Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

domingo, 9 de julio de 2017

Iglesia de San Luis de los Franceses, -I. Historia y fachada.

Por fin llega el momento. Después de cinco años de espera, con anuales amagos de apertura (curiosamente, siempre en el mes de julio), se abre al público la iglesia de San Luis de los Franceses. O quizás debería decir se abre a las empresas sevillanas dedicadas al turismo cultural, las cuales, previo pago y reserva con semanas de antelación, nos muestran (muy profesionalmente, eso sí) las maravillas que contiene tan soberbio edificio. Los sevillanos de a pie deberán (deberemos) aguardar la apertura pública “próximamente”, adverbio este que me pone los pelos de punta, ya que lo mismo puede significar dentro de dos semanas que dentro de dos años.

Los arcángeles Rafael, Miguel y Gabriel presiden la fachada de la iglesia.
Hago un inciso para elogiar el entusiasmo de las empresas, muy recientes, dedicadas a mostrarnos a sevillanos y forasteros, las maravillas que atesora nuestra ciudad. Han cubierto el hueco existente entre los guías oficiales (escasos y, a menudo, con poca formación, que se limitan a soltar siempre la misma parrafada como loros) y la nada, es decir, el que viene aquí y se limita a ver lo que hay, sin más. He sido cliente de la mayoría de ellas (si no de todas) y puedo afirmar que ninguna me ha decepcionado. Son chavales jóvenes, casi todos licenciados en Historia del Arte, con una muy completa formación y enormes ganas de trabajar en lo que han estudiado. Chapeau por ellos.
Estas dos últimas fotografías son cortesía de www.unpocodesevilla.blogspot.com.
Pero vamos a lo que vamos. En 1.699, doña Lucía de Medina cede a la Compañía de Jesús (que se había instalado en la ciudad en 1.554), para la construcción de un Noviciado con su correspondiente iglesia, la que fuera casa de los Enríquez de Ribera antes de habitar la Casa de Pilatos. Dos condiciones puso: debería estar dedicada a San Luis, rey de Francia y primo hermano de nuestro San Fernando, y ser sepultada bajo el altar mayor.
Las torres nos muestran imágenes de los cuatro evangelistas en sus esquinas.
Debido a las normales apreturas económicas en sus comienzos, la Orden no tiene más remedio que ir adaptando las estancias a los nuevos usos, construyéndose una primitiva capilla cuyo presbiterio se vendrá abajo en 1.695. Este hecho motivará, entre otras cuestiones, que los rectores del Noviciado decidieran construir un nuevo templo, tarea encomendada al gran maestro barroco Leonardo de Figueroa, según veremos más adelante.
Las obras comienzan en el año 1.699, siendo finalizadas e inauguradas por el arzobispo Luis de Salcedo y Azcona en 1.731, coincidiendo (por casualidad, dicen) con el llamado "Lustro Real", (1.729-1.733), años en los que Felipe V instaló su Corte en Sevilla.
El Noviciado se mantuvo en funcionamiento hasta 1.767, fecha en que la Compañía es expulsada por Real Orden de Carlos III, celoso de la gran influencia alcanzada por los jesuitas, merced a la gran labor asistencial y educativa realizada entre las clases menos favorecidas.
Inmediata consecuencia es la avidez con que otras órdenes religiosas aspiraron a quedarse con las propiedades de los desterrados. Finalmente, fueron los franciscanos del convento de San Diego los agraciados, pues su cenobio, situado en el actual Prado de San Sebastián, había sufrido grandes desperfectos durante una de las periódicas riadas del Guadalquivir.
Adorno de la fachada.
Con la invasión francesa, el edificio fue ocupado por los franceses, hasta que, con el regreso de Fernando VII (el Deseado, manda narices) al trono, vuelven los jesuitas en 1.817, permaneciendo en el edificio hasta 1.835, en que la desamortización de Mendizábal les obliga a un nuevo abandono, esta vez definitivo.
Su nuevo propietario fue la Diputación Provincial, que unirá el edificio con el cercano Hospital de los Inocentes para convertirlo en Hospicio Provincial. Durante la II República se convierte en centro administrativo, lo que, paradójicamente, pues estaba situada en pleno “Moscú sevillano”, salva la finca de los incendios y saqueos que sí afectaron a templos tan cercanos como los de Santa Marina, San Marcos, Omnium Sanctorum o San Julián.
Se cerró definitivamente en 1.960, cayendo en ruina progresiva. En 1.984 se inició una restauración del conjunto que finalizaría en 1.990.
Actualmente, sigue perteneciendo a la Diputación Provincial de Sevilla y en ella no se realiza ningún tipo de culto religioso, sino que se utiliza fundamentalmente para exposiciones, conciertos y representaciones teatrales. Aquí estuvo radicado el Centro Andaluz de Teatro (C.A.T.) hasta 2.010
Recientemente (septiembre de 2.016), finalizó otra serie de intervenciones para su restauración, cuyo fin se programó para julio de 2.012, con cargo al “Céntimo Cultural”, pero que sucesivos retrasos han pospuesto dicho final a las actuales fechas.
Cartel en el que se anunciaba la apertura para julio de 2.012 .
La iglesia de San Luis de los Franceses está considerada como el más suntuoso de todos los templos barrocos hispalenses. Ubicada en el número 27 de la calle San Luis (antigua calle Real, antiguo Cardo Máximo romano y antigua calzada romana), se consideraba hasta hace poco que su diseño era italiano y propio de los mismos jesuitas, pero en la actualidad se admite plenamente la autoría de Leonardo de Figueroa, el arquitecto más prestigioso de la Sevilla de la época, auxiliado por su hijo, Antonio Matías de Figueroa y, tras la muerte del maestro en 1.730, por Diego Antonio Díaz.
La estrechez de la calle en el lugar en que está situada la iglesia impide que podamos contemplar el esplendor de la construcción. Es un edificio que pide a gritos un emplazamiento más despejado, en el que se pueda admirar sus muchas virtudes artísticas en todo su esplendor pero, claro está, eso es ya un imposible.
La fachada se levanta sobre cinco gradas, a modo de retablo, con dos cuerpos y cinco calles, siendo las tres centrales las que permiten el acceso. Todo ello cerrado mediante una verja de hierro. Se abren estas calles mediante arcos de medio punto y vanos rectangulares.
Debido a la estrechez de la calle San Luis, la cúpula del crucero es más visible desde las calles traseras.
En el segundo cuerpo, separado del primero por un entablamento, se posicionan cinco ventanales, rematados por un tímpano trilobulado. Está enmarcado por un relieve del escudo real, sostenido por dos angelitos, sobre el que aparecen las estatuas de los tres arcángeles: San Rafael, San Miguel y San Gabriel, atribuidos a Duque Cornejo.
Dos torres idénticas en tamaño y forma ocupan los extremos de la fachada, centrando la gran cúpula del crucero. Tienen cuerpo octogonal, con arcos de medio punto ciegos en cuatro lados, rematados con frontones triangulares, en tanto que en los otros cuatro aparecen, en la parte visible desde la calle, las figuras de los cuatro evangelistas: San Mateo y San Marcos (torre izquierda) y de San Lucas y San Juan (derecha).
Pasamos al atrio, sencillo, en el que aparecen, en el interior de sendas hornacinas, las esculturas de San Fernando y San Hermenegildo, anónimas del XVIII. La puerta de acceso a la iglesia se articula mediante un arco de medio punto, enmarcado por alfiz, con las enjutas decoradas con motivos vegetales y flores de lis.
San Hermenegildo.
San Fernando.
Puerta principal de acceso a la iglesia.