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Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

jueves, 5 de octubre de 2017

La presencia jesuita en Sevilla. Parte 5c. La antigua Casa Profesa. Retablo de la Inmaculada Concepción.

Llegados al brazo de la Epístola del transepto, podremos contemplar, en la cabecera de la nave, un conjunto de figuras constituido por un soldado romano, dos sayones y un sanedrita, que acompañan en el paso de misterio la imagen del Cristo de la Coronación de Espinas. Todas ellas, excepto el Cristo, que es del siglo XVII, del maestro Agustín de Perea) son obra de Joaquín Bilbao, talladas en 1.922.
Figuras del paso del Cristo de la Coronación de Espinas.
Transepto, lado de la Epístola.
Transepto, lado de la Epístola. Arco toral y bóveda de cañón.
A nuestra derecha encontramos el retablo de la Inmaculada Concepción. Fue realizado en dos épocas bien diferenciadas: entre 1.580 y 1.584 la parte inferior y en el primer tercio del siglo XVII la exterior. 
Retablo de la Inmaculada Concepción.
La estructura interior, obra de Juan Bautista Vázquez, el Mozo (imágenes incluidas), se consagró a La Virgen María y Santa Ana. Su diseño es típico renacentista, con predominio de las líneas rectas e imágenes situadas en hornacinas en el interior de rectángulos bien definidos. Se articula en un banco, dos cuerpos de tres calles y ático.
Zona interior del retablo, 1.580-1.584.
El banco del retablo presenta dos pinturas sobre tabla, en regular estado, que son de la misma época del retablo y de autor anónimo: La Circuncisión de Jesús y La Visitación. El tema de la Circuncisión fue especialmente querido por los religiosos jesuitas por responder al momento en que se impuso a Cristo el nombre de Jesús, emblema de la propia Compañía. Por ello, no es de extrañar su presencia en este conjunto de un templo jesuita. Además, la participación de la Virgen en este episodio también explica su presencia en un retablo consagrado a Ella. La pintura es de autor desconocido y fechada entre 1.580 y 1.584.
Altar de plata del retablo de la Inmaculada.
Banco del retablo.
La Circuncisión de Jesús. Anónimo, 1.580-1.584.
También la escena de la Visitación es recurrente en la iconografía jesuita. Compositivamente, parece derivar de un grabado, como la escena anterior. Desde el punto de vista estilístico, se trata de una obra representativa del manierismo dominante en la pintura sevillana de la época. Sus figuras, serias e inexpresivas, son recreadas con un dibujo seco que perfila unos ropajes tratados de forma rígida. 
La Visitación de la Virgen a Santa Isabel. Anónimo, 1.580-1.584.
El primer cuerpo está presidido por una talla de la Inmaculada Concepción del siglo XVII, que vino a sustituir una imagen anterior de Santa Ana con la Virgen niña que aún se conserva. En las calles laterales de este primer cuerpo se distribuyen las esculturas de San Antonio Abad (arriba, izquierda), una santa identificada tradicionalmente como Santa Justa (abajo, izquierda), San Roque (arriba, derecha) y el lugar, hoy vacío, que antes ocupaba la imagen de Santa Catalina de Alejandría.
La Inmaculada Concepción preside este cuerpo del retablo.
Inmaculada Concepción, 1.630. La morfología de esta talla, de gran parecido a La Cieguecita de Martínez Montañés, nos indica que pertenece a su círculo más cercano.
La Inmaculada en su retablo.
Detalle.
San Antonio Abad. 
Escultura que representa a San Antonio Abad según su iconografía tradicional, como un viejo ermitaño de larga barba, vestido con hábito monacal y apoyado sobre un báculo, que coge con ambas manos. Aparece de pie, en actitud de adelantar su pierna derecha, mientras gira su cabeza hacia el lado contrario. Este ademán, unido al tratamiento de su ropaje -especialmente, de las amplias mangas de su túnica, confiere a la figura un cierto dinamismo.
Por sus características estilísticas, tratamiento de los ropajes y cabellos, ha sido puesta en relación con la producción de Juan Bautista Vázquez, el Viejo y su círculo.
¿Santa Justa?
