Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

lunes, 16 de mayo de 2011

Las murallas de Sevilla -I.

La ciudad de Sevilla, por su privilegiada situación, ha sido habitada desde tiempos muy antiguos. Al margen de leyendas, la datación arqueológica más lejana en el tiempo se realizó recientemente, durante la cata realizada en el Patio de Banderas del Alcázar sevillano, en la cual se localizó un fondo de cocina, a unos cinco metros de profundidad, que se situó en la primera mitad del siglo VIII a.C.

Sin embargo, esta favorable localización, en medio de un valle y circundada por un río navegable desde su desembocadura, constituía un peligro para sus habitantes. Por tanto, la ciudad necesitaba estar a cubierto de ataques enemigos. Ya en tiempo de los cartagineses contaba con una empalizada construida a base de troncos de madera y barro, que protegía sobre todo las zonas próximas al río.

Uno de los tramos de muralla más largos que se conservan une el Arco de la Macarena y Puerta de Córdoba.
En los años 70-65 a.C., y según nos recuerdan los versos de la Puerta de Jerez, otras veces comentados:

Hércules me edificó,
Julio César me cercó
de muros y torres altas,
el Rey Santo me ganó
con Garci Pérez de Vargas.

Julio César, en su época de cuestor de la provincia de Hispania, fue el primero que dotó a la ciudad de auténticas murallas, aunque hay opiniones que indican que César, en realidad, las restauró, pues ya existían anteriormente.

Durante la época visigoda, las murallas de Sevilla no sufrieron serias variaciones, ya que el número de pobladores era bastante estable pero, en tiempos de al-Andalus, el florecimiento cultural, social y demográfico llevó a algunos gobernantes a derribar lienzos de murallas que impedían el normal crecimiento de la ciudad.

Sin embargo, la presión de los reyes cristianos durante la Reconquista, fuerza la reconstrucción de lo derribado y la construcción de nuevos tramos. Las torres pasan de ser cuadradas a rectangulares primero y, luego, octogonales. Se construye un foso y una antemuralla en numerosas zonas y se ensanchan amplias partes de la línea defensiva. También se edifica extramuros la Torre del Oro y su gemela al otro lado del río, con el fin de defender el puente de barcas, que comunicaba la ciudad con Triana,  el Aljarafe y la Sierra Norte, principales proveedores de alimentos de la ciudad.
Antemuralla, foso y muralla (zona Macarena-Puerta de Córdoba)
En el siglo XIII, más de 160 torres (unidas por sus correspondientes murallas a lo largo de siete kilómetros), antemurallas y foso defendían la ciudad del avance cristiano, abarcando una extensión de unas trescientas hectáreas. No es de extrañar, pues, que cuando Fernando III llegó a las puertas de Sevilla se decidiera por asediarla y no por atacarla frontalmente.

Cuando finalmente el rey cristiano la conquista en 1.248, las murallas han dejado de ejercer su función militar, pero no por ello dejan de ser útiles en una doble vertiente defensiva: hidrológica y sanitaria. La primera, porque constituían la protección, aunque fuese de manera parcial, de las múltiples avenidas de agua del Guadalquivir, que circulaba por la ciudad al menos en cinco brazos, y de alguno de sus afluentes como el Tagarete o el Tamarguillo.  En el aspecto sanitario, servían para controlar el paso de personas y mercancías durante las frecuentes epidemias que se desataban periódicamente y que, como sucedió con la de la peste bubónica de 1.649, llegaban a matar a la mitad de la población.
Torreón de la muralla entre Macarena y Puerta de Córdoba.
En la Edad Media, Sevilla es, seguramente, la ciudad mejor amurallada de Europa. Para combatir el aumento de población, las puertas reales o públicas (también las había privadas) se ensancharon y se hicieron coincidir con las calles principales de la ciudad, de forma que se facilitara el paso de personas, monturas y carruajes. En total, las murallas de Sevilla llegaron a contar con trece puertas y seis postigos.
Vamos a recorrer los restos que aún perduran y los lugares en que se situaban las puertas y portillos ya derribados en el sentido contrario a las agujas del reloj, siguiendo las calles y avenidas que forman la actual Ronda Histórica de la ciudad.

