Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

viernes, 11 de julio de 2014

Reales Alcázares de Sevilla, -XIV. Patios interiores, Apeadero y Patio de Banderas.

Como comentaba al final de la entrada anterior, estamos situados en este momento en el Jardín del Chorrón. En otro tiempo formaba parte del conjunto de los Jardines Antiguos, unido al Estanque de Mercurio y a los Jardines del Cidral, de la Alcubilla y del Conde. En tiempos de Felipe II, la actuación de Vermondo Resta dejó la distribución actual, con dos únicos jardines: el del Chorrón y el de la Alcubilla.
Jardín del Chorrón.
Torre del Agua, en el muro derecho del jardín..
Si nos colocamos de espaldas al Estanque de Mercurio, tendremos detrás nuestra el acceso a la Galería de Grutescos, a la derecha la Puerta de Marchena, a la izquierda el Palacio Gótico del que venimos y enfrente un espacio ajardinado, con una cruz de forja en una hornacina y un muro almenado (que comparte con el Jardín de la Alcubilla; al otro lado está la calle Judería). Un camino bordeado de macetones de cerámica trianera nos conduce a un corredor cubierto, presidido por un escudo con los emblemas de Castilla y León, que desembocará en el Apeadero.
Pasillo de comunicación con el Apeadero.
Escudo Real sobre el acceso al corredor.
El pasillo desde su interior. A la derecha vemos la entrada al Jardín de la Alcubilla.
Sin embargo, antes de llegar, a nuestra derecha, podremos acceder al Patio y Jardín de la Alcubilla, por dos entradas diferentes, cada una de ellas correspondiente a una de las dos galerías que presenta el patio. Recibe este nombre por la “alcubilla” o “arca de agua” (especie de depósito en alto que repartía agua hacia otros lugares del Alcázar) que había en esta zona.
Jardín de la Alcubilla y, al fondo, la Torre del Agua.

Constituye un espacio tranquilo, casi olvidado por los cientos de turistas que visitan el monumento sevillano a diario. Un lugar estupendo para sentarse y descansar un rato.
También es conocido como Patio del Tenis ya que, según reza un rótulo a su entrada, aquí se construyó, en tiempos de Alfonso XIII, a principios del siglo XX, la primera pista de tenis del país. Hecho más que discutible, ya que dicho honor se lo disputan diferentes ciudades españolas como Barcelona, Vigo y, lo que considero más probable, dos pequeñas poblaciones andaluzas, residencia por esos años de los ingenieros de minas ingleses: Riotinto (Huelva) y El Centenillo (Baños de la Encina, Jaén). 
Galería más cercana al Jardín del Chorrón.
Se trata de un patio de mediano tamaño, forma rectangular y una galería en cada extremo de los lados más cortos. Está constituido por cuatro parterres, sin delimitar por setos, en los que los naranjos sin podar impiden con su frondosidad contemplar el conjunto del Patio.
La galería más cercana al Jardín del Chorrón está formada por arcos escarzanos, sostenidos por columnas de mármol, con sus correspondientes basamentos y capiteles, mientras que la galería contraria, más cerca del Apeadero, tiene los arcos apoyados en pilares de ladrillo.
En la primera, centrada sobre el muro y junto a una puerta por la que se accede a un aula, podemos leer una placa de mármol blanco dedicada a Luis Cernuda con motivo del centenario de su nacimiento (año 2.002).
Interior y capiteles de la mencionada galería.
Dedicatoria a Luis Cernuda con motivo del centenario de su nacimiento.
Una de la torres de la muralla exterior (calle Judería), vista desde la galería del Jardín de la Alcubilla.
Durante la II República, el Alcázar pasó a manos del Ayuntamiento y la pista cayó en desuso. Franco, inquilino del palacio durante sus visitas a Sevilla, tampoco era dado a los deportes, así que languideció hasta que a mediados del siglo XX fue reformado, sembrando naranjos y palmeras para darle un aspecto “oriental”, situando en el centro una fuente de mármol del siglo XVI procedente del palacio de los Sánchez Dalp, derribado en la vorágine destructiva del patrimonio histórico sevillano de aquella época, que a su vez había sido comprado por Sánchez-Dalp a los duques de Medina Sidonia.
Fuente del siglo XVI, comprada por los Sánchez-Dalp a la Casa de Medina-Sidonia.
La galería frontera, con techo plano de pequeños casetones, muestra algunos relieves realizados en alabastro.
Galería opuesta del Patio de la Alcubilla.
Salimos de patio al corredor y, girando a la derecha, veremos una puerta enrejada que impide el paso. Se trata del Patio del Sol, que no se puede visitar habitualmente, por lo que recurro a fotografías de la estupenda página sevillaen360grados para poder verlo.
Imágenes del Patio del Sol.

