Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

viernes, 24 de enero de 2014

Carmona. Iglesia de San Pedro, -II. Nave de la Epístola.

Al entrar en el templo, lo primero que nos llama la atención es la situación del coro, exento a los pies de la nave, poco frecuente en las iglesias de la capital (de memoria sólo recuerdo la de Santa Ana). La planta es basilical, dividida en cinco tramos, crucero y capilla mayor con cabecera plana, distribuidos en tres naves, siendo la central más ancha que las laterales, de las que está separada por arcos de medio punto apoyados sobre pilastras, cada una de las cuales lleva dos medias columnas adosadas.
Vista de la nave central desde el coro.
Coro y órgano, vistos desde el presbiterio.
Nave de la Epístola desde el coro.
Esquina del coro y órgano.
Comenzamos el recorrido de la forma habitual, por los pies de la nave de la Epístola, en sentido contrario a las agujas del reloj. 

Sobre el muro de los pies se encuentra el Altar del Cristo de la Veracruz, una simple mesa de altar, donde se sitúan los tres titulares de la casi extinta Hermandad de la Vera Cruz de Carmona. Anteriormente, estas imágenes estaban situadas en retablo propio del desaparecido convento de Concepción de Carmona, lo que provocó el traslado de las imágenes, quedando pendiente el montaje del retablo.
Altar del Cristo de la Veracruz.
El Cristo de la Vera Cruz, posiblemente del siglo XVI, aparece muerto sobre la cruz formando un calvario con san Juan y la Virgen. Su estado de conservación, en el que habrá influido sin duda el traslado, es francamente malo.
Cristo de la Veracruz.
La Virgen de las Lágrimas es una imagen de candelero de autor anónimo, fechada en el siglo XVIII, atribuida por algunos a Benito Hita del Castillo. La talla es cedida todos los años por la Hermandad de la Vera Cruz, ya casi desaparecida, a la Hermandad del Descendimiento para que procesione en el paso de misterio de la Cofradía.
La imagen de San Juan Evangelista es también de candelero, es también anónima, posiblemente de finales del XVII o principios del XVIII.
Vista de la nave de la Epístola desde los pies.
El Retablo de Nuestra Señora de la Soledad y Cristo Yacente, siguiente en nuestro recorrido, es de estilo rococó, del siglo XVIII, de autor desconocido. 
Retablo de Nuestra Señora de la Soledad.
Está presidido por la Virgen de la Soledad, imagen de candelero seguramente de Gabriel de Astorga, escoltada por dos imágenes situados sobre ménsulas. La situada a la izquierda, con un crucifijo en la mano izquierda, pudiera ser san Francisco de Asís. A la derecha nos encontramos con una figura con espada llameante en la derecha; si llevara un libro en la otra mano, se podría afirmar que se trata del profeta Elías. 
Virgen de la Soledad.
¿San Francisco de Asís?
El profeta Elías.
Bajo la hornacina que aloja a la Virgen vemos el Santísimo Cristo Yacente, talla de apreciable valor artístico del siglo XVII, titular de la extinta Cofradía del Santo Entierro. Una auténtica pena que la imagen no se encuentre más a la vista o, al menos, mejor iluminada.
Santísimo Cristo Yacente.
Pasamos el cajón de la puerta de la Epístola, bellamente tallado, hasta llegar a la Capilla de Nuestra Señora de la Merced. En la reja que la protege aparece la leyenda “ESTA CAPILLA ES DE ALONZO MARTÍN SELADA”, seguramente el primer patrón de la capilla. 
Cajón de entrada del lado de la Epístola.
Capilla de Nuestra Señora de la Merced.
Reja con la inscripción antes comentada.
El retablo principal es renacentista, de principios del siglo XVII, con una hornacina central donde se sitúa la Virgen de la Merced, también del XVII, protegida con un vidrio, rodeada de relieves de santos. Los del lado izquierdo (mirando de frente) representan a San Juan Bautista y San Francisco de Paula, y los del derecho, a San Martín de Tours y San Carlos Borromeo. En el banco apenas se pueden entrever dos pinturas que nos muestran a San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús.
Retablo de Nuestra Señora de la Merced.
Virgen de la Merced. Siglo XVII.
En el segundo cuerpo aparece el relieve de La imposición de la casulla a San Ildefonso en el centro y, a los lados, San José y Santa Ana, rematando todo el conjunto la Santísima Trinidad. Tanto el ensamblaje como los relieves fueron realizados por Francisco de Ocampo, a partir de 1.617.
En el centro, Imposición de la casulla a San Ildefonso. A la izquierda, San José con el Niño. A la derecha, Santa Ana con la Virgen Niña.
