Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

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jueves, 12 de abril de 2018

2.018. Año Murillo. Parte III. Las Inmaculadas.

Dejamos la anterior entrada con la vista de Inmaculada Colosal. Se trata de la primera representación de la Inmaculada Concepción por parte del pintor, tema que repetiría frecuentemente (más de dos docenas de obras conservadas, además de las realizadas por sus discípulos) a lo largo de su vida. No inventó la iconografía, expresada por anterioridad por Rubens, Pacheco, Velázquez, Zurbarán o Ribera, pero con él alcanzó su máxima expresión y “fijó” los atributos para la representación del Dogma de la Inmaculada a partir de entonces. Y es que, aunque este no se promulgó hasta el siglo XIX, ya desde mediados del XVII la Iglesia permitió creer en ello, y desde 1.661 permitió oficialmente celebrar su fiesta, a pesar de la oposición de los dominicos, defensores de la advocación de la Virgen del Rosario ya desde el siglo XIII.
Se puede observar en las siguientes imágenes la evolución de la escena hasta la irrupción de Murillo, en 1.650.
Inmaculada con doncellas de la Hermandad de Vera+Cruz.
Francisco de Herrera, el Viejo, 1.614. Palacio Arzobispal de Sevilla.


Fue encargada por la Hermandad de la Vera+Cruz, formando parte de una serie de doce pinturas destinadas a decorar la capilla que esta cofradía poseía en el Convento Casa Grande de San Francisco. Eran obras pintadas por el artista en plena juventud (tenía tan solo veinticinco años), apreciándose en ellas influencias de Pedro de Campaña o Luis de Vargas, pintores muy reputados en la Sevilla de principios del XVII. Los colores de la Inmaculada son los de la época, rosa la túnica y azul el manto. 
Inmaculada. Diego Velázquez, 1.618. Sevilla, Fundación Focus.
Formaba pareja con un San Juan evangelista escribiendo el Apocalipsis, de idénticas dimensiones, pintado para la Sala Capitular del convento del Carmen Calzado de Sevilla, fundado en el siglo XIV. En 1.809, poco antes de la ocupación francesa de la ciudad, ambas obras fueron vendidas, por intermediación del canónigo López Cepero, al embajador de Gran Bretaña, Bartholomew Frere.
Se perdió su rastro con el tiempo y, en 1.990, tras su aparición en el mercado artístico internacional provocó grandes dudas en torno a su atribución, que oscilaba entre Alonso Cano y Velázquez, en la época en que los dos eran aprendices en el taller de Francisco Pacheco. La duda finaliza tras un estudio del Museo Nacional del Prado, que confirmó la autoría de Velázquez. 
Inmaculada con Miguel del Cid.
Francisco Pacheco, 1.619. Catedral de Sevilla.
El cuadro fue donado a la catedral por el canónigo Juan Ochoa de Basterra y colgado sobre su sepultura, situada en la nave del Lagarto, inmediata a la capilla de la Granada y junto al púlpito del Patio de los Naranjos. Allí permaneció durante dos siglos y medio, hasta que en 1.867 se le nombra ocupando la sacristía de la capilla de la Virgen de la Antigua y, más tarde, la de los Cálices. Finalmente, tras la restauración del lienzo con motivo de la exposición sobre Velázquez y Sevilla de 1.999, apareció la firma de Pacheco, así como la fecha de ejecución: 1.619. Desde entonces se expone en la sala inicial del Pabellón de entrada de la catedral hispalense.
Inmaculada. Zurbarán, 1.628-1.630. Madrid, Museo del Prado.
Zurbarán fue uno de los artistas más activos en la promoción de la defensa de la Inmaculada Concepción de la Virgen. A él se deben varias obras sobre este tema, considerándose esta como la pintura más temprana sobre el asunto que realizó Zurbarán,  tanto por estilo como por rasgos compositivos. La imagen de la Virgen aparece con las manos unidas en oración, rodeada por los símbolos de las letanías y con figuras y paisajes alrededor de ella, sin ángeles acompañándola, elementos que constituyen un elemento importante para diferenciar estas Inmaculadas de las de Murillo y su escuela.
