Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

jueves, 15 de noviembre de 2012

Santuario de Nuestra Señora de Loreto (Espartinas), -I.


La primera crónica escrita sobre el hallazgo de la imagen de la Virgen de Loreto data de 1.584, año en el que fray Francisco de Angulo recogía una serie de hechos, transmitidos oralmente de padres a hijos. La leyenda nos sitúa en el Sábado Santo del año 1.384, cuando la Virgen, atendiendo las oraciones de unas cristianas que estaban cautivas en tierras de moros, acude para socorrerlas, de tal forma que cuando despiertan de su sueño se encuentran a unos cincuenta pasos de la torre llamada de Loreto. Junto a ellas vieron entonces a la imagen de la Virgen, que hallaron colocada en el tronco de un olivo.

Como en tantas otras tradiciones similares, los habitantes del vecino Umbrete se llevaron la talla a la iglesia del pueblo pero, de forma milagrosa, la Virgen regresó al sitio donde fue encontrada. Apercibiéndose de sus deseos, los campesinos comenzaron su culto, primero en la torre y, poco después, en una ermita que se construyó para tal fin.
Vista general del Santuario.
Originalmente la advocación de la Virgen fue la de Santa María de Valverde, si bien con el tiempo fue asimilándose al de Lorete y, más tarde, al de Loreto, lo que se debió, según Ortiz de Zúñiga, a que la cercana torre militar tenía una antigua inscripción que la llamaba “Turris Lauretana”; también ayudaría su parecido con el título de la Virgen italiana de Loreto.

Es necesario señalar que la hacienda en la que se asienta el santuario ya estaba ocupaba en época romana por una explotación agrícola, que durante la época islámica era conocida como alquería de Lorit; posteriormente le correspondió en el Repartimiento de Sevilla, tras la reconquista de la ciudad por Fernando III, a Mincer Enrique. De esos tiempos datan la Torre Mocha o de Loreto, construida con fines defensivos y las primeras estructuras destinadas a la transformación y el almacenamiento de los productos derivados de los cultivos de la vid y el olivo, así como la primitiva ermita del siglo XIV.
La Torre Mocha o de Loreto.
 En 1.525, bajo el patronazgo de don Enrique de Guzmán y su señora, duques de Medina Sidonia, se construye un monasterio junto a la pequeña ermita inicial. Al fallecer los fundadores, los siguientes patronos del convento fueron los condes de Olivares y, después de éstos, los condes de Castellar.

Del primitivo cenobio que se terminó de construir en 1.528, solo ha llegado a nuestros días el Claustro del Aljibe, de estilo mudéjar, edificado en ladrillo visto. En la segunda mitad del siglo XVI el convento funcionaba como Casa de Estudios de la Provincia de Andalucía.

Desde Loreto partieron numerosos religiosos con el fin de la evangelización del Nuevo Mundo.  Fray Juan Calero sufrió martirio en el actual México en 1541, siendo considerado por ello el primer mártir de aquél país. En Loreto vivió durante siete años san Francisco Solano, y de aquí partió a tierras sudamericanas, evangelizando especialmente el actual Perú, en cuya capital falleció en 1.610. Aún se conserva la celda donde dormía en el convento, convertida en Oratorio, según suele ser tradición. También vivió unos años en Loreto, donde estudió y fue ordenado diácono, fray Luis Bolaños, evangelizador del Paraguay y, en los primeros años del siglo XVII, fray Luis Sotelo, evangelizador de las Islas Filipinas y de Japón, tierra esta última donde sufriría martirio. Finalmente, partieron de aquí en 1.612 los llamados “Doce Apóstoles de Loreto”, con la misión de fundar en el sur del Nuevo Mundo la provincia franciscana de la Asunción o del Río de la Plata.

