Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

domingo, 25 de marzo de 2012

Iglesia de san Isidoro, -I.

San Isidoro nació en Cartagena el año 556. Era hijo de Severiano, que pertenecía a una familia hispano-romana de elevado rango social; su madre, en cambio, era de origen visigodo y, según parece, estaba lejanamente emparentada con la realeza. La familia era originaria de Cartagena y se distinguió por su contribución a la conversión de los reyes visigodos (arrianos) al catolicismo. Se vieron forzados a huir de la ciudad tras la conquista de ésta por los bizantinos, trasladándose a Sevilla. Tenía cuatro hermanos: san Leandro (arzobispo de Sevilla), san Fulgencio (obispo de Cartagena y Écija), santa Florentina (que llegó a ser abadesa a cargo de cuarenta monasterios) y Teodora o Teodosia, que no fue santa, pero sí reina, al casarse con Leovigildo.
Son numerosas las representaciones de san Isidoro por toda la ciudad. Aquí vemos el medallón con su efigie en la Plaza de España.



San Isidoro, representado en el altar del convento de la Asunción, expuesto en el Patio de los Bojes del Museo de Bellas Artes de Sevilla.
San Isidoro, de Murillo. Sacristía Mayor, Catedral de Sevilla.
Estudió en la escuela catedralicia de Sevilla donde aprendió latín, griego y hebreo, bajo la supervisión de su hermano san Leandro, a quien más tarde sucedería como arzobispo de Sevilla durante treinta y siete años. En su labor de arzobispo, san Isidoro ayudó a unificar la iglesia cristiana en la península ibérica al convertir a los visigodos (que conquistaron la península en el siglo V) del arrianismo al cristianismo oficial. También presidió varios concilios eclesiásticos importantes. Uno de los más famosos fue el Concilio de Toledo (633), que decretó la unión de la Iglesia y el Estado, el establecimiento de escuelas en las catedrales de todas las diócesis y la normalización de la práctica litúrgica.

Su obra más importante, Etimologías, que consta de veinte tomos, reúne todo el conocimiento secular y religioso de la época y contiene información obtenida de las obras de otros escritores y sabios latinos. Aunque carece de originalidad, este libro fue uno de los textos preferidos de los estudiantes de la Edad Media y, durante siglos, una obra de referencia por su claridad en la exposición. También escribió tratados de teología, sobre la Biblia (Cuestiones sobre el Antiguo Testamento), lingüística, ciencia e historia (Historia de los godos y Crónica Universal). Su obra Tres libros de sentencias constituye el primer manual de doctrina y ética cristianas de la Iglesia latina. Murió en Sevilla el 4 de abril de 636. Fue canonizado en 1.598 y declarado doctor de la Iglesia en 1.722. Su festividad se celebra el 4 de abril. En el año 2.001 fue declarado Patrón de internet.
Representación medieval del Concilio de Toledo.
San Isidoro fue muy leído durante la Edad Media y Renacimiento (al menos diez ediciones fueron impresas entre 1.470 y 1.530), por lo que su influencia fue enorme entre sus contemporáneos. Todos los escritos históricos medievales de España estuvieron basados en sus obras. Hasta el siglo XII fue transmitido mediante traducciones de fuentes árabes, siendo una de las fuentes principales para la penetración en Europa de los trabajos de Aristóteles y otros autores griegos.

La iglesia de san Isidoro se sitúa en una de las cotas más elevadas de Sevilla donde, como demuestran las excavaciones arqueológicas, tuvo uno de los primeros asentamientos de la misma. Pertenece al grupo de parroquias fundadas inmediatamente después de la conquista de la ciudad en 1.248.
Vista General de la fachada del Evangelio.
La iglesia actual se construyó a mediados del siglo XIV, siguiendo los parámetros gótico-mudéjares propios de aquel momento histórico. A finales del siglo XVI o principios del XVII, bajo la dirección de Vermondo Resta, se reconstruyó de nuevo toda la cabecera de la iglesia, ampliando el presbiterio y creando dos capillas laterales: la de san Juan Nepomuceno (luego de los Villalpando) y la de los Maestres. Durante el siglo XVIII se agregan al templo las capillas de la nave del Evangelio y se realizan diversas reformas.

Por su privilegiada ubicación en el centro urbano hispalense, la iglesia parroquial de San Isidoro disfrutó de una numerosa y activa feligresía que impulsó la creación de capillas en el templo y efectuó numerosas donaciones. Fueron vecinos de la collación, figuras tan ilustres como Miguel de Cervantes y Bartolomé Esteban Murillo.

