Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

lunes, 1 de mayo de 2017

Visitando la Catedral, -XXVIII. Capilla de San José.


El altar neoclásico que preside esta capilla fue diseñado por el arquitecto Juan Pedro Arnal, Director de Arquitectura de la Real Academia de San Fernando y construido entre 1.799 y 1.805. Realizado en mármol y bronce, dispone de un solo cuerpo con el vano central enmarcado mediante columnas corintias, sobre el que se apoya un entablamento con cornisa, rematado todo por un semicírculo adornado por casetones. La escultura principal que representa a San José es obra de José Esteve Bonet y, las restantes, San Jorge y San Blas a los lados del patriarca y Santa Lucía y Santa Teresa sobre la cornisa, acompañando al relieve de La Virgen del Rosario con Santo Domingo, de Alfonso Giraldo de Bergaz. 
Capillas de San Hermenegildo (izquierda) y San José (derecha).
El retablo de San José supuso la implantación del estilo neoclásico en la Catedral de Sevilla, sirviendo de modelo a posteriores trabajos. A ello ayudó la prohibición de Carlos IV de construir los retablos en madera, a raíz del incendio de la Cárcel Real en Madrid, iniciado en el retablo de la capilla. Este temor a los incendios y el hartazgo de elementos decorativos tan propios de la última época del barroco, hizo que a partir de entonces los retablos se construyeran en piedra o estuco policromado.
Retablo de San José.
San José. José Esteve Bonet, principios del siglo XIX.
San Miguel.
San Blas. Ambas obras de Alfonso Giraldo de Bergaz, de la misma época que el retablo.
Ático del retablo con las efigies de Santa Lucía y Santa Teresa. En el medallón se representa la escena de la Virgen entregando el Rosario a Santo Domingo. 
En el muro de la derecha se encuentra el sepulcro del cardenal Manuel Joaquín Tarancón y Morón. Nacido en Covarrubias, Soria, en 1.782, comenzó una brillante carrera en el clero, llegando a ser Rector de la Universidad de Valladolid, desviándose más tarde a la política activa, siendo elegido durante varias legislaturas diputado por Soria y, más tarde, senador por Valladolid. Hombre muy instruido, tanto en ciencias como en letras, fue nombrado preceptor de la reina Isabel II y de su hermana Luisa Fernanda, llegando a ser nombrado senador vitalicio y concediéndosele la Gran Cruz de Carlos III. En 1.847 es nombrado obispo de Córdoba y, diez años más tarde, arzobispo de Sevilla, ya con 75 años de edad, viejo y cansado, por lo que necesitó de la ayuda de un obispo auxiliar para ejercer su mandato hasta 1.862, año en que murió.
Muro derecho de la capilla, con el sepulcro del cardenal Tarancón, rodeada por un apostolado de 1.700 atribuido a Esteban Márquez, y dos pinturas de San José con el Niño, una anónima del siglo XVII y otra del mismo siglo de Alonso Miguel de Tovar.
Sepulcro de Manuel Joaquín Tarancón y Morón.
También vemos el más moderno y estilizado sepulcro del arzobispo José María Bueno Monreal, elevado a cardenal en 1.958 con 57 años de edad, jubilado en 1.982 y fallecido en 1.987. Fue el sucesor de nada menos que el cardenal Segura, viejo león de la archidiócesis sevillana que se atrevió a negarle el palio al mismísimo Franco. Hubo roces entre ellos, ya que Roma mantuvo de arzobispo a Segura, pero nombró coadjutor con plenos poderes y derecho sucesorio a Bueno Monreal; es decir, uno tenía el cargo y el otro el poder. 
Muro frontal de la capilla.
Fue limando asperezas Bueno Monreal y se dedicó a una labor pastoral intensa. Con una Sevilla creciendo industrialmente, fomentó la creación de parroquias en los nuevos barrios, comenzando por Los Remedios; hasta sesenta nuevas parroquias se crearon durante su mandato. Vivió de lleno el Concilio Vaticano II, que tantos cambios supuso en la institución de la Iglesia... y en sí mismo. De este Concilio salió el Bueno Monreal afable, liberal, pragmático, prudente, socarrón y fiel a sus sacerdotes que marcó el resto de su mandato.
Sepulcro del cardenal Bueno Monreal.
Tuvo que lidiar con el espinoso asunto del Palmar de Troya, que manejó con mano izquierda, pero con firmeza. También reestructuró de forma importante la diócesis de Sevilla, que redujo a los límites geográficos provinciales. Participó en los cónclaves que eligieron a los papas Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II. Precisamente después de una cena de los obispos andaluces con Juan Pablo II, en enero de 1.982, el cardenal Bueno Monreal sufrió una trombosis que le dejó muy mermado físicamente para el resto de sus días. Aguantó en el cargo hasta los 75 años en que presentó su carta de renuncia. Falleció en Pamplona en 1.987 durante unas vacaciones y fue inhumado en esta capilla de su querida Catedral. 
Las pinturas que rodean su enterramiento representan a San Blas curando a un niño, de Vicente Carducho, siglo XVII, Santa María Magdalena, San Lázaro y Santa Marta, de Valdés Leal, 1.657-1.659, San Juan Bautista, de Francisco de Polanco, sobre 1.650 La Virgen del Rosario, de Zurbarán, del mismo año que la anterior.
San Blas curando a un niño, de Vicente Carducho, siglo XVII.
Santa María Magdalena, San Lázaro y Santa Marta. Valdés Leal, 1.657-1.659.
San Juan Bautista. Francisco de Polanco.
La Virgen del Rosario. Zurbarán, 1.650.
También se expone en esta capilla, junto al sepulcro del cardenal Tarancón, una talla de tamaño natural de un Cristo atado a la columna que, según apunta mi amigo Rafael Ríos, está atribuida a Ruiz Gijón. Al parecer, formaba parte del antiguo altar o monumento eucarístico que se alzaba en la catedral para la celebración del Triduo Sacro. De grandes dimensiones, la estructura de esta estructura efímera casi llegaba a tocar las bóvedas catedralicias. En el primer cuerpo se exponía la Custodia de Arfe y, en el segundo, la imagen de la que hablamos, rematándose el conjunto con el Calvario situado sobre la Puerta de la Asunción.
Cristo atado a la columna. Francisco Antonio Ruiz Gijón, 1.688.
Un claviórgano inglés de 1.787, fabricado por Gabriel Buntebart y Sievers, situado en el interior de una vitrina de metacrilato junto a la verja, estorba más que adorna.
Ilumina (enormemente) la capilla una vidriera moderna (1.932) de la casa Maumejean, mostrando la escena de La Adoración de los pastores, en tanto que la situada sobre la bóveda es antigua, 1.479, de Enrique Alemán, y nos muestra las imágenes de los Padres de la Iglesia Latina: San Gregorio, San Agustín, San Ambrosio y San Jerónimo.
La Adoración de los pastores. Casa Maumejean, 1.932.
Los Padres de la Iglesia Latina: San Gregorio, San Agustín, San Ambrosio y San Jerónimo. Enrique Alemán, 1.479.
Tras la Capilla de San José hemos llegado al lugar de partida, es decir, el pasillo abovedado que nos trajo de la zona del Pabellón, con lo cual podemos dar por concluida la visita a las naves laterales de nuestra catedral. Ahora tan solo nos queda la zona central: Capilla Real y Coro.