En 1.607 se construyó una nueva iglesia, que se corresponde con lo que hoy es la sacristía, y cuyas obras fueron costeadas por el cardenal Fernando Niño de Guevara, arzobispo de Sevilla y gran benefactor de los franciscanos. A finales del siglo XVII otros bienhechores sufragaron la hechura de nuevos retablos para san Francisco de Asís y san Diego de Alcalá.
El cardenal Niño de Guevara, pintado por El Greco.
La llegada del siglo XVIII supuso el mayor esplendor material conocido por el convento, gracias sobre todo a la figura de quien fuera dos veces su guardián, fray Francisco de San Buenaventura Tejada y Díez de Velasco, quien luego marcharía a América donde llegaría a ser obispo de Yucatán y de Guadalajara. Gracias a su impulso se construyó un nuevo templo bajo las trazas y supervisión del arquitecto Diego Antonio Díaz, comenzando las obras en 1.716 y siendo consagrado en 1.733. En esta iglesia, tanto retablos, como esculturas, pinturas y demás adornos se corresponden con temas franciscanos y se desarrollan con estética tardobarroca, habiendo permanecido inalterado y en perfecto estado de conservación hasta la actualidad.

En 1.835 el santuario sufre la Desamortización, siendo dispersados los frailes, aunque el edificio quedó bajo el patronato del arzobispado de Sevilla, siendo nombrados dos antiguos frailes como capellanes. Uno de ellos fue fray Miguel María del Toro y Gómez, quien se hizo cargo del culto en el santuario desde 1.832 hasta 1.875. Conocido como el “padre Miguelito”, a él se debe la conservación material del conjunto monástico y de su espaciosa huerta, y sobre todo el mantenimiento y la universalización popular de la devoción a la Virgen de Loreto, para la que compuso unas bellas coplas,  impulsando además la celebración de su Novena anual. Fue enterrado bajo el camarín de la Virgen.

En 1.881 se volvió a instalar en Loreto una comunidad de religiosos franciscanos, integrada por 33 frailes llegados desde Bourges (Francia), al frente de la cual se hallaba fray Juan María Quillán.
Fachada lateral del Santuario.
En el siglo siguiente tiene lugar la fundación de la Hermandad de Nuestra Señora de Loreto, 1.925. Pocos años después, durante los disturbios anticlericales acaecidas en la II República, hubo que esconder la imagen de la Virgen en una casa particular de la vecina localidad de Villanueva del Ariscal.