La capilla está cubierta mediante una bóveda de media naranja, con escudos nobiliarios en las pechinas.
Bóveda de la Capilla de la Merced.
En el muro de la izquierda de la capilla se sitúa un altar neoclásico del XIX con la imagen de San Luis Gonzaga y, enfrente, otro gemelo, que acoge a Santa Filomena.
Altar de San Luis Gonzaga.
Altar de Santa Filomena.
Vista del lado del Evangelio desde este punto.
El retablo de Nuestro Padre de la Humildad y Paciencia viene a continuación.  Es de estilo barroco, posiblemente de finales del siglo XVII, de dos cuerpos. En el primer cuerpo, de mayor tamaño y abocinado, encontramos una hornacina con la talla de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia, de la escuela de José Montes de Oca, flanqueado por una pareja de  ángeles pasionarios, atribuidos a Pedro Roldán.
Retablo del Cristo de la Humildad y Paciencia.
Cristo de la Humildad y Paciencia. Siglo XVII, escuela de José Montes de Oca.
En la parte superior aparece una efigie de san Juan Evangelista, anónima, de principios del XVIII, también del círculo de Montes de Oca.
Ático del retablo. San Juan Bautista. Principios del siglo XVIII.
Vista de la nave de la Epístola desde la Capilla de San Juan Grande.
Coro y órgano vistos desde el mismo lugar.
Continuamos hasta la Capilla de San Juan Grande, religioso carmonense del siglo XVI que comenzó su labor existencial a pobres y enfermos “por libre” hasta que se unió a la Orden de San Juan de Dios. Desarrolló esta tarea principalmente en la zona de Jerez de la Frontera, localidad en la que falleció el año 1.600, víctima de la epidemia de peste. Fue beatificado el año 1.853 por Pío IX y santificado en 1.996 por Juan Pablo II.
La capilla está presidida por un sencillo retablo neoclásico del siglo XIX, realizado en madera y pintado imitando mármol, con la imagen de “Juan Pecador”, como le gustaba hacerse llamar, en la hornacina central. Viste ropajes bizantinos, dorados y estofados en oro, a la moda del siglo XVIII. Se trata del antiguo retablo de Santa Cecilia, cuya situación actual es desconocida.
San Juan Grande.
En el muro derecho de la capilla, en un hueco realizado en la pared y protegida por un vidrio que hace casi imposible su visión, se conserva la antigua pila bautismal de la parroquia, de barro cocido, vidriado en verde esmeralda, profusamente adornada con abundantes relieves. Tiene una inscripción que reza: Juan Sanches Vachero me fisso. Según reza en el mármol exterior, en ella fueron bautizados San Juan Grande y la madre de Santa Rosa de Lima.
Hornacina con la pila bautismal en la que fueron cristianizados San Juan Grande y la madre de Santa Rosa de Lima.
Aquí vemos la pila más claramente
(cortesía de http://www.sanpedrocarmona.es).

Pinturas en el muro derecho de la capilla.
El muro contrario acoge el sepulcro de don Tomás López y García de Leániz, natural de Laguna (Logroño) y residente en Carmona en 1.854, fecha en que una temible epidemia de cólera causó estragos entre la población. En su sepultura se puede leer: “SUS CUIDADOS, POR HALLARSE SIN FAMILIA PROPIA SE EMPLEARON TODOS EN LOS POBRES, ASISTIÓLOS CON MANO CARITATIVA EN LA TERRIBLE EPIDEMIA DEL CÓLERA, RECOGIÓ LOS HUÉRFANOS Y LOS DEVOLVIÓ EDUCADOS A LA PATRIA, etc”.
Sepulcro de don Tomás López y García de Leániz.
Pinturas en el muro izquierdo de la capilla.
En el centro de la capilla se ha situado, provisionalmente mientras se efectúa la reparación y limpieza de su retablo, a la Virgen de los Dolores, de la Hermandad de la Humildad y Paciencia.
Virgen de los Dolores en su emplazamiento provisional.
Vista la capilla, si nos giramos hacia la nave central, veremos que sobre la pilastra frente a nosotros cuelga un retablillo de estilo barroco tardío, ya avanzado el siglo XVIII, que alberga un pequeño Crucificado.
Retablillo sobre pilastra con Crucificado.
Frente a él nos espera el retablo del Cristo de las Ánimas, de estilo plenamente rococó, en el que podemos admirar un Crucificado de tamaño algo menor al natural, obra documentada del imaginero Martín de Andújar, de 1.632. En el ático vemos un relieve que representa al arcángel San Miguel con las Ánimas Benditas del Purgatorio.
