Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

domingo, 15 de abril de 2012

Convento de las Hermanas de la Cruz.

Hablar de las Hermanas de la Cruz implica necesariamente referirse a María de los Ángeles Martina de la Santísima Trinidad Guerrero González o, lo que es lo mismo, santa Ángela de la Cruz, cariñosamente conocida por los sevillanos como “Madre Angelita”. 
Estatua de santa Ángela de la Cruz, junto a la iglesia de san Pedro.

Nació en Sevilla el 30 de enero de 1.846, en la plaza de Santa Lucía, número 5, casa que en la actualidad forma parte del patrimonio del Instituto. Fue bautizada el 2 de febrero de ese mismo año en la cercana iglesia de santa Lucía, desacralizada durante La Gloriosa, que tuvo diversos usos, siendo actualmente la sede de la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco. 
Casa natal de santa Ángela.
Sus padres trabajaban al servicio del convento de los frailes de la Trinidad, él como cocinero, y ella como lavandera y costurera, oficios con los que mantenían a sus catorce hijos, de los que tan solo seis alcanzaron la edad adulta. Tuvo una instrucción escolar escasa, trabajando desde los doce hasta los veintinueve años en el taller de fabricación de calzado Maldonado. 

Repartía su tiempo entre el trabajo, los rezos en santa Lucía y las visitas a hogares pobres, en los que echaba una mano, sobre todo durante la epidemia de viruela que en el año 1.865 asoló la ciudad. 
Imagen de santa Ángela en su casa natal.
Iglesia de santa Lucía (actual sede de la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco), en la que fue bautizada la Madre Angelita.
A los dieciséis conoció al padre José Torres Padilla, un sacerdote nacido en Canarias y afincado en Sevilla con fama de santidad, al que se llamaba popularmente El santero de Sevilla, pues fue director espiritual y confesor de varias monjas de especiales virtudes, como la dominica sor Bárbara de Santo Domingo (La Hija de la Giralda, de quien hablamos en la visita al convento de Madre de Dios), la mercedaria sor María Florencia Trinidad (Madre Sacramento), a la que le aparecían estigmas y tenía visiones de la Pasión de Jesucristo, y sor Ángela de la Cruz. Con la Madre Angelita colaboró en la fundación de la congregación del Santo Instituto de las Hermanas de la Cruz, del que fue director espiritual. 

Santa Ángela intentó profesar como monja, Pero no pudo conseguirlo ni en las Carmelitas Descalzas, donde no fue admitida, ni con la Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, donde sí pudo ingresar, aunque tuvo que abandonar por motivos de salud. 

En 1.873, con permiso del padre Torres, formula votos perpetuos. En 1.875 con tres compañeras, Juana María Castro, Juana Magadán y Josefa de la Peña pone en marcha la congregación. Con el dinero de Josefa Peña alquilan su "convento", que no era más que un cuarto con derecho a cocina en la casa número trece de la calle San Luis en Sevilla, desde donde asisten a los necesitados tanto de día como de noche. Posteriormente se trasladan al número ocho de la calle Hombre de Piedra, también en Sevilla; ya tienen cierta fama en los ambientes religiosos y entre los necesitados y sus compañeras comienzan a llamarla "Madre". 
Azulejo colocado en la casa de la calle San Luis en la que comenzó su labor asistencial santa Ángela.
Su actuación durante la nueva epidemia de viruela del año 1.876 les supone gran admiración por parte de todas las fuerzas vivas de la ciudad y de los vecinos. 