Llegamos ya al Apeadero. A este se puede acceder igualmente siguiendo la Galería Dieciochesca procedente del Patio de la Montería, en cuya esquina hay un patio alargado en el que se sitúan las oficinas administrativas del Patronato.
Oficinas del Patronato de los Reales Alcázares.
Nivel primitivo de esta zona del Alcázar.
Puerta del antiguo Hotel Madrid.
Fuente islámica.
Recorramos ahora el Apeadero.
Vista general del Apeadero.
Desde el lado opuesto.
Arquería y armadura.
Entre 1.607 y 1.609, bajo el reinado de Felipe III, Vermondo Resta diseñó este espacio de tres naves separadas por arcos de medio punto que se apoyan en parejas de columnas toscanas, al estilo de las basílicas romanas e iglesias cristianas. La función era reordenar la entrada al Palacio, de ahí el nombre que conserva. El muro del fondo muestra un retablo dorado y policromado de finales del siglo XVII, en el que se muestra una escena de La Presentación en el templo. Esta sala cuenta con un piso alto, que sirvió de armería durante el reinado de Felipe V, y que ahora es sala de exposiciones temporales.
Retablo de La Presentación en el templo.


El Apeadero da acceso al Patio de Banderas a través de una monumental fachada manierista, rematada por el escudo de Felipe V. Es obra también de Vermondo Resta y ejecutada por el cantero Diego Carballo.
Puerta de acceso al Apeadero desde el Patio de Banderas.
Inscripción en la que se recoge la orden de Felipe III para ampliar el Alcázar.
El Patio de Banderas, zona diáfana que se encuentra dentro del recinto fortificado del Alcázar, constituye la entrada principal de dicho edificio para sus ilustres ocupantes. En la actualidad constituye la salida de visitantes turísticos provenientes de los Reales Alcázares. 
Aspecto habitual del Patio de Banderas.
Se trata de una gran plaza en la que se colocaban las banderas que señalaban la presencia de algún rey en palacio, funcionando como Plaza de Armas del recinto militar del Alcázar.
La catedral vista desde la portada del Apeadero.
Es un espacio excepcional desde el punto de vista arqueológico. Las excavaciones realizadas en 1.974 (Bendala y Negueruela), 1.999, 2.000 y 2.009 (Tabales), así como las actuales, también realizadas por el profesor Tabales nos han permitido situar con gran precisión los avatares históricos que ha sufrido este conjunto de edificios a lo largo de los siglos.
Trabajos arqueológicos en el Patio de Banderas.
Los trabajos arqueológicos realizados en 2.008-2.009 permiten afirmar que este lugar es, hasta la fecha, el primer asentamiento humano conocido de la ciudad de Sevilla.
Ya en los años 1.974 y 1.999-2.000, diversas excavaciones en los extremos norte y sur de la plaza mostraron una serie de construcciones superpuestas en el recinto, pero la prospección mediante georradar efectuada por el doctor Carvajal en 2.001 planteó la existencia de estructuras constructivas en el centro del Patio que era imprescindible catalogar y valorar.
Para ello, se han realizado una serie de sondeos y exploraciones que permiten asegurar, sin lugar a dudas, la existencia de actividad humana a cinco metros de profundidad del nivel actual (cota 7,50 sobre el nivel del mar). Se trata de un fondo de cocina, excavada en terreno natural y con varios niveles de uso, fechado en la primera mitad del siglo VIII a.C. 
Fondo de cocina del siglo VIII a.C. Constituye el indicio más antiguo de actividad humana en la ciudad.
Igualmente se detectó un edificio de adobe y enlucido internamente, datado en los siglos II-I a.C., sobre el que se construyó un posterior edificio que usó materiales de mediados del siglo I a.C. para salvar el desnivel existente. Este último edificio, de gran tamaño, se corresponde con el modelo típico de basílica romana del periodo republicano. Se desconoce el uso encomendado, pero la cercanía al puerto, entre otros indicios, permite aventurar una relación con éste.
Muro de adobe, datado en los siglos II-I a.C.
Edificio del siglo I a.C., sobreelevado en el siglo II d.C.
Sobre esta última edificación, cubierta por unos dos metros de sedimentos hay restos de otra construcción, esta del siglo I d.C., que permanece durante al menos trescientos años.
