Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

martes, 16 de agosto de 2011

Capilla del Museo.

En la Cuaresma de 1.575, el gremio de plateros de Sevilla fundó una Hermandad de penitencia cuyo titular fuera una representación de Cristo en el momento de la Expiración. Aprobadas las reglas, la Hermandad salió por primera vez en el año siguiente, desde la iglesia de san Andrés. 

El uno de marzo de 1.577 se acordó con el convento de la Merced (actual Museo de Bellas Artes), la cesión de una capilla a perpetuidad a cambio de la suma de tres mil maravedíes. Más tarde, en 1.613 y por la suma de 800 ducados, el convento cedió a la Hermandad un solar de 75 pies de largo por 25 de ancho, que es el que ocupa actualmente la capilla.
Entrada a la Capilla del Museo. El edificio de la izquierda corresponde al
Museo de Bellas Artes, concretamente a las ventanas de la Sala XIV.
Terminado a finales del siglo XVII, el templo tiene planta rectangular, con una sola nave cubierta con bóveda de casetones rebajados con artesonado; a los pies se abren dos accesos hacia la actual casa de hermandad.

El muro exterior, que corresponde en el interior al lado del evangelio, forma un ángulo de noventa grados con el edificio del Museo de Bellas Artes. La portada es de sencilla factura y destaca a su lado un retablo de azulejos, obra de Antonio Morilla de 1.964, que representa a los titulares de la Hermandad del Museo; el marco de yeserías es de Guzmán Bejarano y la corona de hierro que lo remata, de Pablo Aguilucho.
Retablo cerámico junto a la portada.
Azulejo de la fachada con la denominación completa de la Hermandad del Museo.

Azulejo sobre la portada.
Portada de la capilla.
Entramos en la iglesia por un lateral, como comentaba antes, y la recorreremos en el sentido contrario a las agujas del reloj; o sea, que giramos a la derecha.

Lo primero que vemos es un pequeño retablo con la imagen de san Lorenzo, inconfundible con la parrilla en su mano. Se trata de una estatua de tamaño académico, restaurada recientemente, como todas las de esta capilla, por Francisco Berlanga.

Inmediatamente llegamos a los pies del templo (la capilla es pequeña), donde dos puertas nos comunican con la zona de sacristía. Entre ambas puertas, se halla la Virgen Comendadora de la Merced, atribuida a Jerónimo Hernández, con policromía del siglo XVIII y restaurada en 1.992 por Francisco Berlanga. Se trata de una imagen completa, en actitud sedente, revestida de túnica, escapulario y manto cerrado con un broche adornado por el escudo de la Merced. Sostiene en su mano izquierda un libro, mientras que la derecha la apoya sobre su pecho en una actitud de profunda reflexión.
Virgen Comendadora de la Merced, atribuida a Jerónimo Hernández. siglo XVI.
Ya que estamos a los pies de la capilla, podemos volvernos y dar un vistazo a la misma.
Capilla del Museo. Vista general desde los pies de la nave.
El Retablo Mayor desde los pies de la nave.
Techo de casetones de la Capilla del Museo.
Iniciamos el recorrido del lado de la Epístola de la capilla contemplando una pequeña imagen de santa Lucía, procedente del antiguo convento de la Merced (recordemos, el Museo de Bellas Artes actual).
Santa Lucía, procedente del antiguo convento de la Merced.
El retablo siguiente representa a san Ramón Nonato, imagen de vestir cuya cabeza se atribuye a Juan de Mesa.
San Ramón Nonato. Cabeza atribuida a Juan de Mesa.
La Virgen del Rosario ocupa el siguiente retablo. Es atribuida a Jerónimo Hernández y fue restaurada por Manuel Chappi, a costa de la Real Maestranza de Artillería.
Virgen del Rosario, atribuida a Jerónimo Hernández.
En el banco de este retablo, dentro de una hornacina y protegido por un vidrio, se expone un Nazareno de pequeño tamaño, que es tradicionalmente considerado como el boceto del Señor de Pasión.
Jesús Nazareno, popularmente considerado como el boceto del Cristo de Pasión.
San José con el Niño. Pequeño grupo escultórico
perteneciente al período romántico.
Retablo del Cristo flagelado y atado a la columna.
Pequeña hornacina con Virgen, situada bajo la imagen anterior.
Ya llegamos a la Capilla Mayor, cuyo retablo es una obra del XVII reutilizada para esta capilla y compuesto con añadidos modernos. En su centro se sitúa la imagen del Cristo de la Expiración, obra de Marcos Cabrera (1.575) y a sus pies se venera la Virgen de las Aguas, atribuida a Cristóbal Ramos (1.772). Asimismo, destacan los Evangelistas (situados en los laterales) obra de Francisco Antonio Ruiz Gijón.
Retablo de la Capilla Mayor, con las imágenes titulares de la Hermandad.
El Santísimo Cristo de la Expiración es una talla de estilo manierista realizada en pasta de madera. Su autor es Marcos de Cabrera, el cual realizó la talla en el año 1.575. Está documentado que la Hermandad concertó con dicho escultor la realización de la obra el 7 de diciembre de 1.575, concertándose la entrega del Crucificado para el día de Pascua de la Navidad de ese mismo año. 