Sus actuaciones se multiplican: el marqués de Casa León les dona una casa en la calle Lerena para su uso como oratorio, se abre un nuevo centro en Utrera, abren un internado para niñas huérfanas, se alquila una casa en la calle Hiniesta en la que establecen un convento de niñas, se fundan nuevos centro en Ayamonte y Carmona. Con la ayuda del arzobispado y de varias familias nobles, compran una casa en la calle Cervantes, número doce, en la que unificaron internado, colegio y convento. 
Las actuales calles Alcázares y Santa Ángela de la Cruz.
En pocos años, el Instituto ha crecido de tal manera que no caben en la calle Cervantes y surge la oportunidad de adquirir la residencia de marqués de san Gil, en la antigua calle Alcázares. De nuevo con ayuda del arzobispado y de donantes compran la casa, que es la que cobija actualmente a la comunidad. 
Fachada del convento de las Hermanas de la Cruz.
En 1.893, la Madre Angelita acude en peregrinación a Roma, siendo recibida por León XIII, que concede el permiso para la aprobación de la compañía. A partir de ahí, la congregación inicia gran número de fundaciones, que llega hasta nuestros días, con más de cincuenta conventos y unas mil hermanas, repartidas por España, Argentina e Italia. 
El convento desde el otro lado de la calle.
Fallece el 2 de marzo de 1.932 como consecuencia de una embolia cerebral. Su muerte causó hondo pesar en todos los estratos sociales, hasta el punto que tan solo dos días después el Ayuntamiento republicano de la ciudad de Sevilla, decidió por una unanimidad que constase en acta el sentimiento de la Corporación por la muerte de la religiosa y decidió se rotulase con su nombre la hasta entonces llamada calle Alcázares, donde estaba y continúa el convento, pasando a denominarse con el antiguo nombre la calle que comunica la plaza de la Encarnación con la actual calle Santa Ángela de la Cruz. Quisiera remarcar la importancia de esta decisión, teniendo en cuenta las ideas anticlericales imperantes en la época.
Capilla ardiente de la Madre Angelita.
Retablo cerámico en la fachada del convento, instalado por la Cofradía de san Juan de la Palma como agradecimiento por las atenciones recibidas por su titular, la Virgen de la Amargura, por parte de las hermanas.
El papa Juan Pablo II la beatificó el cinco de noviembre de 1.982. El veinte de diciembre de 2.002, la Iglesia reconoció oficialmente su santidad, al aprobar el milagro que le había sido atribuido, la curación, científicamente inexplicada, de un niño que sufría una obstrucción de la arteria central de la retina del ojo derecho y recuperó repentinamente la visión. Fue canonizada por Juan Pablo II el 4 de mayo de 2.003 en la madrileña plaza de Colón, con el nombre de Santa Ángela de la Cruz. 

