Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

lunes, 6 de enero de 2014

Ayuntamiento de Sevilla, símbolo del plateresco andaluz, -II. La Planta Baja.

La entrada de las visitas turísticas se realiza a través de la puerta principal. Tras pasar el preceptivo control policial, nos recibe la persona que nos guiará y explicará los pormenores del recorrido. Lo iniciamos girando a la derecha y recorriendo un largo pasillo que nos lleva a una sala moderna en la que, con motivo de las obras para la Expo, se decidió dejar al descubierto parte del muro primitivo del siglo XVI.  En la pared de la derecha, según se entra, hay un óleo que representa a un obispo con mitra (imagino que san Isidoro o san Leandro), del no he encontrado información alguna.
Por este pasillo comienza la visita guiada. 
El cuadro representa a Santo Tomás de Villanueva repartiendo limosna, copia fiel del original que se expone en la Sala V del Museo de Bellas Artes de Sevilla.
Antes de proseguir, querría dejar constancia de que la calidad de las fotografías no es buena (demérito de un servidor y de su cámara). Sin embargo, en la página web del ICAS, Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla, http://patrimoniumhispalense.com/es/ se pueden ver, en imágenes de gran calidad, casi todas las obras que se atesoran dentro del edificio. He obtenido el permiso del artista que las realizó, Pepe Morón, pero mis solicitudes al ICAS para utilizarlas no han tenido más resultado que el silencio administrativo. En cualquier caso, ahí queda la página del ICAS para quien desee consultarla.
Continúo. En la sala antes mencionada, profundamente remodelada con vistas al intenso uso que tendría el edificio con motivo de la Expo, se optó por dejar al descubierto los restos de muros del primitivo edificio del siglo XVI, y no dejarlos ocultos, como había sucedido hasta entonces. Se trata de una sala sencilla, en realidad un patio cubierto, pintado en el color naranja que nos acompañará durante toda nuestra visita en aquellos muros (y algunos techos) que no sean de piedra labrada.
En esta imagen podemos observar la cenefa que se repite en otras salas del edificio y, abajo, La entrega de la casulla a san Ildefonso, de fecha y autor desconocidos por un servidor. 
En estas imágenes vemos los muros del edificio original del siglo XVI.
La pequeña puerta que se intuye en la parte baja de la fotografía nos lleva a un distribuidor desde el que se accede a la Sala Capitular Baja.
A nuestra izquierda, una pequeña puerta nos conduce a un distribuidor desde el que podemos acceder a la Sala Capitular Baja; a mi juicio, la mejor estancia del edificio con diferencia. Es obra de Diego de Riaño (al igual que la Sacristía Mayor de la Catedral) y lo primero que nos llama la atención es el abovedado techo con treinta y seis casetones tallados en piedra, cada uno de los cuales representa a un rey de Castilla, desde Alfonso III, el Magno hasta el emperador Carlos V. En el labrado de las figuras intervinieron numerosos artistas de la época.
Puerta de entrada a la Sala Capitular Baja.
Puerta de entrada a la Sala Capitular Baja, vista desde dentro de ésta.
Impresionante la bóveda escarzana (de cañón, pero muy rebajada), con treinta y seis casetones, cada uno de ellos con un altorrelieve de monarcas de Castilla.
Planta abatida de la bóveda de la Sala Capitular Baja.
Fuente: interesante informe multidisciplinar obtenido en la dirección 
http://upcommons.upc.edu/revistes/bitstream/2099/2345/1/IAU-00067-39.pdf