La importancia de las puertas se medía por el tamaño de las mismas. Es por ello que la más importante, y que afortunadamente aún se conserva, es la Puerta de la Macarena, antigua Puerta del Campo, popularmente conocida en la actualidad como Arco de la Macarena. Por ella pasaron nada menos que cinco reyes: Fernando III, Isabel de Castilla, Fernando de Aragón, Carlos I y Felipe IV. Como es natural, a lo largo de tantos siglos, la puerta ha recibido numerosas obras, reformas, restauraciones y reconstrucciones, conservándose algunos mármoles empotrados en sus pilares que recuerdan dichas efemérides, además de otro, muy curioso, de 1.630, en el que se recuerda a los soldados de servicio en la puerta que no pueden ejercer sus funciones fuera de ella.
Puerta de la Macarena o Puerta del Campo.
Puerta de la Macarena, conocida popularmente como Arco de la Macarena.
En el tímpano de esta Puerta se encuentra un azulejo que representa a la Virgen de la Esperanza Macarena, en el que se lee ''Esperanza nuestra, Ella es morada de Dios y Puerta del Cielo'', flanqueado por los escudos de España, Sevilla y la Hermandad de la Macarena.
Tímpano del Arco, con los escudos de España y Sevilla (izquierda) y el de la Hermandad (derecha).
Lápidas de mármol en el Arco de la Macarena.
Pilar descubierto del Arco, en el que se observa la firma del alarife.
Otra vista del Arco de la Macarena.
Muralla entre Macarena y Puerta de Córdoba.
Muralla entre Macarena y Puerta de Córdoba.
Otro de los torreones del mismo tramo.
Muralla entre Macarena y Puerta de Córdoba.
Muralla entre Macarena y Puerta de Córdoba.
Muralla entre Macarena y Puerta de Córdoba.
Muralla entre Macarena y Puerta de Córdoba.
Muralla entre Macarena y Puerta de Córdoba.
Muralla entre Macarena y Puerta de Córdoba.
Muralla entre Macarena y Puerta de Córdoba.
En el tramo de muralla entre Macarena y Puerta de Córdoba se abrieron dos postigos en el año 1.911 para facilitar el tránsito. Ello dio lugar a una enérgica protesta por parte de la Real Academia de Historia de Sevilla, que llegó a enviar una minuta de oficio al Ministro de Institución Pública y Urbanismo para que evitase dicha actuación sobre un Monumento Nacional. Sin embargo, las protestas no surtieron efecto y, en las fotografías adjuntas podemos ver las imágenes antiguas de la construcción de los portillos y las de su estado actual.
Antiguas fotografías de los dos postigos abiertos en el
tramo de muralla Macarena-Puerta de Córdoba.












Protesta de la Real Academia de Historia ante el Ministro de Institución Pública  Urbanismo por la apertura de los dos portillos en la muralla. Año 1.911.
Uno de los postigos de la discordia, en la actualidad.
La Puerta de Córdoba, que en realidad es una Torre-Puerta, con disposición en recodo, situada frente al convento de Capuchinos y pegada a la iglesia de san Hermenegildo. Ambas puertas, junto al Postigo del Aceite en el Arenal fueron las únicas que se salvaron en el siglo XIX, siendo derribadas las restantes durante la revolución de 1.868, también llamada La Gloriosa.
Puerta de Córdoba, unida a la iglesia de san Hermenegildo.
Puerta de Córdoba.
Interior de la Puerta de Córdoba, donde se sitúa el calabozo en el que san Hermenegildo estuvo confinado hasta su ejecución.

Diminuta capilla mudéjar situada en la primera planta del torreón.
Puerta de Córdoba, en la antigüedad.
A continuación de la Puerta de Córdoba se encontraba la Puerta del Sol, situada al final de la calle Sol, frente a la Trinidad. Era llamada así por estar orientada hacia levante y tener grabado un enorme astro rey sobre el arco de entrada. A su lado existía una de las torres más altas de Sevilla, también llamada del Sol. Tanto la puerta como la torre cayeron ante la piqueta revolucionaria que, poniendo como excusa la expansión de la ciudad y “la necesidad de hacer de Sevilla una ciudad moderna” (¿dónde he oído yo antes esta frase, Alfredo?), se llevó por delante casi veinte siglos de historia para venderlos como material de derribo.
Puerta del Sol.
Entre la Puerta del Sol y la Puerta Osario se conserva otro lienzo de muralla, que si ha llegado hasta nuestros días ha sido por estar escondido durante muchos años en el interior de los Jardines del Valle y que, con las recientes rehabilitaciones, ha quedado al descubierto.
Entrada (vista desde el interior) a los Jardines del Valle.

