobispo don Antonio Ignacio Spínola Guzmán. Óleo sobre lienzo. Anónimo sevillano, 1.682.
Como he mencionado antes, entre estas dos capillas se encuentra el Altar de Santa Rufina y Santa Justa.
Santas Justa y Rufina. Jerónimo Hernández, siglo XVI.

Tallado por Juan de Dios Moreno en el año 1.728, aparecen en los laterales de las columnas de enmarcan el centro del retablo una serie de objetos de cerámica, que aluden al oficio de alfarerías de las mártires (su historia ya fue comentada en la visita a la Catedral). 

Las figuras de las Santas, atribuidas a Jerónimo Hernández, (finales del XVI) provienen del antiguo Hospital de las Cinco Llagas, actual sede del Parlamento andaluz. 

En la parte superior del retablo encontramos una Magdalena arrodillada atribuida a Juan de Dios Moreno y, en el banco, la cabeza del Cirineo de Juan de Mesa, procedente de la Hermandad de Pasión.
Dolorosa arrodillada. Juan de Dios Moreno.
Cabeza de Simón de Cirene. Juan de Mesa.
La siguiente Capilla está compartida por dos retablos, unidos casi como uno solo, según vemos en la siguiente fotografía:
Retablos de san Fernando y del Cristo de la Humildad y Paciencia.
Retablo del Cristo de la Humildad y Paciencia.
Fue encargado por el gremio de guanteros en honor de su patrón, San Cristóbal, imagen que hoy ocupa la antigua Capilla del Bautismo. Es talla de José Maestre, con dorados de Francisco Lagraña. 
Cristo de los Dolores. Alberto Durero.
La imagen principal, del Cristo de la Humildad y Paciencia, fue tallada por Antonio Quirós en 1.696. Se inspira en un conocido óleo sobre tabla de Durero, el Cristo de Dolores, que se conserva en Karlsruhe, Alemania, y es de una gran calidad artística, expresando la soledad del Cristo torturado.
Cristo de la Humildad y Paciencia. Antonio Quirós, 1.696.
En las entrecalles se encuentran una imagen del Arcángel Rafael y otra de san Cayetano, y en el cuerpo de remate una Inmaculada y las figuras de san Pedro y san Pablo.

Retablo de San Fernando.
Fernando III fue canonizado en el año 1.671. Entre 1.760 y 1.767 José Díaz compuso este retablo a la manera del antiguo gran retablo de la Capilla del Sagrario de la Catedral, hoy desaparecido. Se compone de un banco, con dos calles laterales separadas por estípites que enmarcan una hornacina en la que se encuentra el santo titular, y un ático con una custodia pintada, rematada por el escudo de la monarquía española, todo ello envuelto en una profusa decoración. 
San Fernando, con san Hermenegildo (izquierda) y san Luis, Rey de Francia (derecha).
La imagen del santo patrón de Sevilla fue tallada por Antonio de Quirós en 1.699, correspondiendo la policromía al pintor Francisco Meneses Osorio. Los santos que lo acompañan son san Luis, Rey de Francia, y san Hermenegildo, obras ambas de Blas Molner. El ático lo ocupan las figuras de san Diego de Alcalá y san Juan Bautista.
Ático del retablo, con san Diego de Alcalá (izquierda) y san Juan Bautista (derecha).
El siguiente espacio de esta Nave de la Epístola está ocupado por el

Conjunto de la Virgen de las Aguas. 
Está formado por la Pila Bautismal, el frontal de plata del Altar y el retablo de la Virgen de las Aguas. 

La Pila Bautismal fue labrada por el cantero Pedro López de Verástegui en el 1.591. Más adelante se modificó con la introducción de una pila menor, también de mármol, cuya función era, en palabras de la época, “para que el agua que se echa a los niños cuando se baptizan corra por ella a la pisina y no se mezcle con la que queda en la pila”. 
El frontal de plata del Altar es obra del platero Eugenio Sánchez Reciente en el año 1.756; el conjunto contiene un total de 129 piezas, con símbolos marianos, como la fuente y la rosa, además de escudos de la monarquía española y escudos militares. 

El retablo de la Virgen de las Aguas se construyó después del camarín, entre los años 1.726 y 1.755. Fue costeado por dos fieles, José y Diego Pérez de Baños, y encargado al ensamblador carmonense José Maestre, con dorados de Francisco Lagraña. 
Retablo de la Virgen de las Aguas.
Virgen de las Aguas. Siglo XIII.
Está compuesto por dos hornacinas superpuestas. La baja, que conecta visualmente con el camarín, aloja a la Virgen de las Aguas, con el fondo de luz que proporciona la ventana abierta a la calle Villegas. La hornacina alta es la visión mítica de la aparición de la Virgen a san Fernando durante el asedio a Sevilla. 

En la hornacina del banco se muestra un Niño Jesús, obra de Martínez Montañés. En el cuerpo intermedio aparecen los santos Leandro e Isidoro, tallados por Felipe de Castro. Más arriba vemos a san José y san Diego de Alcalá. 

El ático está formado por dos ángeles que presentan el escudo de la monarquía española y como remate, otros seres celestiales sujetan el emblema de la Colegiata: la bola del mundo con la cruz como símbolo de la Fe. En los laterales del cuerpo central aparecen dos relieves que representan la Anunciación y la Visitación.
San Leandro. Talla de Felipe de Castro.
San Isidoro. Talla de Felipe de Castro. 
Ático del retablo: aparición de la Virgen a san Fernando durante el asedio a Sevilla.
Junto a las puertas laterales que conducen al camarín de la Virgen de las Aguas podemos ver dos curiosos armarios decorados con motivos orientales, diría que japoneses. De su origen, por el que me pregunta un lector, no he podido averiguar nada, por lo que agradecería algún dato sobre ellos.

Armarios de estilo oriental.
Con la Virgen de las Aguas podemos dar por concluida la visita, ya que tras ella encontramos los retablos del Cristo del Amor y de los santos Crispín y Crispiniano, ya vistos anteriormente. Volvemos sobre nuestros pasos y salimos al exterior. Hemos terminado la visita de la que en estos momentos es, en mi modesta opinión, el monumento mejor conservado/restaurado y acondicionado para las visitas de toda la ciudad.