No he podido averiguar para qué persona o lugar fue realizada; tan solo que el Museo del Prado fecha su ingreso en 1.956.
Inmaculada Concepción. José de Ribera, hacia 1.630.
Madrid, Museo del Prado.
Inmaculada Concepción . José de Ribera, hacia 1.635. 
Salamanca, Convento de las Agustinas Recoletas de Monterrey.
Este gran lienzo forma parte del retablo de las Agustinas de Salamanca y fue pintado al óleo por José de Ribera en el XVII. En él se puede observar una importante transición del modelo de la Virgen desde las representaciones de Pacheco, Zurbarán o Velázquez a las posteriores de Murillo. De los primeros aún conserva elementos como la corona de doce estrellas (las tribus de Israel) y los símbolos de las letanías lauretanas (espejo, torre, árboles y ramas, luna llena, rosas, etcétera), pero evoluciona  abandonando el modelo estático, dotando de movimiento a los ropajes de la Virgen, ya con túnica blanca y manto azul. Aparecen abundantes angelotes y se cambia el tenebrismo imperante por colores vivos y luminosos.
Inmaculada Concepción, La Colosal. Murillo, hacia 1.652.
Museo de Bellas Artes de Sevilla.
Gigantesco (436 x 297 cm) lienzo de Murillo, pintado por encargo del convento Casa Grande de San Francisco. Su tamaño se debe, como hemos comentado en anteriores entradas, al hecho de ser situada a veinte metros del suelo, sobre uno de los arcos torales de la Capilla Mayor. La escena muestra gran semejanza con la obra anterior de Ribera, con vivos colores y amplio movimiento de ropajes; desaparecen, en cambio, la corona de doce estrellas y los atributos de las letanías lauretanas.  Se trata del primer trabajo del artista sobre este tema, que repetiría al menos dos docenas de veces más, a las que habría que añadir las de sus discípulos.
Inmaculada con fray Juan de Quirós. Murillo, 1.653. Sevilla, Palacio Arzobispal.
Como vimos en la entrada anterior, este lienzo fue encargado para la Capilla de la Vera+Cruz del convento Casa Grande de San Francisco. La Virgen se muestra ante el franciscano, no como una aparición, sino como inspiradora de los numerosos escritos del mismo, en los que defendía la Pura y Limpia Concepción de la Madre de Cristo. El pintor sitúa la escena en el interior del espacio formado por un entablamento, sostenido por dos columnas, en cuyas bases vemos sendos ángeles portando el escudo de la Cofradía. Alrededor de la Virgen aparecen numerosos ángeles que portan atributos de las letanías: espejo, flores, palmas, ramos de olivo. 
Así se expone habitualmente la Inmaculada Colosal, 
en el Museo de Bellas Artes.
Se conserva en la sala V del Museo de Bellas Artes, presidiendo la representación del retablo del convento de Capuchinos. Durante los tres primeros meses de este Año Murillo ha cedido su lugar a la pintura original de dicho retablo, El Jubileo de la Porciúncula, cedida por su actual propietario, el Wallraf-Richartz Musem, de Colonia.
Representación del retablo Mayor del convento de Capuchinos.
Año Murillo, 2.015. Museo de Bellas Artes de Sevilla.
Por cortesía de www.lainformacion.com.
Inmaculada Concepción de la Media Luna.
Murillo, 1.662.  Madrid, Museo del Prado.
La única Inmaculada pintada de medio cuerpo por Murillo. Presenta delante el creciente de la luna y a los lados, seis serafines. La pincelada es sutil, difuminando los contornos y dando aspecto etéreo al conjunto. La pieza fue adquirida, con otras muchas del autor, por Isabel de Farnesio, segunda esposa de Felipe V, gran admiradora del artista sevillano. La documentación sitúa la obra en 1.746 en el Palacio de La Granja y, en 1.794, en el dormitorio de los reyes del Palacio de Aranjuez; ingresó en el Museo del Prado en 1.819.
