Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

miércoles, 6 de abril de 2011

Museo Arqueológico de Sevilla.

La Plaza de América (“de las palomas”, para los sevillanos) constituye uno de los espacios más emblemáticos de la Sevilla de la Exposición Iberoamericana de 1.929. Ubicada en el extremo sur del Parque de María Luisa se edifican en ella tres grandes edificios con motivo de la muestra: el Pabellón de Bellas Artes (hoy Museo Arqueológico), el Pabellón Real (actualmente propiedad municipal) y el Pabellón Mudéjar (ahora Museo de Artes y Costumbres Populares). 
Vista aérea del Museo Arqueológico.
Los tres edificios fueron construidos bajo la dirección de Aníbal González entre los años 1.913 y 1.916, siendo dos de ellos, los Pabellones Mudéjar y Real, típicos del autor, de estilo regionalista y realizados con ladrillos (aunque mudéjar uno y gótico el otro), en tanto que el Pabellón de Bellas Artes es renacentista, construido con bloques de piedra, lo que provocó que su coste duplicara el del Palacio Mudéjar, de similar superficie. 
Museo Arqueológico visto desde el Pabellón Mudéjar.
El Pabellón consta de cinco paralelepípedos, unidos entre sí por galerías porticadas cubiertas, con una portada principal, que da a la Plaza de América y dos fachadas laterales. En la zona externa, decoran los muros estatuas representativas de las diferentes artes: pintura, cerámica, arqueología, etc. Son muy utilizadas las balaustradas y los arcos de medio punto, ricamente ornamentados, como elementos decorativos. 

En el año 1.941 el Museo Arqueológico se traslada desde el antiguo convento de Merced (actual sede del Museo de Bellas Artes de Sevilla) hasta este Pabellón. Posteriormente ha recibido varias ampliaciones, desde la ocho salas iniciales hasta las veintisiete actuales. 
Puerta principal del museo Arqueológico.

En la actualidad, marzo de 2.011, se está sometiendo al edificio a una serie de arreglos y mejoras, con el fin paliar el principal problema que padece, que no es otro que el de las humedades y goteras. También se están consolidando elementos ornamentales de la fachada principal, lo que hace imposible el acceso de personas que no puedan subir las escaleras de acceso, ya que las rampas para discapacitados están precintadas. 
Plano de la planta sótano del Museo Arqueológico.
El recorrido del Museo comienza por la planta sótano nos lleva a las salas de Prehistoria, donde se encuentran los interesantes materiales procedentes del yacimiento de la Edad del Cobre, de Valencina de la Concepción: objetos de cerámica, piedra, cobre y hueso; que deben fecharse entre el año 2.500 y el 2.000 a.C. Sin olvidar el conjunto de ídolos, caracterizados por sus grandes ojos en forma de soles, que son considerados como las más antiguas representaciones, en nuestro suelo, de la divinidad.
Armas de finales de la Edad de Bronce.
A continuación, añado una serie de fotos del principal conjunto de piezas de este Museo: el Tesoro del Carambolo. Las piezas que actualmente se muestran son réplicas exactas de los originales, guardados en una caja de seguridad bancaria, realizadas con total fidelidad. 

El Tesoro está fechado en los siglos VII-VI a.C. y proceden del cerro del Carambolo, en Camas, Sevilla.Se trata de un conjunto formado por 21 objetos: 16 placas rectangulares, 2 pectorales o colgantes, 1 collar y 2 brazaletes. Se halló casualmente en el año 1958, durante una reforma en el edificio de Tiro del Pichón en Camas, originando posteriores excavaciones llevadas a cabo por don Juan de Mata Carriazo. Las piezas fueron ocultadas dentro de una estructura oval, en la que además había abundantes huesos de animales y cerámica del tipo que se ha denominado "carambolo", lo que ha hecho pensar en un posible espacio de culto o destinado a algún ritual. La interpretación más aceptada afirma que servían de exorno para un dignatario religioso o político, o quizás para dos, ya que aunque todos los elementos que componen el tesoro parecen haber salido de un mismo taller, se pueden identificar dos conjuntos en base a la decoración. Una interpretación reciente propone la posible utilización de algunas piezas en el adorno de toros sagrados, basándose en paralelos arqueológicos y etnográficos.
Sobre el origen legendario, que no histórico, de este Tesoro, se puede consultar la entrada "Leyenda del Tesoro del Carambolo" en este mismo blog:

