Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

miércoles, 12 de abril de 2017

Visitando la Catedral, -XXV. Interior de la Puerta del Príncipe. El San Cristóbal de Pérez de Alesio y la gamba de Luis de Vargas. El misterio de los huesos de Cristóbal Colón.

Nuestra próxima parada no es otra que el interior de la Puerta del Príncipe, también llamada de la Lonja, por motivos obvios, y de San Cristóbal, luego veremos por qué.
Vista de la zona del interior de la Puerta del Príncipe.
Se trata de un abigarrado espacio, correspondiente al lado de la Epístola del transepto, en el que se sitúan dos pequeñas capillas, el cenotafio de Cristóbal Colón y un gigantesco San Cristóbal (de ahí el sobrenombre de la puerta) pintado sobre la pared izquierda, amén de la portada interior y el imprescindible reloj eclesiástico colocado sobre ella.
Desde otro ángulo.
La capilla que vemos a la izquierda cerrada por una reja del siglo XVI cobija el Altar de la Piedad o de Santa Cruz. Fue donado por Alonso Pérez de Medina y su esposa, Mencía de Salazar, cuyos retratos pueden contemplarse, como era costumbre en la época, en los laterales del banco del retablo. A los pies del altar hay una losa sepulcral con la inscripción: “Aquí están enterrados  Alonso Pérez de Medina, jurado que fue de esta ciudad, el qual falleció a los 13 días del mes de agosto año de 1.524, e de doña Mencía de Salazar, su muger, la qual falleció a 15 días del mes de octubre de 1.546, de los quales y de sus hijos y descendientes es este entierro, capilla y altar. Rogad al Señor por ellos”.  
Altar de la Piedad.
La pintura central es de Alejo Fernández en 1.527 y representa la escena de La Piedad, con las figuras de Jesucristo, la Virgen María, José de Arimatea, María Salomé, María de Betania y María Salomé (las Tres Marías) y, al fondo, la Magdalena a los pies de Cristo y la visita de Cristo a los patriarcas. En los laterales del retablo figuran pinturas con San Andrés, San Miguel, Santiago y San Francisco, mientras que en el banco aparece Cristo atado a la columna con San Pedro. Fue restaurada en febrero de 2.011.
La Piedad. Alejo Fernández, 1.527.
Zona alta del altar.
Pinturas laterales.
Pinturas del banco del retablo.
Cristo atado a la columna, con San Pedro.
A la derecha de la Puerta del Príncipe tenemos el Altar de la Concepción, que no debe confundirse con la Capilla de la Concepción Grande, que se encuentra también en la Catedral de Sevilla y está dedicada a la misma advocación de la Virgen María.
Altar de la Concepción.
Destaca en este espacio la pintura principal del retablo, que fue realizada por Luis de Vargas en 1.561 y representa La Genealogía de Cristo. Los personajes que aparecen en torno al árbol de Getsé son los distintos eslabones genealógicos desde Adán hasta la Virgen. 
Dos imágenes de La Genealogía de Cristo, del sevillano Luis de Vargas, 1.561.
En esta obra ha sido siempre famoso el dibujo de la figura de Adán y especialmente su pierna, que constituye un gran acierto pictórico. Es conocido popularmente desde muy antiguo como Cuadro de la Gamba. El origen del nombre es el siguiente:
Se cuenta que en el siglo XVI, el maestro Mateo Pérez de Alesio (italiano a pesar de tan hispano nombre) se encontraba en la Catedral pintando un San Cristóbal de gran tamaño, y admiraba tanto la obra de Luis de Vargas, que un día le dijo a este: "Piu vale la tua gamba, che tutto il mio San Cristoforo" (Vale más tu pierna que todo mi San Cristóbal). De esta anécdota proviene la denominación popular. Aunque, hablando de arte para rabiar, hay que leer cómo cuenta esta leyenda nuestro amigo de 
El gran San Cristóbal, de Mateo Pérez de Alesio.
En los laterales del retablo figuran pinturas de San Pedro y San Pablo, mientras que en el banco aparece una representación de La Iglesia Triunfante, flanqueada por el retrato del chantre y canónigo de esta Catedral,  Juan de Medina, donante de la capilla junto a su padre (sic) el presbítero Pedro de Medina, y su escudo de armas.