Visitar el convento es fácil, pues está abierto durante toda la mañana, aunque tan solo se puede acceder al vestíbulo y la capilla. Sin embargo, la semana posterior a la Semana Santa, las hermanas engalanan el patio interior para celebrar la Resurrección de Cristo y se permite el acceso a los dos patios interiores. 
Portada del convento.
Comencemos, pues, la visita. La fachada exterior del edificio es muy larga, pero sobria, como le gustaba a la Madre Angelita. Tan solo destaca en ella la sencilla portada de sillares de piedra, que da entrada al vestíbulo exterior. En él aparecen dos retablos cerámicos: la Esperanza Macarena y el Cristo de los Gitanos. 
Retablo de la Esperanza Macarena, donde se recuerda que las Hermanas de la Cruz fueron madrinas en la ceremonia de Coronación de la Virgen.
También fueron madrinas en la bendición de las potencias de Nuestro Padre Jesús de la Salud (Los Gitanos).
Si no está abierta la puerta, llamamos al timbre y una hermana nos permite el paso a un distribuidor. A la izquierda hay una estancia en la que se venden aceites y recuerdos de santa Ángela, al frente unas amplias puertas de madera, cerradas, y a la derecha, señalando el camino la pintura de Antonio Joaquín Dubé de Luque que presidió la beatificación en 1.892, un ancho pasillo en zig-zag nos conduce a la capilla del convento, en la que no se pueden tomar fotografías. 
Pasillo de entrada a la capilla.
Primera pintura, de gran tamaño, que encontramos en el pasillo hacia la capilla. No tengo referencia del autor.
Enorme y muy conseguida pintura de Antonio Joaquín Dubé de Luque, que presidió la ceremonia de beatificación de santa Ángela el 5 de noviembre de 1.982. En el cuadro aparecen representados los padres e hijos del pintor.
De pequeño tamaño y forma rectangular, esta moderna capilla nos muestra arcos de medio punto adornados en sus arranques con numerosas yeserías. Al fondo, preside el altar barroco la imagen de la Virgen de la Salud, que procede de la iglesia de santa Lucía en la que fue bautizada la Madre Angelita. 
Capilla del convento de las Hermanas de la Cruz.
El altar está presidido por la Virgen de Salud.
Delante del altar, en una urna de vidrio, reposa el cuerpo de la Madre Angelita y en el lateral de la capilla, el de sor María Purísima:
Cuerpos de la Madre Angelita y la Madre María Purísima.
Santa Ángela de la Cruz.
Regresamos al distribuidor y, aprovechando que es la semana de Pascua y las hermanas permiten el paso a los patios interiores, pedimos el correspondiente permiso y pasamos al primer patio. 
Patio pequeño.
Desde el otro lado.
Puerta ¿de la capilla?
Maceta de cerámica trianera.
En el muro de la derecha se encuentra una puerta, escoltada por dos fustes de columnas, con frontón partido y un óculo encima. A su lado, un retablo cerámico con la imagen de santa Ángela, pintado por José Macías Macías en la década de 1940-50 y realizado por Mensaque Rodríguez y Cía. El centro del patio está ocupado por dos grandes macetones, también de cerámica trianera, con sendas palmeras.
Retablo de azulejos en el patio pequeño.
Al fondo, una galería cubierta nos lleva a la habitación que comunica ambos patios. En ella se encuentra un lienzo de la Inmaculada y una talla de Crucificado de tamaño natural, de los que desconozco época y autor. 
Habitación que comunica ambos patios.
Inmaculada. Autor y época desconocidos.
Crucificado. Autor y época desconocidos. Puede ser el que habitualmente se sitúa en la capilla sobre el féretro de sor María Purísima, pero no lo sé con seguridad.
Detalle del Crucificado.
El claustro se encuentra porticado, con cuatro galerías en la planta baja, conformadas por arcos de medio punto muy cerrados, casi de herradura, sostenidos por columnas de mármol. La planta alta tiene las galerías cerradas, cuajadas de ventanas en la típica disposición de los antiguos edificios de hospital. 
Vista general del claustro.
Las galerías de la planta baja presentan techos de madera sencillos. En estas fechas, las hermanas adornan el patio con plantas, flores y velas, colocando en las galerías una serie de tallas, algunas de gran antigüedad, incluida la de la Virgen de la Salud que normalmente preside la capilla y que, de esta manera, podemos contemplar muy de cerca. El centro del claustro está ocupado por una fuente de mármol blanco, de buen tamaño, rematada por una adornada cruz de forja, y rodeada de pequeños jardines. En una de las esquinas de las galerías se encuentra una escalera de bajada, que imagino lleva a la cripta del convento, no accesible. 
Galerías del claustro. Al fondo, la escalera de bajada a la cripta.
Divina Pastora, colocada bajo la escalera.
La Divina Pastora.
San Miguel, en el descansillo de la escalera.
San José con el Niño. Siglo XVI.
Sagrado Corazón de Jesús.
Virgen de la Salud.
Virgen de la Salud (detalle).
La campana no puede faltar en ningún convento.
Con esto hemos finalizado la visita a este convento de las Hermanas de la Cruz, donde reposa el cuerpo, incorrupto según unos, embalsamado y con cubierta de cera en manos y rostro según otros, de santa Ángela de la Cruz, que está acompañada por la que fue su sucesora y Madre de la congregación durante más de cincuenta años, sor María Purísima de la Cruz, declarada beata en el año 2.010.
       
ATENCIÓN: Un único escalón de bajada en la puerta principal.