Durante la segunda mitad del siglo aumenta considerablemente la devoción a la Virgen de Loreto, produciéndose su coronación canónica en 1.950 y proclamada como Patrona del Aljarafe por el papa Juan XXIII en 1.959. A raíz de este nombramiento, se realizó una histórica procesión itinerante de la Virgen por todos los pueblos de la comarca aljarafeña, muchos de los cuales la nombraron Alcaldesa Honoraria.
Muro lateral de la iglesia y espadaña.
Entre ambas fechas tuvo lugar un desgraciado suceso, como fue el incendio que afectó a la iglesia el 2 de junio de 1.953, que provocó importantes daños en la bóveda del crucero y el camarín de la Virgen, cuya reconstrucción fue posible gracias a las limosnas de los devotos.
Espadaña de la iglesia.
El Santuario de Loreto se encuentra a la salida de Espartinas en dirección Huelva por la antigua carretera nacional Sevilla-Huelva, actual A-8076. Llegados a una rotonda, un pequeño retablo y un cartel indicador a nuestra derecha nos indican el camino a tomar. Apenas cien metros después ya llegamos al conjunto de edificios. Una primera portada en piedra y un mirador renacentista señalan la presencia de las bodegas del santuario. La entrada al mismo se encuentra más adelante; basta con seguir el muro de bodega y edificios agrícolas hasta llegar a un ensanche.
A la izquierda, la entrada al santuario. Al fondo, las bodegas.
Con espacio más que sobrado para dejar el coche, nos dirigimos hacia el acceso, a través de una portada de estilo barroco formada por dos cuerpos, el inferior con vano adintelado, flanqueado por pilastras con basamento, capiteles dóricos y cornisa, en cuyo friso aparece la fecha de construcción «Año de 1727». El segundo cuerpo lo compone una moldura en medio punto, en cuyo aparece un retablo de azulejos blancos y azules con la representación de la Virgen de Loreto, flanqueado por pilastras y capiteles jónicos.
Entrada principal al santuario.
Portada del santuario.
A ambos lados de la portada aparecen sobre los blancos muros dos retablos cerámicos referidos a santos franciscanos: san Francisco Solano a la izquierda (mirando de frente) y san Francisco de Asís a la derecha.
San Francisco Solano.
San Francisco de Asís.
Cruzamos la portada y pasamos al compás de santuario. Se trata de un espacio de planta cuadrangular, en cuyo centro se alza un crucero de forma hexagonal, recubierto de azulejos del siglo XVIII que representan escenas de caza.
Fachada principal de la iglesia. En el centro del compás, el crucero.
Detalles de la fachada de la iglesia.
A este compás se abre la portada de los pies de la iglesia y la entrada principal del convento, ambas precedidas por un pórtico rectangular, cubierto con bóveda de cañón y lunetos, reforzada con arcos fajones. Se comunican entre sí a través de un vano de medio punto. El pórtico de la iglesia presenta en su interior varios azulejos que rememoran diversas efemérides relacionadas con la Virgen de Loreto.
Diversos retablos cerámicos se sitúan en el pórtico de la iglesia.
La iglesia, de estilo barroco, fue edificada entre los años 1.716 y 1.733. Es de una sola nave, distribuida en cinco tramos separados por pilastras dóricas, con sotocoro y crucero.

El diseño del pórtico se atribuye al arquitecto sevillano Diego Antonio Díaz. Está formado por un arco de medio punto sostenido por dos pares de columnas de mármol blanco, flanqueado por dos vanos rectangulares. Hay en el mismo paño dos óculos que proporcionan luz. El cuerpo superior nos muestra un retablo cerámico que representa a San Francisco abrazando a Cristo crucificado, inspirado en el lienzo de Murillo del mismo nombre (Sala V del Museo de Bellas Artes de Sevilla) y, encima, una vidriera rectangular. Corona la fachada un frontón rebajado con óculo central.
Detalles de la fachada de la iglesia.
El exterior del pórtico por el que se accede al convento a es más sencillo, con un arco de medio punto, ya sin columnas ni vanos laterales y con cubierta plana. Sobre el tímpano vemos una placa de mármol con el anagrama de “Viva Cristo Rey”.
Entada al santuario.
No nos demoramos más y, tras llamar al portero electrónico, podemos acceder al recinto. Aclaremos primero que el santuario dedica parte de su espacio a hospedería (creo recordar que me dijeron que había diecisiete habitaciones de diferentes tamaños), por lo que algunas de sus estancias están dedicadas a una función diferente a la original. Es lo que sucede con la sala de entrada, ahora usada como salón de estar. Es de planta rectangular, cubierta con techo plano reforzado con gruesas vigas de madera que apoyan en los extremos en ménsulas. Vemos una mesa redonda de madera noble rodeada de cuatro cómodos sillones, varias mesas antiguas adosadas a las paredes, en las que cuelgan lienzos al óleo y un bonito retablo de la Inmaculada Concepción.
Imágenes de la sala de entrada.
Al fondo de la estancia, un arco con dos vanos de medio punto la conecta con otra pequeña habitación, poco más que un pasillo ancho, en la que, sobre una mesa, podemos contemplar la talla de un Sagrado Corazón sentado en un trono.
Sala de paso entre la sala de entrada y el claustro del Aljibe.
Terminamos aquí la primera parte del recorrido.


La abundancia de escalones, tanto exteriores como interiores, hace prácticamente imposible la visita de personas con movilidad reducida.

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