La talla representa a una santa que no porta en la actualidad atributo iconográfico alguno, pero que antiguas publicaciones identifican como Santa Justa. Aparece de pie, vestida con túnica y manto ricamente estofados. Adelanta el brazo derecho, mientras que con la mano contraria sujeta su manto. 
San Roque.
Aparece de pie, como un hombre maduro, con barba, vestido con indumentaria de peregrino, túnica y manto, con sombrero y zurrón. En la mano derecha debió llevar el cayado que suele acompañarle. Adelanta su pierna derecha, dejando ver las llagas, secuelas de la peste que sufrió. Abogado contra las epidemias, se vincula en el retablo con la figura de San Antonio Abad, también santo protector contra la peste y de gran devoción popular igualmente.
En el segundo cuerpo vemos un conjunto escultórico formado por Santa Ana, la Virgen y el Niño Jesús. Las imágenes de este grupo, de facciones clásicas, ropajes de complicados pliegues y cierta afectación manierista, son atribuidas, por sus características estilísticas, a Juan Bautista Vázquez, el Mozo. Sin embargo, no se trata de las imágenes originales talladas en 1.585, que fueron rechazadas por la Compañía por ser demasiado pequeñas para el retablo, aunque se conservan en otro lugar de la iglesia. El mismo autor debió, entonces, esculpir de nuevo el grupo, que es el que existe en la actualidad.
Segundo cuerpo del retablo.
A los lados se alojan cuatro imágenes de reducido tamaño: San Nicolás de Bari, San Sebastián, San Juan Evangelista y San Juan Bautista.
Escultura que representa a San Nicolás de Bari según su iconografía tradicional. Aparece de pie, como un hombre maduro, barbado, vestido con la indumentaria propia de los obispos griegos: una amplia casulla (felonión) decorada con cruces, revestida por el omoforión, recorrido también por unas cruces. Coronado con un gran nimbo, bendice con su mano derecha, mientras que sostiene con la contraria el libro de los Evangelios. Resulta una imagen algo rígida, frontal e inexpresiva, de menor calidad técnica que las restantes esculturas de este conjunto.
Vemos a San Sebastián según su iconografía habitual, tras haber sido asaeteado por los soldados romanos. Aparece como un joven imberbe, semidesnudo, cubierto solamente por un paño de pureza. Se encuentra atado por las muñecas al tronco de un árbol, mostrando dos flechas clavadas en su cuerpo, una en el costado y otra en el brazo derecho.
San Juan Evangelista se nos muestra de pie, como un joven imberbe, vestido con túnica verde y manto rojo. Adelanta la pierna derecha, al tiempo que abre los brazos. La disposición del manto, en gruesos pliegues, confiere cierta movilidad a esta imagen.
San Juan Bautista, en cambio, aparece más maduro, con su característica vestimenta de pieles y manto rojo. A su izquierda, sobre un tronco de árbol, aparecen un libro y un cordero, símbolo del Agnus Dei. Por sus características estilísticas, tratamiento de los ropajes y cabellos, ha sido puesta en relación con la producción de Juan Bautista Vázquez, el Viejo y su círculo.
La ornamentación del retablo interior se configura, básicamente, a través de roleos, cabezas de querubines y ángeles tallados entre nubes (en las enjutas), así como los dos pequeños fruteros dispuestos en los extremos superiores. Remata el retablo una cartela que, seguramente, acogía alguna pintura, hoy perdida, con una representación, sobre ella, de la Paloma del Espíritu Santo.
Cartela que remata el interior del retablo de la Inmaculada.
Ángeles tallados en las enjutas del arco.
El retablo externo, concebido a modo de arco triunfal, data del primer tercio del siglo XVII, cuando se decidió dedicarlo a la Inmaculada Concepción y aumentar el protagonismo de esta advocación de la Virgen. El arco se apoya sobre sendas calles laterales, delimitadas exteriormente por pilastras corintias cajeadas. Cada calle, rematada con frontones triangulares, contiene dos hornacinas superpuestas, que alojan imágenes de los padres  de la Virgen, San Joaquín y Santa Ana (abajo) y San Pedro y San Francisco de Asís (arriba).
Zonas exterior e interior del retablo dela Inmaculada Concepción.
Calle izquierda del retablo exterior, con San Pedro (arriba) y San Joaquín (abajo).
San Pedro.