En la misma sala en que admiramos el Tesoro del Carambolo, en parte eclipsada por éste, podemos ver en una hornacina incrustada en la pared, una pequeña figura. Se trata de la representación de la Diosa Astarté, bronce fundido a la cera perdida, fechado en el siglo VIII a.C., también procedente del cerro del Carambolo.

Esta pequeña escultura representa a la diosa fenicia Astarté, sentada sobre un escabel, en cuya parte frontal lleva una inscripción cuya traducción sería: "Esta ofrenda la ha hecho B}lytn, hijo de D}mlk, y Bdb} l, hijo de D}mlk, hijo de Ys}l, para Astarté, nuestra Señora, porque ella ha escuchado la voz de su plegaria". Se trata del testimonio más antiguo y extenso en lengua fenicia hallado en la Península Ibérica.
Completa el contenido de la sala el llamado Tesoro de Ébora, descubierto en el Cortijo de Ébora, Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, y fechado en los siglos VII-VI a.C. Este conjunto está compuesto por 43 piezas: una diadema, un collar,un brazalete, dos colgantes, dos anillos, cinco pares de zarcillos, dos arracadas, dos cilindros y varias cuentas de cornalina. Probablemente corresponden a distintos momentos cronológicos, según diferentes criterios tipológicos y formales. Se suelen atribuir estas piezas a un ajuar femenino.
Otra joya del Museo es el Bronce Carriazo, datado entre 625 y 575 a.C. Este relieve en placa, dorado en origen, representa a la diosa de la fecundidad portando dos flores de loto esquematizadas. Astarté se sitúa entre dos prótomos de aves de influencia centroeuropea. Otros detalles pertenecen a la cultura egipcia, como el peinado, las flores de loto que sostiene en ambas manos o el collar de flores y capullos de loto o papiro. Esta confluencia de aportaciones culturales del Mediterráneo oriental con las llegadas de Centroeuropa es frecuente en los productos artesanales destinados a la élite de la sociedad tartésica. En este caso, se interpreta como un suntuoso bocado de caballo, en forma de placa calada, fundido en una sola pieza. 

Como curiosidad, comentar que debe su nombre a don Juan de Mata Carriazo, Catedrático de Prehistoria e Historia de España Antigua y Medieval de la Universidad de Sevilla, que la encontró, como si se tratase de una novela, entre viejos cachivaches del Jueves, especie de rastro sevillano que se celebra en la calle Feria desde la conquista de Sevilla por Fernando III (siglo XIII).
El Tesoro de Mairena, fundido, forjado, troquelado y laminado en oro y plata es otra de las estrellas del Museo. Procede de Mairena del Alcor, Sevilla, se ha datado como procedente del siglo III a.C.

