Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

martes, 16 de mayo de 2017

Iglesia de San Alberto de Sicilia. Oratorio de San Felipe Neri, -I.

Hay en Sevilla una serie de templos que no acogen ninguna hermandad (ya sean sacramentales, de penitencia, de gloria o agrupaciones de fieles) o que, aún alojando alguna, no procesiona en ninguna época del año. Y es que, en esta ciudad, en la que se concibe la fe solamente (o en la mayoría de los casos al menos) como “religiosidad popular”, quien no pone un paso en la calle es como si no existiera. Sirvan estas palabras no como una queja (servidor no sería el más adecuado para ejercerla), sino como simple constatación de un hecho que todos saben, pero nadie reconoce. En esta Sevilla nuestra somos los más religiosos del mundo, pero solo desde el Viernes de Dolores hasta el Domingo de Resurrección. Por favor, que no se me ofenda nadie, no es más que una opinión personal.
Iglesia de San Alberto de Sicilia. Oratorio de San Felipe Neri.
El templo que visitamos hoy corresponde a dicha descripción; no aloja en la actualidad ninguna hermandad, por lo que es conocida apenas por los residentes del barrio y poco más. No obstante, en tiempos anteriores cobijó, entre otras, las hermandades de la Veracruz, la Quinta Angustia o la Hermandad de Caballeros Riojanos de Nuestra Señora de Valvanera.
Fundada en 1602 por los carmelitas para colegio de estudios superiores, bajo la advocación de San Alberto de Sicilia, en la actual calle Manuel Rojas Marcos (antigua calle Alta del barrio de la Costanilla), fue consagrada años después, en 1626.
En el transcurso de la invasión francesa, el convento fue ocupado y transformado en cuartel. Tras los destrozos habituales, hubo de ser seriamente intervenido en 1815, permaneciendo en él los religiosos hasta la exclaustración de 1835, año en que fue adquirido por un particular, aunque la iglesia siguió abierta al culto. Finalmente, en 1893, se hicieron con el edificio los padres filipenses, no sin antes ganar un pleito ante los carmelitas, que deseaban la devolución del la finca.
La Congregación del Oratorio de San Felipe Neri (conocidos popularmente como filipenses u oratorianos) fue establecida por San Felipe Neri en 1564, después de largos años de atender a pobres, enfermos y peregrinos. Formada por sacerdotes seculares, su objetivo fundacional consiste en imbuir la vida cristiana y la práctica religiosa mediante la oración y el estudio. Se dedican fundamentalmente a la enseñanza.
Centrémonos ahora en el edificio. Si llegamos a él por la calle Manuel Rojas Marcos apenas podremos apreciar nada hasta quedar justo enfrente de su única puerta, situada en el lado de la Epístola, debido a la estrechez de la calle. Sin embargo, si accedemos desde la aún más angosta calle Estrella, podremos admirar al menos su airosa torre-campanario, invisible desde cualquier otro ángulo.
La iglesia, vista desde la calle Estrella.
En la mencionada portada se abre un arco de medio punto enmarcado por dovelas, con sendas pilastras cajeadas laterales, en las que se apoya el entablamento. Por encima, un frontón curvo partido, con hornacina central, acoge una imagen en piedra del titular del templo, realizada por Alonso Álvarez de Albarrán en 1627, escoltada por escudos del Carmelo. A la derecha del vano de entrada vemos un retablo cerámico, que nos muestra a San Felipe Neri, pintado por Fernando Orce para la fábrica Pedro Navia, de Triana, en la década de 1950-1960.
Retablo cerámico de San Felipe Neri. Cortesía de retabloceramico.net.
En un extraño ángulo que forma la fachada se sitúan dos hornacinas. La mayor, al nivel de la calle, está tapada con una lona y no he logrado identificar la escena que representa; en la superior observamos el retablo cerámico de la Virgen del Perpetuo Socorro, de autor desconocido e iguales fecha y fábrica que el de San Felipe.
Virgen del Perpetuo Socorro.
Es momento de entrar al templo. Apreciamos que se consta de una sola nave, de cinco tramos, con coro a los pies y presbiterio elevado tres escalones sobre el resto del suelo. Los tramos, separados por arcos fajones, sostienen una bóveda rebajada, con lunetos.