Inmaculada Concepción "del Escorial"
Murillo, 1.660-1.665. Madrid, Museo del Prado.
Se trata de una de las Inmaculadas de Bartolomé Esteban Murillo con aspecto más juvenil, lo que la vincula con la obra de  de Zurbarán  y las recomendaciones de Pacheco en su Arte de la Pintura, que escribió en 13649. Se conservan varios bocetos de esta obra, lo que demuestra una preparación concienzuda por parte del artista.
Debe su nombre a que aparece registrada en 1.788 en la Casita del Príncipe de El Escorial, Carlos IV, pasando después al Palacio Real de Aranjuez y, en 1.819, al Museo del Prado.
Inmaculada Concepción con seis figuras.
Murillo, 1.665. París, Museo del Louvre.
Para la iglesia de Santa María la Blanca de Sevilla, Murillo pintó en 1.665 está Inmaculada Concepción con seis figuras, que acompañaría a El sueño del patricio Juan, La visita del patricio al papa Liberio, La Exaltación de la Eucaristía y La Sagrada Cena, encargadas por su amigo y mecenas Justino de Neve. 
La Inmaculada se nos muestra con las manos juntas a la altura del pecho, sobre un trono de nubes, acompañada por un grupo de ángeles y serafines. Viste su tradicional túnica blanca y manto azul y dirige su mirada hacia un grupo de seis fieles que representan a la cristiandad en todas sus edades ya que muestra a un niño, tres adultos y dos ancianos. Se cree que se trataba de clérigos de la iglesia de Santa María la Blanca (Domingo Velázquez Soriano y Salvador Rodríguez, su sustituto, así como el marqués de Villamanrique y su hijo, vecinos de la iglesia, y otros).
Inmaculada del Coro, “La Niña”. Murillo, 1668-69,
para el convento de Capuchinos. Sevilla, Museo de Bellas Artes.
La tradición afirma que el rostro de esta Inmaculada se inspira en el de Francisca María, hija del pintor, sorda, que ingresó en el convento Madre de Dios a la edad de catorce años. Nos muestra a la Virgen sobre nubes, rodeada de angelillos que portan los símbolos de las letanías: rosas, palmas, espejos, azucenas. Su emplazamiento original fue el coro bajo del convento de Capuchinos.
Inmaculada Concepción. Murillo. Dulwich Picture Gallery.
La Dulwich fue la primera galería pública de arte creada en Inglaterra. Alberga una interesante colección de arte español, con nada menos que trece obras de Murillo, entre ellas La Virgen del Rosario, esta Inmaculada Concepción y varias escenas de niños mendigos. No he podido averiguar la fecha, siquiera aproximada, en que el pintor realizó este lienzo, ni el lugar para el que la ejecutó. La obra no es de las mejores del artista, e incluso da la impresión de que en ella han intervenido más alumnos de su escuela que el propio maestro.
Inmaculada Concepción. Murillo. London, National Gallery.
Se trata de otra obra, como la anterior, en la que se sospecha que fue realizada en su totalidad por Murillo, aunque en este caso la calidad es superior.
Inmaculada con el Padre Eterno. Murillo, 1.668-69. 
Para el convento de Capuchinos. Sevilla, Museo de Bellas Artes.
Se representa en este lienzo el momento en que la Virgen María es eximida del pecado original por Dios Padre, que abre los brazos, acogiéndola. En la esquina inferior derecha aparece un dragón rodeando el mundo, como símbolo del demonio que aprisiona a la humanidad con el estigma del pecado original. Esta Inmaculada presidía el retablo de la segunda capilla de la nave del evangelio de la iglesia del convento de Capuchinos.
Inmaculada Concepción. Murillo, 1.668.
Sala Capitular de la Catedral de Sevilla.