El origen de estos jardines se remonta al siglo XV, cuando fue fundado el convento del Valle, que adquirió su nombre del enclave en el que se asentó, y que aprovechaba la muralla almohade que se conservaba dentro del jardín como separación con los edificios colindantes. En 1.757, el convento deja paso a una fábrica de salitre, que pronto es sustituida por el Colegio del Sagrado Corazón, edificado por iniciativa de la marquesa de Villanueva tras la compra de los terrenos en 1.866.

Precisamente la puerta que aún se conserva de acceso a los Jardines cumplía esa misma función en tiempos del colegio, conservándose todavía los escudos de la Orden de los Sagrados Corazones.

El jardín está constituido por una calle central en la que confluyen varias adyacentes, y en él pueden distinguirse dos zonas: una de gran amplitud cubierta de vegetación de sombra y una plaza, a la que se accede nada más entrar, que proporciona una estancia ideal para disfrutar de los rayos del sol.

Además de la riqueza botánica y natural que tiene el parque, lo que más llama la atención dentro de este oasis urbano son los 250 metros lineales de muralla almohade que sirve de cierre perimetral del espacio. El tramo de muralla conserva varios torreones de planta cuadrada, en diferentes estados de conservación. Es una lástima que la actuación en los Jardines no haya sido más completa, echándose en falta la iluminación de la muralla o puntos de información sobre el origen y los diferentes usos que ha tenido este espacio.

Mientras que otros parques históricos de la ciudad albergan varios monumentos en su interior, los Jardines del Valle no han sido prolíficos en este aspecto, debido a su condición de propiedad privada hasta hace no demasiados años. Únicamente encontramos un monumento realizado en azulejo levantado en honor a Santa Rosa de Lima, heredado del antiguo colegio.
Santa Rosa de Lima.
Que Sevilla goce de este espacio verde es prácticamente un milagro. Tras el derribo del colegio del Sagrado Corazón, tanto el Ayuntamiento como los propietarios del terreno pretendían arrasar con lo que había y construir viviendas. La presión ciudadana hizo que en lugar de hormigón y ladrillo se hiciese una zona verde que, lamentablemente, fue decayendo con el paso de los años hasta convertirse en una zona con bastante mala reputación. Esperemos que ahora, tras la reforma, sobre todo con la sustitución del muro exterior por una verja, los sevillanos hagamos nuestro este espacio y lo disfrutemos por mucho tiempo. Tras la última intervención, fue reabierto el lunes 12 de abril de 2.010.


La Puerta del Osario estaba situada en la confluencia de las calles Puñonrostro y Osario. Debía su nombre a la existencia de un cercano cementerio extramuros. Tenía  embutida una capilla dedicada a Virgen del Rocío. En el año 1.578, y siendo Asistente de la Ciudad el conde de Barajas, fue renovada y subsanados multitud de desperfectos que en ella produjo la acción del tiempo. La última remodelación finalizó en 1.849. Veinte años más tarde era derruida.
Puerta del Osario.
En este lugar se sitúa una leyenda sobre un pícaro. No la recuerdo bien por haberla leído hace años y no poder identificar el autor, pero en resumen era como sigue: en algún momento del siglo XVI, todos los días, a primera hora de la mañana, se instalaba en la Puerta del Osario un escribano, con su mesita, escabel y avíos de escribir. Cada entierro era anotado cuidadosamente en un libro de actas en el que constaba el nombre y la fecha y causa de la muerte del difunto. El escribano recibía una moneda por cada anotación, habida cuenta de que se trataba de un impuesto municipal. Sólo al cabo de muchos años y no se sabe muy bien cómo ni por qué, alguien preguntó en el Ayuntamiento por el escribano de la Puerta del Osario. Los empleados municipales mostraron su extrañeza, ya que en dicho lugar no había ningún compañero que realizara misión alguna. Finalmente, se descubrió que se trataba de un tunante que con este truco se sacaba sus buenos dineros diariamente. El final de la historia tenía dos versiones: una decía que fue prendido y ajusticiado por estafador y suplantador de la autoridad; la otra versión nos cuenta que, enterado de que su timo había sido descubierto, huyó de la ciudad y no volvió a vérsele.