La iglesia presenta tres portadas. Destaca por su singularidad la Portada de la Epístola, situada en la calle san Isidoro, que por su riqueza arquitectónica y ornamentación parece la principal. Presenta un arco apuntado con abocinamiento muy acusado a base de arquivoltas y decoración de puntas de diamante. Una moldura de terminación triangular, a manera de frontón, encuadra toda la portada, presentando dentro de su vértice una interesante Estrella de Salomón (de seis puntas), símbolo judío muy extendido en la arquitectura bajo-medieval. Sobre ella se alza la torre, que responde, prácticamente en su totalidad, a una profunda reforma de estilo barroco efectuada por el arquitecto Francisco Jiménez Bonilla en 1.752. Quizás el único resto mudéjar que conserva sea una escalerilla de caracol con bóveda de aristas. Consta de dos cuerpos; el inferior posee panel cerámico con la efigie de san Isidoro en el centro, y medallones de san Leandro y santa Justa en los laterales. El superior está formado por arco de medio punto, pilastras, chapitel y cruz forjada.
Portada de la Epístola.
Arco de la Portada de la Epístola, con numerosas arquivoltas, estando la exterior adornada con figuras de puntas de diamante.
Estrella de Salomón, situada sobre el arco.
Torre de la iglesia de san Isidoro, situada sobre la Puerta de la Epístola.
Adornos cerámicos de la torre. San Isidoro en el centro, san Leandro a la izquierda y santa Justa al otro lado.
La Portada Principal es la de la calle Luchana, situada como es habitual a los pies del templo. Igualmente ejecutada en cantería, se encuentra muy modificada, presentado en la actualidad un arco apuntado con alfiz, que presenta rastros de haber sido originariamente de herradura. Está rematada por una pequeña espadaña, a modo de ático.
Portada principal de la iglesia, en la calle Luchana.
La Portada del Evangelio se realiza a finales del siglo XVIII. Es muy sencilla, con dos pilastras que sostienen un dintel. 
Portada del Evangelio. Vista general.
Portada del Evangelio.
Retablo cerámico de la Virgen de Loreto.
Se abre a una pequeña plaza, apenas un ensanche de la calle Augusto Plasencia, en la que, rodeado de numerosos naranjos, destaca una gran cruz de forja, en cuya base aparece una mitra y un báculo. El saliente de la fachada trasera, de tonalidad rojiza y coronado por un frontón triangular, corresponde al retablo de la Capilla Sacramental. En su centro destaca un medallón lobulado de buen tamaño con una pintura que representa una alegoría sobre la Adoración del Santo Sacramento.
Fachada lateral de la iglesia. Desgraciadamente, la abundancia de naranjos impide obtener una vista más de conjunto.
Otra vista de la fachada. Se trata del presbiterio de la Capilla Sacramental.
Cruz de forja y retablo cerámico en el exterior de la fachada lateral.
Retablo cerámico de Nuestra Padre Jesús de las Tres Caídas. Antonio Kierman, 1.946.
El templo presenta actualmente planta rectangular con tres naves con crucero, presbiterio, coro a los pies y capillas laterales. Las naves están separadas por diez pilastras de sección rectangular que sostienen arcos de medio punto, que en su origen eran arcos apuntados, sobre pilares cruciformes.
Vistas generales desde los pies de la nave central.
La nave central tiene cubierta de madera, con lacerías mudéjares; las naves laterales muestran cubiertas de colgadizo. El crucero presenta una bóveda de media naranja sobre pechinas; los brazos del crucero y la Capilla Mayor se cubren con bóveda de cañón.
Vista general de la nave de la Epístola.
Vista general de la nave del Evangelio.
Visitaremos la nave del Evangelio comenzando por los pies, a la derecha de la puerta de entrada. Adosado al muro encontramos el Altar de san Antonio de Padua, moderno, con frente de azulejos.
Altar de san Antonio de Padua.
San Antonio de Padua con el Niño.
En ángulo recto con este altar se nos muestra la Capilla Bautismal, presidida por un Crucificado de mayor tamaño que el natural que, en tiempo de Cuaresma, como es el caso, se coloca en el presbiterio, ante el Retablo Mayor. Sobre la capilla se sitúa un lienzo que representa La Visitación.
Capilla Bautismal.
La Visitación de la Virgen a  santa Isabel.
Capilla Bautismal.
Inmaculada.
Pasando la portada del Evangelio, por la que hemos entrado, llegaremos a la Capilla de Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas, de estilo barroco del siglo XVIII. Se encuentra presidida por la imagen titular, atribuida a Alonso Martínez (1.668).
Capilla de Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas.
Nuestro Padre Jesús de las Tres CaídasAlonso Martínez, 1.668.
A ambos lados del altar principal están colocadas dos pinturas sobre tabla fechables a fines del XVI que representan El Descendimiento y La Transfiguración.