La inclusión de este santo en el retablo, no relacionado directamente con la iconografía concepcionista, bien pudo responder a devociones particulares de los patronos de esta ampliación; concretamente, se ha identificado a Pedro de la Parra, patrono que dejó su escudo en el banco del retablo y que, posiblemente, quiso ver representado a su santo patrón en el mismo.
Con la mano izquierda sostiene el libro de las Sagradas Escrituras y, en la derecha, que hoy se muestra vacía, debió portar las llaves del Paraíso, su principal atributo iconográfico.
San Joaquín.
Se trata de una figura captada de pie, girado hacia su izquierda, para contemplar la imagen de María que centra el retablo. Va vestido con una indumentaria ricamente estofada con motivos vegetales. El rostro, de facciones clásicas, muestra, como es habitual en la iconografía de San Joaquín, a un hombre maduro, con barba bífida. No porta atributo iconográfico alguno.
El estilo de este añadido ha sido relacionado con Juan de Oviedo, el Mozo y Diego López Bueno. Su decoración se basa también en roleos vegetales, concentrándose la mayor parte del repertorio ornamental en su remate: los jarrones de sus extremos, guirnaldas de frutas y la cartela que ocupa el centro del arco y del entablamento, con una representación de la Paloma del Espíritu Santo en su interior. En las enjutas de este arco exterior aparecen ángeles tallados. 
Calle derecha del retablo exterior, con San Francisco de Asís y Santa Ana.
San Francisco de Asís.
Al igual que sucedía con San Pedro, la presencia de este santo en el retablo bien puede responder a devociones particulares de los patronos de esta reforma artística, aunque no hay que olvidar su fervor mariano y el hecho de ser el fundador de una orden especialmente activa en la defensa del misterio Inmaculista.
Santa Ana.
 Se nos muestra a la madre de la Virgen de pie, girada hacia su derecha, para contemplar la imagen de María que centra el retablo. Mostrando una actitud embelesada, se lleva su mano derecha el pecho, mientras extiende la contraria. Santa Ana va vestida con una rica indumentaria; la túnica de color jacinto, anudada a la cintura mediante una lazada, se encuentra recorrida por completo por tallos vegetales; el manto, de fondo marfileño, muestra una amplia cenefa con hermosos y amplios motivos vegetales estofados. Se cubre la cabeza con toca blanca y manto. El rostro, de facciones clásicas, muestra los rasgos de una mujer madura. Tampoco muestra atributo iconográfico alguno. 
Los pedestales de las calles laterales muestran los escudos de armas de los promotores de este añadido: a la izquierda, un escudo cortado, con tres hojas de parra en su parte superior y una palmera, flanqueada por dos torres, en la inferior. En el pedestal derecho, un escudo cortado y medio partido, mostrando en su registro superior un águila con las alas desplegadas, rodeada por una orla de castillos; en el cuartel izquierdo, una cruz flordelisada, quizá correspondiente a la orden de Calatrava; en el cuartel derecho, bandas de gules y oro. Ambos escudos se encuentran timbrados por un yelmo con penacho de plumas.


Ante el lado derecho del retablo suele estar colocada una talla de Santa Ana con la Virgen Niña que, en caso de tener lugar algún culto de la Inmaculada, ocupa el lugar de esta en el retablo.

Santa Ana con la Virgen Niña. Atribución a Juan Bautista Vázquez, el Mozo, 1.584.
Aparece vestida con túnica blanca y manto azul, portando a la Virgen niña en su brazo izquierdo. En la mano contraria se sabe que llevó una flor, símbolo de pureza, hoy día perdida. Se atribuye, con bastante fundamento, a Juan Bautista Vázquez, el Mozo, sobre 1.584, aunque también muestra rasgos (posición, pliegues del ropaje) de obras de Roque Balduque. 
En este brazo derecho del transepto se encuentra la Puerta de la Concepción (antiguamente de Santa Ana), que servía de comunicación de la iglesia con el claustro. Construida en 1.568, está compuesta por un arco de medio punto flanqueado por pilastras dóricas y rematado por un frontón recto decorado con discos planos.
Interior de la Puerta de la Concepción.


Puerta de la Concepción, antigua de Santa Ana.
En Finaliza aquí esta parte del recorrido. La siguiente entrada estará dedicada al Retablo Mayor.