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lunes, 6 de marzo de 2017

Visitando la Catedral, -XI. Capilla de los Evangelistas.

Ortiz de Zúñiga nos apunta que el arcediano de Écija, Rodrigo de Santillán, dotó esta capilla en el año 1.530, para sí y su familia, incluyendo posteriores linajes.  
Vista general de la Capilla de los Evangelistas.

Imágenes más cercanas de la capilla.
El retablo fue un encargo posterior, de 1.553, realizado por el obispo de Marruecos y canónigo de la Catedral, Sebastián de Obregón, al pintor flamenco Hernando de Esturmio. Éste llegó a Sevilla en 1.151, con tan solo dieciocho años de edad, y residió en ella hasta su muerte, en 1.556, siendo vecino de la collación de San Andrés desde 1.537. Desde su llegada se labró gran fama, llegando a ser uno de los pintores de mayor éxito entre los artistas de la escuela sevillana Supo combinar perfectamente sus raíces holandesas con la escuela italiana que estudió de joven y el estilo sevillano de la época. 
Vista (dificultosa) del retablo desde la reja.
Al tratarse de una capilla funeraria, la iconografía, elegida en su totalidad por el obispo, se refiere principalmente a la resurrección de los muertos y a santos protectores de muertes imprevistas o que sucediesen sin haber recibido los Santos Sacramentos.
El resultado fue un retablo muy luminoso, con abundancia de colores rojos, en el que la luz y el color, así como un gran nivel de detalle en los pequeños objetos, lo diferencian claramente del resto de los retablos catedralicios.
Se articula en dos cuerpos de tres calles, con banco y un minúsculo frontón curvo a modo de ático.
El retablo, ya restaurado. (Cortesía del IAPH).
En el banco aparecen tres grupos de santos: Santa Catalina con Santa Bárbara (izquierda), San Sebastián con San Juan Bautista y San Antonio, abad, (centro) y las Santas Justa y Rufina (derecha).
En el primer cuerpo vemos La Misa de San Gregorio, con San Marcos y San Lucas a los lados. En el segundo ocupa el centro la escena de La Resurrección de Cristo, escoltada los otros dos evangelistas, Juan y Mateo.
El pequeño remate está ocupado por el Espíritu Santo.
En el altar del retablo se encuentra, no sé si de forma provisional o definitivamente, una talla de la Virgen con el Niño de autor y fecha desconocidos.
El año 2005 se produjo la restauración, tanto del estucado como de siete de las diez pinturas que forman el retablo, a cargo del IAPH
Altar del retablo.
Virgen con el Niño.
Las pinturas que decoran los muros de esta capilla son especialmente difíciles de identificar, debido a la poca iluminación y el estilo tenebrista de las mismas. En el centro del muro frontal a la reja de la capilla debería estar una representación del Martirio de San Pedro Arbués, copia del original de Murillo realizada por Joaquín Cortés en 1.804. En la fecha de publicación de esta entrada no estaba allí (en otras visitas sí la habíamos visto), seguramente por estar sometida a proceso de restauración.
Martirio de San Pedro Arbués. Joaquín Cortés, 1.804.
San Pedro Arbués fue un presbítero agustino aragonés, mártir por su muerte a manos de judeoconversos en la Zaragoza de 1.485. Un año antes, el Inquisidor General, Tomás de Torquemada, lo nombró inquisidor de Aragón, cargo que inició con gran ímpetu, ordenando varios autos de fe, condenas a muerte incluidas. 
El celo del nuevo inquisidor levantó los ánimos de los conversos y de la nobleza, que veía complicado mantener los fueros propios del Reino de Aragón. Finalmente, un grupo de ocho personas atacó con cuchillos al inquisidor cuando se encontraba rezando en la Seo de Zaragoza, de la que también era canónigo. Pedro Arbués murió a consecuencia de las heridas, persiguiéndose a los asesinos y sus colaboradores, entre los que se registraron un decapitado, nueve ejecutados más, dos suicidios, trece quemados en efigie y cuatro condenados por complicidad.
Las cuatro pinturas situadas alrededor de este mencionado lienzo no son identificables, ni he encontrado referencia sobre a quienes representan, autor o procedencia.
Pinturas del lado izquierdo del muro frontal.
Pinturas del lado derecho del muro frontal.
El muro izquierdo presenta igualmente un cuadro central del siglo XVII que muestra a los Cuatro Evangelistas. Se disponen en torno a él cinco lienzos, igualmente sin reconocer. Sobre ellos, una lápida recuerda a Domingo Polo de Santillán, caballero escocés que llegó a la Sevilla recién conquistada por Fernando III, y que acabó emparentando con las familias de mayor alcurnia del momento, siendo sus descendientes directos actuales los marqueses de la Motilla.
Muro izquierdo de la capilla (el perchero es provisional, supongo).
Pinturas de este muro.
El centro de la capilla está ocupado por un facistol que estorba más que adorna.
Facistol.
Como viene siendo habitual, dos vidrieras iluminan esta capilla, ambas de Arnao de Flandes. La interior representa El Nacimiento de Cristo, en tanto que la situada sobre la reja nos muestra La Resurrección de Lázaro.
El Nacimiento de Cristo. Arnao de Flandes, 1.553.
La Resurreción de Lázaro. Arnao de Flandes, 1.554.