Se trata de un conjunto compuesto por 13 piezas: un torque, dos brazaletes, una diadema, una fíbula, un cinturón, una pulsera, un anillo, dos colgantes y tres vasos de plata. Se desconoce el contexto en el que se halló,  aunque probablemente fuese ocultado durante la segunda mitad del s. III a. C., en un momento de inestabilidad asociado bien a la conquista cartaginesa, bien a la segunda guerra entre romanos y cartagineses. Aun siendo de producción local, la técnica y la decoración combinan elementos de influencia centroeuropea y mediterránea.
Tesoro de Mairena.
Tras la crisis del mundo tartesio del siglo VI a.C., continúan habitados los poblados, pero desaparece el crecimiento económico y, por tanto, demográfico, de siglos anteriores, interrumpiendo además los contactos con Oriente. Cuenta Estrabón (siglo I a.C.)que los turdetanos tenían escritura e idioma diferente a los íberos. Algunos inscripciones son testimonio de esta escritura de probable origen tartesio, que no ha podido ser descifrada.
El mundo espiritual y religioso turdetano era diferente del ibérico. Salvo algunas excepciones, los turdetanos practicaron un ritual funerario que no dejaba restos en el subsuelo. Sólo a partir de la conquista romana comienzan a aparecer tumbas en su territorio.
Exvotos aparecidos en santuarios ibéricos.
Máscara encontrada en la tumba de un actor.
Las tropas romanas entran en el 206 a. C., durante la Segunda Guerra Púnica, bajo las órdenes del general Escipión y acaban con los cartagineses que habitaban y defendían la región, siendo sus sucesores en el sur peninsular. El general decidió fundar Itálica (actualmente en ruinas) en un lugar próximo sobre una colina cercana y al mismo tiempo alejado, para evitar beligerancias.
Para ver los restos recuperados a partir de esta época, debemos subir al piso principal. La Sala de Arqueología se dedica principalmente a la escultura mayor ibérico-turdetana, durante la ocupación romana de la península, a partir del siglo III a.C.
Plano de la planta Principal del Museo Arqueológico.
Son relieves y figuras con una clara función funeraria, productos del arte local, ya con claras influencias romanas. Labradas en piedra caliza, se decoraban con policromías y estuco en las obras más elaboradas.


La siguiente fotografía nos muestra una de las mejores piezas del Museo. Confeccionado según la técnica de teselas (opus tessellatum) fue encontrado en Écija y está fechado en el siglo III a.C. 

La escena que se ha representado en este mosaico es la del Triunfo de Baco -el Dionisos griego- al regreso de su conquista de la India. El dios, vestido con clámide, conduce un carro tirado por tigres, a cuyo lado desfila un sátiro. Subida en el carro aparece Ariadna, quien apoya su mano izquierda en el hombro de Dionisos y sujeta con la otra el extremo de un manto, que cae por detrás y le deja el torso desnudo. 

El relato mitológico cuenta que al volver de Oriente, Dionisos rescató a Ariadna de la isla de Naxos, donde había sido abandonada por Teseo, y se casó con ella. Una representación muy similar aparece en uno de los mosaicos de la villa romana de Fuente Álamo (Puente Genil, Córdoba). Es un tema muy frecuente en estas residencias señoriales, aunque no lo es tanto la presencia de Ariadna, si bien está documentada en diferentes mosaicos africanos e hispanos. 