En 1.662, el Cabildo Catedralicio encargó a Murillo la restauración de las pinturas que decoraban las paredes de la Sala Capitular, originales de Pablo de Céspedes, en 1.592, perdidas a causa de la humedad y las filtraciones. A ellas se añadió una gran Inmaculada (una de las mejores que realizó en su carrera el pintor), inserta en un magnífico marco de madera dorada tallado por Bernardo Simón de Pineda, colocada tapando el óculo central. Como es costumbre en el pintor, Murillo se inspira en un personaje real, en este caso Beatriz, su esposa.
Contemplando la obra, se aprecia una evidente sensación de ingravidez y vaporosidad, acentuadas por la gran altura a la que se encuentra situada.
Inmaculada Concepción, "de Esquilache". Murillo, hacia 1.670.
San Petersburgo, Museo Hermitage.
Se le denomina de esta manera por haber pertenecido a Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache y ministro de Carlos III. De gran calidad técnica, los grupos de ángeles situados en las esquinas superior izquierda e inferior derecha, así como el manto de Virgen, confieren a la pintura una disposición diagonal que aumenta el movimiento compositivo. 
Inmaculada Concepción. Murillo, 1.670.
Madrid, Museo del Prado.
Como la Inmaculada “de la media luna” anteriormente comentada, esta obra fue adquirida por Isabel de Farnesio para decorar las estancias reales del Palacio de La Granja, pasando posteriormente por el Palacio de Aranjuez, Palacio Real y, finalmente, Museo del Prado en 1.819.
Inmaculada Concepción. Murillo, 1.660-70.
Baltimore, Walters Art Gallery.
Corría el año 1.769 cuando el jesuita John Carroll es nombrado obispo, el primero, de los Estados Unidos de América y, ya en 1.808, arzobispo, residiendo en su Baltimore natal. Como buen jesuita, fundó la Universidad de Georgetown e impulsó la construcción de la catedral de la Asunción de María. Ya desde el principio, el obispo Carroll puso el naciente país norteamericano bajo la protección de la Virgen María, consagrándolo a la Inmaculada Concepción. En 1.847, años después del fallecimiento del obispo, el papa Pío IX formalizaría definitivamente el patronazgo de la Inmaculada sobre los Estados Unidos.
Ignoro cómo llegó este lienzo de la Inmaculada a la población estadounidense. Personalmente, tengo mis dudas sobre la fecha/autoría de esta obra.
Inmaculada Concepción "de Aranjuez". Murillo. 1675-80. 
Madrid, Museo del Prado.
Procede, como indica su nombre, del Palacio de Aranjuez, en el que formaba parte de la colección de Isabel de Farnesio. Las manos de la Virgen se cruzan a la altura del pecho, elevando el rostro hacia el cielo, con expresión de arrobamiento, mientras una dorada luz rodea su cabeza. El manto azul que viste es de grandes proporciones y se despliega tanto por delante como por detrás de su cuerpo. Los ángeles que la acompañan portan en sus manos diferentes signos marianos: la palma del martirio, lirios, rosas, una rama de olivo. La escena transmite una sensación de gran devoción y espiritualidad.
Inmaculada Concepción “del Espejo”. 
Murillo, 1.675-1.680. Museo de Ponce, Puerto Rico.
Adquirida en 1.807 en Madrid por el famoso coleccionista francés Jean-Baptiste Lebrun, pasó luego por importantes colecciones privadas de Londres, Los Ángeles y Nueva York (hasta once exposiciones), hasta llegar al Museo de Arte de Ponce en 1.959 de la mano de su fundador, Luis A. Ferré. Algunas fuentes sostienen que procede del convento de San José del Carmen de los Carmelitas Descalzos en la calle de Alcalá, Madrid.
Inmaculada de los Venerables. Murillo. 
Hacia 1.678. Madrid, Museo del Prado.
Justino de Neve, canónigo de la catedral de Sevilla, presidente eclesiástico del Hospital de Venerables Sacerdotes y amigo personal de Murillo encargó al artista en 1.678 la ejecución de una Inmaculada para su colección particular, que más tarde donó a la iglesia de dicho hospital. Hay quien afirma que el artista, en una época de plena madurez, plasmó en el lienzo la representación de la Virgen más hermosa y técnicamente más conseguida de toda su producción; no voy a ser yo quien lleve la contraria a esta aseveración.