Pinturas laterales.
Zona alta del arcosolio.
Altar cerámico.
Entre los altares de la Piedad y de la Concepción, y justo delante de la Puerta del Príncipe, tenemos uno de los lugares más visitados de la Catedral: el sepulcro de Cristóbal Colón.
Es obra de Arturo Mélida y Alinari (1.849-1.902), artista madrileño de gran renombre que llegó a ser distinguido con la Medalla de Oro de la Academia Francesa y con la Gran Cruz de la Legión de Honor por sus trabajos en la Exposición Universal de París de 1.889. Es también el autor del Monumento a Colón, en Madrid, y de numerosas pinturas. 
Forman el monumento funerario cuatro reyes de armas vestidos de gala que portan a hombros el féretro de Colón. Representan a los cuatro reinos históricos de España: Castilla, León, Aragón y Navarra sobre una base de estilo azteca con numerosas inscripciones. Quería simbolizar la unión de España con las tierras de América.
Objeto de gran polémica, las discrepancias sobre el contenido del cenotafio comienzan cuando se considera la veracidad de los restos que guarda el sepulcro: ¿son los del  Almirante o no? Se disputan tal honor la República Dominicana, Cuba y Sevilla.  Lo que se sabe de cierto es que Cristóbal Colón murió y fue enterrado en Valladolid en 1.506 y, en 1.509, se le dio nueva sepultura en la Cartuja de Sevilla.
Dejó escrito en su testamento la voluntad de ser enterrado en el Nuevo Mundo, deseo que no fue cumplido hasta 1.537, cuando María de Rojas y Toledo, viuda de Diego Colón, hijo, embarcó los huesos de su esposo y de su suegro rumbo a Santo Domingo. En 1.795, España perdió en guerra contra Francia la isla de La Española, por lo que las autoridades hispanas trasladaron los restos del navegante a Cuba. En 1.898 se repitió el proceso, esta vez a causa de los Estados Unidos. Nuevo viaje de los restos, que quedan finalmente depositados en la Catedral de Sevilla. 
No obstante, expertos dominicanos afirman que, en 1.877, al realizarse unas obras en la Catedral de Santo Domingo, se encontró un sarcófago de plomo con una inscripción que rezaba: “Varón ilustre y distinguido, don Cristóbal Colón”. Interpretaron que, en 1.795, los españoles se equivocaron la tumba y se llevaron los restos de Diego Colón.
Las nuevas posibilidades abiertas por los avances científicos en el estudio e identificación del ADN llevaron, en junio de 2.003, a nuevamente abrir el sepulcro sevillano. Los muy escasos restos, apenas 200 gramos de huesos, fueron confiados al Laboratorio de Identificación Genética de la Universidad de Granada, dirigido por el doctor José Antonio Lorente. A su vez, éste distribuyó porciones de huesos entre los laboratorios forenses de las universidades de Santiago, Barcelona, Tor Vergatta de Roma y el Instituto Max Planck de Leipzig. Las conclusiones de los análisis del doctor Lorente indican que los huesos tienen exactamente una antigüedad de 6.002 meses y, al comparar la secuencia de su ADN con la de los restos de Diego Colón, hermano menor del Almirante, la conclusión no ofrece la menor duda: son hijos de la misma madre y, por tanto, la sepultura de Sevilla es auténtica.
En enero de 2.005 se solicitó permiso a las autoridades dominicanas para examinar los huesos que ahora reposan en el colosal Faro a Colón, trasladados recientemente desde la Catedral, pero hasta la fecha sigue sin materializarse la autorización. 
Sin embargo, hay que considerar que en Sevilla tan solo se conserva entre un 15 y 20 % de la totalidad de la osamenta, por lo que no es descartable que en la República Dominicana también existan restos del descubridor de América.
Dejamos tranquilo al Almirante y contemplamos un último elemento de este espacio catedralicio: el reloj que existe sobre la Puerta del Príncipe. Fue realizado en 1.789 por fray José Cordero y albergado en una caja de sobrio diseño neoclásico.
Terminamos aquí la visita a este rincón del templo catedralicio.