Vista general desde los pies del templo.
Retablo Mayor.
Capillas laterales se sitúan a ambos lados, abiertas mediante arcos de medio punto. Sobre ellas vemos sendas tribunas con barandas de forja.
Lado del Evangelio visto desde el presbiterio.
Lado de la Epístola visto desde el presbiterio.
Coro y sotocoro desde el mismo lugar.
Sin más preliminares, procedemos a recorrer la iglesia, comenzando, como es habitual, por los pies, en este caso el sotocoro. En el muro de la Epístola aparecen dos pinturas ovales con escenas de la vida de San Felipe Neri. En el lado opuesto se sitúa un pequeño altar en el que la Virgen, con el Niño, consuela a las ánimas del Purgatorio; fue realizado en 1930 por Antonio Gutiérrez Rodríguez. Al fondo, otra pintura con la escena de La Crucifixión de San Pedro. Del resto de obras de esta zona del templo no he podido encontrar referencias.
Imágenes del sotocoro de la iglesia.
La primera capilla de este lado del Evangelio está dedicada a Santa Teresa de Lisieux, la popular Santa Teresita. Vemos a la santa francesa presidiendo un altar neoclásico de principios del XIX, con San Juan Nepomuceno a su lado derecho y un santo con ropajes oscuros (¿jesuita?) que no he podido identificar al izquierdo.
Retablo de Santa Teresa de Lisieux.
A continuación encontramos el retablo de San Antonio de Padua, también neoclásico, con talla del santo en el centro, escoltado por pinturas de los cuatro evangelistas realizadas por Juan del Castillo entre 1631 y 1633. La escena de La Coronación de la Virgen, situada en el ático, es del mismo autor y época.
Retablo de San Antonio de Padua.
Capilla del Sagrado Corazón de Jesús. Estilo neobarroco, con imagen moderna de Jesús.
Retablo del Sagrado Corazón.
Paramos un momento para dar un vistazo a la bóveda rebajada que cubre la nave, decorada con pinturas geométricas, dotada de lunetos que proporcionan luz natural.
Bóveda de la nave.
Seguimos. Un San José, atribuido a Cristóbal Ramos, está representado en la siguiente capilla, alojado en un nuevo altar neoclásico. Debajo, pequeña imagen de la Virgen del Pilar. A los lados, pequeñas imágenes de la Virgen y un santo desconocido y, en el ático, San Juan Bautista.
Retablo de San José.
Púlpito y retablo de la Virgen de Valvanera.
En la parte que correspondería al lado del Evangelio del transepto (recordemos que la planta del templo es rectangular y no en forma de cruz latina) podremos contemplar el retablo de Nuestra Señora de Valvanera, patrona de la Comunidad Autónoma de la Rioja. Se trata de una advocación con poco arraigo en nuestra ciudad; así, a bote pronto, tan solo recuerdo a la imagen venerada en la iglesia de San Benito (al fin y al cabo, la hermandad original procedía de allí y allí radica en la actualidad).
Retablo de la Virgen de Valvanera.
La talla original, la que despertó la devoción, tiene su historia, mezclada un poco con la leyenda correspondiente y un mucho con lo que yo llamo “marketing evangélico”. La aparición de la imagen, relatada en un texto del siglo XII, escrito en latín  y atribuido a Gonzalo de Berceo, nos cuenta que, siglos antes, se le apareció un ángel a un ladrón arrepentido de sus fechorías, indicándole que fuese a Valvanera en busca de un roble que sobresaliese de los demás; en su pie encontraría una fuente  protegida por varios enjambres de abejas; allí estaría una talla de la Virgen María. Acudió el ladrón a dicho lugar con el padre Domingo, sacerdote de Brieva, encontrando la imagen. En ese lugar se comenzaría a edificar un lugar de culto a la Virgen en el último tercio del siglo IX. Con el tiempo, esta pequeña ermita daría lugar al Monasterio de Valvanera, en el que actualmente se venera la imagen, custodiada por monjes benedictinos.
Nuestra Señora de Valvanera.
Acompañan a la Virgen los beatos Antonio Grassi y Juan de Ávila (hoy santo y doctor de la Iglesia), en tanto que en el ático vemos una pintura con el motivo de La Aparición de la Virgen a San Bernardo.
Beato Antonio Grassi.
San Juan de Ávila.
Ático del retablo.
Finaliza aquí la primera parte de la visita a esta bonita iglesia.