Historietas aparte, la muralla proseguía por la calle Valle y la actual Muro de los Navarros (durante muchos años llamada oficialmente sólo Navarros) hasta llegar a la Puerta Carmona.

La Puerta de Carmona se encontraba al final de la calle San Esteban, en su confluencia con el Muro de los Navarros. Como la anterior puerta, fue reconstruida totalmente en 1.578, en que siendo Asistente de Sevilla el conde de Barajas; se le dio una forma sencilla y elegante, colocando en el frontal las armas de los Duques de Alcalá. En uno de sus costados terminaba el acueducto conocido como los Caños de Carmona, del que se conservan tres pequeños tramos, dos de ellos a pocos metros de donde se encontraba la puerta y el otro en la avenida de Andalucía, a la altura de la barriada de los Pajaritos. Fue derribada en 1.868.
Puerta de Carmona, con los Caños de Carmona en la lado izquierdo.
Los Caños de Carmona, en la actualidad. Este tramo se encontraba sepultado debajo del puente que aquí existía.
Virgen de las Madejas, descubierta en el tramo antes comentado.
Tramo de los caños a la altura  de la calle Jiménez Aranda.
Los Caños de Carmona, a principios del siglo pasado.
Desde la Puerta de Carmona, el lienzo continuaba por detrás de la primera hilera de casas de la actual Menéndez y Pelayo, entre ésta y la calle Tintes. De hecho, se pueden ver (malamente) los sillares en un callejoncito sin salida que hay justo frente por frente del Muro de los Navarros, al otro lado de la calle.

El Postigo del Jabón se encontraba en la mediación de la calle Tintes. No sólo fue destruido, sino que en la actualidad me ha sido completamente imposible encontrar cuadro, grabado o siquiera dibujo que lo hubiera representado.

La Puerta de la Carne es la siguiente de nuestro recorrido. Recibió diversos nombres, como otras muchas de la ciudad; así, se la denominó Puerta de Vib-Ahoar (nombre del alarife musulmán que la construyó), Puerta de las Perlas, Puerta de la Judería y Puerta de la Carne (por la proximidad de un matadero) que es el apelativo que finalmente perduró.
Puerta de la Carne.
Puerta de la Carne.
Situada en la confluencia de las calles Cano y Cueto y Santa María la Blanca, se trataba de la salida natural del barrio judío de la ciudad; apenas a cien metros de esta puerta se encontraba una sinagoga en el lugar que hoy ocupa la iglesia de Santa María la Blanca o de Nuestra Señora de las Nieves. Como vemos, la muralla sigue estando paralelamente a la Ronda Histórica por la zona interior.

En la cercana calle Fabiola, se conserva un pequeño tramo de muro interior, que separaba el barrio judío del resto de la ciudad, con su parte baja protegida de los cubos de los carros por piedras de molino.
Lienzo de muralla de la calle Fabiola.
A semejanza, como veremos después, de la Puerta de Jerez, en ella existía una placa de mármol con los siguientes versos:
Condidit Alcides,
renovavit Julius urbem
Restituit Christo
Ferdinandus tertius heros.

Que se podrían traducir libremente como: 

Hércules la construyó
Julio César la reparó
y el héroe Fernando III
la conquistó para Cristo.

Debido al elevado tránsito de personas y mercancías que soportaba, la Puerta de la Carne era una de las pocas de la ciudad que permanecía abierta veinticuatro horas.