La piedra de la bóveda originariamente estuvo policromada, con dorados en los nervios, relieves sobre el friso, elementos decorativos vegetales de los casetones, vestiduras de los reyes y las reinas, y en sus cetros, coronas, galones, joyas, rosarios, cordones y espadas. Para las  superficies de color verde y azul emplearon la técnica de pintura al fresco, en tanto que en el resto de la superficie de la piedra se aplicó una veladura de protección, compuesta por cal de alta pureza, árido y pigmento de entonación cromática.
Uno de los cuatro tímpanos de la sala, en el que podemos ver la representación de la escena del Calvario. Las cartelas con los escudos del NO-DO a derecha e izquierda son, según el historiador Emilio Carrillo, las imágenes más antiguas de dicho escudo que se conservan, aunque hay constancia documental de que en el Cabildo Viejo, allá en el Corral de los Olmos, ya estaba presente.
En este tímpano aparecen los tres protagonistas del escudo de la ciudad: san Fernando, san Isidoro y san Leandro. Su autoría está atribuida a Roque Balduque.
Las Virtudes teologales (Fe, Esperanza y Caridad) y cardinales (Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza).
El águila bicéfala de los Habsburgo, escoltada por dos atlantes, preside otro de los tímpanos. 
Todo el contorno de la sala se encuentra cubierto por bancos de piedra corridos, en los que se aposentaban los caballeros Veinticuatro y los jurados. Los muros están desprovistos de cualquier adorno hasta llegar al friso que recorre todo el perímetro de la estancia, cuajado de medallones, grutescos e inscripciones latinas alusivas a la justicia que recorren los muros, completándose el programa escultórico con un Calvario, otras imágenes sagradas, de virtudes, heráldicas y por un gran escudo de la ciudad que labró Roque Balduque.
En la pared de la derecha, según se entra, cuelga un óleo de mediano tamaño, pintado por Juan de Espinal en 1.760 a encargo del Cabildo Municipal, con las imágenes de las santas Justa y Rufina.
Santas Justa y Rufina. Juan de Espinal, 1.760.
Se trata del único cuadro de todo el Cabildo que se conserva en el lugar para el que fue pintado.
Vista la estancia, volvemos sobre nuestros pasos y regresamos al pequeño distribuidor antes citado, desde el que accedemos al Apeadero. La gran puerta que veremos al fondo se abre a la plaza de san Francisco, y era el lugar de entrada de los carruajes.
Vestíbulo.
La principal característica del Apeadero el la doble bóveda escarzana que lo cubre. Poseen los nervios típicos del período gótico, pero con múltiples elementos de adorno labrados en la piedra. Los tímpanos se adornan con el escudo de la ciudad, al águila bicéfala del Sacro Imperio, las columnas de Hércules con su leyenda Plus Ultra y la cruz de san Andrés coronada del ducado de Borgoña, todo ello realizado en altorrelieves de piedra.
Hermosa doble bóveda del Apeadero.
Aquí se pueden apreciar mejor los múltiples adornos grabados en la piedra.
Cruz de san Andrés coronada, símbolo del ducado de Borgoña.
Escudo de la ciudad, acompañado de una larguísima inscripción latina.
La puerta de la izquierda es la que nos ha traído aquí desde el vestíbulo, en tanto que de la otra arranca la escalera.
Hemos terminado la visita a la planta baja del edificio en la que, desgraciadamente (ignoro la razón) no está incluida la sala del Juzgado de Fieles Ejecutores de la Justicia Real, inicialmente independiente del Consistorio y luego englobada en él. Dirimía los pleitos relativos a los abastos de la ciudad, incluida la competencia sobre pesos y medidas.
Sala de los Fieles Ejecutores de la Justicia Real.
Cortesía de http://culturadesevilla.blogspot.com.es
Iniciamos el recorrido por la planta superior desde el Apeadero. Junto a la puerta por la que accedimos a éste, de vano rectangular, hay otra, bastante más grande y forma de arco de medio punto, que nos conduce a la escalera renacentista, ejecutada por Juan Sánchez y cubierta con una hermosa cúpula, obra de Hernán Ruiz. Sus muros están adornados por interesantes pinturas.
Parte superior de la escalera.
Inmaculada Concepción. Lucas Valdés, principios del siglo XVIII.
Santa Rufina. Salvador Gutiérrez de la Vega. 
Vendida al Ayuntamiento por los sobrinos del pintor en el año 1.860 por 300 reales.
Entrega de las llaves de Sevilla a san Fernando
Se situaba en la Puerta de san Fernando de la muralla de la ciudad, que fue derribada durante La Gloriosa, en 1.868. Es un óleo sobre tabla de 3,00 por 2,00 metros, atribuido a Juan de Espinal, sobre 1.750. Representa al rey Axafat rindiendo la ciudad a Fernando III.
Una magnífica cúpula renacentista  tallada bajo las órdenes de Hernán Ruiz, el Joven corona la escalera.
El pasamanos de la escalera está ornamentado a la altura del descansillo con la figura de un león tallado en piedra que porta un escudo de armas.
Aquí vemos a Santa Justa, también de Salvador Gutiérrez de la Vega, obtenida del mismo modo y al mismo precio que la anterior Santa Rufina. Sobre ella, La Piedad, obra anónima de inspiración flamenca, fechada en la primera mitad del siglo XVIII.
Vista desde la parte superior de la escalera.
Termina aquí la segunda parte de la visita.