Hay elementos en este mosaico que permiten una segunda interpretación: la de que estamos ante la pompa nupcial de Dionisos y Ariadna. Por un lado, la falta de alusiones a la victoria del dios, que pueden verse en otras representaciones de su triunfo. Por el otro, el sátiro que guía la comitiva, con una piel de animal a la espalda, que es característica de lo dionisíaco, pero que adopta aquí apariencia de alas, que recuerdan a Eros.
Mosaico del Triunfo de Baco.
El mosaico del Juicio de Paris, encontrado en la finca El Alcaparral, de Casariche, Sevilla y fechado en el siglo IV d.C. recoge un pasaje de la Ilíada en que las diosas Atenea, Hera y Afrodita se disputan, ante Hermes y Paris, la manzana de oro, símbolo de belleza.
La estatua de Mercurio procede de Itálica y fue esculpida en mármol de Paros en el siglo II d.C. Esta escultura representa al dios Hermes o Mercurio, identificable gracias a sus atributos iconográficos, como el caduceo –que falta-, las alas en los pies y la lira. Debió sostener con su brazo izquierdo al pequeño Dionisos o Baco, del cual se conserva un dedito, que apoya sobre la clámide que le cubre la espalda. El torso se descubrió en 1788 y la pierna derecha en 1901, siendo la pierna izquierda modelada en yeso desde debajo de la rodilla por el escultor Agustín Sánchez Cid, en 1945. La obra parece corresponder a la copia de un modelo clásico del s. IV a. C.
En una de las entradas del Anfiteatro de Itálica se obtuvieron una serie de placas de mármol colocadas en el suelo con huellas de pies de diferentes tamaños, unos calzados y otros no, acompañados de breves inscripciones. Tradicionalmente se han interpretado como exvotos de gladiadores y peregrinas, pero actualmente cobra fuerza la teoría de son, efectivamente exvotos, pero de sacerdotes y magistrados que pedían a la diosa fuerzas para el desempeño de sus cargos.
Datada en el siglo II d.C. y procedente, asimismo de Itálica, encontramos a la diosa Venus-Afrodita. Esta escultura representa a la diosa Afrodita Anadyomene desnuda emergiendo del mar en el momento de su nacimiento. Aparece acompañada por un delfín y porta en su mano izquierda una hoja de colocasia. El manto que lleva sólo le cubre la parte inferior del torso por detrás, el cual debió tenerlo recogido por delante a la altura del pubis con su mano derecha, que falta. Son perceptibles en los pliegues del tejido, restos de policromía rojiza.
Uno de los campos más originales del arte romano era el de los retratos. Eran muy realistas, en contraposición a los griegos, que solían idealizar al retratado. Con un origen funerario, la realización de estas obras pronto se extiende al ámbito de la representación tanto privada como pública.
Con 225 centímetros de altura, esta escultura procedente de Itálica y confeccionada con mármol de Paros en el siglo II d.C. representa a la diosa Diana, con todos sus atributos de caza: las ricas botas, el chitón, el manto y la diadema. La figura se apoya en un tronco de árbol cubierto por una piel de cervato.
Entramos a continuación en la Sala elíptica, sin duda la estancia más espectacular del edificio. Allí se exponen una interesante colección de obras romanas de tamaño gigantesco, muy típico de la época. Es una pena que la excesiva acotación de la zona impida la realización de fotografías desde más ángulos que los permitidos.

La pieza que preside la estancia es la representación heroica del emperador Trajano, el cual aparece desnudo y con un manto sobre el hombro izquierdo, cayendo en pliegues rectos por el mismo lado en la espalda. Adopta la actitud del general en jefe (imperator) en acto de arenga. Debió llevar el cetro en su mano derecha, levantada, y tal vez una espada en la izquierda. La estatua fue descubierta en Itálica en 1788, habiendo sido erigida en tiempos del emperador Adriano.
La siguiente Sala, la XXI, es la gran sala de la epigrafía romana en piedra. En ella podemos encontrar desde mensajes u ofrendas a los dioses, como funerarios o conmemorativos de actuaciones públicas dignas de ser recordadas (a menudos con pago a cargo del homenajeado).
En el centro, sirviendo de fondo a una fuente-surtidor, se puede disfrutar de un interesante mosaico hallado en Itálica, con escenas de tritones y fauna marina.
La estatua de la diosa Fortuna, obra de los siglos I-II d.C es representada con sus atributos principales, la cornucopia, (perdida), y el timón, del que sólo se conserva el arranque en el costado derecho de la figura. Fue recuperada del interior de un pozo junto a numerosos fragmentos escultóricos, durante la construcción de la barriada de la Barzola a comienzos de los años 70 del pasado siglo. Cómo llegó a parar allí es un auténtico misterio.
La sala que vemos a continuación contiene diferentes objetos pertenecientes a la época visigoda, que se estableció en la Hispania romana a partir del siglo V d.C. Eran de origen centro-europeo y religión arriana, hecho este último que provocó numerosos conflictos con los hispanorromanos, mayoritariamente cristianos (valga la leyenda de San Hermenegildo como ejemplo). 
La cosa mejoró cuando Recaredo se convirtió al cristianismo en el año 587, lo que favoreció un cierto resurgir cultural y artístico. Sin embargo, el poder político estaba en la realidad muy repartido entre los diferentes nobles, lo que provocaba continuos conflictos, que llegaron a provocar una auténtica guerra civil. Y es que, según las modernas teorías, la invasión árabe del año 711 no existió realmente como tal, sino que los bereberes cruzaron el estrecho tras llegar a un acuerdo con el conde don Julián, gobernador de Ceuta y uno de los nobles más poderosos de su tiempo, que a sus ambiciones políticas unía el deseo de venganza contra el rey Rodrigo por haber violado o seducido (según versiones) a su hija.
Tampoco se sabe de cuántos constaba la fuerza invasora; según fuentes cristianas, eran unos 50.000 bereberes, mientras que las fuentes oscilan entre 1.700 y 12.000 efectivos. Igualmente es desconocido el lugar de la gran batalla, si es que la hubo (hay autores que se decantan más por una serie de escaramuzas y combates con fuerzas limitadas), ya que a la hasta hace poco reconocida del río Guadalete se unen el río Barbate, la laguna de la Janda, el río de Sidonia, el río de Beca o el río de Barro, todo ello según fuentes árabes.
Brocal de pozo árabe del siglo XI d.C. La traducción de la inscripción del borde sería:
"La bendición completa, la prosperidad total, la felicidad perfecta, la paz absoluta, el bienestar, la felicidad, la plena prodigalidad, la generosidad, el honor, la tranquilidad, las alegrías, la gloria, la prosperidad, la perfección, la integridad y la longevidad, téngalas su dueño".  
 