Desde Cano y Cueto, la muralla cruzaría la plaza de Refinadores y la plaza de Santa Cruz (donde todavía se conserva una torre), dejando ambas en su interior y se uniría, en ángulo recto con la muralla exterior del Alcázar.
Torre junto a la Plaza de Santa Cruz.
Junto a este ángulo, se situaba el Postigo del Alcázar, en la actual calle Judería. Era de origen almohade y sustituyó la torre-puerta califal. Recibió otros nombres: de la Torre del Agua, del callejón de la Judería o  de la Huerta del Retiro.
Murallas exteriores del Alcázar.
Aquí se situaba el Postigo del Alcázar.
El brazo derecho se dirigiría, ya como muro delimitador del palacio almohade y, por tanto, no formando parte de las defensas exteriores de la ciudad, por las plazas de doña Elvira y de los Venerables, donde doblaría en ángulo recto por plazas de Santa y Marta y del Triunfo hasta llegar al Patio de Banderas.

Desde aquí sigue por calle Santo Tomás (donde quedan dos torres cuadradas embutidas en las fachadas), Torre de Abd al-Aziz (castellanizado como Abdelasís) en la esquina de avenida de la Constitución, hasta llegar a la Casa de la Moneda, donde se une al brazo exterior que vamos a ver ahora.
Una de las dos torres de calle Santo Tomás, ambas de sección cuadrada.
Torre de Abd al-Aziz, en la esquina de Santo Tomás con 
avenida Constitución, de sección hexagonal.
Este brazo exterior, que dejamos en el Postigo del Alcázar, seguía por los Jardines de Murillo hasta llegar a la entrada de la calle San Fernando, a la altura de la Fábrica de Tabacos. Allí se encontraba la Puerta de San Fernando, llamada también Puerta Nueva, ya que fue la última en construirse, concretamente en 1.760. Duró poco más de un siglo, pues fue demolida en 1.868.
Lienzo de muralla que unía la Puerta de Jerez con la antigua Puerta de San Fernando. Solo se ve desde el interior del Alcázar, pues las casas de la calle San Fernando impiden su visión. Aunque popularmente se cree que formaba parte de la primitiva muralla, no es así, ya que la antigua muralla discurría por el centro de la calle, según se pudo comprobar durante las obras del Metrocentro.
Tramo de muralla en el Paseo Catalina de Ribera.
Puerta de San Fernando o Puerta Nueva.
Continuará...

5 comentarios:

  1. Hola Pepe,
    A ver..., ayer intenté hacer un comentario pero después me hice un lío con el google a la hora de publicarlo, así que repito intento.
    La cosa es que en mi pg de facebú, estoy colgando fotos de varios temas que me van gustando sobre Sevilla, tales como "Sevilla y el ladrillo visto" o "Placa que veo, foto al canto".

    https://www.facebook.com/alberto.castrovinau?ref=tn_tnmn

    Ayer descubrí tu blog y me ha encantado (ya quisiera yo...), y tienes fotos magníficas y reportajes estupéndamente documentados.
    Quería preguntarte si sería posible tomar prestadas alguna de tus fotos para ilustrar o completar algunas de mis ideas o recorridos, además de descubrir nuevos lugares que visitar o nuevos temas para seguir.
    Yo no tengo problemas en que utilices alguna de las mías si te pareciesen de utilidad, aunque veo que te despachas bastente bien con la cámara.
    En fin, que muchas felicidades de nuevo por este magnífico rincón, que estoy dispuesto a disfrutar a tope.
    Un saludo

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    1. Por supuesto que puedes tomar las fotos que quieras, que para éso están. Como digo habitualmente "la cultura debe ser universal, libre y gratuita".
      Un consejo: si no la conoces, visita la página http://www.retabloceramico.net/ Eso sí que tiene mérito.
      Saludos.

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  2. Buenas tardes, ayer ley en esta entrada de su blog lo siguiente: "Desde aquí sigue por calle Santo Tomás (donde quedan dos torres cuadradas embutidas en las fachadas)", Hoy he pasado por esa calle y solo he visto una torre cuadrada a parte de la de Abdel Aziz. ¿A qué dos torres cuadradas se refiere? Un saludo

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  3. Bello articulo fotos, Adoro Sevillia , saluda del Belgica

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    1. Merci beaucoup, mon ami.
      Je suis très heureux de revoir ce modeste blog.
      Salutations.

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