Retablo del Cristo de las Ánimas.
Santísimo Cristo de las Ánimas. Martín de Andújar, 1.632.
San Miguel Arcángel con las Ánimas del Purgatorio.
Llegamos ya a la obra maestra de esta iglesia, sin desmerecer de todo lo visto hasta ahora y de lo que queda por ver, que es bastante. Hablamos de la Capilla Sacramental, una rotunda expresión del horror vacui tan típico de los períodos barroco y rococó. No peco de optimista si afirmo que está al nivel artístico (aunque sea más pequeña) que la iglesia de San Luis de los Franceses, de Sevilla.
Esquina del muro de la nave de la Epístola con la cabecera de la misma. A la derecha, la portada de la Capilla Sacramental. Enfrente, el retablo de la Virgen de la Antigua, o de la Rosa, como se la conoce popularmente.
Fue iniciada en 1.763 por Pedro de Silva, interviniendo posteriormente Ambrosio de Figueroa, el hijo menor de Leonardo de Figueroa. La cúpula es de los maestros locales José y Andrés Acevedo Fariñas.
Se accede a ella a través de una muy adornada portada de ingreso pintada en tonos verdes, con abundancia de adornos de curvas, contracurvas y hojarasca de perfiles dorados. Está rematada por dos imágenes situadas sobre las pilastras laterales, que representan la Esperanza y la Caridad (desgraciadamente mutiladas) y una hornacina central con un Niño Jesús en actitud de bendecir. Originariamente, este centro estaba ocupado por una imagen de la Fe y un Ostensorio, retirados ambos por su mal estado.
Portada de la Capilla Sacramental.
Parte alta de la portada.
Pasada esta portada existe una nave de acceso, cubierta con bóveda de pañuelo muy adornada con dorados, y relieve del Cordero Místico en el centro, del que parten cuatro nervios dorados. En los muros laterales aparecen dos grandes puertas dobles, enmarcadas por nuevos dorados, así como sendos relieves que se sitúan sobre ellas, representando El maná enviado al pueblo en el desierto y La Santa Cena y dos alegorías eucarísticas, el Pelícano y el Ave Fénix.
Una de las dos puertas laterales que encontramos en la nave de acceso a la Capilla Sacramental.
Relieve de la Santa Cena.
Bóveda de cañón de la nave de acceso.
Ya en la capilla propiamente dicha, podemos ver que hay tres retablos a cada lado del crucero (dos de ellos en chaflán), más el espectacular retablo central. El crucero está coronado por una adornada bóveda, que detallaremos más tarde.
Vista general de la Capilla Sacramental.
Comenzamos el recorrido de los retablos de esta capilla por el lado del Evangelio, en el sentido de las agujas del reloj). El retablo de Santa Bárbara es el primero, situado en el chaflán que forma la nave de acceso con el lado del Evangelio del crucero. La hornacina está ocupada por la santa y, en el ático, aparece el arcángel San Rafael. Como el resto de los retablos de la capilla, fue realizado en el siglo XVIII. Representa la Unción de los Enfermos y a ella se encomiendan aquellos que, en trance de muerte, no quieren hacerlo sin recibir los Santos Sacramentos.
Retablo de Santa Bárbara.
El retablo de San Juan Bautista ocupa el muro del Evangelio del crucero. En las calles laterales se sitúan San Francisco de Asís y San Diego de Alcalá,  en tanto que el ático está ocupado por san Cristóbal. El Bautista porta en su mano izquierda una cruz de la que cuelga una cartela que reza: “ECCE AGNUS DEI” (“He aquí el Cordero de Dios”). Como es obvio, hace referencia al Sacramento del Bautismo.
Retablo de San Juan Bautista.
San Juan Bautista, acompañado de San Diego de Alcalá (izquierda mirando de frente) y San Francisco de Asís (derecha).
San Juan Bautista.
Ático. San Cristóbal.
A continuación encontramos el retablo de San Francisco de Paula, con San Miguel en el ático. Representa el Sacramento del Matrimonio y, por ello, es invocado en casos de esterilidad.
Retablo de San Francisco de Paula.
Vista general de los tres retablos del lado del Evangelio de la Capilla Sacramental.
Hemos llegado ante el Altar Mayor de la capilla. Consta de altar, banco, y dos cuerpos de cinco calles, curvadas las cuatro laterales, con una central de gran anchura, adaptándose el conjunto a la forma semicircular de la pared. Una cubierta de cañón totalmente labrada y dorada, con la figura del Padre Eterno, corona la capilla. 
Altar Mayor de la Capilla Sacramental.
