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lunes, 8 de febrero de 2016

Convento de los Padres Capuchinos o de las Santas Patronas Justa y Rufina, -II y final.

Situados ante el presbiterio, conviene recordar que tanto el antiguo altar mayor como los muros de las naves se decoraron originalmente con lienzos de Murillo, exclaustrados durantela desamortización de Mendizábal. 
Pinturas del antiguo retablo mayor del convento de Capuchinos, hoy expuestas en el Museo de Bellas Artes.
Actual Capilla Mayor del convento.

En la actualidad se encuentran en la Sala V del Museo de Bellas Artes de Sevilla, antigua iglesia del convento de la Merced. Se situaban de la siguiente forma:
Muro del Evangelio: Inmaculada del Coro, "La Niña", San Francisco abrazando a Cristo Crucificado, Inmaculada con el Padre Eterno, San Francisco con el Niño, La Anunciación.
Retablo Mayor: San Antonio de Padua con el Niño, San José con el Niño, Santas Justa y Rufina, Inmaculada, "La Colosal" (*), San Félix de Cantalicio con el Niño, San Juan Bautista, San Buenaventura y San Leandro, Virgen de la Servilleta.
Muro de la Epístola: La Piedad, La Adoración de los pastores, San Félix de Cantalicio con el Niño, Santo Tomás de Villanueva dando limosna.
(*) Según me comenta un amable lector, el retablo estaba presidido por el jubileo de la Porciúncula, procediendo el lienzo de La Colosal del antiguo y desaparecido convento casa grande de San Francisco.

Se pueden ver todos los cuadros aquí:
En la actualidad, el testero del presbiterio es plano, presidiendo la Capilla Mayor un cuadro de un fraile que alza los brazos, mirando hacia arriba como si estuviera implorando, que más parece del estilo de Zurbarán que murillesco. Supongo que se tratará de un San Francisco recibiendo los estigmas, pero no he encontrado referencia válida alguna sobre esta obra.

Debajo de este cuadro se halla un crucificado de estilo barroco del siglo XVIII, de autor anónimo. Es un crucificado vivo, que mira hacia la derecha y que se retuerce en la cruz de forma dramática, según los preceptos de la “serpentinata” manierista. 

Crucificado anónimo. Siglo XVIII.
A los lados se sitúan sendas tallas, realizadas en madera policromada en el taller de Pedro Duque Cornejo, de las Santas Justa y Rufina. También destacan tres parejas de ángeles lampadarios, de buen tamaño y autores anónimos que se distribuyen por los pilares.
Santa Justa.
Santa Rufina.







































Bóveda del presbiterio.
Demos un vistazo a la iglesia desde el presbiterio:
La iglesia vista desde el presbiterio.
Pasando a la nave de la Epístola, procedemos a recorrerla desde la cabecera hacia los pies. 
Nave de la Epístola, vista desde la cabecera.
Pinturas de la nave de la Epístola.

Retablos de la nave de la Epístola.

El primer retablo que nos encontramos alberga a San Félix de Cantalicio con el Niño en brazos, talla de Adolfo López, de 1.895. En la vitrina acristalada que hay en el banco del retablo podemos contemplar una escena del Tránsito de la Virgen. Según observo en la bibliografía consultada, este retablo alojaba anteriormente una imagen del siglo XVIII de San Luis, rey de Francia.
Retablo de San Félix de Cantalicio.


San Félix con el Niño.
La Dormición de la Virgen.
El siguiente retablo es el dedicado a fray Diego José de Cádiz, con talla del titular de Antonio Susillo, de 1.894, costeada por la infanta María Luisa Fernanda. Por todo el mueble se encuentra repartidas una serie de reliquias del santo gaditano: su sombrero, libros, ropas, las sábanas que le sirvieron de sudario, la faringe (?) y, en la vitrina inferior, los brazos y trozos de la cruz de una imagen de crucificado.
Retablo de fray Diego José de Cádiz.
Fray Diego José de Cádiz.

Reliquias de fray Diego José.
Un grupo escultórico formado por una talla de fray Leopoldo de Alpandeire llevando del hombro a un niño aparece a continuación, situado sobre una sencilla tarima. Fue depositado aquí en 2.010, tras la ceremonia de beatificación del fraile malagueño celebrada en Armilla, Granada.
Fray Leopoldo de Alpandeire.

Zona de los pies de la nave de la Epístola.

El último de los retablos es el dedicado a San Antonio de Padua. Es anónimo, de 1.992, compuesto por sotobanco, banco, un cuerpo con tres calles y ático. El cuerpo presenta hornacina central con arco de medio punto en el que se aloja la imagen del titular y dos calles laterales flanqueadas por pilastras compuestas con fuste acanalado que enmarcan dos pinturas: Santa María Francisca de las Cinco Llagas (mística napolitana del siglo XVIII) a la izquierda y San Lorenzo de Brindisi (capuchino italiano del siglo XVI). Corona el retablo una imagen modelada en barro y policromada que representa la virtud de la Fe.
Retablo de San Antonio de Padua.
San Lorenzo de Brindisi.
Santa María Francisca de
las Cinco Llagas.

























En la vitrina inferior del banco se puede contemplar un pequeño grupo escultórico, de Sebastián Santos Rojas (1.940), que muestra la escena de la Virgen niña, vestida de pastora. Se representa a la Virgen dormida sobre un cojín, con un cayado en su mano derecha y dos corderos entre sus brazos. Sobre el pie izquierdo, el globo con estrellas y la luna, figurando entre el pie y el globo, la serpiente. Bajo la pierna izquierda se observa el sombrero de pastora. Sobre el cojín, un rompimiento de gloria con el libro de los siete sellos y el cordero, que se puede quitar y desmontar.
Virgen Niña dormida vestida de pastora.
(Fotografía cortesía IAPH).
Ya a los pies de la nave cuelga del muro una pintura con las santas Justa y Rufina y, bajo ellas, una talla de San José.
Santa Justa y Santa Rufina.

San José.
Damos por finalizada la visita a la iglesia del convento; ojalá algún día pueda recorrer el resto de sus estancias.
No hay dificultad para las personas con movilidad reducida.