Desgraciadamente, también le gustó al mariscal Soult, por lo que se formó parte del botín que rapiñódurante sus andanzas por estas tierras en el curso de la invasión napoleónica. A la muerte del infame, se subastó en París, alcanzando la cantidad más elevada pagada nunca por una pintura hasta ese momento: 615.300 francos oro, que pagó el Louvre por hacerse con su propiedad.
Aquí vemos la Inmaculada original, con su marco original, en su retablo original y en el lugar para el que fue pintada originalmente. Se expuso brevemente durante la muestra "Murillo y Justino de Neve: el arte de la amistad", celebrada en 2.012.

No acabaron ahí las peripecias de esta Inmaculada. En la primera mitad del siglo XX, la popularidad de Murillo había decaído notablemente lo que, unido a la situación militar y política de la época (año 1.941, con Francia ocupada por los nazis y Franco reciente vencedor en la Guerra Civil), favoreció el intercambio del lienzo del sevillano por un retrato de Doña Mariana de Austria realizado por Velázquez. Desgraciadamente, la obra no regresó al lugar del que fue sustraída, sino que se quedó en el Museo del Prado. Un expolio dentro de otro expolio. Allí sigue, cediéndose con cuentagotas.
Asunción de la Virgen o "Inmaculada de Walpole"
Murillo, 1.680. San Petersburgo, Museo de Hermitage.
Ingresó al Hermitage en 1.779, procedente de la colección Robert Walpole. Se nos muestra a una Virgen niña, con los brazos abiertos en actitud de ofrenda, enmarcada por un halo de luz dorada y una multitud de angelitos a sus pies. El rostro de la Virgen es el mismo que el artista dibujó para la Inmaculada del Coro del convento de Capuchinos, lo que parece indicar que se inspiró en su hija Francisca María.
Inmaculada Concepción. Murillo, 1680-82. 
Cádiz, Oratorio de San Felipe Neri.
Algunos historiadores cuentan que Murillo pintó este cuadro para un caballero de la Corte, quien, al no quedar satisfecho de la obra, se negó a pagar por ella lo acordado. Por esa causa, el pintor lo donó a los Padres Filipenses, residiendo desde entonces en el retablo mayor del Oratorio. No hay documentación que lo demuestre, como tampoco la hay de que el artista pintara este cuadro durante su estancia en Cádiz con motivo de cumplir el encargo de realizar los lienzos para el altar mayor de la iglesia del convento de Santa Catalina, aunque es muy posible que así sucediese. Se considera que fue la última Inmaculada que pintó.
Representaciones de la Inmaculada Concepción después de Murillo.

Contemporáneos y sucesores del artista sevillano continuaron representando la imagen de la Inmaculada. Cada uno de ellos incluía elementos propios en el dibujo y color, que los diferenciaban entre sí y con el maestro. Veamos algunos ejemplos:
Inmaculada Concepción. Francisco de Herrera, el Mozo, hacia 1.670.
Madrid, Museo del Prado.
Aún cuando Herrera influyó grandemente en la escuela sevillana (sobre todo en Murillo) de la segunda mitad del XVII en lo referente a la brillantez cromática, dinamismo de las figuras y movimiento de los ropajes, a la hora de plasmar en el lienzo esta Inmaculada regresa a los parámetros fijados por Pacheco en su tratado Arte de la Pintura. Nos presenta a la Virgen en una posición muy estática, con las manos unidas en actitud de rezo y ocupando la mayor parte de la superficie del cuadro, aunque que con más riqueza de colores que las obras de artistas anteriores a Murillo. 
Inmaculada Concepción. Pedro Núñez de Villavicencio.
Sevilla, Museo de Bellas Artes.
Inmaculada Concepción. Valdés Leal, 1.670-72, 
para el convento de San Agustín. Sevilla, Museo de Bellas Artes.
Inmaculada Concepción. Cornelio Schut III, 1.680. Propiedad del Museo del Prado, en depósito en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.