Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

sábado, 22 de diciembre de 2012

Capillita de San José, -II y final.

Hoy terminaremos la visita a la capillita de San José.


Nos encontramos ante el espectacular Retablo Mayor. Consta de un cuerpo de tres calles separadas por grandes estípites y ático. Se construyó entre 1.762 y 1.766, bajo la dirección del portugués Cayetano da Costa o de Acosta (en su versión castellanizada)siendo considerado como una de las mejores muestras del período barroco en nuestra ciudad.  Ocupa la hornacina principal una escultura de San José y, en las calles laterales, imágenes de San Juan Bautista y San Juan Evangelista. Flanquean el camarín central esculturas de San Joaquín y Santa Ana, que tradicionalmente han sido atribuidas a Duque Cornejo. Sobre el Sagrario se coloca una Inmaculada y, en el ático, Dios Padre.
Retablo Mayor.

Pequeño Crucificado, situado en el presbiterio.
San José, titular del templo.
Inmaculada Concepción.
San Juan Evangelista, atribuido a Duque Cornejo.
San Juan Bautista, también atribuido a Duque Cornejo.
Ático del Retablo Mayor.
Mirando de frente al Retablo Mayor, a nuestra derecha, en el brazo del crucero en el lado de la Epístola vemos una hornacina con un Nacimiento sobre otra más pequeña con imagen del Niño Jesús. A la izquierda del arco escarzano, se encuentra una Inmaculada de la misma época del retablo.
Vista del lado de la Epístola del crucero desde el lado contrario.
En el chaflán izquierdo se ve la talla de la Inmaculada y, en el derecho, la vitrina con el Nacimiento y el Niño Jesús dormido.
Nacimiento y Niño Jesús.
Brazo del Evangelio del Crucero.
Inmaculada Concepción.
Pasando al otro lado del crucero, podemos ver una nueva hornacina, gemela de la anterior del Nacimiento, en la que se nos muestra una escena de La agonía de San José. Bajo ella, una figura yacente del Salvador.
Brazo del Evangelio del Crucero.
Vitrina en el brazo del Evangelio del Crucero: La agonía de San José y Cristo Yacente.
Junto a ella, ocupando el centro de este espacio, se sitúa la conocida como Virgen de las Tres Avemarías, patrona del Colegio de Procuradores. Su devoción se originó hacia 1.910 a través de las predicaciones del capuchino Juan Bautista de Chemeny, y aconsejaba rezar diariamente tres avemarías para tener una buena muerte… el día que correspondiera. La talla que se conserva en esta capilla es obra de Joaquín Bilbao. Tras la talla de la Virgen se sitúa un relieve de la Santísima Trinidad.
Virgen de las Tres Avemarías.
A la derecha de la Virgen vemos la efigie de un fraile con crucifijo en sus manos que no he podido identificar;  pudiera ser San Francisco de Asís.
¿San Francisco de Asís?
Desde este punto podemos contemplar que las pinturas de la bóveda del presbiterio y de la nave central no han sido restauradas desde el incendio de 1.931.
Bóveda del presbiterio.
Bóveda y coro de la capilla.
Nos damos la vuelta y, siguiendo el muro del Evangelio, nos dirigimos hacia la salida. Ante una sencilla peana de madera, encontramos el capuchino más popular de las últimas décadas (sobre todo en Andalucía), fray Leopoldo de Alpandeire, declarado beato en el año 2.010.
Fray Leopoldo de Alpandeire.
Fray Leopoldo nació en el pequeño pueblo malagueño de Alpandeire, en la serranía de Ronda. Su familia, modesta, se dedicaba al cultivo de la tierra y al cuidado de algunas cabras. No destacó de pequeño en los escasos estudios que cursó, así que volvió a las faenas agrícolas. Un día que se encontraba en Roda presenció la prédica de dos capuchinos, tras lo cual decidió profesar en la orden. Tras varios intentos fallidos, logró su objetivo, contando ya con treinta y cinco años. Tras recibir formación en Sevilla, es trasladado a Antequera, Granada, Sevilla de nuevo y, definitivamente, a Granada, en cuyo convento residió más de cuarenta años.

Su cometido en el convento era de limosnero, yendo de puerta en puerta, pidiendo para el mantenimiento de monjes y convento. Siempre estaba dispuesto a escuchar los problemas ajenos y solía rezar tres Ave Marías por quienes pedían su intercesión. Pronto fue conocido “el limosnero de las tres Ave Marías”, como se le conocía popularmente. Falleció en 1.956.

Tras el beato capuchino podemos ver una repisa-retablo con una talla de San Antonio con el Niño y, seguidamente, el altar de San Joaquín y Santa Ana con la Virgen Niña, de igual estilo que el frontero de Los Desposorios y también atribuido a Duque Cornejo.
San Antonio de Padua con el Niño.
San Joaquín y Santa Ana con la Virgen niña.
Una nueva repisa-retablo nos recibe. Se trata de un Ecce-Homo, que se venera con la advocación de Cristo de las Angustias. Su estilo apunta a la escuela granadina de imaginería.
Cristo de las Angustias. Escuela granadina.
Ya estamos a los pies de la nave, bajo el coro. Allí está situado Nuestro Padre Jesús Cautivo y Rescatado, una imagen muy venerada, que fue realizada por Agustín Sánchez-Cid Agüero tras la Guerra Civil, imitando la imagen madrileña del Cristo de Medinaceli, venerada en la basílica de los capuchinos de Madrid. Posee melena de cabello natural.
Nuestro Padre Jesús Cautivo y Rescatado.
Hemos terminado la visita de la capilla. Se puede decir que, aparte del mal estado de las pinturas de las bóvedas por los hechos ya comentados, se encuentra perfectamente atendida, e incluso algunas de las imágenes expuestas están rotuladas. Un poco más de luz en el retablo mayor (en el que se ha priorizado la iluminación del titular de la capilla) sería de agradecer.


Hay un escalón de unos diez centímetros a la entrada del templo.