A fin de cuentas, y fuera donde fuera esta batalla, el ejército bereber fue dominando Hispania hasta llegar a Covadonga, donde fue detenido por don Pelayo ... aunque también algún autor considera que en Covadonga fue eliminado un simple contingente de exploradores.
A partir de ahí, el avance de los reinos cristianos en la Península Ibérica fue un proceso lento, discontinuo y complejo en el que se alternaron períodos de expansión con otros de estabilización de fronteras y en el que muchas veces diferentes reinos o núcleos cristianos siguieron también ritmos de expansión distintos, a la vez que se remodelaban internamente a lo largo del tiempo. Lo mismo se unían cristianos con árabes para combatir a otros cristianos (ver la leyenda del sobrenombre del Cid), a otros árabes o a cuadrillas mixtas. Eran tiempos de confusión en los que cualquier alianza podía tener lugar. Quizás esto pueda explicar por qué lo que los islámicos tardaron tan sólo cinco años en conquistar necesitara siete siglos de "reconquista". Las comillas de reconquista tiene su motivo, ya que determinados autores no consideran el término adecuado. Si algo claro hay en este período tan convulso de la historia de España es que nadie está de acuerdo con nadie y que hay tantas teorías como estudiosos (no sé a qué me suena...).
Ya hemos terminado la visita al interior del Museo Arqueológico de Sevilla. Tan sólo nos queda contemplar algunas obras que se muestran el galería de salida hacia la puerta principal:

Ahora vamos a dedicar un rato a contemplar el edificio desde afuera. Lo haremos girando a la izquierda a la salida y rodeándolo hasta volver a este mismo punto:
Galería porticada que une los cinco cubos del edificio.
Lado sur del edificio.
Lado sur, visto de frente (a nuestras espaldas, la terraza Alfonso).
Detalle del lado sur.
Detalle de la fachada trasera (pista de patinaje).
Detalle de la fachada trasera.
Lado norte del edificio.
Repartidas por las fachadas del Museo hay una serie de estatuas que simbolizan las diferentes Bellas Artes:
Literatura.
Cerámica.
Historia.
Pintura.
Escultura.
Arqueología.
Ahora sí que considera que se puede dar por concluida la visita al Museo Arqueológico de Sevilla. Volveremos otro día para visitar el Pabellón Mudéjar y, si es posible, el Pabellón Real.