Entre las muchas leyendas que hay sobre la hechura del Crucificado, resalta aquella que dice, que los hermanos que acordaron con Marcos de Cabrera la realización del Cristo expirante, lo hicieron con la condición de que si la obra era del gusto de aquéllos, los moldes con los que se había realizado la imagen debían de arrojarse al río Guadalquivir, para así impedir que tal magnífica obra no pudiera ser duplicada.

Algunos estudiosos opinan que el autor pudo inspirarse en unos bocetos del gran Miguel Ángel, siguiendo la línea serpentinata (figuras en forma de S), típica de las ideas manieristas. La talla rompe bruscamente con los cánones escultóricos de la época, en que predominaban las maneras góticas.
Cristo de la Expiración. Marcos de Cabrera, 1.575. La leyenda afirma que los moldes utilizados para su confección (está realizado en pasta de madera) fueron arrojados al Guadalquivir, para asegurar que no se pudiera replicar.
María Santísima de las Aguas es obra del escultor Cristóbal Ramos (1.772). Se trata de una imagen de candelero que fue concebida para ir arrodillada delante del Cristo con las manos entrelazadas, con la posición conocida como Stabat Mater (traducido del latín Estaba la Madre), formando así parte del primitivo y único paso que poseía la Hermandad.
María Santísima de las Aguas. Cristóbal Ramos, 1.772.
El rostro de esta Dolorosa está realizado en terracota; es la única Virgen Dolorosa sevillana realizada en  dicho material que sale en procesión durante la Semana Santa. A lo largo de la historia se le han realizado varias restauraciones; en 1.829 se le realizó la más significativa trastocándose su posición primitiva de Dolorosa arrodillada a erguida, con las manos separadas. También me apunta el amigo Javier Berzagay que en 1.922 el escultor Infantes Reina talla nuevas manos para la Virgen, conservándose las antiguas en la Casa de Hermandad.
Detalle de la Virgen de las Aguas.
En los laterales del Retablo Mayor podemos ver las efigies de los cuatro Evangelistas:

Los cuatro Evangelistas se deben a Francisco Antonio Ruiz Gijón.
Comenzamos ya el recorrido de la parte del Evangelio que nos queda, comprendida entre el Retablo Mayor y la puerta de entrada.
Algunos de los cuadros que adornan la capilla. Entre ellos figuraba un Murillo representando La Resurección de Cristo que, como no, cayó en las manos del mariscal Soult. Actualmente se encuentra en la Academia de san Fernando de Madrid, a la cual tiene la Hermandad planteada su devolución (apunte de Javier Berzagay).
Algunos de los cuadros que adornan la capilla.
Santa Ana con la Virgen Niña. Anónimo, siglo XVII.
Santa Ana con la Virgen Niña.
Hemos finalizado la visita de la pequeña, pero coqueta y bien conservada Capilla del Museo.