Es elevada una nueva construcción, en el siglo IV d.C. cuya función seguramente tenga relación (debido a la proximidad) con el baptisterio cristiano excavado en 1.974. Descubierto por el profesor Bendala en la campaña de 1.974, ya se apuntaba la posibilidad de que bajo el Patio de Banderas se encontrara la basílica paleocristiana de San Vicente, una de las tres que existían en aquella época en la ciudad y en la que estuvo enterrado San Isidoro. Las excavaciones, por ahora, solo indican (no demuestran, aun) la cercanía de dicho templo por la cantidad de tumbas encontradas (llegan hasta el Palacio de San Telmo) y los diferentes objetos religiosos hallados, como relicarios y bases de mesa de altar. 
Base de columna usada como aparejo de construcción en el edificio del siglo IV.
A inicios del siglo V, coincidiendo con la invasión de alanos y asdingos (año 410) y vándalos (año 429) es destruido el edificio; se ha podido fechar gracias a la aparición de un crismón de la serie del Obispo Marciano y de un tesorillo con monedas de la segunda mitad del siglo IV d.C.
El crismón del obispo Marciano y las monedas encontradas permiten situar la existencia del edificio paleocristiano a finales de siglo IV d.C.-principios del V d.C.
Sobre el antiguo inmueble paleocristiano se levanta un nuevo edificio, construido en ladrillo y considerado, pendiente de confirmación, de la época visigoda. El tipo de construcción, con contrafuertes exteriores y con un estribo aislado al interior, permite aventurar la existencia de bóvedas y, dada la cercanía del baptisterio cristiano (a 10 metros) un uso religioso.
Muro de ladrillos del siglo V, que aprovecha la cimentación y orientación de edificios anteriores.
En el siglo XI, tras siglos de ocupación mozárabe, esta construcción es derribada. En su lugar se levantan calles y viviendas pertenecientes al arrabal islámico.
Nivel de un patio islámico levantado sobre estructuras tardorromanas.
Fachadas y alcantarillas islámicas.
Todas las fotografías de las excavaciones en el Patio de Banderas proceden de los estudios publicados por el profesor Tabales en "Apuntes del Alcázar". Tras la campaña 2010, una vez catalogados todos los hallazgos, el Patio fue cubierto, recuperando su aspecto original. 
En la actualidad se lleva a cabo una nueva campaña arqueológica que comprenda prácticamente la totalidad de la zona central del Patio de Banderas. 
En cualquier caso, toda esta riqueza patrimonial que descansa bajo el Patio de Banderas tendrá como conclusión la construcción de una gigantesca cripta subterránea que ocupase la totalidad, o casi, del espacio actual y que permitirá a estudiosos y visitantes admirar tantos siglos de asentamiento humano reunidos en un solo lugar. Según declaraciones del alcalde Zoido, la cripta contará con una extensión de unos 600 metros cuadrados e irá conectada, mediante un túnel, a la casa número 15 del Patio de Banderas (donde se instalará un Centro de Interpretación) que habrá de ser cedida para este uso por Patrimonio Nacional. La superficie de la plaza quedará tal como la hemos conocido hasta ahora.
Actuales trabajos en el Patio de Banderas.
La previsión es que el proyecto quede finalizado y abierto al público en diciembre de 2.014. Me gustaría equivocarme, pero me da a mí que va a ser que no (v. gr. iglesia de San Luis).
Salimos ya del recinto a través del arco que comunica con la Plaza del Triunfo, en lateral de cual hay colocado un pequeño retablo acristalado del que no he encontrado ninguna referencia. Frente a el, en la misma esquina del patio, hay una puerta tras la cual se esconde un estrecho callejón que me aseguran se conserva tal cual desde los tiempos en que los judíos habitaban esta zona.
Capìtel del arco de salida del Patio de Banderas.
Retablo situado bajo el arco de salida del Patio de Banderas.
Callejón judío.
Termina aquí el recorrido por los Reales Alcázares de Sevilla, esa joya tan desconocida por la mayoría de los vecinos de la ciudad y más valorada fuera que dentro de nuestras fronteras.
Sin embargo, todavía queda una entrada más relacionada con este conjunto monumental, que me permitirán ustedes mantener en secreto hasta su publicación (no es que sea nada del otro mundo, pero me hace ilusión).