El retablo está presidido por una Inmaculada Concepción atribuida a Martín de Andújar Cantos en 1.632, bajo la que se sitúa el sagrario, con una pequeña imagen del Niño Jesús sobre él. En el lado derecho (mirando de frente) aparecen dos medallones que representan a Santa Bárbara (arriba) y La entrega a Moisés de las Tablas de la Ley (abajo). En la calle exterior de ese mismo lado se sitúa una talla de bulto redondo de Santa Ana. Al otro lado, nuevos medallones con Santa Clara (arriba) y el Arca de Noé (abajo), junto a la imagen exenta de San Joaquín. La Eucaristía es el sacramento representado en este retablo.
Primer y segundo cuerpo del Altar Mayor.
Sagrario y Niño Jesús. Los relieves policromados representan el Arca de Noé (izquierda) y la entrega a Moisés de las Tables de la Ley (derecha).
Segundo cuerpo, presidido por la Inmaculada Concepción, con dos relieves policromados a sus lados (Santa Clara a la izquierda y Santa Bárbara al otro lado). Las tallas exteriores representan a San Joaquín y Santa Ana.
Inmaculada, atribuida a Martín Andújar (1.632).
Bóveda del Altar Mayor, con el Padre Eterno.
Seguimos el recorrido situándonos ante el retablo de San Cayetano con el Niño Jesús, gemelo del de San Francisco de Paula. Representa el Orden Sacerdotal, por haber sido el presbítero italiano cofundador de la Congregación de los Clérigos Regulares Teatinos. Sobre él se sitúa el arcángel San Gabriel.
Retablo de San Cayetano.
San Cayetano con el Niño Jesús.
En el brazo del Evangelio del crucero veremos el retablo de San Teodomiro, patrón de la ciudad, monje carmonense que falleció martirizado tras la invasión musulmana. No tengo datos sobre las figuras que acompañan a San Teodomiro aunque, por los atributos que lucen pudieran ser: arriba, San Roque; a la derecha, Santa Catalina de Siena o Santa Gertrudis; a la izquierda, San Felipe Neri. Iconográficamente, el conjunto representa la Confirmación, al interpretar que los mártires confirman la fe con su sangre.
Retablo de San Teodomiro.
San Teodomiro, escoltado por San Felipe Neri y Santa Gertrudis o Santa Catalina de Siena.
San Felipe Neri.
San Teodomiro.
Santa Gertrudis o Santa Catalina de Siena.
San Roque.
El último que nos queda en la Capilla Sacramental es el retablo de San Juan Nepomuceno, gemelo del de Santa Bárbara, icono del sacramento de la Penitencia, al ser asesinado el santo bohemio por guardar el secreto de confesión. Corona el retablo el Ángel de la Guarda.
Retablo de San Juan Nepomuceno.
San Juan Nepomuceno.
Ahora es momento de pararnos a admirar la bóveda de la capilla, de media naranja, dividida en cuatro segmentos separados por dobles perfiles dorados en forma de guirnalda, cada unos de los cuales alberga un relieve con las imágenes de San Benito, San Bernardo, San Elías y San Nicolás de Bari. La bóveda se apoya sobre un tambor, delimitado arriba y abajo por cornisas onduladas, en el que aparecen las ocho figuras de los Padres de la Iglesia Latina: San Ambrosio, San Agustín, San Gregorio Magno y San Jerónimo, y los cuatro Evangelistas: Mateo, Juan, Marcos y Lucas. 
Imágenes de la bóveda de la Capilla Sacramental.
Vista de la capilla desde el Altar Mayor.
Contemplada en su totalidad esta preciosa Capilla Sacramental, regresamos al la nave de la Epístola, en cuya cabecera se ubica el retablo de la Virgen de la Antigua, conocida popularmente como la Virgen de la Rosa. El retablo es de estilo rococó, del siglo XVIII, gemelo del otro que figura en la cabecera contraria, de un solo cuerpo, con una hornacina central en la que se sitúa la imagen de la titular, escoltada por los arcángeles Miguel y Rafael, también del XVIII. 
Retablo de la Virgen de la Antigua.
Virgen de la Rosa.
Arcángel San Rafael.
Arcángel San Miguel.
La Virgen de la Rosa, es de talla completa, realizada en madera policromada, dorada y estofada, seguramente de principios del siglo XVI, atribuida a Roque Balduque.
La leyenda local comenta que cada vez que el santo carmonense Juan Grande oraba ante ella prendiendo una vela, ésta jamás se consumía, con el consiguiente asombro de los presentes.
Hemos terminado el recorrido de la nave de la Epístola y, por tanto, la presente entrada.

No hay problemas para personas con movilidad reducida, siempre que nos abran la puerta del cajón de entrada.