En el muro derecho se sitúa el sepulcro del obispo de Laodicea, don Gonzalo de Herrera y Olivares, realizado en tomo a 1.579, fecha de fallecimiento del prelado.
Sepulcro del obispo de Laodicea.
En el muro lateral izquierdo de la capilla aparece el retablo de Nuestra Señora de Loreto, obra anónima sevillana de mediados del siglo XVIII que residió originariamente en san Benito. Mide 1,61 metros de alto. Esta escultura fue profundamente restaurada por Sebastián Santos Rojas en 1.955. Entonces, se cambió la postura del rostro, el entrecejo, la policromía, etc. Su primitiva advocación fue de Las Tres Humillaciones y Madre de Dios del Arco (en referencia seguramente a la proximidad de los Caños de Carmona), cambiándose por la de Loreto en el siglo XVIII, quizás al cambiar de imagen titular. 
Retablo de Nuestra Señora de Loreto.
Como la capilla está cerrada con verja, no se puede hacer una fotografía de la Virgen en condiciones, por lo que recurro a la página oficial  http://pasionenladistancia.blogspot.com.es  para ofrecer esta imagen:
Nuestra Señora de Loreto, vestida de hebrea. De su mano izquierda cuelga una reproducción del Plus Ultra en oro donada por Ramón Franco en 1.926, el mismo año en que fue nombrada Patrona del arma de aviación.
La más impresionante de las capillas de este templo, con un barroquismo desmelenado es, sin duda, la Capilla Sacramental. Cerrada por una interesante reja del último tercio del siglo XVI, en ella se ejecutaron diversas reformas durante el siglo XVIII. Sobre su portada aparece un lienzo de finales del XVII, con magnifico marco de la época, representando una Alegoría de la Eucaristía, atribuible a Lucas Valdés.
Capilla Sacramental. 
Alegoría de la Eucaristía. Atribuido a Lucas Valdés.
El interior de la capilla está adornada con numerosas yeserías que presentan columnas salomónicas y adornos vegetales. Sus muros laterales aparecen decorados por una serie de lienzos de diverso formato, todos realizados a finales del siglo XVII. Entre ellos destacan los que representan El Traslado del Arca de la Alianza y La Entrega por Melquisedec de los Panes de la Propiciación, obras que presentan el estilo de Lucas Valdés.

Bóveda de la Capilla Sacramental.

Muro izquierdo de la capilla.
Muro derecho de la capilla. 
El retablo de la capilla es el más barroco que hasta ahora he conocido. Son incontables los ángeles, las volutas o los adornos vegetales que presenta. Está formado por banco, un cuerpo de tres calles y un gigantesco ático que se arquea sobre el retablo, como si fuera un dosel protector.

Retablo de la Capilla Sacramental.
El cuerpo está presidido por una imagen sedente con Niño bajo la advocación de Virgen de las Nieves. Es una imagen de candelero, de autor desconocido, fechada hacia el siglo XIV. La acompañan san Sebastián y san Roque. Por el resto del retablo y sus laterales se presentan imágenes de los cuatro Evangelistas, san Benito, santo Tomás, san Jerónimo, san Bernardo, san Buenaventura y otros que no reconozco.

Virgen de la Nieves.
Ático del retablo.
Lado izquierdo del retablo.
Lado derecho del retablo. 
Inmaculada, en el muro del Evangelio, entre las capillas sacramental y de los Maestres.
Ya llegamos a la cabecera de la nave del Evangelio. Allí se encuentra la Capilla de los Maestres, construida en la misma época que la de los Villalpando. El Cristo de la Sangre, del siglo XIV, antiguamente llamado de los Maestres, es el Crucificado que preside la estancia. Se trata de uno de los pocos Crucificados góticos que se conservan en la ciudad (los otros son el Cristo del Millón, en el Retablo Mayor de la Catedral, el Cristo de San Pedro, en Sanlúcar la Mayor y un Crucificado que se expone en el museo de la Prioral de Santa María de Carmona). Está situado en un altar neoclásico con adornos barrocos. Pinturas murales y un zócalo de azulejos tipo Pisano de principios del XVII adornan la capilla.
Cristo de la Sangre o de los Maestres.
Cristo de la Sangre o de los Maestres. Detalle.
Inmaculada. Capilla de los Maestres.
Capilla de los Maestres. Azulejos.
Capilla de los Maestres. Azulejos. 
Terminamos aquí la primera parte de la visita a la iglesia de san Isidoro.

Adaptada a personas de movilidad reducida.